lunes, 30 de mayo de 2016

Actriz de cine a los 85 años..




Nunca pensé que a la edad de 85 años podría ser actriz de cine.

Les voy a contar todas las peripecias que pasé para eso. Mi nieto Alejandro trabaja con una productora de cine y nos llamó un día para preguntarnos si a Daube y a mí nos gustaría salir en una película pues necesitaban personas de nuestra edad. Le dijimos que sí, entonces nos veríamos el domingo a las 7:30 de la noche. En la noche me dormí pensando qué sería lo que teníamos que hacer, si había que hablar algo y cómo teníamos que ir vestidos y maquillados.

En la mañana del domingo iba para misa como de costumbre pero antes llamé a Alejandro para quitarme las dudas, y me dijo que fuéramos con ropa corriente pero que lleváramos otra de repuesto por si la necesitábamos, y el maquillaje de siempre solo que no tuviera mucho brillo. Preparé la ropa y me fui para misa.

En la tarde había quedado con mi hija Olga para ir a un concierto de música operática en Terramall, por supuesto que esto me sirvió de distracción ya que yo no dejaba de pensar en la película.

Llegamos a la casa a las seis de la tarde y tomamos un té con un emparedado, y fui a alistarme, no me pareció la ropa que había preparado y la cambié. La emoción me embargaba, ya quería estar allá para verlo todo. A las 7:30 pasó Alejandro a recogernos, el camino se me hizo largo, tenía una sensación de angustia y emoción, al fin llegamos. Pasamos a una salita ocupada por varias personas, a la par había un parqueo con iluminación y preparado para las tomas de ese día y personas que se movían de uno a otro lado organizándolo todo. La emoción era cada vez más intensa, y todavía no sabíamos que íbamos a hacer. Nos sentamos en la sala para esperar que nos llamaran, ahí estaba una señora que parecía nerviosa porque no dejaba de hablar, y un señor canoso que salía y entraba a cada rato de la sala.

Hasta que al fin nos llamaron. En la escena estaba una pareja que sostenía un trofeo grande y Daube y yo debíamos estar a la par de ellos, uno a cada lado. Un poco más atrás había dos mujeres jóvenes conversando y a la derecha dos hombres y una mujer de edad madura Todo esto sucedía al fondo pues los personajes principales tenían una conversación en el primer plano. Cuando dieron la orden de acción todos caminábamos en diferentes direcciones. El grupo nuestro lo que tenía que hacer era posar para que un joven fotógrafo nos tomara fotos y luego nos las mostraba, todos asentíamos y nos despedíamos saliendo de la escena con el fotógrafo.  Entre tanto los actores principales que habían tenido su conversación se despidieron y salieron por caminos diferentes. Esto tuvimos que hacerlo seis veces pues el director no estaba contento con la escena, daba nuevas instrucciones y cambiaba a las personas de lugar. Hasta que al fin se oyó la voz que decía: ¡perfecto, se imprime!, entonces hubo un griterío y aplausos y yo pensé que era por lo bien que habíamos actuado, pero era la expresión de alegría del grupo que había trabajado tan arduamente y daban por terminada la filmación.
En realidad fue muy poco lo que hicimos, pero para mí sigue siendo una emoción que no había hecho jamás. ¡Gracias Alejandro!





Carmen Brenes Protti

domingo, 15 de mayo de 2016

LOUIS.


Su nombre artístico es…..Louis ¡¡¡¡¡¡¡¡¡
Y sueña con escenarios, mientras que cambia la luz….
Del rojo al verde no hay mucho tiempo para soñar….
Algo que en éstos tiempos disfruto mucho mientras conduzco mi carro, es llevar en sintonía una estación que solo pone música de la época de mi juventud.
Me gusta pues me ha devuelto la posibilidad de cantar, llevaba meses sin hacerlo en un silencioso duelo que inicié al renunciar a mi Coro. No tenía idea de que había enmudecido de nuevo, solamente mi alma cerró su boca y se negaba a aprender todas esas nuevas piezas que el radio de mi carro transmitía.
Las oía en su repetición a veces cansona pues las estaciones de radio en su afán de volverlas famosas, nos obligan a escucharlas una y otra vez sin podernos defender.
Un día conversando al respecto, me dio una amiga ésta nueva posibilidad. Desde entonces si viajas conmigo la podrás escuchar sin remedio, igual acá repiten mucho las piezas, pero a mi me encanta pues así acabo de recordar sus letras. Las famosas de mi época dorada que recuerdo casi en su totalidad.
Un saxofón impetuoso da inicio a Louis. Estridente y muy hermoso ese saxo me anuncia que Louis está ahora sonando, feliz subo el volumen y ruego para que nadie conocido me vea en aquel rito salvaje , moviéndome como en una sala de baile mientras mis manos marcan el ritmo sobre el volante. Y canto, a todo pulmón. Es él quién como yo una vez, soñó con escenarios. Lleva el pelo largo hasta el hombro, recorriendo la ciudad mientras ofrece su servicio de taxista. Pero lo que él desea, es podernos cantar.
Subir a los escenarios del mundo es algo que nació conmigo, desde pequeña anduve entre bambalinas , jugando, bailando , actuando , cantando. Cuando fui mayor, vi truncarse todos mis sueños, numerosos embarazos y una vida matrimonial se llevaban al traste todo anhelo. Cuando supe que no tendría mas hijos, comencé a levantar esos velos que me ocultaban muchos sueños. Primero con el ballet, sin lograr mas que pequeñas escenas, sin pisar escenarios. Convencida de que por ahí no era la cosa, logré a los pocos meses de mi llegada al coro, ser parte del montaje de la ópera Norma de Bellini. Mis artes histriónicas hicieron su debut cantando y actuando.
Un día Louis despertó con una preocupación…y al mirarse al espejo no es el mismo ya no…
Ahora el saxo canta su melodía en una tonada con tanta pasión y desconsuelo provocando poco a poco que el alma y corazón se rompan en hilachas llenas de agonía.
La edad. Silenciosa compañera de vida que pareciera que nos roba años, salud y sueños.
Eso a Louis no le quitan las ganas de podernos cantar, insiste de nuevo la canción… Todos tenemos esa música del alma que podemos sacar dentro nuestro, como la voz sonora y emotiva de ese solo de saxo, esa canción que tanto deseamos poderles cantar.
Lia Ferreto.
5-2016.




Bartola

Bartola de la Canción de Pedro Infante

(Dedicada a todas las Bartolas que existen y que como dice el dicho hacen de “tripas chorizo” para cubrir las necesidades de sus hogares)
Como ya sabemos las amas de casa son esposas, madres, enfermeras y excelentes administradoras de la economía del hogar.
Debemos apoyarnos en ellas y darles el dinero suficiente para que se encarguen de los pagos y necesidades de la casa.
Entonces:    “Mira Bartola
        ahì te dejo esos mil pesos”
Aunque la canción dice dos pesos, le doy mil pesos, porque todo aumenta, aumenta el alquiler de las casas, la luz, etc.  Y no debemos ser muy agarrados y aumentarle un poquito el dinero a ella y como gracias al gobierno que decretó un aumentico para nuestro sueldo, pero que no se enteren algunos diputados porque van a creer que son pluses salariales y que no tenemos derecho para ese aumento.
Entonces:    “Pagas la renta
        El teléfono, la luz”
Del agua no nos preocupemos, ya empiezan las lluvias y podés recoger un poco en baldes o como ya hemos hecho pedirle al vecino que nos regale un poco y asunto solucionado.
También sabemos que ellas necesitan algunas cositas para su uso personal, implementos de belleza, alguna prenda íntima o cositas para que se pongan bonitas y sentirse atractivas.
Entonces:    y lo que sobre
        Te lo dejas pa’tu gasto”
Pero no solo ellas necesitan sus cositas, también nosotros necesitamos salir y divertirnos un poco, pues solo trabajo no es justo.
Entonces    “Guardame el resto
        Pa’seguir el vacilón
Ay Bartola:     “Te doy peso sobre peso
        Siempre hasta llegar a mil”
Si no te alcanza vas a tener que ir a la Avenida Central a vender “Tiliches” pero tenés que estar atenta para que cuando se aproximen los de la “Muni” salir en carreras para que no te quiten la mercadería y a los güilas vas a tener que mandarlos a cantar o vender confites en los buses para ganar alguito
Bartolita, Bartolita dame algo pa’quitarme este gomón porque si no, no voy a poder ir a trabajar mañana.
“Cabi Linares”.



lunes, 9 de mayo de 2016

Vivencias Difíciles


Existen momentos en la vida de las personas en que la fatalidad se impone y juega entonces un papel el destino, la suerte o la desventura, imposible luego de revertir pues imagino que se interpone la mente con grandes voces y los hechos quedan consumados.
Hace poco tiempo se dio un suceso dentro de un salón donde se reúnen suficientes personas cada día. Una de ellas dió aviso de haber perdido su celular nuevo, un regalo recibido pocos días antes. La noticia se difundió rápidamente entre las personas presentes quienes mostraron interés en ayudar en su búsqueda. La señora que administra el sitio, alertó en altavoces del suceso por lo que quién lo había sustraído, tomó su bolso y con naturalidad se marchó del lugar.
Este tiempo que nos está tocando vivir, lleno de asombrosos inventos, nos dio a todos la oportunidad de ser mudos testigos de sus alcances. En otras épocas, un ladrón que lograba sacar su pieza de un lugar, se perdía para siempre entre las multitudes, las calles o los miles de escondites que generaban que sus delitos quedaran al resguardo de la mirada indiscreta de algún sujeto.
Pero ésta vez, para desgracia de aquella conocida por todos, querida y respetada, un implemento en el propio celular indicó por internet, el sitio donde él mismo se encontraba. A través de otros teléfonos, la persona que miraba la computadora, les indicaba a los seguidores los pasos, rápidos o lentos, los altos e incluso los sitios por donde ella y aquel celular se desplazaba. Rápidamente le dieron alcance, ella viéndose sin salida, toma un taxi pirata rumbo a su casa, seguida por el auto donde dos personas la seguían. Al llegar ahí, se confrontan dando golpes a la persona que pedía su teléfono, mandando su bolso dentro de la casa. Salieron vecinos, llegó la policía, ella gritaba como loca  jurando su inocencia mientras sus hijas acusaban de maltrato a una adulta mayor. Ninguna persona pudo entrar en la casa y revisar aquel bolso.
Mi mente ya en reposo sacudida por los hechos, imaginaba las escenas de locura y de violencia que aquella conocida mía había vivido ese día. Que infortunio pensaba yo. Qué pasa por esas  mentes cuando deciden tomar algo que no les pertenece y cambian sus vidas para siempre ? O lo hacen por costumbre ? Esto trajo a mi recuerdo aquella planta de guaria blanca que una amiga mía, robó de mi jardín. Fueron solo cuatro días en que yo me ausentaba de mi casa y de nuevo por otro infortunio, le pedí que cuidara de mis plantas y mi casa, para lo cual le di la llave para entrar. Tengo tantas plantas, que entre todas ellas podía llevarse alguna sin que yo me diera cuenta. Pero así son las cosas, escogió una planta que estaba medio desprendida de su sitio, por lo que yo al mirarla me decía que debía repararla. Di vueltas por mi patio y de pronto sentí ese sobresalto, la guaria no estaba. Que se ha hecho me preguntaba. No podía imaginar que ella precisamente se la había llevado. Hay un momento en que la certeza te llega y sientes el corazón que se rompe en pedacitos, sudas frío, deseas llorar y lo mas cercano a ser violada te envuelve. Como tienen esa forma de vida de inconciencia, recibo su invitación a un almuerzo. Me debato entre mi angustia, decidiendo al final asistir y buscar mi mata. En una mesa larga de madera, en el centro en una bella macetera, observo una planta similar que me cuesta reconocer. Yo buscaba mi planta como antes la tenía. Pero ahora, al mirar y mirar atraída por un magnetismo extraño, comienzo a identificar los defectos, roturas y hongos que ella antes tenía. La miro, la toco, la saludo. Mi amiga desde lejos observaba por lo que en medio de sus visitas y de su almuerzo, comenta con ligereza que aquella nueva planta de guaria, un amigo se la había regalado. Esperé al día siguiente para no avergonzarla, para pedirle que me la devolviera. Discute ofendida, para al final ofrecer * regalarme * aquella planta, que con mucho gusto lo haría. No se trata de regalar, le dije, sino de devolver.
Cada temporada en que mis guarias florecen, pienso en mi amiga y mi guaria, le estará floreciendo, seguirá hermosa o habrá muerto ? Perdí una planta, perdí una amiga.
Basta un momento, solo un instante y todo cambia.
Lia Ferreto.
4-2016.



Contigo aprendí



        " Contigo aprendí que  existen nuevas   mejores emociones."

Efectivamente, cuando pienso en mi actual matrimonio, no pienso más que en felicidad y tranquilidad.   Ya no me desespera el estar delgada o el irme a peinar cada semana. El pensar que no ha llegado la chica que me hace  las uñas. Lo mismo lo hago, pero ya no existe la urgencia del pasado. En mis preocupaciones no está, ¿qué me pongo en esa fiesta? ¿Irá a asistir fulanita? Esa siempre me ve con ojos feos, como si me tuviera tirria…¿Irá a asistir…?¿ Qué me va a decir si…?

Ahora, solo puedo pensar, “¡Que hermoso es el amor maduro!”, ese, en el que lo mismo vas a una fiesta, si es que te invitan, o a un funeral, en el que no necesitás invitación y pensás, ¿cómo se fue a morir ese muchacho? Si lo vi hace poco en el entierro de…. Y al analizar, cuánto hace que no veías al sujeto en cuestión, resulta que hace más de un año que no lo veías y ahora sabés,  que los días, las horas y los minutos cuentan. Ya no somos eternos, como nuestros hijos y sus amigos

Ya no es la desesperación de cumplir con el amor sexual, si se da, perfecto, pero no es la prioridad,  Ahora se piensa en un beso, en un abrazo, en una compañía,  se puede pensar más en viajar, dentro y fuera del país, a esos lugares a los que no pudimos ir porque estábamos muy ocupados, criando hijos o trabajando, en fin, cuando nos sentíamos indispensables. Y hoy, vemos, que el mundo siguió dando vueltas sin pedirnos permiso.

¿Que tenemos males? ¡Claro!, es el precio que pagamos por seguir en este mundo cuando ya otros muchos lo han abandonado. Seguimos agarrados a él, como un mono en  un vendaval, total, que nadie ha vuelto del más allá para informarnos cómo es ese otro lado.
               
Es muy hermoso conocer a su pareja, saber que piensa, saber con que contás, no esperar lo que no ha ocurrido en años, recibir juntos un nuevo aniversario de boda o un nuevo cumpleaños. Es muy lindo, cuando cae la tarde, sentarse a tomar un café y permitirse recordar…¿cómo eran ellos cuando estaban jóvenes? ¿Cuando los hijos caminaron?¿Cuando hicieron ese viaje tan soñado a San Andrés, o cuando fueron a comer a aquel lugar? No importa si ahora han viajado a otros lugares del mundo, más sofisticados, o si han ido a comer a otros restaurantes, lo importante es recordar, cómo fue aquella primera vez, aquella emoción, aquel mariposeo en el estómago. Recordemos que, etimológicamente, recordar es “volver al corazón”.
               

Por eso cuando pienso en la canción con la que inicio esta narración, no puedo menos que decir con Manzanero  “Contigo aprendí”.

Olga Emilia Brenes 

sábado, 7 de mayo de 2016

La piedra negra de Puerto Viejo




En la década de los ochenta, se impulsó el Proyecto Nacional de Electrificación Rural II etapa, el cual incluía localidades de diferentes partes del país. Me correspondía realizar estudios a las comunidades antes y después de su electrificación.
En dicho proyecto se incluyó el poblado de Puerto Viejo, que pertenece al distrito de Cahuita, cantón de Talamanca, provincia de Limón. Éste se caracterizaba por sus bellezas naturales, atractivas playas, pocos comercios, viviendas sencillas habitadas, en su mayoría, por familias originarias, con presencia de algunos turistas y con poco tránsito vehicular. Con frecuencia se escuchaba en el centro del pueblo, el sonido de una planta térmica cuyo dueño era el propietario del comisariato y que suministraba electricidad a algunos de sus vecinos.
Llegué en horas de la tarde a Puerto Viejo con dos compañeros de trabajo, Víctor y Vernor nuestro apreciado conductor; nos hospedamos en el Hotel de Maritza, muy solicitado por funcionarios públicos y proveedores del lugar.
Al siguiente día mientras desayunábamos muy temprano, se nos acercó un turista francés para preguntar qué “ brete “ hacíamos ahí ya que nos había visto llegar en un vehículo del ICE. Supongo que había preguntado el significado de esta abreviatura. Como impulsora de este tipo de proyectos, muy contenta le expliqué la intención de electrificar Puerto Viejo y sin dejarme concluir nos increpó con fuertes palabras y reclamos. Expresó su total desacuerdo, pues él venía de Europa a disfrutar la tranquilad de la selva costarricense, lo cual lograba en gran medida por la ausencia de electricidad en el pueblo.
Por cierto, el francés nos acosó durante nuestra permanencia, pues no quería que cumpliéramos nuestro propósito laboral. Contrariamente, los habitantes de Puerto Viejo expresaban su beneplácito ante la expectativa del servicio público de electricidad.
Terminamos nuestras labores del día cuando empezaba a oscurecer. Llegamos al Hotel a alistarnos para caminar por los alrededores, comer y tomar algo, así como ver grupos de personas jugando dominó. Víctor previó la oscuridad que se nos avecinaba y con su ingenio turrialbeño de épocas pasadas, hizo una lámpara artesanal. Esta consistía en un tarro clavado a un viejo palo de escoba, dentro del cual pegó una candela.
Transcurrieron las horas en las actividades mencionadas, era el momento de regresar al hotel. Por mientras, la candela se gastaba, la luna estaba medio escondida, las casas apenas contaban con una tenue iluminación proveniente de candelas o pequeñas lámparas de aceite o gas. No había iluminación pública, por lo que de noche casi no se distinguían los caminos y trillos para desplazarse de un sitio a otro. En esa tarea de encontrar por dónde debíamos regresar, observamos una piedra grande y negra y entre risas dijimos que era como la de Aserrí.
Víctor caminó al lado de la piedra; Vernor se me adelantó y pretendió pasar encima de ella, cuando de pronto él se elevó como en estado de levitación, murmuraba a más no poder y trataba de mantenerse firme ante la inminente caída. Los tres estábamos muy asustados y más sorprendidos cuando de pronto “la piedra” sacó su cabeza, se paró, levantó su cola y relinchó por largo rato.
Así es amigos, la piedra negra de Puerto Viejo era un hermoso caballo que, posiblemente, se durmió esperando a su dueño. Ah por cierto, el ICE electrificó Puerto Viejo y muchas localidades del país, con la participación de otras empresas distribuidoras de electricidad, contribuyendo así con el bienestar familiar y desarrollo local de los nuevos beneficiarios de este servicio público.

Marta Obando

hacia la Isla del Coco


Marta Obando Saborío



La Isla del Coco se ubica en el Océano Pacífico de Costa Rica, aproximadamente a 500 Km  de Cabo Blanco en la Península de Nicoya que es el punto continental más cercano. Tiene 24 km2 de zona terrestre y a su alrededor cuenta con un área marina de 12 millas náuticas.

Sus riquezas naturales en flora y fauna marina y terrestre la han convertido en un laboratorio natural excepcional, lo que dio origen a la declaratorias especiales para su protección: Parque Nacional en 1978, Sitio Patrimonio de la Humanidad en 1997, Sitio RAMSAR de Humedales de Importancia Internacional en 1998, Sitio de Patrimonio Nacional Cultural e Histórico en el 2002.

Su clima es tropical húmedo, con frecuentes lluvias y su altura máxima es el cerro Iglesias con una elevación de 623 msnm.

Mi primera de varias giras a esta Isla, fue en el  año 1992 con otros compañeros de trabajo, del Instituto Costarricense de Electricidad.  El propósito fue dar una solución parcial a las necesidades energéticas del centro administrativo que albergaba a los guardaparques y atendía a los voluntarios así como a visitantes, en su mayoría extranjeros. Para ello, se instalaron sistemas fotovoltaicos que disminuyeran el uso de plantas térmicas y su consecuente contaminación atmosférica y sonora.

Para llegar a la Isla debimos hacer una travesía que inició en Puntarenas, donde se encuentra el muelle de las patrulleras de los Guardacostas Nacionales. De previo sabíamos que el viaje duraría, al menos, 36 horas y que con frecuencia algunas personas se enfermaban, por los vaivenes de la embarcación mar adentro. Sin embargo, el optimismo prevalecía entre todos los que decidimos cumplir el trabajo propuesto.

A pocas horas de iniciado el viaje, el mar empezó a restar la alegría con que habíamos empezado esta aventura, al igual que lo hicieron las condiciones tan limitadas que ofrecía la Patrullera, aunque la tripulación era de excelentes cualidades humanas y profesionales. Las olas empezaron a tambalearnos; el olor a aceite y comida se convertían en algo difícil de tolerar. La mayoría de compañeros solo podían permanecer en cubierta con los pocos espacios para pernoctar. El consumo de alimentos causaba grandes estragos estomacales en casi todos. Mi ventaja fue que solo ingería agua, jugos de manzanas y galletas cremitas. Eso sí, todos con pastillas para disminuir los mareos y otros efectos en la salud.

Llevábamos alimentos para que el cocinero de la lancha la preparara, pero la mayoría no podía comerlos. El agua de las olas y de la lluvia hacía que se mojaran los “sitios de albergue” y maletines, pero era imposible permanecer en ciertos camarotes no solo por su reducido número sino por el calor imperante.

Las ballenas y delfines se convertían en una compañía a lo largo del recorrido, sorprendiendo  con sus  fuertes sonidos. Su presencia nos impresionaba de sobremanera.

 Al tercer día de estar en la patrullera, como a las 5:00 am, se oye el grito de uno de los guardacostas “Isla a la vista”. Todos corríamos a ver el espectáculo de una isla rodeada por islotes, bosques, ríos, caídas de agua, aves, peces, tiburones, entre otros. Sin embargo, hubo que esperar mar adentro, muchas horas más para bajarse del barco,  pues no hay muelle ni atracadero. Esto demandó la presencia de ciertas condiciones de la marea para un trasbordo en lancha y el envío de equipo y materiales en balsa.

Durante las primeras horas en la Isla  todos sentíamos que la tierra se movía, sin embargo, pudimos bañarnos y comer con tranquilidad.  Esto último con esmeradas atenciones de parte de los guardaparques. Llegó la primera noche, las arañas rondaban nuestros toldos en medio de la oscuridad pues las plantas que generaban electricidad se apagaban temprano.

La satisfacción de visitar un sitio tan bello y poco conocido por los costarricenses, así como los trabajos que se realizaban para instalar los sistemas fotovoltaicos, coadyuvó con olvidar temporalmente las dificultades del recorrido.  A medida que los trabajos avanzaban,  pensábamos  qué más tendríamos que pasar para llegar al Continente tal y como le llamaba la tripulación. Por supuesto que sucedió mucho de lo ya comentado.

Queda para después contar cómo fueron los siguientes viajes, que años después realicé ya que se nos encomendó la construcción de una  microcentral que suministrara energía permanente, internet y telefonía pública a esos comprometidos funcionarios públicos del Parque y demás visitantes del lugar.


Me remonto Tiene una superficie de 24 kilómetros cuadrados y un área marina de 12 millas náuticas a su alrededor, tiene una profusa vegetación y una particular biodiversidad que la dotan de especial

viernes, 6 de mayo de 2016

Un paseo al color



Este fin de semana tuve la suerte de un paseo a la playa……un paseo que va a ser inolvidable, porque vi algo maravilloso que se me quedo grabado en la retina y morirá conmigo. Aquel paseo, empezó difícil íbamos a irnos el sábado por la tarde, pero el Teatro Nacional anuncio por única función una comedia del arte, patrocinada por la embajada Italiana y la verdad después de cuatro trimestres interpretando pedacitos y leyendo sobre ella en la clase de teatro quería verla y ver como lo hacían los verdaderos actores. Así que fuimos a ver La Mandrágora que se llamaba, me gusto y feliz y contenta me pegue un madrugón y el domingo fuimos para saludar al mar, no se cómo llegamos porque lo bueno de no  conducir es que puedes dormí  tranquilamente sin que nada más te inquiete y así llegue y desde primera tuvimos suerte nos dieron una casita en la carretera interior que se veía  el mar, y es que la gente no venía se iba más bien para su casa .Así que estábamos muy a gustos y cómodos. El cielo era por partes unos sitios eran azul pero de ese azul profundo que solo en la naturaleza se ve que parece que uno pueda extender la mano y tocar tanta belleza….el mar….ese no tiene color refleja lo que ve y entonces entre azul y verde y olas como de espuma Blanca estaba precioso no recordaba haber visto algo tan lindo como esas olas.  pero claro el calor ese mal criado y desagradable con sus mosquitos incluidos me estropeo el paseo, después de almorzar ya las cosas habían cambiado… primero el cielo tiraba a mas blanco y las nubes en su celaje oscurecían un poco el cielo haciendo que los ojos dolieran deslumbrados, Y  el mar estaba como revuelto y bastante gris, pero bueno yo vine a ver colores y estoy viendo variedad azul cielo verde gris el mar, amarilla la arena y yo roja de picadas de moscos lo de siempre, Fue un paseo maravillosos por la arena allí no duelen las rodillas ni nada solo se sueña  (con permiso de las purrujas o lo que sea). Fue una tarde maravillosa las olas en los pies las nubes dibujando  encajes en el cielo el calor se había ido a donde se va cuando deja de fastidiar le a uno. Y así nos sentamos en un tronco y nos pusimos a charlar y ver las olitas, que para entonces eran olotas y de pronto así de la nada sin aviso comenzó a llover, pero esa lluvia que no te moja te escalabra, salimos corriendo…bueno eso de corriendo yo hice lo que puede, pero de golpe así de la nada salió un rayo…se elevó en ziz zas y se estrelló en el mar saltaron las olas y nosotras nos caímos sentadas de trasero del susto nos miramos y juramos que cien años que pudiéramos vivir nunca veríamos algo más esplendido y más bello , no sé si es corriente que los rayos entren al mar, pero yo no lo había visto nunca y  ya si que estoy segura que no veré jamás algo tan esplendido. El lunes el cielo gris tirando a negro el mar revuelto y oscuro la lluvia por suerte menuda y el color destacado…el verde todo lo que nos rodeaba era verde, verde brillante, así que vi colores todos los del mundo y todos preciosos me dio pena volver, me hubiese quedado a ver si otra vez dios me bendecía con un rayo en el mar….pero había que volver y volvimos.
Antonia Morales Diez

lunes, 2 de mayo de 2016

Los abuelos..

Lia Ferreto                                                    
 Lía Araya y Agustín Monge, fueron los padres de mi mamá.
No recuerdo el motivo por el que el abuelo conoció a la abuela Lia. El vivía en Cartago y ella en San Ramón de Alajuela, tal vez estuviera el ejerciendo en sus primeros años de abogacía en ese lugar, tierra de poetas como solía comentar mamá con una mirada un tanto soñadora, evocando a todos sus parientes que habían andado un poco o mucho, envueltos en esa línea artística. De una tierra que también describía como muy hermosa y llena de vida social y cultural, la abuela vino a pasar su vida en la fría, lluviosa y poco atractiva ciudad de Cartago. Así mas o menos he oído la versión de mis abuelos maternos.
El abuelo Tim, como era llamado por sus nietos, tuvo un bufete muy renombrado en el  centro de la ciudad donde llegó a ser muy exitoso en su profesión, muy respetado y con una posición económica y social alta. Construyó una buena casa, en la cual yo viví mi vida de niña y adolescente. Tuvieron dos hijos, Carmen y Ricardo. Mamá que tenía gran carácter deseó ser abogada como él, pero le fue prohibido por ser mujer, Ricardo en cambio, si lo pudo hacer llegando a ejercer varios años como Magistrado.
La vida de la abuela Lía, me temo no fue una vida rosa. Echaría de menos siempre su lugar de procedencia, costumbres y ambiente. Ella dedicaba su tiempo a dar lecciones de dibujo, de repostería y también pintaba. Yo tengo en la sala de mi casa unos óvalos de madera que ella pintó con figuras románticas. Enfermó siendo muy joven y murió de una mala cirugía. No la conocí, así que cuando yo vine a éste mundo, decidieron darme su nombre como homenaje a ella. Mamá amaba su recuerdo y la evocaba como una mujer de gran belleza, deseando ver en mi su imagen, su porte, cosa que no creo sea cierto pero que ella repetía muchas veces. También que había heredado sus talentos. Parece que eso era relevante, ya que también me lo decían de mi otra abuela.
Así pues mamá estudió para maestra, para lo cual tuvo que irse a vivir a Heredia, pues la Escuela Normal era la única que existía. Creo que mamá fue muy feliz en esa época de estudio, conoció  a mucha gente que llegarían a ser parte de su vida por siempre. Gente que ella amó, enseñándonos a sus hijos a amarlos también. Salío de la vida opresora de la casa del abuelo. Definió sus criterios y además conoció a papá, el gran amor de su vida. Dio la guerra por el, pues el abuelo Tim no lo aceptó como un yerno adecuado a las pretensiones que tenía para ella.
Y de nuevo, tuvo alguien que emigrar de su tierra, pero ésta vez fue papá quién dejó su amada Heredia para seguir al amor suyo, mi mamá. Viviendo entonces en Cartago.
Los padres de papá, se llamaron Egidio Ferreto y Catalina Segura. No conozco la historia de amor de éstos abuelos. Catalina era de origen humilde, mujer de gran temple, muy trabajadora y laboriosa, que con sus manos y trabajos sacó adelante a sus hijos cuando siendo joven enviudó. Egidio era terrateniente. Poseía muchas propiedades y fincas. Vivieron en Heredia siendo matrimonio. La propiedad donde hoy se encuentra La Cartaginesa era parte de una mas grande donde ellos tenían una fábrica de colchones. Una rama de árbol que se desprendió en mal momento fue la causante de la muerte de Egidio. Su ascendencia italiana se pierde en el tiempo, por mas que hemos tratado ha sido imposible rastrear el ancestro Ferreto que dio origen a nuestra familia. Pero él seguro lo vivió como un echo mas cercano, con mas detalle. Papá sonriente narraba como el abuelo gustaba de cantar áreas de ópera mientras trabajaba, teniendo de vecino a otro italiano, con el cual hacían dúos con su bellas voces de tenor. Cada uno en su casa, se retaban y cantaban divirtiéndose con su virtuosismo. Me imagino lo bello que habría sido para mi conocerlo. La abuela no por incapaz, tal vez por ser mujer y no poder lidiar con familiares y demás personas un tanto inescrupulosas, vió  como toda aquella fortuna en propiedades desapareció sin poderla salvar. Como artesana que fue, siguió trabajando con sus manos en los colchones, reproduciendo plantas de helecho y begonias para vender, además de unas deliciosas cajetas de coco y arroz. Receta que se llevó a la tumba, nadie tuvo la curiosidad de tomar notas sobre cómo la hacía. Recuerdo su olor maravilloso cuando la visitaba en su casa de Aranjuéz donde vivió su últimos años. De ella también heredé según mi mamá, el amor por las plantas, mis artes culinarios y lo ¨ industriosa ¨según dedicatoria de mi tía Adela en su libro ¨Crónicas de un tiempo ¨. Para Lia, industriosa como mamá.
Con todos éstos genes tan diversos en mi ADN vine al mundo. Agradezco y honro a cada uno de ellos por lo que aportaron para que yo sea la que hoy soy. En especial a las abuelas. Mis ancestras, quienes marcaron gran parte de mi historia por vivir. Las que aún hoy me sostienen.
Abril,2016.