martes, 3 de noviembre de 2015

Verde naturaleza


Me encanta el color verde de la naturaleza; entiendo claramente el papel de la clorofila no solo en la alimentación de las plantas, sino también en su coloración.

Estoy en un hotel de Santa María de Dota, mi dormitorio queda en el ático o el palomar para las gentes del lugar, es un dormitorio de paredes inclinadas, siguiendo la dirección del techo, tiene un escritorio, una cama pequeña y una gran ventana que da a la campiña.
-        Casi nunca alquilamos esta habitación, me decía el dueño del hotel como disculpándose.
-        A mí me parece magnífica, con tanta luz y el paisaje que entra por
 la ventana.
-        Bueno, se la he ofrecido a Ud, porque trae poco equipaje y me dijo que venía a pensar. Sabe, ha sido un limitante no tener ascensor. Pero venga, asómese a la ventana.
-        Me asomo a la ventana y veo verde hasta donde me alcanza la vista, me viene a la mente la canción chilena: paisaje de…, en mil distintos tonos de verde…
-        ¡Todo esto, hasta donde le alcance la vista, es propiedad de mi familia!, yo decidí hacer un hotel de montaña en la casa de mis abuelos; pero todos mis familiares andan desperdigados por ahí.  Bueno, lo dejo para que se acomode y no olvide las horas de las comidas, todas están incluidas en el precio.
Me quedo solo en la habitación, saco mis prismáticos y me siento en la ventana. Todo se ve verde, pero  con un poco de esfuerzo comienzo a identificar los distintos tonos. 

Observo a la distancia una parte en que se nota que voltearon la montaña para sacar madera, pero rápidamente, las gramíneas han tomado el lugar de los árboles, por lo que puede observarse el verde tierno que crece rastrero en el piso del campo y se va apoderando del terreno, también ha de haber algunos bejucos de los que crecen en el suelo y se enredan en los pies; veo también un verde, un poquito más oscuro, en realidad es un verde diferente y pertenece a las hierbas que se mueven, cual juncos, al vaivén del viento, también puedo observar claramente el verde musgo pegado a los troncos, es una simbiosis entre un hongo y un alga, el primero da el color verde necesario para la fotosíntesis  y el alga le da la humedad necesaria.

 ¡Uy! También veo “barbas de viejo” que cuelgan de las ramas de los árboles; pienso en el portal de mi abuela, que orgullosa estaba cuando lograba conseguir estas “barbas” para adornarlo.

Observo una mancha oscura en la montaña, con otra coloración de verde, que corresponde a algunos arbustos y, hacia arriba, observo  el verde intenso de los árboles altos. Aún entre estos hay cientos de tonos diferentes, desde los verdes terrosos hasta los verdes juguetones que presentan algunos árboles cuando sus hojas juegan al escondido con el viento. Añado el verde azulado y el verde intenso de los gigantes del bosque. 

Y, ¿qué es esa mancha que veo a la distancia? Enfoco los prismáticos y veo plantas de café, es el famoso café de altura de Santa María de Dota, y ¿esos troncos con brazos nervudos? Han de ser, los porós que podan en invierno y los siembran estratégicamente en el cafetal para que al llegar los soles inclementes del verano, el café pueda cobijarse bajo su sombra.

A propósito de sol, estoy viendo los hermosos celajes que van tiñendo el cielo, formando rizos, pronto cubrirá con su manto la noche tranquila del campo y no podré observar ningún verde. Dejo mis prismáticos y veo los jardines que rodean el Hotel, son cientos de plantas en tiestos, algunos desvencijados, pero que adornan hasta la saciedad, veo caminitos de plantas que a veces se ven plateados, se nota que su jardinero es un magnífico paisajista porque la combinación de colores es perfecta, todo está planeado, cientos  de tonos de verde salpicados con florecillas multicolores. ¡Siento que estoy en el paraíso!

- ¿Saben? Se dice que los esquimales no tienen palabras para distinguir los diferentes tonos de verde, pero sí las tienen para diferenciar hasta 40 diferente tonos de blanco; prueba irrefutable de la influencia en nuestras vidas del entorno en que vivimos.

Olga Emilia Brenes 

un olor a música

Sentada en un palco del TN mientras los músicos interpretaban una obra maestra pensaba en la diferencia de estar ahí observando y escuchando, al contrario de lo que fue usual para mi que era estar ubicada detrás de la orquesta. Recordaba la forma del cráneo de cada persona, su pelo, su espalda y la energía que movía su cuerpo cuando sonaba su instrumento. Si era algo suave y melodioso o algo vibrante y lleno de pasión. Los reconocía desde esos ángulos y no de frente como ahora que yo era parte del público. Embelesada en esas memorias y dejándome llenar plenamente por la música maravillosa que escuchaba pensaba también si ésta se podría definir desde el olfato. Tendría olor la música?  No se me había ocurrido antes cuestionar si olía o no. Me gustaría poderla definir desde su aroma, pensaba. Mozart definitivamente debe tener un olor a genialidad y a diversión. Beethoven de seguro tendría un aroma un tanto rancio, como de un alma confundida. Pensaba también en el teatro, su aroma inconfundible no puede descartarse. Huele a drama, tragedia, huele a público que aplaude y a sudor del bailarín que durante largos minutos se movió sobre el escenario. Huele a deliciosa espera, mientras tras el cerrado telón, un grupo de cantantes del coro espera las notas exactas que marcan el inicio de otra ópera, el momento justo para integrarse a la escenografía de ésta vez. Las bambalinas también huelen, un poco a escondite, a compás de espera, a risas sofocadas, a peleas y también a lágrimas. Los tramoyistas ahí ubicados también huelen a certeza, a brazos fuertes para mover piezas del escenario en segundos, bajar telones o repartir la utilería que cada solista usará en esa escena.
La música seguía sonando, los brazos del director, su espalda y todo él vibraba de pies a cabeza seguro de que cada músico ejecutaba sin pifiar esas partes tan complicadas de su instrumento. Sobre el escenario tres hermosas mujeres que conforman el  afamado Trío Eroica, interpretaban magistralmente el triple concierto de Beethoven. Admiraba su belleza física y escénica, sus hermosos trajes largos, sus peinados, su alegría y pasión al tocar y la camaradería que había entre ellas. Al centro sentada estaba la chelista, quién con su elegancia y espontaneidad sobresalía. Sus brazos tan definidos eran parte de un cuello y hombros tan hermosos que parecían extenderse sin fin cuando ella movía hacia el lado el arco que sostenía. Había un silencio que surge solo cuando algo extraordinario sucede. Pero un grito  de ¨oooouuuhhh ¨ hizo que fijara la atención y viera como aquel gran piano se deslizaba sin remedio hacia la orilla. La pianista de pie trataba de sostenerlo, una persona del público corrió y logró sujetar la pata del piano que ya había quedado en el aire. El director aún siguió dirigiendo unos segundos y los músicos sentados mas atrás no entendían que había sucedido. El momento de gran confusión culminó con abundantes aplausos y grandes risas. Las tres solistas se doblaban al reir, provocando mas risas y mas aplausos y aquello se convirtió en algo tan hilarante, tan divertido como nunca antes había presenciado. La diversión de ese momento olía a gloria. La risa tan contagiosa olía a domingo mañanero. Ver reir a tanta gente en escena de seguro esparcía un aroma de complicidad, de vida, de gente feliz. Aplausos y mas carcajadas, tramoyistas en escena frenando las patas de aquel majestuoso piano. Tres mujeres que han viajado por el mundo visitando los grandes escenarios, dirigidas por grandes Maestros, llevarán para siempre ésta anécdota jocosa.
Música, expresión suprema del hombre, que nos envuelve, nos traspasa, nos eleva, nos une y nos identifica. Hueles a lo Infinito, a lo Divino, a Humanidad, a todo eso que somos, a Totalidad.
Lia Ferreto.

Noviembre 2015.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Colores:



Tal y como ocurrió el año anterior, del Santuario Nacional Santo Cristo de Esquipulas estuvieron invitando a los hombres, mujeres, jóvenes y niños que han padecido de cáncer o están luchando contra esa enfermedad y al público en general para que el domingo 25 de octubre asistieran a la Misa de las Rosas que se iba a realizar a partir de las 12 medio día en dicho Santuario.

Como mi hermana Mercedes fue operada hace dos años de un cáncer de mama, le informé para que el domingo tal y como lo habíamos hecho el año pasado fuéramos junto a mi esposa a ésa celebración.

En vista de que ése mismo día, mi madre cumplía 13 años de fallecida, en la mañana del domingo lo primero que hicimos fue irnos para el Campo Santo la Piedad en Desamparados, ahí visitaríamos el lugar donde descansan los restos de la mujer que me anduvo en su vientre y me dio el derecho a nacer, después de una oración, los tres salimos y nos dirigimos hacia San José para abordar el bus que nos llevaría al Cantón de Alajuelita, donde llegamos como a las 11:30 a.m. y aquél Santuario estaba repleto de gente.

En la puerta de la entrada principal, un grupo de colaboradores (as) tenían unas enormes canastas panaderas llenas de rosas multicolores para darle una a cada visitante, las había rosadas, blancas, rojas, amarillas, moradas, etc., sus olores característicos llenaban aquel Santuario de un perfume exquisito.

Aquél espectáculo variopinto nos permitía sentirnos como en un enorme jardín lleno de rosas, ver a tanta gente concentrada en un lugar padeciendo de la misma enfermedad es impresionante, pero lo más maravilloso e impresionante es verles con aquella fe inquebrantable en Dios y en la Virgen Santísima de que serán sanados.  A eso de las 12:20 p.m. el Cura párroco, Pbro. Luis Enrique Guillén Salas dio inicio a la ceremonia.

Qué homilía más sabrosa, qué manera más sencilla de dar el evangelio y hacer una exégesis sobre él.   El padre se refirió al poder de protección y de sanación que tiene Dios e hizo una analogía de lo sucedido con el Huracán el que según los científicos y expertos, devastaría México o al menos algunas de sus ciudades donde penetraría con ráfagas de viento de hasta 400 k/h.

Agregó que los expertos nunca pensaron ni tuvieron en cuenta el poder que tiene Dios y que por eso, la destrucción inmensa que se anunció, no pasó de ser una simple tormenta tropical gracias a la protección que el Supremo Hacedor hizo de esa nación.

Seguidamente realizó una extensa catequesis sobre la enfermedad del cáncer que se aloja en el colon, el estómago, las mamas, el cerebro, la boca, la tráquea, el esófago, la laringe, la faringe, pulmones, huesos, etc. e hizo una oración de sanación, dándole todo el poder y la Gloria al Señor, a su Hijo Jesucristo y al Espíritu Santo.   Eso fue un bálsamo para las personas que han tenido o tienen ésa enfermedad.
Una vez concluida su oración, solicitó que los presentes llevaran las flores cerca del altar y las echaran en los canastos, ahí cada persona tenía que depositar su rosa y simbólicamente su enfermedad iba con ella.

El Santuario olía a la exquisita fragancia que expelen las rosas, el olor a incienso y su color grisáceo se entremezclaba y el aroma que se aspiraba era de paz, de bendición, de regocijo, de amor, de tranquilidad, de sanación…… era una conjunción de aspectos positivos.

Seguidamente el sacerdote indicó que las rosas que habían echado a los canastos les serían devueltas una a cada persona, en el entendido de que no sería la misma que recibieron al entrar al templo.

El sacerdote aprovechó y nos invitó para que el último domingo de octubre del año entrante vayamos a la misa que en honor de los enfermos con cáncer ahí se celebrará.     Inmediatamente, dentro del templo se realizó una procesión con el Santísimo con lo cual se daba por finalizada una muy bella y esperanzadora celebración.

Al salir, los rostros de los enfermos, sus familiares y amigos denotaban una satisfacción por la misa y el mensaje que nos llenó de fe, de esperanza y de solidaridad con las personas que con un estoicismo asombroso luchan denodadamente día a día para soportar el dolor que les provoca la enfermedad o las irradiaciones de la quimioterapia.

Cierro con un fragmento de la canción, De Colores, que se utiliza en los Cursillos de Cristiandad.

De colores, de colores
Se visten los campos
En la primavera
De colores, de colores
Son los pajarillos
Que vienen de afuera
De colores, de colores
Es el arco iris
Que vemos lucir,
Y por eso los grandes amores
De muchos colores me gustan a mí.



Ricardo Jiménez García

PIAM-AS-04026

Tiempo

                                 
Nada bajo el sol se mueve sino está en total sincronía con todo el Universo. O sea que todo sucede en su momento perfecto, ni antes ni después. Y si no sucede ? O será que suceden otras cosas de las que nunca nos percatamos, que tenemos una idea exacta de lo que deseamos y pedimos y al estar con esas ideas tan cuadradas, la vida se ríe y hace lo que debe sin que nosotros seamos capaces de observar nada mas? Tal vez lo que está pasando no sea evidente para una porque es irrelevante ante nuestro juicio, pero realmente me gustaría pensar que la mirada interna se opaca entre mil cavilaciones, lamentos, rumbos fijos que no se cuestionan o absurdas verdades que otros nos dijeron.
Caminaba hace unos días en un centro comercial buscando una tienda específica un tanto desorientada. Una cara conocida me miró y ambos con alegría nos saludamos. Conversamos de aquellos tiempos en que éramos compañeros del coro, del tiempo sin vernos y de todos los cambios en nuestras vidas. Fuimos poniéndonos al día con las novedades. El estaba en un nuevo trabajo y yo había dejado mi coro hacía pocos meses. Los sucesos dentro y fuera de éstos ámbitos fueron nuestro gran tema de conversación, pues abarcaban personas, obras corales, vivencias de todo tipo. Me contó de su vida, de su pareja e hijos y lo bien que se sentía.
De pronto me comentó; seguramente tu esposo debe sentirse feliz de que hayas salido del coro y ahora estés en la casa. Me tomó de sorpresa ese comentario tan salido de mi realidad y le dije: no, yo no tengo esposo. Me miró con gran asombro, pero, cuántos años tenés de divorciada? Mas extrañada aún le respondí, pues ya son 23 años de eso. Un desconcierto lo invadió, no tan grande como el que sentí al oírlo decir: yo viví enamorado de vos por muchos años, te amé en silencio sin poderlo evitar, iba al coro solo por verte llegar, con esa elegancia tuya tan inconfundible, tu seriedad y la presencia de tu belleza. Me encantabas. Y vos nunca me miraste. Pensé que eras casada y por eso no me acerqué ni dejé que lo supieras. No se nada de vos, Lía, no se que haces ni como vives ni donde.
Que momento viví. Asombro, tristeza, incredulidad, agradecimiento. Ahora era yo quién lo miraba como se mira un espejismo. Un muchacho ante mi declaraba amor lejano, sentimientos y deseos. Yo enrojecida y sofocada cuando entendí que no bromeaba, lo mismo él que aseguraba, ahora amo a mi esposa. Eso me sucedió hace mucho y me había prometido, si alguna vez la veo quiero decírselo. Ambos nos quedamos un instante en silencio. Lo abracé espontáneamente y le di las gracias.
Caminaba de nuevo por esos amplios pasajes del centro comercial. Pensaba en todo lo dicho, en su expresiones y las mias, en lo inesperado de ese encuentro. Tantas memorias ahora activadas. Había tenido que explicarle que en todos mis años de divorcio, tuve algunas parejas, pero no me casé nunca. Que aún ahora no tenía pareja y que sentía que cada vez era menos probable que la llegara a tener. Sus respuestas fueron motivadoras y profundas. Seguramente viviste 25 años apegada al coro, con un solo objetivo, una meta clara. Eso probablemente evitó que pudieras consolidar una relación de amor y compromiso. Ahora eres libre realmente. Estás viviendo una etapa dedicada solo a  conocer cómo es la vida mas allá del coro. Sigues siendo linda y deseable, ya verás que cuando menos lo esperes esa persona se encontrará con vos, igual que me sucedió a mi con mi pareja.
Nos habíamos despedido riendo y aliviados de todo lo compartido. Me fui sin poderle confesar que no recordaba su nombre.

Lia Ferreto.

Octubre-2015