La
calma. La paz. El silencio. Cuando se han perdido a través del
tiempo, cuando han sido sustituidas por palabras con fuerza de
cuchillos, con miradas cargadas de desprecio, con aquellos otros
silencios llenos de cinismo, miradas duras como hielos, bocas sin
besos, brazos sin alma. Si al fin los recuperas, no habrá nada en el
mundo que te obligue a olvidarlos.
Cuando
has amado con todo tu ser. Has entregado mas que tu vida y al hacerlo
quedaste desnuda de ganas, sin fuerza ni aliento para continuar
viviendo, cuando miras en el espejo el reflejo de lo que fue tu
cuerpo, ahora marchito, cansado y piensas, dónde perdí mi alma?
Aquellas
hijas que antes llenaban mi casa, con sus risas y pleitos y sus
carreras detrás de juguetes, llenando el entorno de migas de
galletas, papeles de cartas y perfumados borradores. Dónde el tiempo
las convirtió en adultas y llenaron otros espacios que ya no son los
míos?
Mis
padres se hicieron viejos, tan viejos como el olvido y tuve que
regalarles mis horas, para vestirlos y acompañarlos, contarles mil
cuentos y asegurarles que aún había tiempo, que se curarían que no
tuvieran miedo y ahora son solo recuerdos.
Qué
se hicieron las guarias de mi patio? Ayer estaban florecidas,
llenaban grandes espacios, las tapias y todos el entorno con sus
propios hijos, en troncos pequeños luchaban por mostrar mas flores.
Y las vandas? Abrazaban con sus múltiples brazos cargados de ramos
perfumados el tronco del árbol de cas. Las lluvias a traición su
flores estropearon y ahora por el suelo lucen tristes y ajadas como
alfombras sin brillo ni color.
Y
mi juventud, donde se ha ido? si solo ayer como juguetona mariposa yo
cruzaba los patios llenos de plantas, agachada liberándolas de
malezas y de bichos, sintiendo la tierra entre mis dedos, separando
piedras al pasar mis manos por el suelo deseoso de caricias y de
semillas que igual que la vida, se empeñara en ofrecer belleza?
Juegos del tiempo, que nos hace creer que somos eternos, igual que
nuestros cuerpos sin desgastes ni fatigas.
Ahí
miro mis zapatillas de danza, por allá quedó escondido mi último
leotardo, de verdad yo podía hacer aquellas rutinas tan intensas
moldeándome como si mi carne fuera de madera y un cincel lo
trabajara? Interminables horas gloriosas donde el sudor y el
cansancio de mi cuerpo de dolores fuera el premio, aquella música y
aquellos pasos aprendidos con euforia significaban que había podido.
Y el tango, con sus sinuosos movimientos cargados de erotismo, o la
alegre algarabía de los cientos de monedas sujetas a mis caderas,
mientras música de tierras árabes y gitanas, las obligaban a
moverse a veces suaves y cadenciosas, otras con rabia y desafío.
Adónde fue mi baile?
Y
la música, por horas aprendida, en interminables ensayos, repitiendo
hasta el hastío, notas, tonadas, merismas, cuidando la vos y la
garganta con chales y jarabes de miel y jengibre, lubricando con agua
las cansadas cuerdas vocales. Y tocar el cielo y el infinito cuando
el ensamble de las voces producían de nuevo la magia, orquesta y
coro con una sola energía, aquellas obras escritas por los grandes
de éste mundo renacían de nuevo y el aplauso caluroso y cerrado al
final de la obra te regalaba lágrimas de alegría. También se ha
ido.
Y
después de ser y estar, de haber tenido y perder, después de haber
amado y vuelto a amar, de llorar y ahora sonreir, de sostener entre
mis brazos tantos niños que me han precedido, volviendo a llenar mis
espacios de música y color, de cantos y de risas, a pesar de mis
pasos mas lentos y de mis sueños frustrados, la vida se los aseguro,
conmigo se ha lucido.
Lia
Ferreto.
16-4-2017.