Evocar el ayer... en 1960 era un niño de escasos
diez años de edad, en ésa época Paso Ancho se caracterizó, supongo que
al igual que muchas otras comunidades de San José, de contar con una
gran cantidad de personas que se dedicaron a brindar sus servicios como
carretoneros.
Para ése tiempo no había tanto vehículo y mucho menos camiones de carga como hoy, lo que si había era carretoneros que se dedicaban a jalar los materiales de construcción que vendían en los depósitos. Recuerdo verlos en fila india frente al Cine Capitolio cerca del Restaurante Alfonso XIII, que era donde quedaba el depósito de materiales de construcción Quijano. Cada vez que algún cliente llegaba a comprar materiales de construcción, fueran éstos piedra, arena, varilla, cemento y/o madera, se ponía de acuerdo con el carretonero quien le cobraba el flete de acuerdo al recorrido y a la carga que tenía que llevar.
Estampa muy propia de nuestra pequeña capital era ver los carretones cargados de mercaderías transitando por nuestras principales calles y avenidas jalados por un caballo. Su conductor o mejor dicho carretonero iba sentado sobre el lado derecho de la tabla o asiento con su chilillo en una mano y sus riendas en la otra, mientras que, en el otro extremo era usual que viajara el cliente.
Ese medio de transporte fue de gran utilidad para los josefinos, debido a que, para unos fue una fuente de trabajo con el que se ganaban el sustento diario y para otros un alivio al saber que tenían quien les jalara los materiales o el menaje cuando tenían que pasarse de casa, por eso, no entiendo cómo es que con tanta facilidad nos hemos olvidado de personas que se dedicaron con su actividad a contribuir al desarrollo de nuestro país.
Entre tantos trabajadores dedicados a ese oficio, recuerdo a uno muy singular que se llamó Juan Centeno. Fue un hombre de estatura mediana, contextura gruesa, más bien regordete, cara ancha, ojos claros, pelo ensortijado y a quien como al resto de sus colegas les encantaba el guaro, los tangos y la música ranchera, era muy raro que eso no fuera así.
Cuando el día ya no es día Y la noche aun no llega (fragmento de Romance de las carretas de Julián Marchena), era usual escuchar….”Fumar es un placer genial, sensual, fumando espero a la hembra quien yo quiero, tras los cristales y alegres ventanales y mientras fumo mi vida no consumo porque flotando el humo me suele adormecer…..” al oír esa tonada ya los vecinos sabíamos que don Juan venía jumo sobre su carretón; lo curioso es que el caballo de color café ya conocía la ruta y solito llegaba con su carga hasta la caballeriza.
Una vez ahí, doña Flor que era la esposa de don Juan se aprestaba con el concurso de alguno de sus hijos o hijas a bajar del carretón el arroz, los frijoles, el azúcar, y las otras cosillas que llevaba para la comida. Una vez hecho eso, procedían a quitarle los aperos al caballo a la vez que le daban de beber agua con dulce y de comer afrecho con sal y caña de azúcar; ello porque su esposo no estaba en condiciones para hacer esas tareas.
Tantos años después, cuando escucho esa melodía y la letra interpretada magistralmente en la voz de Sarita Montiel, con gran cariño recuerdo la tonada de don Juan, porque fue él quien logró que en mi infancia ese tango se grabara en mi memoria, sin saber que se convertiría en un bello recuerdo de un pasado que no volverá.
Hoy, rebusco en mi mente y me encuentro una Costa Rica con más limitaciones y carencias, pero más bella y segura en todo sentido; por ello sin estar …”tras los cristales y alegres ventanales”, con nostalgia o sin ella puedo comparar la Costa Rica de ayer con la de hoy, “…porque mientras fumo mi vida no consumo porque flotando el humo me suele adormecer…”.
Ricardo Jiménez García