lunes, 12 de noviembre de 2018

Llegué de Primera ...


Inicié la frenética carrera
por la vida 
logrando  llegar de primera 
quedamos  diez  finalistas 

seguí de primera
venciendo obstáculos por doquier
logrando llegar al lugar
Y hora perfectas 
Nueve meses
en el maravilloso cosmos 
llegó el momento de 
de dejar ese universo. 

Nooo , estoy bien aquí, 
no no y no
me resisto a dejar este lugar,
más de  pronto  todo me empuja
pasando  por un estrecho canal 
siento mi primer dolor 
y sin quererlo ...se acabó. 

Por primera vez
siento frío , siento  hambre
y se oye mi primer reclamo
un grito fuerte
Más  los brazos amorosos
de mi madre me esperaban ,
para acariciarme  como lo hizo siempre.

Tarea : alguna parte del cuerpo.
Marta Hernández Mendoza. 

12_11_2018.

martes, 30 de octubre de 2018

patitas son de algodón


Duermo. Si me llego a despertar por el sonido furioso del viento o por esa lluvia insistente que cae fuertemente sobre mi techo, alargo mi mano y las encuentro, ahí cerca de mi cuerpo acunadas bajo su tibio manto de blancos pelos. Las siento calentitas, dulces y tiernas, reconfortando mi alma anhelante sin restricciones. Se me permite sostenerlas por un rato no tan largo como deseara, pero de igual forma me deleito con sus particulares formas. Los largos deditos, que culminan en uñas filosas que al caminar por las veredas, se gastan justamente evitando arañarme cuando juega conmigo. Parece que calza botas, con el recorte del pelo justo encima de ellas, para que el barro o el polvo no causen tanto desastre sobre mis muebles. Debajo tienen cinco almohaditas color chocolate, que invitan a mis golosas manos a tocarlas y acariciarlas.
 Su dueña, con santa paciencia reconoce que yo tengo debilidad por jugar con esas patitas tan bellas. Cuando la llevo en brazos caminando y llenándola de besos, sus patitas traseras van apoyadas en mi mano, que sienten su tibieza como un regalo. Las delanteras van sobre mi hombro en franco abandono. Y si la encuentro echada como una maja indolente en mi cama, ella espera que yo empiece mi juego. Tomándole una le digo, ésta patilla es mía, y ésta otra es de mami !!  Y ante la velocidad del cambio entre ambas, Lolita se emociona, moviendo su colita y saltando de un lado a otro.

Esas patitas son de algodón de azúcar, de canela y de queso. Y huelen muy mal le digo, entre risas y besos. Realmente yo las amo, pero creo que Lolita ama mas aún que yo juegue con ellas.
Lia Ferreto.
Octubre-2018




martes, 2 de octubre de 2018

Silencioso y soñador


 
Los últimos de su vida, dedicó cada mañana durante un largo rato a contemplar desde aquel gastado sillón, la magnífica vista que le ofrecía aquel inmenso patio. Era en ese tiempo anterior al almuerzo, donde con una copa de cognac, parecía divagar en sus memorias. Tan suyas, tan íntimas. Parecía medio adormecido. Un silencio expectante lo envolvía. Desde la ventana, le podía observar. Su aspecto envejecido, distraído y pensativo. No hablaba con nadie, ahí sentado en ese ritual cotidiano, que nos hacía sentir que lo perdíamos, que se volvía intangible. Cubría su cabeza con alguna de sus múltiples gorras, pues el frío se había convertido en su mas temible compañía. Sus manos antes tan activas, manos de artista, de fotógrafo, de pintor, resultaban ahora tan quietas pero siempre bellas. Su copa de buen licor, que acercaba con deleite a sus labios, se iba terminando entre pequeños sorbos. Fue siempre un hombre estudioso. De su entorno, de la gente, de los peculiares rasgos de los borrachitos, del alma gentil que descubría en todo perro callejero que se acercaba sin remedio atraído por aquella magia que solo ellos descubrían. Su voz y el llamado por el nombre que a todos les adjudicaba; hola Wascar, les decía. Estudiaba la naturaleza. Siempre empírico y autodidacta. Entendía las señales del viento y de las nubes, amaba la fuerza de los volcanes y era un apasionado de su comportamiento. Creía firmemente en la vida en otras galaxias y aseguraba con entusiasmo saber cuales nubes escondían sus naves y también de sus avistamientos.
Así que no era de extrañar que amara sentarse en ese lugar diariamente, en lo que parecía un rato de reposo cuando en realidad, estaba llevando a cabo sus grandes descubrimientos.
Cerca de los árboles había construido un comedero para los pájaros. Frutas variadas colocaba ahí a una cantidad de avecillas que llegaban a deleitarse. Sabía el nombre de muchas especies. Y de sus vuelos y migraciones. En que época del año llegaban éstos, o aquellos o aquel único ejemplar que ostentaba un majestuoso plumaje tornasolado, entre rojos, azules, verdes y amarillos. Llegó a asegurar que ese bello ejemplar en especial, era su amigo. Que hacía mil sonidos diferentes para avisarle de su llegada, de sus aventuras y de su alegría por el reencuentro. Él sabía interpretar sus cantos y silbidos. Y salía presuroso cuando oía sin lugar a dudas, las señales de su llegada. Sabía con precisión las fechas de su arribo. También cuando debía continuar su viaje. Mucho se afligía cuando se atrasaba pensando que un depredador hubiera terminado con su vida.
Cuando a los noventa y cinco años papá se fue a jugar entre las nubes, aquellos amigos suyos de plumajes tan diversos llegaron hasta el patio, saludaron entre múltiples cantos y silbidos y partieron encumbrando sus vuelos hacia lo alto a rendir tributo a aquel que tanto los había querido. Nunca mas regresaron.
Lia Ferreto.
Setiembre 2018.












jueves, 27 de septiembre de 2018

Me gustan las casas viejas



Me gustan las casas viejas
porque en las arrugas del tiempo
han quedado  escondidas
juguetonas risas de niños
que con el siglo crecieron.

Me gustan las casas viejas
porque aún  se escucha
el tintinear de las ollas
en sus cocinas de leña
trayendo consigo el recuerdo de
bizcochos y pan crujientes
recién salidos del horno con
el inconfundible aroma del café.

Me gustan las casas viejas
porque en sus paredes guardan
suspiros y chasquidos de besos
de apasionados amantes jurándose amor.

Me gustan las casas viejas
que se han dejado abrazar
por bougambilias traviesas
que aprisionan con sus garras
las blancas y erosionadas paredes
depositando  en su añejado
techo de tejas de desteñidos
ocres , bellos y frescos racimos
de flores rojas que dejan caer el  rocío
silenciosamente  en el tiempo.

Marta Hernández Mendoza
20 de agosto de 2018.

jueves, 6 de septiembre de 2018

El olor de los recuerdos


                                     
Una noche de esas en que uno se tiende en la cama, con sueño y sin posibilidad de dormirse, me preguntaba qué olor tendrían los recuerdos. Seguramente el insomnio hacía que mi mente divagara sin reserva entre parajes guardados en pasadizos ocultos de mi alma.
Pensaba en los lirios de la abuela Cata, ramos rojos y rayados carmesí que se confundían entre helechos y begonias. Su múltiple floración llenaba la vista de su alegría tan espontánea. De seguro, la abuela y los lirios tendrían olores semejantes. O eran aquellas especiales cajetas de coco y arroz crudo, que ella elaboraba con tanto afán, llevándose a otros mundos su receta, tan sigilosa era cuando las confeccionaba. Pero su delicioso aroma aún hoy me perturba. Jamás  podría olvidar esa sensación al entrar a su casa y saber que aquel día había cajetas.
Otro intenso aroma que en mi niñez marcó eventos relevantes, era el aceite de oliva. No había placer mas grande que ver correr aquel delgado hilo verduzco sobre una ensalada recién preparada. Era un lujo que se permitía en mi casa de tiempo en tiempo. Su característico envase de algún metal liviano, decía que provenía de una remota España. Lo vi correr de forma abundante sobre la desnuda espalda de mamá. Las generosas y fuertes manos de la abuela Cata, se desplegaban  llenas de éste dorado líquido buscando aliviar las graves quemaduras de sol , mientras mamá gemía llorosa . Fue mi primera visita al mar, mi primer encuentro, logrando también registrar su ocre y salado aroma que entraba por mi nariz, para que yo no olvidara su mágico encanto.
Aroma a mercado. Yo amaba ir de compras tomada de la mano de mi madre. Aquel intenso aroma inolvidable. Frutas, cebollas, papas llenas de tierra, hombres sudorosos que nos mostraban sus tesoros, buscando atraer nuestra gula y delicia por esa abundancia que tenía el Mercado de Cartago. Había de todo. No alcanzaba a ver tanta variedad y mi escasa estatura, permitía al menos que yo fuera adivinando cuál parte de ese inmenso mercado recorríamos. Pero sin duda mi parte favorita era el área donde hacían tortillas palmeadas. Calientes, infladas, gruesas y deliciosas, su aroma inconfundible hicieron que  aún ame comerlas. Y llegábamos donde una señora que yo adoraba. Ah, sus tortas de carne eran especiales. Hechas a la vista, tenían un olor que detenía al mas valiente. Una salsa regada con derroche sobre ellas, hacían que su sabor se intensificara y mamá reía al ver mis ojos golosos y felices con aquel manjar que ambas disfrutábamos.
Mi gusto por los perfumes empezó en mi adolescencia. Traídos de Francia decían sus envases. Mamá los usaba y yo me deleitaba con ellos.  Cada vez que  recibía al finalizar el año, regalos de sus alumnos, llegaban uno o dos y descubrirlos después de romper alborotada sus empaques, era un gran gozo.  Desde entonces son mi deleite.
Cuando mis hijas eran pequeñas,  les compraba papeles de carta que coleccionaban. Cada caja traía un estilo, un aroma, un diseño. Había una complicidad amorosa entre nosotras.  Sus perfumadas páginas  grabaron entre mis recuerdos, mi juventud de madre.
El aroma de los cuerpos. Cuando muchas personas bailan en un salón de clase de danza, deja en tu memoria ese fuerte olor a sudor. Es del esfuerzo, de horas de intenso trabajo, de un placer infinito, de jornadas donde el cansancio se disuelve entre la gloria de pasos perfeccionados. No es un olor que rechazas, sino que es la huella que deja en el ambiente el frenesí de gente con muchos sueños. Evoco es olor de un tiempo disfrutado.
Y mi mascota. Meter mi nariz entre el pelaje suave y esponjado de Lolita quien comparte mi cama, es  mi nueva delicia. El olor de todo su pelaje me cautivó el día que tan pequeñita la pusieron entre mis manos. Ahí supe que  teníamos un lazo muy fuerte. Su pancita caliente, cubierta de besos necios tiene un dulce aroma que me llena de paz y ternura.
Agradecida con mi mente, al poder evocar tantas memorias olorosas  a distancia, a tiempos idos y sin retorno, a momentos de mi infancia con mi madre y mi abuela, a cosas gozosas que llenan de lágrimas mis ojos y mi alma suspira al mirar tanto evento vivido, memorias con olores que se disuelven como nebulosas de la vida que transcurre a veces veloz, pero ahora muy lenta.
Lia Ferreto.
Agosto-2018.



lunes, 27 de agosto de 2018

Algo muy serio sobre el olor



Como tengo algunas molestias de la edad y de la humedad tengo una  sinusitis alérgica…..eso significa que se me cierra la nariz y  no huelo…porque esta inflamada y encima estornudo, viene las gotas y la pastillita y arregla las cosas…eso siempre que mi nariz lo acepte y coopere, pero esta vez ella debió de oír que tenía que trabajar extra,  pensó –pues no me da la gana y no voy a oler hasta el martes que hagas el trabajo- (mi nariz es así de lo más chula y respondona, y no vale discutir con ella pues empiezo a estornudar) .
Bueno vayamos a contar que hice, aumente la dosis a ver si reaccionaba y cooperaba, pero no me resulto….no olía y punto, y en este  momento entendí que no íbamos a llegar a un acuerdo ella y yo…Entonces hice algo trate de oler con las manos ¡nada¡ con los pies ¡menos¡, así que en este punto pensé una disculpa y no hago el trabajo….pero entonces he perdido la partida con esta nariz de pacotilla y si es así, en adelante va a tratar de hacer conmigo lo que le dé la gana ….No podía ganarme miserablemente por unos estornudos y picor  en la boca. ¡No señor¡  no lo iba a consentir, pero que podía hacer…..me esforcé y olí …..Pero no olía nada….cerré los ojos y pensé y quien no me dice a mí que no percibir un olor es que no huele…..Pues hecho, estoy oliendo por fin he percibido algo nuevo…. (Y sin ayuda de la pesada esta) he descubierto el olor de lo que no huele un nuevo olor y de lo más  sabroso porque siempre con imaginación olerá a lo que yo quiera.
Así le gane a mi nariz y al mundo de los olores…soy feliz

Antonia Morales Diez- agosto 2018 

jueves, 16 de agosto de 2018

Dos de agosto


Hoy es tu día mamá, Te estoy mirando
Como si fuéramos ambas a rezar
Frente a la virgen negra de Cartago
donde solíamos ir en esta fecha
Año con año para celebrar.


Hace ya tanto tiempo que te fuiste
Llevándote mi amor y mi seguridad
Cuando dejé de ser tu muchachita
quedé sumida en enorme soledad.
Nada en el mundo puede compararse
Con el amor sincero de mamá.


Y hoy doy gracias a la vida
Por el regalo de tu maternidad
.me enseñaste a vivir para los míos,
Y en eso estriba la felicidad.
Soy una bisabuela agradecida
Que muy pronto te llegará a buscar.
Hasta pronto mamá
Copi

jueves, 21 de junio de 2018

La llorona envejeció



Fue una hermosa mujer , de piel dorada por el sol ,largos cabellos negros rizados,  su cuerpo esbelto y cadencioso como el de una palmera , vivió en la época de la conquista, se enamoró  de un hombre blanco joven , quien fue el padre de sus 3 hijos  lindos como el sol. Pero el padre los abandonó,  dejándolos solos con su madre . Vivían frente al inmenso mar en donde ella esperaba que llegara  la noche , para llorar su desventura. Sus hijos fueron creciendo y ella los amaba con  locura.
Se hicieron grandes y se fueron a tierras lejanas, formaron sus propias familias y también... la dejaron sola. 
Enloquecida de dolor, de soledad, de olvido, gritaba al cielo su desventurada suerte sin obtener respuesta, hizo de la playa su hogar y sentada sobre la arena blanca, miraba el ir y venir de las olas que acariciaban su enjuto cuerpo,  reteniendo en su desgreñado pelo parte del agua de mar que se mezclaba con su salado  llanto.  El mar creció tanto con el llanto de la llorona , que logró juntar el océano Atlántico,  con el Océano Pacífico,  en donde solamente se ve una línea divisoria y un suave murmullo como el de un lamento , trae el recuerdo de su dolor con el sonido de las olas. 

Marta Hernández Mendoza .

21 de mayo de 2018. 

miércoles, 6 de junio de 2018

Ojitos azabache



A través de mechones blancos, puedo percibir cómo me mira mientras en mi cuarto afanada acomodo la ropa que ahí quedó desordenada, mirada penetrante.  Me olvido de su presencia, pero esa mirada insistente me taladra y me hace reaccionar mirándole con intensidad de vuelta. Ha cerrado sus ojos, mostrando indiferencia ante mi reacción, un preludio matutino que se repite cada día. La cama aún  está tibia, eso es lo que me intenta decir con su prolongado desgano e indiferencia, mirando sin mostrar que me mira, pero con tanta intensidad que siento en mi su callado reclamo. El sueño todavía entorpece mi andar, por lo que me muevo con cuidado, despacio y evitando hacer mucho ruido, sin embargo reconozco que existe una rutina en ésto que hago y que los movimientos son totalmente conocidos para esa presencia que mira sin mirar, fingiendo dormir y tener mas pereza que la que ayer me demostró. Nada la disturba. Su indiferencia toma matices de dramas de novela, sin embargo yo continúo abriendo puertas y ventanas e incluso enciendo aquel aparato encargado de guardar escondido en su interior tantas voces y sonidos, que dependen de mi ánimo para salir llenando el espacio con su música, haciéndome cantar un poco y bailar otro tanto. Finalmente la llave gira en la cerradura de la puerta de entrada. Entonces siento una ráfaga de alegría y euforia que roza mis piernas y entre ellas, sale corriendo hacia la verja donde emite todos esos sonidos que imagino significan, buenos días mundo, buenos días vecinos, buenos días a todos los que hoy son felices. Se gira y me mira. Ahora su mirada expresa tanto agradecimiento por ser parte de su paisaje, que feliz continúa saltando entre las flores que también despertaron al nuevo día.
En la cocina empiezo a preparar mis bebidas sanadoras, mis pastillas mágicas y mi desayuno de lujo. Los sonidos son otros , también los aromas. Nuevas señales se declaran y nuevos asuntos se presentan. Entonces me doy cuenta que de nuevo me mira. Ahora en forma de alfombra, su largo cuerpo ocupa un sitio que ha comprado desde largo tiempo atrás. Su cabeza descansa sobre sus patas delanteras, en un gesto de total abatimiento, de una tristeza sin igual, de una vida que se diluye entre los sentimientos mas sombríos y lúgubres que nadie haya presenciado antes. Es una posición de total desamparo, donde lo inevitable se reproduce día a día. La estrategia está clara. Si no puedo sucumbir ante semejante cuadro de dolor y desolación, no hay nada que valga la pena. Convencida de que todas mis palabras y gestos amistosos, mis bailes y mis cantos y mis piruetas seductoras, no son suficientes para alegrar aquellos ojos tan negros y redondos que ahora miran casi al borde del llanto, yo también sucumbo bajo el peso acuciante de la culpa.
A la hora en que voy saliendo de la casa, ya ella ha presenciado todos mis conocidos preparativos, bolso con lo necesario para nadar, botella de agua con hielo, banano para reponer el potasio, y otros detalles tan conocidos que comienzan a crear una nueva expectativa; será que me he equivocado y yo voy de paseo al parque que tanto me gusta ? Empieza entonces una alegría que se transmite en brincos y carreras, saltos entre mis piernas y esos ojitos negros ahora llenos de picardía. Y yo armada con una galleta,  le pido que se siente y se la doy. Ella agradecida, yo sintiéndome farsante.
Cuando efectivamente vamos hacia el parque, lo sabe con certeza, pues he ido a traer mis zapatos de caminar y entonces los muerde aunque yo los lleve en el aire, ella desesperada gime y revolotea loca de alegría, impaciente ante la parsimonia de mi lento proceso de calzarlos. La gente que vive cerca sabe que vamos de paseo, sus pasos atolondrados sobre sus patas traseras y sus aspavientos, son señal segura de que ese día vamos a caminar y el guarda sonriente y cariñoso sube la aguja del barrio celebrando el paso de mi perrita bailadora.
Ahora yo regreso como tantas veces a la semana en que la dejo sola. El sonido del portón me delata. Además el motor del carro tan conocido por sus sensibles oídos le confirma que ya he regresado. La espera a veces tan larga termina. Sus besos me cubren por completo, mis risas se confunden entre sus lamidos y sus abrazos. El gozo del encuentro es tan grande entre nosotras que no podría afirmar cual es mas feliz , cual mas dichosa.
La tarde ha terminado, llega ese momento tan ansiado en que ambas deseamos regalar nuestros cuerpos a la cama que nos espera en la penumbra. Yo doy mil vueltas por la casa, puertas, luces y demás asuntos se revisan sin falta. Ella ha desaparecido. Descubro su figura ovillada sobre mi almohada. Me espera sin prisa. Despacio mi cuerpo finalmente se relaja y siento el alivio de mis músculos cansados. Apago la luz, tomo esa posición que tanto me gusta, de medio lado, mirando hacia la ventana. Ligeras y seguras, siento sobre mi cuerpo sus patitas caminar, encontrar mi almohada y sobre ella recostar su cabeza, su espalda sobre la mía, segura, protegida.
Suspiramos al unísono. La vida es maravillosa.
Lia Ferreto.
Junio-2018.


lunes, 21 de mayo de 2018

Pérdidas

La calma. La paz. El silencio. Cuando se han perdido a través del tiempo, cuando han sido sustituidas por palabras con fuerza de cuchillos, con miradas cargadas de desprecio, con aquellos otros silencios llenos de cinismo, miradas duras como hielos, bocas sin besos, brazos sin alma. Si al fin los recuperas, no habrá nada en el mundo que te obligue a olvidarlos.
Cuando has amado con todo tu ser. Has entregado mas que tu vida y al hacerlo quedaste desnuda de ganas, sin fuerza ni aliento para continuar viviendo, cuando miras en el espejo el reflejo de lo que fue tu cuerpo, ahora marchito, cansado y piensas, dónde perdí mi alma?
Aquellas hijas que antes llenaban mi casa, con sus risas y pleitos y sus carreras detrás de juguetes, llenando el entorno de migas de galletas, papeles de cartas y perfumados borradores. Dónde el tiempo las convirtió en adultas y llenaron otros espacios que ya no son los míos?
Mis padres se hicieron viejos, tan viejos como el olvido y tuve que regalarles mis horas, para vestirlos y acompañarlos, contarles mil cuentos y asegurarles que aún había tiempo, que se curarían que no tuvieran miedo y ahora son solo recuerdos.
Qué se hicieron las guarias de mi patio? Ayer estaban florecidas, llenaban grandes espacios, las tapias y todos el entorno con sus propios hijos, en troncos pequeños luchaban por mostrar mas flores. Y las vandas? Abrazaban con sus múltiples brazos cargados de ramos perfumados el tronco del árbol de cas. Las lluvias a traición su flores estropearon y ahora por el suelo lucen tristes y ajadas como alfombras sin brillo ni color.
Y mi juventud, donde se ha ido? si solo ayer como juguetona mariposa yo cruzaba los patios llenos de plantas, agachada liberándolas de malezas y de bichos, sintiendo la tierra entre mis dedos, separando piedras al pasar mis manos por el suelo deseoso de caricias y de semillas que igual que la vida, se empeñara en ofrecer belleza? Juegos del tiempo, que nos hace creer que somos eternos, igual que nuestros cuerpos sin desgastes ni fatigas.
Ahí miro mis zapatillas de danza, por allá quedó escondido mi último leotardo, de verdad yo podía hacer aquellas rutinas tan intensas moldeándome como si mi carne fuera de madera y un cincel lo trabajara? Interminables horas gloriosas donde el sudor y el cansancio de mi cuerpo de dolores fuera el premio, aquella música y aquellos pasos aprendidos con euforia significaban que había podido. Y el tango, con sus sinuosos movimientos cargados de erotismo, o la alegre algarabía de los cientos de monedas sujetas a mis caderas, mientras música de tierras árabes y gitanas, las obligaban a moverse a veces suaves y cadenciosas, otras con rabia y desafío. Adónde fue mi baile?
Y la música, por horas aprendida, en interminables ensayos, repitiendo hasta el hastío, notas, tonadas, merismas, cuidando la vos y la garganta con chales y jarabes de miel y jengibre, lubricando con agua las cansadas cuerdas vocales. Y tocar el cielo y el infinito cuando el ensamble de las voces producían de nuevo la magia, orquesta y coro con una sola energía, aquellas obras escritas por los grandes de éste mundo renacían de nuevo y el aplauso caluroso y cerrado al final de la obra te regalaba lágrimas de alegría. También se ha ido.
Y después de ser y estar, de haber tenido y perder, después de haber amado y vuelto a amar, de llorar y ahora sonreir, de sostener entre mis brazos tantos niños que me han precedido, volviendo a llenar mis espacios de música y color, de cantos y de risas, a pesar de mis pasos mas lentos y de mis sueños frustrados, la vida se los aseguro, conmigo se ha lucido.
Lia Ferreto.
16-4-2017.




Asé fue como empezó todo.

Me visualizo en el jardín de la abuela Cata con mis cinco o seis años. Veo sus múltiples árboles de durazno, sembrados por cada nacimiento de sus nietos. Ellos tenían sus nombres, éste es Lena, éste Virginia, allá está Elsa, pero no recuerdo cuál llevaba mi nombre. Lo que si me quedó arraigado fue el gusto por morder esos frutos apenas sazones, donde dejaba al descubierto sus corazones rosados y ese delicioso sabor al igual que recordar que antes debía pasarlos ligeramente sobre mi falda, de lo contrario sus pelitos casi invisibles dejaban en la boca, esa sensación tan incómoda.
Me veo de cuclillas a su lado, observando sin creerlo, aquellos gordos y brillantes bichitos, llena de asco pero fascinada, ambas armadas de algún implemento que fuera capaz de sacarlos del medio de las hojas de sus múltiples lirios. Vencíamos y llevábamos a la muerte aquellas babosas tan horribles.
Cuando fui una adolescente adoraba llegar a casa de alguna amiga o vecina y observar las plantas que cultivaban. Siempre me parecía que mi casa no se lucía pues mamá no era precisamente amante de ellas, por lo que que yo comentaba que no había nada más triste que entrar a una casa sin plantas. Así casi obligada, ella comenzó a llenar algunas áreas con canastas de helechos y begonias. La gente me regalaba * hijitos * los cuales yo sembraba con éxito, pero con un pesar de que no encontraba un lugar adecuado a sus necesidades. Así parte de mi tiempo lo usaba, buscando personas que vendieran matas.
Cuando tuve mi primera casa, pedí espacios para ellas. Comencé el cultivo de orquídeas y de violetas y las maravillosas flores que me daban eran mi más grande alegría.
Tengo ahora veinte y tantos años de vivir en mi propia casa. Las guarias que sobrevivieron a mis desastres y cambios de vida, fueron llenando los muros de mi patio. Desde sembrar zacate donde solo había barro, plantar algunos frutales, llenar un gran espacio con semillas de una planta que cubría el suelo y luego fue cambiado por otro pasto, todo lo que hoy tiene aspecto de muchos años, fue para mí un trabajo de cada fin de semana. Aprendí a cultivar semillas, haciendo grandes almácigos de petunias y boquitas de dragón. Los bellísimos espacios que cada verano llenaron mi jardín eran admirados por toda persona que pasara por ahí, y llegó a ser reconocida por la Casa de las flores. También tuve una gran huerta, donde tomates de varios tipos competían con las plantas de albahaca, que servían para hacer muchos frascos de delicioso pesto.
Mi jardín por éste tiempo de Semana Santa, se llena de tal cantidad de flores de guaria imposible de ser descrito, solo admirado.
Abuela Cata, si desde un rinconcito del cielo te es posible mirarme, si recuerdas a ésta pequeña nieta que caminaba de tu mano, en aquellas poquitas veces que visité tu casa, puedes reír regocijada pues mira que gran cosa, yo conservo tu gusto por las matas. También como hacías, muchas de ellas las he vendido. No en balde Adela mi tía, dedicándome su libro Crónicas de un Tiempo escribió; para Lía, hacendosa como mamá.
Lia Ferreto.
Abril-2018.
















martes, 15 de mayo de 2018

Vejez ..


 Si de oro se tratara…
Esta edad tan mencionada,
Prefiero ser pobre ,
No tener nada
Pero poder mirarlo todo
Amarlo todo
Andarlo todo
Sin ese oro a la espalda!


Un poema

Sentimiento dormido
En lo más hondo
Que lucha por nacer
Lucha sin fin
Por lograr algo
Que no se sabe qué es
Ni porqué es
Ni para quién es
Una idea sin nombre
Eso es un poema!

Soledad Rojas Rodriguez


miércoles, 9 de mayo de 2018

Amar


 
Es sentir la vida que pasa
Es vivir cada instante
Y percibir en el aire mil aromas
Es despertar cada mañana
A un mundo nuevo
Y respirar el aire con delirio
Querer aprisionar cada segundo
Y sentir llegar la noche con tristeza
Por ser un día menos…
Sentir que en cada gesto hay un beso
Y un aquí te espero!

Amar es vivir,
Sentir  la  tarde que agoniza
El sol asomar por la mañana
El río que acaricia la montaña
Las olas que duermen en la arena

Es amarlo todo
Y sentir que cada día
Es un nuevo mañana!




TU

Tiemblas cuando te miro
Y en tu mirada expresas
Todo cuanto yo adivino
Mi mano en tu mano
No oculta las aprisionadas ansias
Y tu amor siempre ahí
Sin poder vivirlo
Dónde fue nuestro ayer, nuestros anhelos?
Nuestro sentir? Tus desvelos y los míos?
Hemos muerto los dos con la renuncia!

Soledad Rojas Rodriguez, 
mayo 2018

martes, 24 de abril de 2018

Girando otra vez




Yo tengo, como todo el mundo, dos piernas con dos rodillas y de eso trata el cuento o mejor trata de celos y envidia entre ellas…
A saber un día me dolió tanto la derecha que me la opere….y me pusieron una rodilla de estreno y yo tan feliz sentí otra vez el  mundo a mis pies .Creí que aunque la otra estaba doliendo un,  poquito se quedaría quieta  pero craso error. Un mundo de celos y envidias estallo  entre ellas. La izda. no permitía que la derecha estuviera feliz y contenta y sobre todo como si tuvieras 15 años y ella con sus sesenta encima y ni corta ni perezosa estallo y comenzó a doler y doler y a dar la lata y a comerse mi recién hallada felicidad, pidiendo…no exigiendo ella una operación como la de la derecha. (No se extrañen desde que el mundo es mundo las derechas y las izquierdas  nunca se han puesto de acuerdo y esta me reprochaba el nuevo provenir de la derecha y su reciente  apoteosis)Así  que no me quedo de otra que ir corriendo a el medico….otra vez cojeando, una quería correr la otra no. Y yo en medio dándome a todos los demonios pilongos y hartándome otra vez de anti inflamatorios (pero la izquierda no le interesaba y no las aprovechaba ella dolía porque quería lo que tenía la derecha no estaba interesada en otra cosa ni iba a dar tregua ni consenso.
Así que fui y me hicieron la radiografía y resulta que la pobre izda. estaba mal y que no era ni envidia ni celos sino necesidad.
Y  aquí estoy yo….otra vez e girado en torno mío y he llegado hasta la presente en la misma situación que hace un año esperando otra prótesis para la izda.
Bueno esto tiene una enseñanza a veces una simple radiografía pone a cada cual en su lugar y solo se tiene que escuchar. Pero yo con mi desconfianza no quería creer a la izda. Y la derecha estaba calladita y en su lugar.
Pero aun así yo sigo esperando y sintiendo un orgullo profundo por mi derecha. Sé que debo confiar que la izda. salga triunfante pero no se….como la derecha ni hablar…no se lo digan a la izda. Por favor que se va  a poner de los pelos.

Antonia Morales Diez

miércoles, 18 de abril de 2018

La vida conmigo se ha lucido.




La calma. La paz. El silencio. Cuando se han perdido a través del tiempo, cuando han sido sustituidas por palabras con fuerza de cuchillos, con miradas cargadas de desprecio, con aquellos otros silencios llenos de cinismo, miradas duras como hielos, bocas sin besos, brazos sin alma. Si al fin los recuperas, no habrá nada en el mundo que te obligue a olvidarlos.
Cuando has amado con todo tu ser. Has entregado mas que tu vida y al hacerlo quedaste desnuda de ganas, sin fuerza ni aliento para continuar viviendo, cuando miras en el espejo el reflejo de lo que fue tu cuerpo, ahora marchito, cansado y piensas, dónde perdí mi alma?
Aquellas hijas que antes llenaban mi casa, con sus risas y pleitos y sus carreras detrás de juguetes, llenando el entorno de migas de galletas, papeles de cartas y perfumados borradores. Dónde el tiempo las convirtió en adultas y llenaron otros espacios que ya no son los míos?
Mis padres se hicieron viejos, tan viejos como el olvido y tuve que regalarles mis horas, para vestirlos y acompañarlos, contarles mil cuentos y asegurarles que aún había tiempo, que se curarían que no tuvieran miedo y ahora son solo recuerdos.
Qué se hicieron las guarias de mi patio? Ayer estaban florecidas, llenaban grandes espacios, las tapias y todos el entorno con sus propios hijos, en troncos pequeños luchaban por mostrar mas flores. Y las vandas? Abrazaban con sus múltiples brazos cargados de ramos perfumados el tronco del árbol de cas. Las lluvias a traición su flores estropearon y ahora por el suelo lucen tristes y ajadas como alfombras sin brillo ni color.
Y mi juventud, donde se ha ido? si solo ayer como juguetona mariposa yo cruzaba los patios llenos de plantas, agachada liberándolas de malezas y de bichos, sintiendo la tierra entre mis dedos, separando piedras al pasar mis manos por el suelo deseoso de caricias y de semillas que  igual que la vida, se empeñara en ofrecer belleza? Juegos del tiempo, que nos hace creer que somos eternos, igual que nuestros cuerpos sin desgastes ni fatigas.
Ahí miro mis zapatillas de danza, por allá quedó escondido mi último leotardo, de verdad yo podía hacer aquellas rutinas tan intensas moldeándome como si mi carne fuera de madera y un cincel lo trabajara? Interminables horas gloriosas donde el sudor y el cansancio de mi cuerpo de dolores fuera el premio, aquella música y aquellos pasos aprendidos con euforia significaban que había podido. Y el tango, con sus sinuosos movimientos cargados de erotismo, o la alegre algarabía de los cientos de monedas sujetas a mis caderas, mientras música de tierras árabes y gitanas, las obligaban a moverse a veces suaves y cadenciosas, otras con rabia y desafío. Adónde fue mi baile?
Y la música, por horas aprendida, en interminables ensayos, repitiendo hasta el hastío, notas, tonadas, merismas, cuidando la vos y la garganta con chales y jarabes de miel y jengibre, lubricando con agua las cansadas cuerdas vocales. Y tocar el cielo y el infinito cuando el ensamble de las voces producían de nuevo la magia, orquesta y coro con  una sola energía, aquellas obras escritas por los grandes de éste mundo renacían de nuevo y el aplauso caluroso y cerrado al final de la obra te regalaba lágrimas de alegría. También se ha ido.
Y después de ser y estar, de haber tenido y perder, después de haber amado y vuelto a amar, de llorar y ahora sonreir, de sostener entre mis brazos tantos niños que me han precedido, volviendo a llenar mis espacios de música y color, de cantos y de risas, a pesar de mis pasos mas lentos y de mis sueños frustrados, la vida se los aseguro, conmigo se ha lucido.
Lia Ferreto.
 16-4-2017.



martes, 10 de abril de 2018

Adela


En medio de todos los libros y papeles en aquel escritorio ahí sobresalía. Sellos y estampillas lo llenaban, evidenciando su procedencia.
En aquellos años no era sencillo recibir el correo, tampoco enviarlo. Se necesitaba paciencia y sobre todo esperanza, de que ni de un lado ni del otro equivocaran su destino. Se iban contando con los dedos de la mano las semanas que transcurrían entre uno y otro. Realmente era un prodigio, todo un acontecimiento. No pasaba inadvertido para nadie en la familia, si alguien te escribía.
Esos años hermosos tenían tanto encanto, pero también guardaban entre sus días, parajes crueles e inesperados. Así debe ser seguramente, todo en la vida.
Adela de seguro se sentía afortunada. De una belleza fría y cándida a la vez, siendo casi una niña, empezaba su adolescencia con la certeza de tener un enamorado que la seguía y la miraba a la distancia. Era un muchacho tímido que se refugiaba entre los marcos de las puertas allá donde vendían panes y golosinas.
Pasaron muchas décadas cuando un día ella me contaba que su perdición se llamaba Ser Ingenua. Lo había sido de niña, de joven y ahora siendo muy mayor, aún la traicionaba. Mi vida me contaba, estuvo llena de diversos factores que se confabularon para que hoy yo añore cosas que no fueron y bendiga y agradezca todo lo que quedó de lo mucho que si viví y te los pueda contar antes de que se los coma el olvido.
No podré olvidar el momento en que temblorosa tomé entre mis manos esa carta, cerrando las puertas de mi cuarto para leerla despacio.
Aquel muchacho que me seguía y me buscaba, había viajado a otro país buscando fortuna y nos escribíamos, casi una vez al mes. En ésta me avisaba que rompía conmigo, que otra persona me suplantaba. Yo le creí sin duda alguna, pues su correspondencia se había vuelto poco frecuente. No pude entender que de una broma se trataba, solo deseaba saber si yo le rogaría. Muy herida, no quise contestarle. La suerte estaba echada. El se alejó completamente, creyendo que no lo amaba y yo despechada empecé a mirar otros muchachos. El destino nos llevó dando tumbos por años y años, cada uno construyó una vida sin saber nada del otro.
Yo miraba a Adela que entre tanto me narraba, suspiraba y pensativa observaba la lejanía como aquel que intenta oler las flores que se encuentran atrapadas entre páginas olvidadas de un libro. Su envejecida piel, casi transparente por el olvido, de un tono rosado que cobraba vida cuando hablaba, se llenaba de hilos finos de llanto que solos salían sin que ella lo evitara. Fui ingenua, de pronto musitó, cómo pude creer que me olvidaba. Ingenua si, muy ingenua.
La tarde de aquel día transcurría tranquila, mientras continuamos conversando sobre su vida y sus fracasos. De sus descendientes que tanto la han llenado, de su soledad y sus vacíos. De tantas traiciones recibidas, de mentiras y falsedades de gente que dijo que la amaba. También me contaba de sus aventuras cuando viajó sola por el mundo, cuando las mujeres debían ser mas recatadas. De todos esos rincones recorridos, de tantas amistades entrañables que aún conserva en su memoria. De sus gatos y sus orquídeas. De su gusto por el vino y de tocar su guitarra. De escribir sus versos alocados en esas noches de aguaceros cerrados. Del tiempo de la historia de esa carta que antes me narraba, le quedaba aún el aroma de ese amor sin besos ni caricias, de un amor imaginado.
Por los ventanales entraba a esa hora solo el reflejo de celajes color naranja. Adela envuelta en su chal preferido, sentada a mi lado reposaba su dulce cabeza en mi hombro. Sus manos sostenían vacío su vaso. Y yo me sentía bendecida por esa tarde de intimidad y confidencias.
Lia Ferreto.
Abril -2018.
























lunes, 12 de febrero de 2018

Si mis lágrimas…

                             
Si mis lágrimas lavaran el camino,
Si pudiera danzar entre las brumas.
Si mis lágrimas lograran aquietar la noche de tormenta
y llevarme de vuelta a tu refugio.
Si las lágrimas tan solo fueran secas
Y no marcaran el sendero donde mi alma se encuentra.
Si mis ojos tan cansados llorando me libraran de la pena
Y mi garganta se abriera y en lugar de gemidos alguna oración saliera.
Si las lágrimas no fueran evidencia de mi muerte
Y yo sintiera que la vida de nuevo me ofrecieran.
Si aquel dulce abrazo mis lágrimas contuvieran
Y me sacaran de la duda, redimieran mi torpeza
Y la locura de mis venas ahora vacías por tanta pena
 Se llenaran de flores y de besos violeta.
Si la vida solo fuese un poema mal escrito y tanto llanto me
llevara de nuevo ante aquellos ojos tuyos que me velan.
Y el sueño apoderado de mi ante la carencia del futuro cerrara mis ojos y con ellos el llanto se contenga. Si así fuera…
Lia Ferreto

7- 2017