jueves, 28 de agosto de 2014

El azul roba tiempo



Me senté al atardecer en la terraza de mi casa en Los Altos de San Rafael de Ciudad Colón, donde tengo la dicha de vivir.
Me fijo en el reloj, feliz de poder ver en paz  el atardecer sin tener nada que hacer.
De pronto, una mariposa morpho captó mi atención al pararse en el marco de la ventana. Tenía esos preciosos colores y brillo azules difícil de poder describir.
Empezó a batir sus alas, ahí posada en la ventana cuando  de pronto aparece otra, vuela alrededor de ella y se para a la distancia.
Ambas mantenían el movimiento despacio y seductor de sus alas.
Al poco tiempo vuelve a volar la segunda alrededor de la primera y se para, esta vez más cerca.
Se vuelve a repetir el ritual varias veces acercándose cada vez más
Finalmente, se posa encima de la primera quien no ha detenido de mover sus alas y empiezan a aparearse.
Esta vez moviendo ambos las alas al mismo tiempo en una suavidad y sincronización comparable solamente con un dulce baile de ballet como el Lago de los Cisnes.
Al verlas, pareciera escucharse  música de amor cautivante.
Me fijo en el reloj para ver los pocos minutos que creí habían pasado, pero no, era casi una hora. No lo podía creer.
Quedé maravillada de la cantidad de tiempo que había pasado y ante tal belleza me había parecido tan poco.
Quién puede dudar de Dios ante tales bellezas, el milagro de la vida en este mundo. Los regalos que Él nos dió y la bendición de poderlos ver.
Dana Sánchez

.... Poecilia reticulata


Mis nietos un día me trajeron unos bisnietos y yo me convertí en tatarabuelo. Tengo tres nietos dos varones y una mujercita, de mis dos hijas; uno tiene seis años, otra trece y el otro tiene diez y seis, el menor esta en primer grado, otra en primer año y el mayor esta en decimo año.
En el mes de abril del año pasado me llevaron a la casa cinco bisnietos. 
Me dijeron: estos son suyos y debe de cuidarlos, tiene que alimentarlos, nosotros no tenemos tiempo para ello.
Me quede perplejo, no esperaba semejante responsabilidad a esta altura de los años, me asombro con el tono que me lo dijeron. Tenía que abrirles espacio en mi casa y no tenía donde ubicarlos, mi señora se quedo mirándome con cierta complicidad, los mire durante un rato sentí que estaban desprotegidos, tenían cara de venir de un precario, eran muy pequeños sin color se movían sin cesar mirándome con unos ojos expresivos y grandotes, y me dije tendrán que dormir en la sala sobre una mesa. Los alimente el siguiente día ellos me llevaron la comida y salieron corriendo. Qué bonito, eluden sus responsabilidades, me dije internamente, eso sucedió una tarde, el día siguiente en la mañana les di el desayuno, me regañe un poco al ser tan alcahueta, mi esposa me observaba, sin que yo me diera cuenta y notaba en su labios una sonrisilla maliciosa.
Traje una nueva pareja y estos tuvieron hijos con los que ya tenía, era tataratatarabuelito, Viven en una edificación de quince cm por diez de alto, los otros dos su edificio es más pequeño. 
Es casi imposible definir sus colores sus ojos son laterales son grandes celestes pálidos, dos aletas laterales de color verde débil, empezando la cola su color es uniforme anaranjado tienen manchas negras al final orlas negras, el macho sobre su cuerpecito tiene una aleta dorsal que parece un velo un verde limón, sobre su espalda una franja fina de un celeste marino, en la cabeza una pequeña franja fina verde oscuro, dos puntos negros. Son particulares cuando están molestos doblan la cola, les gusta soplar para hacer bombitas que se adhieren en las paredes de la pecera, hay hembras que también con colore vivos, en algunos países se usan para combatir el paludismo se comen al mosquito transmisor de esa enfermedad, su promedio de vida es de dos años, cuando nacen en forma completa y lo hace por etapas hoy pone tres y y mañana diez, hay algunas hembras que ha puesto 100 aluviones. 
Tal vez llegan medir cinco centímetros de largo, la hembra es más grande que el macho, su cola más pequeña y recta la del machillo parece la cola de un cometa, se me había olvidado, perdonen les estoy describiendo mis guppys…Mis nietos los compraron en quinientos colones a un compañero, cuando se cansaron me los trajeron, compre en acuario, otros, grandes importados los eche donde tenía los criollos y las preñaron y los hijos salieron enanos. 
El sábado 22 en el centro comercial de Curridabat, Josué, mi nieto me explico que no tenía que darles de comer todos los días, porque explotan no saben cuando parar de ingerir alimentos. Son originarios de Centroamérica, y como todo centroamericano no necesita tanto cuido. Cuando alguno se muere me pongo triste, cuando me ciento frente a ellos me hacen olas y empiezan a nadar rápidamente, como llenan mis ojos y mi interioridad de alegría aunque sean diminutos, ahora engalanan el centro de la mesa rodeados de las fotos de mis tres nietos, entre caracoles, conchas y abalorios, negros blancos, celeste y de mil colores, de esa manera pasan su corta vida, mientras yo le doy gracias a Dios y a la naturaleza por tanta belleza.
Carlos Jiménez Alvarado,

miércoles, 27 de agosto de 2014

MATEO





Yo hoy les voy a contar sobre un personaje llamado Mateo que se coló en mi casa de buenas a primeras y casi sin permiso se instaló y se hizo el dueño.
Mateo es un gato pero ojo no es cualquier gato, es nada más y nada menos que Mateo, con una personalidad y una elegancia de casta que asombra, es limpio y camina con delicadeza viendo donde pone sus patitas y no ensuciarse. EL es cariñoso cuando quiere y cuando tiene ganas sino es esquivo y va a su aire.
Se metió en nuestras vidas y en la casa sin avisar y se adueñó de todos, hasta de los perros, él es el rey y los otros le siguen y no tiene rival.
Mateo es rubio, bueno se puede decir que rubio cenizo porque es un tono beige, solo su pancita es blanca, de sus ojos, que puedo decir según se miren unas veces son verdes y luminosos, pero otras se ven como violeta de lo más lindo y por la noche una rayita negra y un fondo miel. No es muy grande es más bien menudito, claro que solo tiene un año, pero yo creo que ya no crece más.
Y es que los gatos suelen ser así, pero este es según mi parecer, extraordinario y se ve que goza de gran vida interior cuando se queda mirando con los parpados entrecerrados muy quieto, como analizando el mundo que le rodea, se me olvidaba una característica de Mateo en el lado izquierdo de su morrito tiene los bigotes muy cortos y en el otro largos ¿Es un defecto?. Pues no es que cuando era bebe entre lametones y caricias Sissi la cocker, se los royo y no le crecieron más.
Le trajimos un compañero otra cosita abandonada, Nicolás, pero este es distinto, es más destartalado y loquillo, bastante irresponsable y mafiosillo. Este es blanco con una oreja blanca y la otra negra y tres manchitas negras en el lomito. Nicolás es adorable y supe cariñoso, pero no tiene el empaque de Mateo ni su suavidad ni elegancia Ellos se llevan muy bien juegan mucho y siempre suelen estar juntos, pero es el que marca el camino. Yo creo que Mateo es la rencarnación de un señorito andaluz de esos que pasean por la feria acaballo, con su sombrero cordobés y un clavel en la boca, dispuesto a conquistar. O tal vez un filósofo como Seneca, no se quién sabe.
La gente dirá que es un gato como otros pero no será cierto él es un gato que se ve, que medita y analiza las cosas antes de hacerlas es un gran gato mi Mateo, yo creo que va para sabio si no lo es ya y yo lo admiro.
Antonia Morales Diez

lunes, 18 de agosto de 2014

Un viaje a Limón



Ricardo Jiménez 

Julio Solano Solano, compañero del Taller de Periodismo en su calidad de exfuncionario del Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE) gestionó ante sus exjefes una gira a Limón Centro y al Caribe Sur.
El ofrecimiento del Sr. Solano Solano fue bien visto por la profesora Giselle García, quien se encargó de solicitarle a la Sección de Transportes de la Universidad de Costa Rica el transporte para que nos llevaran a la aventura caribeña.
La gira constaba de tres días 5, 6 y 7 de junio 2014 y entre los y las niñas del PIAM que estamos llevando el Taller de Periodismo se generó una gran expectativa; el viaje quedó supeditado a que la UCR nos facilitara el transporte, al fin hubo humo blanco y el día 3 nos aprobaron la buseta, ya con el transporte listo definimos salir el día 5 a las 6:30 a.m. de las afueras de la Biblioteca Carlos Monge Alfaro.
Me levanté a las 4:30 a.m. con una gran ilusión porque el día anterior había llegado a mis 64 años.   Me signé, hice una oración y le di gracias a Dios por el don de la vida y el don de la salud; me metí al baño, me duché con una exquisita agua fría, salí, me vestí y me preparé un sabroso y humeante café chorreado, lo acompañé de un gallo pinto con huevo y pan como quien dice nada me atiborré.
Al ser las 5:40 de la mañana, expectante por la experiencia que tendría ése día, salí de mi casa con la maleta que la noche anterior había dejado lista, me la puse al hombro y me dirigí a la rotonda de Paso Ancho donde abordé un taxi, ¡buen día señor!, me puede llevar a la Facultad de Derecho de la UCR.
A las 5:50, frente a la Facultad de Derecho, le digo al taxista -qué le debo-, -son dos mil ochocientos cincuenta pesos-, le pago con cinco mil colones, me da el vuelto, gracias le digo y que Dios le acompañe.
Al ser las 5:55 a.m. ya dentro del Campus Universitario, escuchaba el canto de los pájaros, la brisa fría de la mañana acariciaba mi rostro como si fuera un guante de seda; mientras sentía esa mano tenue sobre mi cara, me detuve a contemplar a una gran cantidad de personas que caminaban, a otros los miré trotando y a algunos corriendo, no muchos hacían abdominales, en fin, gente preparándose para enfrentar un nuevo día de la manera más saludable y vigorosa posible.   Qué bueno me dije, eso es medicina preventiva, mente sana en cuerpo sano.

Como cualquier chiquillo cuando va de paseo me sentía deseoso de verme con los compañer@s que íbamos a iniciar una aventura; la preocupación me embargó porque no veía a nadie llegar; me encontraba sentado a la entrada de la Biblioteca Carlos Monge y a eso de las 6:10 observé a don Julio que ingresaba por el sureste con su maletín al hombro…uf, qué alivio ya no estoy solo.
Había olvidado que la UCR declaró ése día sin humo de motores de vehículos dentro del Campus Universitario.  Don Julio y yo estábamos sentados junto a las casetas de los teléfonos públicos ubicadas a la entrada de la Biblioteca; no nos habíamos percatado que la buseta estaba en la parada de la Periférica  en las afueras del perímetro de la U.
Por casualidad, volví a ver hacia la Escuela de Generales y observé a doña Virginia que caminaba fuera del pretil, iba hacia la buseta.  Parece mentira, llegué de primero y éramos Julio y yo los últimos en abordar la microbús, nosotros estábamos atrasando la partida hacia el Caribe. 
Caminamos, abordamos la unidad y les dimos un saludo de buenos días; acomodamos las maletas y nos sentamos.   Ahí empezó la gran aventura, el paseo esperado, el viaje a Limón estaba iniciando.
Me encomendé a Dios e hice una pequeña oración donde le pedía que tomara el control de la buseta que dicho sea de paso iba conducida por Oldemar quien merece una mención aparte, qué gran chofer.  Cuando habíamos recorrido unos kilómetros nos pudimos dar cuenta de que es un carajo pura vida, responsable, ameno y servicial, esos son los empleados que honran a una organización.
A la vera del camino cerca de la entrada a San Luis de Santo Domingo nos esperaban Dana y Gonzalo, por situaciones que ocurren salimos mucho más arriba y entonces hubo que devolverse hasta el sitio indicado; los divisamos a la distancia y en sus rostros se dibujaba una sonrisa.  Se subieron con sus maletas llenas de ilusión.   Ya estábamos completos, al paseo íbamos Giselle, Virginia, Lía, Carlos, Rafael, Julio, Dana, Gonzalo, Ricardo y Oldemar, diez niñ@s.

El paso por el Túnel Zurquí estuvo bien, salimos de él y nos enrumbamos por la Braulio Carrillo sin contratiempo alguno, la mañana estaba sabrosona, rica, apenas para viajar; el lugar se presta por su belleza escénica, el verdor de la flora nos motivó y empezamos a cantar, contar chistes, claro unos más rojos que otros, nos divertíamos, reíamos, estábamos disfrutando la experiencia que apenas iniciaba, qué grupo más lindo me dije en mis adentros.

Relato de un viaje.


Virginia Murillo Montero.

Al amanecer de un día nublado de junio un grupo de exploradores emprendimos el camino a un lugar remoto en la montaña. Equipados con cobertores para el frío y diversas chucherías como algún menjunje para  ahuyentar a los zancudos, o algún otro mosquito o bien para algún imprevisto como detener un chorrillo de sangre por aquello de alguna heridilla o un pequeño dolorcito. . . De esta manera con la curiosidad y la alegría de conocer y explorar los sitios imaginados emprendimos el viaje.
En el trayecto tuvimos algunos tropiezos, por las ramas de los árboles y piedras en el camino así como algunos montículos de tierra, producto  de las lluvias de días anteriores. Luego de varias horas llegamos al pueblo más cercano a nuestro destino, ahí buscamos una cafetería para degustar una tacita de café y tortillas con queso.
Una vez que encontramos el lugar donde nos íbamos a reunir, descansamos un rato. Se tenía muchas expectativas relacionadas con el tratamiento de algunas áreas de conservación silvestres. El grupo de amigos recorrió la plaza, visitó la Ermita y conversó con algunos de los vecinos.
El bosque me atrajo con su exuberante vegetación, diversidad de plantas con flores multicolores, alguna que otra guacamaya y diversos pajaritos que endulzan el oído con sus trinos.  A la entrada un camino enzacatado y a los lados filas de árboles de varios tamaños con hojas y flores de diferentes formas y colores, rectangulares, triangulares, alargadas como espigas  que se mecen al son del viento que revuelve las cabelleras de los visitantes y golpea sus mejillas enrojecidas por el sol incandescente recibido durante el viaje.
Luego de escasas tres  millas se percibe el olor del océano con el incansable y fuerte golpeteo del oleaje, la sal que se percibe al acercarse más y más en su playa (arenosa) que se vislumbra por los cortos caminos laterales, los cuales se dejan entrever durante la caminata interminable hacia las chozas ubicadas al final  de la foresta.
Por fin llegamos a las casitas ubicadas en un claro del bosque, nos ubicamos en varias de ellas para luego conversar con algunas personas encargadas del cuido del parque. La coordinadora de la expedición los entrevistó y el resto de los visitantes participamos por medio de preguntas que fueron aclarando dudas sobre el manejo de las áreas protegidas.
Nos desplazamos a otros sitios donde los cuidadores expusieron en qué consistía su trabajo y de qué manera luchaban con la falta de recursos para poder conservar mejor el ambiente y hacer conciencia en la gente, visitantes y otros para el efecto. Mujeres y hombres luchadores, trabajadores para mantener a sus familias para que cada día tengan un bocado que llevarse a la boca y preservar parte de este mundo con manos y uñas…
Días de lluvia, gotas frescas danzantes sobre el techo, que afloraban en mi memoria aquellos lejanos días en mi pueblo natal, los meses de mayo y octubre, con el fresco olor de la reina de la noche, azucenas, nardos, geranios, gladiolas, los cuales crecían a un lado de la casa familiar; algún lloriqueo de los gatos que corrían incansables persiguiendo a las gatas en celo sobre los techos  de la hilera de casas vecinas, silbidos de los canarios y uno que otro ronquido que escuchaba con mi continuo despertar por la tos que me producía el fuerte frío de la noche inmensa, negra, oscura que la imaginaba como una gran nube que me envolvía y me ordenaba que durmiera y me acurrucara entre las cobijas hasta el amanecer cuando la abuela materna nos llamaba para que palmeáramos unas tortillas deliciosas que nos enseñó a hacer a las tres nietas. Así pasé la primera noche en medio del inmenso jardín con el océano tan cerca que por momentos creí que nos bañaría y nos arrullaría entre sus olas como brazos gigantes tan fuertes de los cuales no podríamos desprendernos.
Por la mañana nos dirigimos a tres pueblos en donde conversamos con varios guarda parques, femeninos y masculinos, seres humanos con capacidades para llevar a cabo esa dura labor en donde se tienen que enfrentar con peligros en las playas, los parques en el día, en la noche, toparse con personas con drogas, alcohol y salir adelante, a veces solos, otras veces acompañados.
Al mediodía buscamos un lugar para almorzar con comidas de la región y en general tradicionales de un país rico en vegetación, fauna comestible, productos naturales que conforman una alimentación sana, saludable y equilibrada. Posteriormente pudimos disfrutar de las vistas, bellezas naturales como el mar, la playa, las palmeras y degustar una famosa agua de pipa, un jugo de mango… y por qué no un dulce: melcochas de coco, algún pancito dulce, etc.
Continúa nuestra exploración.
Dos compañeros y yo nos aproximamos a una casita apostada detrás de un  pequeño mercado, en una propiedad con una casita sencilla al lado derecho de la entrada y la nuestra al fondo de lado izquierdo , se observa en mal estado, un poco abandonada , con un desaliñado color verde. No encontramos a nadie a la entrada, pero de pronto bajando por unas gradas de madera aparece una mujer joven de unos treinta años y nos cuenta su historia - no si antes ofrecernos un cafecito o un refresco - : tiene quince años de ser guarda parques.
Alejada de su hijo y de su madre hasta por quince días y sin pareja porque aduce que con ese tipo de trabajo que consume tanto de su tiempo no se lo permite. Fanny nos relata que la oficina fue quemada por intereses mezquinos y por esto se encuentra laborando en ésta que es su casa y centro de operaciones podría decirse. A ella siempre le gustó el campo, lo forestal; por eso quería estudiar Ingeniería forestal, pero no pudo continuar, porque salió de la Secundaria para trabajar en Punta Uva. Actualmente estudia Derecho con especialidad en la parte ambiental.
¿Cómo es el día a día de Fanny?, patrulla en la playa con dos personas, a veces sola y si necesita ayuda acude a la policía. Comenta que es difícil trabajar con la sociedad civil, pero poco a poco se ha ido formando un consenso. Ella y sus compañeros, as, trabajan de noche  expuestos a cazadores con armas y  de los lugares que patrulla hay uno en donde se consume mucha droga lo que conlleva más peligro. Y la lucha constante es con la sociedad civil que por sus intereses roban expedientes, inclusive quemaron la oficina del lugar de su trabajo. Trabaja de acuerdo con los lineamientos administrativos, reconoce que hay personas difíciles para llevar a cabo su labor. Su hijo  de 9 años dice que va a tener el mismo trabajo de su mamá.
Reside como a una hora de su trabajo, pero como apunté va como cada quince días a su casa. Está contenta con lo que hace, porque como le dicen sus excompañeras del cole, “ella se encuentra en su charco”.
Esto es una pequeña muestra de las entrevistas realizadas que resumen el trabajo de los guarda bosques.
Ahora bien, las vivencias en este recorrido han sido buenas, relajantes con una que otra anécdota como la me ocurrió a mí la primera noche de estadía en el bosque. Por padecer un poco  de ofidio-fobia (temor a  las serpientes) aunque ni había pensado en ellas ese día, una compañera llegó diciendo que se debía salir con foco de las habitaciones porque había visto pasar una de esas cerca del área administrativa. Y ahí empezó mi calvario… le dije a la señora profesora, coordinadora del viaje que nos fuéramos al día siguiente para no pasar otra noche ahí. Eso fue para que gozáramos más bien con mi temor, apareció por ahí un palo alargado, delgado con una formilla de serpiente y yo no lo quería tocar… Bueno la cosa es que me animé y lo toqué, pero no por eso se me ha quitado la fobilla a esos animales.
El último día de estadía en el lugar luego de saborear un delicioso desayuno nos dirigimos a Punta Cocles para asistir a la reunión de los pescadores artesanales.

Qué más les puedo contar de este viaje a un lugar rico en vegetación… con árboles frutales, flores silvestres, ríos en los cuales se deposita basura y aún se pueden salvar, animales en peligro de extinción y otros que aún permanecen. Espacio de una tierra dejado de la mano de Dios, en donde hay mucho trabajo por realizar, adónde muchas personas acuden y se les enseña a cuidarla. Pero se necesita mucha voluntad de quienes dirigen los destinos de tierras como ésta que se encuentran en las cúspides y no dejan caer los granitos de arena o granotes porque se encuentran muy ocupados acumulando esa arena en su castillo.
Existen grupos que trabajan contra viento y marea, pero los depredadores se traen abajo su labor. Este pequeño grupo de exploradores hace un llamado a los altos mandos para que unidos todos podamos recuperar estas áreas pensando en construir una sociedad más equilibrada.