Lia Ferreto
Un
pequeño aguacero de verano y mi rosal sin pudor, ni tampoco
enojo, formó sobre el pasto una delicada alfombra de pétalos
rosados....
Miraba
yo por la ventana esas plantas de rosa que esta mañana lucían
ramos perfumados de flores de un tono rosado pastilla, unos ramos tan
cargados que daba gusto mirarlos y que ahora, esparcidos y bañados
por la lluvia, brillaban en el suelo. Imaginaba el proceso en que el
agua al caer con viento y fuerza,doblaba sus largas ramas y provocaba
que esa alfombra de pétalos se hubiera formado en tan poco tiempo.
Si
yo fuera rosa, pensaba en mi contemplación, desearía que mis flores
perduraran colgadas de las ramas, me sentiría dichosa cuando esas
personas que pasan frente a la casa, aminoran sus pasos y suspiran
mirando mi exuberante belleza. Algunas se detienen y comentan en voz
alta, cómo me veo de hermosa, y también algunas sin dudarlo, miran con
ojos que delatan celos y tal vez envidia; envidia por la persona que las
cuida y que de seguro vive en esa casa, y talvez pensarán, si sabrá
la suerte que tiene, lo afortunada que es de tener en su jardín esas
plantas.
¿ Qué
de diálogos internos tendrá el rosal que observo ? Conocerá sin
duda a todas las personas que entran a mi casa. Sabrá del amor que
las acoge, cuando cruzan el umbral y entre risas y parloteos, saborean
un te sentadas en la sala, compartiendo conmigo sus vidas, sus
vivencias sus angustias, sus triunfos y también sus
desaciertos. Tendrá la sabia inteligencia de saber cuales son
portadores de bondad y gentileza, y cuales otros arrastran entre sus
almas y sus brazos, sentires un tanto retorcidos, emociones y
pensamientos que no corresponden a sus sonrientes rostros.
Que
de conocimientos venidos de otros mundos y de otras dimensiones tiene
mi rosal. El sabe la sutil diferencia entre el estar y
el ser. No tiene prisa, nada lo sobresalta.
Cada
mañana, antes de que amanezca, mueve sus ramas y se llena de hojas y
capullos, desarrolla una dulce danza, y los pajarillos que por ahi
descanzan, alzan también sus alas invitados por aquella llamada que
la vida susurra entre sus ramas. Impasible, mi rosal ya canta y al
apuntar los primeros reflejos de luz que se filtran entre las casas, muestra el perfecto equilibrio entre lo que fue la noche y su
misterio, y la claridad del día que apenas nace.
No
tiene noción de la vida y de la muerte. Ninguna idea de cómo pasar
el día, ni cómo manejar las posibles circunstancias de un tiempo que
llegará en aquella idea que tenemos los humanos sobre eso llamado
mañana. Vive su eterno hoy, su bello ahora.
Si
hace tanto sol, se esmera en cubrirse de flores, como una forma
divertida de cambiar su apariencia, y manda a través de sus
ramas mensajes de amor, algo así como: a ver, a ver, es tiempo de
verano, es maravilloso vernos los brazos llenos de rosas. Yo las amo, no
tenemos mas razón de ser que florecer con mas gana. Y obedientes
todas sus ramas, sus brazos y sus manos, como en una apuesta a ver
cual gana, se llenan de flores y mas flores, de capullos y de brotes, señal perfecta de conseguir una floración por toda la temporada.
Y
si es tiempo de lluvias, ella descansa. Mis manos amorosas y las
tijeras, con tanto cuidado cortamos sus ramas justo cuando la luna
decide menguar, porque de los que siembran la tierra, recibí sus
enseñanzas. Y le hablo y le explico, mira: es tiempo de lograr
nuevos retoños, te quito las ramas florecidas, te alimento cada
semana, y cuando quieras, me muestras si todo éste cuidado te ha
gustado. Pero el no responde a mis palabras. Sabe sin necesidad de que
yo le hable, que otro ciclo termina y que otro ciclo comienza.
Y
hoy, soltó todas sus flores, que curioso, pensaba yo. No está
triste, no llora, no se lamenta, ni siquiera se debate entre si quería
mantener sus flores o mirarlas ahi desparramadas.
Miraba y pensaba, en los miedos que nos roban el sueño, esos que me
despiertan sudorosa, sobre eventos que no han sucedido, sobre cómo
resolver la vida que aún no hemos conocido. Y el miedo a perder a los
que tanto amo, mis hijas y mis nietos, a la muerte en todos sus
matices.Yo deseaba encontrar la forma de sostener mi mundo donde nada
se moviera, estático e interminable. Saber con certeza cómo será el
mañana, de que viviré, con quíen y dónde. Si lograré finalmente
ser feliz, si conoceré esos lugares de encanto y magia, que mi yo
adolescente imaginaba. Pero el rosal seguía imperturbable, diría
que feliz y agradecido de mostrarse por un momento florecido y luego, refrescado por la lluvia y bendecido, sabe con certeza que la vida es
un continuo nacer, morir y nacer de nuevo, y que si ahora sus flores
han caído, mañana o no se cuando, volverá a brotar de nuevo.
Pensaba en las mujeres, las de mi familia, las que he engendrado, en las
amigas, en tantas que he conocido. Pensaba en la fuerza que tenemos
dentro, muy dentro de nosotras. Una fuerza para tantas desconocida, una
fuerza mutilada, maltratada, ultrajada, tantas veces
cuestionada, reprimida y casi, casi asesinada. Para tantas mujeres es
una fuerza de algo dormido, que hablar de ello, saca lágrimas de
asombro de dolor, de no saber que existe, de no creer que aún está
vivo. Pero está presente en cada mujer, y en unas muy pronto, en otras
al ocaso de sus vidas, esa fuerza escucha su llamado y ya, nunca
volverá a tener calma, hasta que logre sobreponerse a todo lo que se
había confabulado para mantenerlo controlado.
Es
como el tiempo de las lluvias, dormido.
Pero
el llamado, igual que el rosal que ha descansado, comienza a moverse
dentro del alma de esa mujer. Y la fuerza, encuentra cómo desatar sus
nudos, y se mece, suave, cadenciosa, y se une al ritmo que surge del
alma de muchas otras mujeres, que la ayudan a despertar, a caminar, a
recobrar lo que siempre ha sido suyo y de todas nuestras
antepasadas, de todas las mujeres.
Podríamos
ser como el rosal, que deja ir sus flores y no teme ni sufre.
Se
sabe protegido, conoce su fuerza interna, respeta sus ciclos. Vive en
armonía con todo lo que es, no tiene prisa, ni presta oídos a todos
esos que comentan si tiene flores o está dormido.Siente gozo ante el
sol y ante la lluvia.Vive agradecido.