lunes, 21 de mayo de 2018

Pérdidas

La calma. La paz. El silencio. Cuando se han perdido a través del tiempo, cuando han sido sustituidas por palabras con fuerza de cuchillos, con miradas cargadas de desprecio, con aquellos otros silencios llenos de cinismo, miradas duras como hielos, bocas sin besos, brazos sin alma. Si al fin los recuperas, no habrá nada en el mundo que te obligue a olvidarlos.
Cuando has amado con todo tu ser. Has entregado mas que tu vida y al hacerlo quedaste desnuda de ganas, sin fuerza ni aliento para continuar viviendo, cuando miras en el espejo el reflejo de lo que fue tu cuerpo, ahora marchito, cansado y piensas, dónde perdí mi alma?
Aquellas hijas que antes llenaban mi casa, con sus risas y pleitos y sus carreras detrás de juguetes, llenando el entorno de migas de galletas, papeles de cartas y perfumados borradores. Dónde el tiempo las convirtió en adultas y llenaron otros espacios que ya no son los míos?
Mis padres se hicieron viejos, tan viejos como el olvido y tuve que regalarles mis horas, para vestirlos y acompañarlos, contarles mil cuentos y asegurarles que aún había tiempo, que se curarían que no tuvieran miedo y ahora son solo recuerdos.
Qué se hicieron las guarias de mi patio? Ayer estaban florecidas, llenaban grandes espacios, las tapias y todos el entorno con sus propios hijos, en troncos pequeños luchaban por mostrar mas flores. Y las vandas? Abrazaban con sus múltiples brazos cargados de ramos perfumados el tronco del árbol de cas. Las lluvias a traición su flores estropearon y ahora por el suelo lucen tristes y ajadas como alfombras sin brillo ni color.
Y mi juventud, donde se ha ido? si solo ayer como juguetona mariposa yo cruzaba los patios llenos de plantas, agachada liberándolas de malezas y de bichos, sintiendo la tierra entre mis dedos, separando piedras al pasar mis manos por el suelo deseoso de caricias y de semillas que igual que la vida, se empeñara en ofrecer belleza? Juegos del tiempo, que nos hace creer que somos eternos, igual que nuestros cuerpos sin desgastes ni fatigas.
Ahí miro mis zapatillas de danza, por allá quedó escondido mi último leotardo, de verdad yo podía hacer aquellas rutinas tan intensas moldeándome como si mi carne fuera de madera y un cincel lo trabajara? Interminables horas gloriosas donde el sudor y el cansancio de mi cuerpo de dolores fuera el premio, aquella música y aquellos pasos aprendidos con euforia significaban que había podido. Y el tango, con sus sinuosos movimientos cargados de erotismo, o la alegre algarabía de los cientos de monedas sujetas a mis caderas, mientras música de tierras árabes y gitanas, las obligaban a moverse a veces suaves y cadenciosas, otras con rabia y desafío. Adónde fue mi baile?
Y la música, por horas aprendida, en interminables ensayos, repitiendo hasta el hastío, notas, tonadas, merismas, cuidando la vos y la garganta con chales y jarabes de miel y jengibre, lubricando con agua las cansadas cuerdas vocales. Y tocar el cielo y el infinito cuando el ensamble de las voces producían de nuevo la magia, orquesta y coro con una sola energía, aquellas obras escritas por los grandes de éste mundo renacían de nuevo y el aplauso caluroso y cerrado al final de la obra te regalaba lágrimas de alegría. También se ha ido.
Y después de ser y estar, de haber tenido y perder, después de haber amado y vuelto a amar, de llorar y ahora sonreir, de sostener entre mis brazos tantos niños que me han precedido, volviendo a llenar mis espacios de música y color, de cantos y de risas, a pesar de mis pasos mas lentos y de mis sueños frustrados, la vida se los aseguro, conmigo se ha lucido.
Lia Ferreto.
16-4-2017.




Asé fue como empezó todo.

Me visualizo en el jardín de la abuela Cata con mis cinco o seis años. Veo sus múltiples árboles de durazno, sembrados por cada nacimiento de sus nietos. Ellos tenían sus nombres, éste es Lena, éste Virginia, allá está Elsa, pero no recuerdo cuál llevaba mi nombre. Lo que si me quedó arraigado fue el gusto por morder esos frutos apenas sazones, donde dejaba al descubierto sus corazones rosados y ese delicioso sabor al igual que recordar que antes debía pasarlos ligeramente sobre mi falda, de lo contrario sus pelitos casi invisibles dejaban en la boca, esa sensación tan incómoda.
Me veo de cuclillas a su lado, observando sin creerlo, aquellos gordos y brillantes bichitos, llena de asco pero fascinada, ambas armadas de algún implemento que fuera capaz de sacarlos del medio de las hojas de sus múltiples lirios. Vencíamos y llevábamos a la muerte aquellas babosas tan horribles.
Cuando fui una adolescente adoraba llegar a casa de alguna amiga o vecina y observar las plantas que cultivaban. Siempre me parecía que mi casa no se lucía pues mamá no era precisamente amante de ellas, por lo que que yo comentaba que no había nada más triste que entrar a una casa sin plantas. Así casi obligada, ella comenzó a llenar algunas áreas con canastas de helechos y begonias. La gente me regalaba * hijitos * los cuales yo sembraba con éxito, pero con un pesar de que no encontraba un lugar adecuado a sus necesidades. Así parte de mi tiempo lo usaba, buscando personas que vendieran matas.
Cuando tuve mi primera casa, pedí espacios para ellas. Comencé el cultivo de orquídeas y de violetas y las maravillosas flores que me daban eran mi más grande alegría.
Tengo ahora veinte y tantos años de vivir en mi propia casa. Las guarias que sobrevivieron a mis desastres y cambios de vida, fueron llenando los muros de mi patio. Desde sembrar zacate donde solo había barro, plantar algunos frutales, llenar un gran espacio con semillas de una planta que cubría el suelo y luego fue cambiado por otro pasto, todo lo que hoy tiene aspecto de muchos años, fue para mí un trabajo de cada fin de semana. Aprendí a cultivar semillas, haciendo grandes almácigos de petunias y boquitas de dragón. Los bellísimos espacios que cada verano llenaron mi jardín eran admirados por toda persona que pasara por ahí, y llegó a ser reconocida por la Casa de las flores. También tuve una gran huerta, donde tomates de varios tipos competían con las plantas de albahaca, que servían para hacer muchos frascos de delicioso pesto.
Mi jardín por éste tiempo de Semana Santa, se llena de tal cantidad de flores de guaria imposible de ser descrito, solo admirado.
Abuela Cata, si desde un rinconcito del cielo te es posible mirarme, si recuerdas a ésta pequeña nieta que caminaba de tu mano, en aquellas poquitas veces que visité tu casa, puedes reír regocijada pues mira que gran cosa, yo conservo tu gusto por las matas. También como hacías, muchas de ellas las he vendido. No en balde Adela mi tía, dedicándome su libro Crónicas de un Tiempo escribió; para Lía, hacendosa como mamá.
Lia Ferreto.
Abril-2018.
















martes, 15 de mayo de 2018

Vejez ..


 Si de oro se tratara…
Esta edad tan mencionada,
Prefiero ser pobre ,
No tener nada
Pero poder mirarlo todo
Amarlo todo
Andarlo todo
Sin ese oro a la espalda!


Un poema

Sentimiento dormido
En lo más hondo
Que lucha por nacer
Lucha sin fin
Por lograr algo
Que no se sabe qué es
Ni porqué es
Ni para quién es
Una idea sin nombre
Eso es un poema!

Soledad Rojas Rodriguez


miércoles, 9 de mayo de 2018

Amar


 
Es sentir la vida que pasa
Es vivir cada instante
Y percibir en el aire mil aromas
Es despertar cada mañana
A un mundo nuevo
Y respirar el aire con delirio
Querer aprisionar cada segundo
Y sentir llegar la noche con tristeza
Por ser un día menos…
Sentir que en cada gesto hay un beso
Y un aquí te espero!

Amar es vivir,
Sentir  la  tarde que agoniza
El sol asomar por la mañana
El río que acaricia la montaña
Las olas que duermen en la arena

Es amarlo todo
Y sentir que cada día
Es un nuevo mañana!




TU

Tiemblas cuando te miro
Y en tu mirada expresas
Todo cuanto yo adivino
Mi mano en tu mano
No oculta las aprisionadas ansias
Y tu amor siempre ahí
Sin poder vivirlo
Dónde fue nuestro ayer, nuestros anhelos?
Nuestro sentir? Tus desvelos y los míos?
Hemos muerto los dos con la renuncia!

Soledad Rojas Rodriguez, 
mayo 2018