martes, 22 de septiembre de 2015
El camino
El camino en cuestión del que quiero contarles es el camino que durante mucho tiempo transite y un día sin darme cuenta ya no lo volví a pasar. Ese camino es el de las esperanzas y el de los sueños, se quedaron allí, entre flores amarillas, margaritas girasoles y otras que no recuerdo ya, se quedó atrás se lo trago el tiempo con su abrazo imposible de evitar y los años que no perdonan, ya todo dejo de tener ese color especial de aquel camino… tierra dorada en los pies, y ganas de correr y de saltar alto, cada vez más hasta llegar al cielo. Pero un día acabo y llegaron otros, unos tenían piedras otros charquitos y otros tierra negra y otros nuevas esperanzas, pero era distintas, ya no era nuestras, estaban depositadas en otros, que son de nosotros pero ya no somos nosotros son ellos. Otras esperanzas menos verdes otros sueños menos dorados y algún cansancio entre ellos que ya no permiten querer saltar en el camino y menos llegar al cielo, y las flores ya no son de tantos colores, hay muchas hojas secas estos caminos deben ser del otoño tirando a invierno, pero se transitan no queda otra, es la vida que nos los muestras y nos indican, nos gusten o no, tenemos que seguir adelante, en el fondo siempre queda algo del primero aunque no sea más que esa sensación de algo lindo que añorar y que fue nuestro , tan nuestros que no se pudo compartir con nadie. Ahora queda seguir adelante y tratar de que nos dejen pisar detrás de las huellas de los que queremos y están allí entrando por si solos en el camino que yo perdí y que será de ellos por un tiempo como fue mío. Esa es la vida y es razonable, pero la verdad es que es triste y uno a veces lo ve natural y otras injusto. Pero ya está bien de caminos que me estoy poniendo ñoña y deprimiendo mejor me voy a una autopista a ver cómo me va.
Antonia Morales Diez
lunes, 14 de septiembre de 2015
Mas que futbol
Los datos del censo del año 2010 fueron contundentes, el 60% de los
trabajadores de nuestro país no han concluido sus estudios secundarios, por su
parte la UNAFUT tiene datos concluyentes de que el 75% de los futbolistas de
la primera división no cuentan con el bachillerato en educación media.
Ante datos tan reveladores la institución morada consecuente con los
postulados de don Ricardo Saprissa Aimá y su propia historia, en aras de
contribuir con el país para revertir esas cifras; estableció una alianza
estratégica con el Ministerio de Educación Pública y el Instituto Nacional de
Aprendizaje, con lo cual le podría dar a sus jóvenes promesas la oportunidad
de estudiar en el Centro de Formación Integral Saprissa (Cefisa).
Es así como a través de un convenio de alquiler de las instalaciones que
Pipasa tiene en la Rivera de Belén, el lunes 17 de febrero del corriente año, de
manera oficial y con representación de personeros del MEP, del INA y del
Acalde de Belén, entre otros, se inauguró el curso lectivo en el colegio donde
78 jóvenes de las ligas menores están recibiendo lecciones.
Los estudios los están llevando a cabo mediante la figura de sede educativa
empresarial, para ello los jóvenes están de lunes a viernes desde las 8 a.m.
hasta las 5 p.m. entrenando y recibiendo lecciones.
La aspiración del Presidente del Saprissa, Lic. Juan Carlos Rojas Callan, es
que los muchachos logren su bachillerato, que terminen hablando fluidamente
el inglés y que eventualmente, con los convenios que el Saprissa tiene con
algunas universidades de nuestro país puedan terminar siendo profesionales
en cualquiera de las ciencias del saber.
Como vemos, el Deportivo Saprissa desde 1949 no solo es la institución de
fútbol que más títulos ha obtenido: 31 veces Campeón de Costa Rica, 3 veces
Campeón de la Concacaf, 1 Campeonato de los Grandes de Centroamérica, 3
Campeonatos de la Fraternidad, Tercer Lugar en el Campeonato Mundial de
Clubes, Japón 2005 y la declaratoria por la Federación de Estadística e Historia
del Fútbol (IFFSH) como el Equipo del Siglo XX en la Concacaf.
Pero no solo eso, desde que irrumpió en la primera división del fútbol de Costa
Rica el Deportivo Saprissa empezó a llenarse de gloria, constituyéndose en la
primera fuente que ha nutrido de jugadores a las selecciones mayores de fútbol
y a las selecciones menores para que participaran en los principales torneos de
fútbol que se han jugado en diferentes lugares del mundo.
También es conocido que los jugadores, exjugadores o técnicos nacidos en las
entrañas moradas, han sido participes de las más extraordinarias epopeyas
que fueron escritas con letras de oro en las páginas de nuestra historia
deportiva, dándole con sus gestas una enorme alegría a los habitantes de
nuestro país.
Esas son las razones que llenan de orgullo a la más grande afición de nuestro
país, pero, Saprissa es más que un equipo de fútbol, nuestra institución a lo
largo de sus 79 años se ha caracterizado por innovar y dar pasos más allá de
lo que como institución deportiva le corresponde.
Todo lo anterior aunque un intelectual connotado como Jacques Sagot,
inspirado por Mozart, Chopin o no sé qué otra musa, se atragantó con sus
blancas y negras no pudiendo así ejecutar sus melodías y por eso dice sentirse
avergonzado de nuestro club.
Contrario a lo que él piensa yo me siento muy complacido de ser morado y
respaldar la gestión que muy atinadamente el Lic. Juan Carlos Rojas viene
haciendo en representación de la Sociedad Horizonte Morado.
A partir de abril del 2011 cuando Horizonte Morado tomó las riendas y
administración del Deportivo Saprissa, se impuso metas ambiciosas que
fueron plasmadas en el Plan Estratégico 2020 el cual está compuesto de 5
ejes: Deportivo, Afición, Comercial, Estadio y Responsabilidad Social.
En uno de sus ejes está contemplado el desarrollo de las divisiones menores o
fuerzas básicas, para lo cual el deportivo Saprissa destina más de $1,0 millón
de dólares anualmente.
Sin embargo, como anteriormente hemos visto su presupuesto no es solo con
el objetivo de desarrollar futbolistas de élite para que alimenten al equipo de la
primera división o para que den el salto a otras ligas importantes del mundo,
sino que su principal objetivo es desarrollarlos de manera integral para que
sean ciudadanos de bien para la sociedad.
Ojalá que las otras instituciones sólidas y solventes del fútbol que tiene nuestro
país, en un futuro cercano puedan desarrollar planes como los que nuestra
institución ya está ejecutando.
A los dirigentes de los demás equipos de fútbol les recuerdo que lo bueno hay
que emularlo y lo que el Saprissa ya implementó es digno de copiarlo, pero no
solo por copiarlo, estoy seguro que esos proyectos causan un gran impacto no
solo en los jóvenes beneficiarios, sino que en los padres de familia que se los
van a agradecer siempre, recuerden que la vida es mucho más que fútbol.
Ricardo Jiménez García
Carné PIAM-AS-04026
Chaplin personaje olvidado
Chaplin
personaje olvidado:
Con motivo de la gesta
lograda por nuestro futbol en Brasil, he recordado a muchos
costarricenses que durante largos años estuvieron cerca de nuestras
selecciones de fútbol, bien fuera como jugadores, entrenadores,
directores técnicos, masajistas, fisioterapeutas, doctores,
kinesiólogos, aguateros, utileros, porristas, animadores, etc.
Esas
fueron personas que estuvieron en los procesos de preparación para
los Juegos Centroamericanos, eliminatorias y/o participación en los
Panamericanos, Juegos Olímpicos, Eliminatorias Mundialistas y
Campeonatos Mundiales, por eso con mucho cariño recuerdo a uno en
particular que entre los años 60s y 70s siempre estuvo anuente a
apoyar a nuestras selecciones de fútbol, en el inmueble que desde
1924 fue nuestro Estadio Nacional.
Antes
de hablar de mi personaje, recuerdo que en esa gramilla jugaron
grandes futbolistas que nos honraron con su visita, entre los que se
encontraban Edson Arantes do Nascimento (Pelé), Alfredo di Stefano
(La Saeta Rubia), Manuel Francisco dos Santos (Garrincha), Francisco
Gento López (Paco Gento), Ferenc Puskás Biró, etc., etc.
Ahora
bien, mi personaje tenía el mote de Chaplin quien se caracterizó
por alegrar y animar a los aficionados y no barras organizadas, que
llegaban al único estadio que para entonces cumplía los requisitos
para recibir a las selecciones de fútbol de otros países en los
procesos eliminatorios de la Federación Internacional de Fútbol
Asociado (FIFA) o del Comité Olímpico Internacional (CON), dicho
inmueble desde 1924 estuvo ubicado en la Sábana, donde hoy se
encuentra el moderno Estadio Nacional, con su pista de tartán
incluida.
Chaplin
se dedicaba entre otros a vender chances, lotería, acciones para
rifas de carros, casas, etc., no pasaba desapercibido porque tenía
un testículo enorme; sus pantalones eran tan anchos que parecían
enaguas, eso era para esconder y disimular un poco el problema que
padecía, él tenía una hernia en uno de sus testículos y por eso
al caminar se le movía una enorme pelota de un lado hacia el otro.
Dicho
señor, cada vez que una de nuestras selecciones de fútbol se
enfrentaba a selecciones de otro país, llegaba al estadio con una
gran bandera de Costa Rica y sobre la pista de atletismo empezaba a
animar a la gente con su característico “chiquití bun a la bin
bon ba, chiquiti bun a la bin bon ba, a la bio a la bao a la bin bon
ba, Costa Rica, Costa Rica, ra, ra ra. De esa manera los
aficionados gritábamos y alentamos a nuestros jugadores, previo al
inicio del juego y en el entretiempo.
Para
ésa época, en la parte superior del costado sur oeste del Estadio
Nacional que era donde quedaba la gradería de sol, se ubicaba la
gente que fumaba marihuana, ahí el olor era muy fuerte y la policía
procuraba detener a los que fumaban. En ese tiempo por la tenencia
de un cigarro de marihuana se le metían 6 meses de prisión los
cuales se tenían que descontar en la antigua Penitenciaría Central
de San José, hoy convertida en Museo de los Niños.
Qué
tiempos aquellos, no solo estaba Chaplin con sus porras y bandera,
también con nostalgia recuerdo al padre e hijo ambos de ojos gatos
que dentro de una canasta llevaban y vendían las exquisitas,
deliciosas y crujientes “Empanadas
de Chicharróooooon con limón”,
al de la repostería que sobre su cabeza llevaba una bandeja grande
de madera y gritaba a viva voz “hay,
hay, hay”
y al unísono la afición de esos sectores respondían “Cachos”,
a
los que vendían “Maní garapiñado”, “Semillas de marañón”,
“Cigarros sueltos, cigarros”, al que dentro de una bolsa grande
llevaba su mercancía y gritaba “Papas, llegaron los Plátanos”,
al los otros que con un pichel decían “Café caliente, café”,
en fin a todos aquellos que en torno al fútbol y de una manera
decente y honrada se ganaban su dinero dentro y fuera del estadio.
Es
importante destacar que la sábana no solo era un espacio para
canchas de fútbol, en la calle que bordeaba el Estadio Nacional era
donde se realizaban las carreras de autos y los Gokar, también
estaba el Hipódromo donde se llevaban a cabo las carreras de caballo
y los partidos de Polo, además quedaba el Aeropuerto con sus
respectivos hangares, por eso era usual ver ascender y descender a
naves aéreas bimotores y cuatrimotores de las Líneas Aéreas
Costarricenses (LACSA), Transportes Aéreos Centroamericanos (TACA),
etc. así como las avionetas de las diferentes empresas privadas que
ahí se encontraban.
Otra
característica que nos presentaba la sábana era su cerca de
cipreses que había bordeando y separando el Hipódromo de la pista
de aterrizaje; hacia el oeste, cerca de la Cruz había una cerca de
alambres de púa, con la que se pretendía evitar que la gente pasara
sobre la pista de aterrizaje lo cual era materialmente imposible.
Había hacia el costado
noroeste una casona vieja que aún se mantiene en pie que era la que
usaba el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) para
realizar las pruebas a los vehículos, en fin, la sábana fue mucho
más de lo que es hoy.
Por eso, he querido con
ésta semblanza rendirle un homenaje a un hombre que con su figura,
alegría y desprendimiento motivó, alegró y animó a nuestros
jugadores de fútbol, muchos de los cuales al igual que él ya
partieron de éste mundo y por eso hago una oración por ellos.
Ricardo Jiménez García
Carné-PIAM 04026
De rey del Soul a un harapo:
El
viernes 7 de julio de 2015, entre las 2:00 ó 2:30 de la tarde
caminaba de este a oeste sobre la avenida Juan Rafael Mora Porras y,
tal y como ha sido la tónica de éstos días bajo un sol abrazador y
radiante. A dicha hora me encontraba entre calle 9 y 11 cuando
diviso una silueta; es un hombre de tez negra, desgarbado, andrajoso,
sucio y maloliente.
Él
es fácil de identificar porque sobre su espalda carga un saco de
plástico dentro del cual se encuentran todos sus chunches, se
detiene, mira para un lado, mira para el otro, intuyo que en busca de
un sitio donde “dormir”.
Dentro
de aquél saco carga no solo todas sus pertenencias y haberes,
también sus sueños, ilusiones, y anhelos; frente a una de las
ventanas de la Farmacia Chavarría se acostó boca arriba, para ello
colocó bajo su cuerpo aquellos raídos coletos que traía sobre su
encorvada espalda.
En
ése momento pensé, ¿por qué ése negro que en alguna época de su
vida fue famoso, hoy está en esas condiciones?, ¿qué lo llevó a
deambular por las calles con una serie de objetos colgando de su
cuello?, ¿por qué cambió su vida y la de su familia?, ¿qué
razones lo llevaron a la indigencia, dejando de lado los micrófonos?,
¿él se volvió un hombre tan misterioso y enigmático?, por eso
siempre me atrajo y si me lo permite voy a conversar con él.
Mientras
me aprestaba a llenar todas mis interrogantes, observé a las
personas pasar de un lado hacia otro, casi majándolo, sin siquiera
inmutarse por las condiciones deplorables en que “vive”. La
gente pasa y no le da importancia a un hombre que pasa desapercibido
para una sociedad que se ha vuelto insensible ante la adversidad y el
dolor de muchos congéneres que como él viven en esas condiciones.
Lo
recuerdo cuando fue famoso, hablantín, dicharachero; hoy es una
persona que prácticamente no habla con nadie, vive distraído y
fuera del mundanal ruido, es como un alma que deambula por las calles
de manera solitaria, él se convirtió en un harapo en el camino,
olvidado en la selva de una Costa Rica donde muchos de sus habitantes
ya no son solidarios y les importa un bledo el dolor ajeno.
Hoy
San José es una ciudad de contrastes donde algunos pocos tienen
mucho y muchos tienen poco, por eso es que, un hombre con sus ropas
raídas, brillantes y decoloradas no le importa a nadie, él es
producto de sus propios desaciertos y como si fuera un malandrín
busca protegerse de las inclemencias del tiempo.
Ésa
tarde me dije, hoy es mi oportunidad para hablar con él; por eso sin
más, me agaché y le dije “¡¡hola!!”, amablemente me tendió
su mano derecha con un guante de color negro que le cubre hasta los
nudillos dejando por fuera sus dedos callosos y quemados por el
alcaloide que contiene el crack que durante muchos días, semanas,
meses y años ha consumido.
Le
dije usted es All Brown el que otrora fuera famoso cantante de soul y
del calipso, me respondió –sí, soy ese que se paseaba por toda
Costa Rica, Centroamérica, México y más allá, llenando salones de
baile y hoteles-, soy el mismo, pero todo quedó atrás, mis amigos,
conocidos, familia, todo.
All,
qué sucedió en su vida, a qué obedece el cambio tan radical de
aquél hombre bien vestido y con un gran caché al actual, -“si
usted recuerda en los 70s y 80s, era un cantante renombrado y muy
conocido , mi nombre aparecía en las marquesinas de las discos, en
los afiches, daba entrevistas en televisión, periódicos, en fin,
era una época muy linda-“; hace un paréntesis, respira hondo y
continúa –“sobraban las mujeres, el dinero, las amistades, la
fama, las fiestas,…..”- era un bohemio empedernido.
¿Entonces,
qué pasó contigo? –“me dejé llevar, los cantos de sirena me
envolvieron, no pensé en lo que me estaba involucrando y los vicios
me tomaron, me volví impotente ante las drogas y el licor que como
fantasmas aparecieron en mi vida, me distraje y me arrastraron al
punto que hace 27 años abandoné a mi esposa e hijos, desde entonces
éstas calles son mi mundo, aquí vivo y me divierto”-.
Cómo
que se divierte, -“claro, me río y me pongo a filosofar conmigo
mismo, si tengo que comer lo hago, si no tengo, pues que le voy a
hacer, mientras tenga para la mota y la piedra estoy bien, aquí
estaré hasta que el diablo me lleve, hasta que él se acuerde de
mi”-. ¿Cómo que el diablo? -“claro ése es mi compañero y es
quien me protege, acaso no es así-, -si usted lo dice, yo no lo
creo, pero tengo que respetar su manera de pensar-.
All,
es un hombre en el que las drogas han dejado sus huellas, de ahí los
surcos que se dibujan en su rostro, ya no es ni la sombra de lo que
era, está desdentado y desapareció aquella hermosa sonrisa que le
caracterizó y cautivó a muchas mujeres, lo que si mantiene es
aquella mirada penetrante y su voz aguda.
Así,
transcurrió el tiempo de conversación con aquél hombre de tez
negra que vive en las calles de nuestra capital en espera de que a
sus 77 años la muerte se apiade de él. El conversatorio lo
finalizamos con un roce de manos, no sin antes darle una moneda que
me pidió para seguir consumiendo esa maldita droga que ha traído
mucho dolor y lagrimas a miles de familias en Costa Rica y el resto
del mundo.
Mientras
esa realidad se vive y experimenta en nuestras calles y avenidas, en
la Asamblea Legislativa se discute un Proyecto de Ley que quiere
legalizar la mariguana, droga blanda que termina por convertirlos en
consumidores de otras más fuertes, arrastrándolos hasta perder la
dignidad que como seres humanos tienen, más el consabido dolor y el
abandono que le transmiten a sus familias.
Ricardo Jiménez García
Carné-PIAM 04026
Un viaje a la Amazonía Ecuatoriana.
Yo no sé qué piensan mis coterráneos pero, para quien esto escribe, la Amazonía es
una zona mágica. Este nombre lo recibe una enorme región comprendida entre la parte central y el norte de América del Sur, propiamente la
cuenca del enorme Río Amazonas. Estamos hablando, por mucho, del bosque
tropical más grande del mundo. Su extensión llega a los 6 millones de
kilómetros cuadrados repartidos entre ocho países, de los cuales Brasil
y Perú
poseen la mayor extensión de la Amazonia, seguidos por Bolivia,
Colombia,
Ecuador,
Guyana,
Venezuela
y Surinam.
No debemos
olvidar que hoy por hoy es el Pulmón del Mundo y posee una enorme diversidad biológica.
Como si
fuera poco, fue declarada el 11 de noviembre de 2011 una de las siete
maravillas naturales del mundo. Tal denominación fue consecuencia de una
encuesta mundial organizada por el suizo Bernard Weber, fundador de la empresa NOWC,
de acuerdo a sus siglas en inglés y que significa New Open World Corporation.
De visita en
Ecuador, tuve la oportunidad de visitar esta extraordinaria región del planeta,
es decir fui a la Amazonía ecuatoriana,
la cual no permitía tener dudas de la región en la que uno se encontraba. Las plantas crecían sin pedir permiso en todos
los lugares posibles, los nombres que les daban los chamanes y otros lugareños
no tenían nada que ver con los nombres que conocemos comúnmente. Y de los animales es difícil hablar, presencié una colonia de hormigas gigantes subiendo hacia la copa de un árbol interminable, así como una culebra que escapó a toda velocidad al pisotear unas plantas; escuché la cacofonía de miles de aves que no se pueden ver pero que anuncian con sus trinos su presencia.
Y de los
barreales, no se puede decir nada, a menos que se crea en las famosas arenas movedizas. Para ir a la
zona amazónica, se deben conseguir botas de hule que lleguen como mínimo a la
rodilla, para poder conservar el paso, pero de un pronto a otro uno puede
hundirse y hundirse en un barreal, y para salir con vida no queda más remedio
que varias personas te socorran utilizando cuerdas y palos.
En esa parte
de la Amazonía, las casas de los indígenas son ovaladas, visten con una tela
que se ponen alrededor, saludan haciendo ruidos muy fuertes, como si estuviesen
en pie de guerra. Pueden verse muy amigables, pero no debe olvidarse que estos “jíbaros”,
como les decían despectivamente los españoles, aún conocen la técnica de
encoger cabezas, la temible “Tzantza”, que
es como la llaman en su idioma.
Los Shwar, fieros
nativos de esa zona de la Amazonía, hacen una ceremonia que denominan “Ayawashka”
en la cual, bajo la guía de un Chamán, ingieren
plantas que les produce alucinaciones, las visiones y experiencias, según dicen,
son profundas y reveladoras, llevando a estados alterados de conciencia que, según
dicen, ayudan incluso a prever el futuro.
No sé si
quisiera volver a esa zona, pero esa experiencia no me la quita nadie.
Olga Emilia Brenes
El camino de …
El
camino de …
Con mucha nostalgia recuerdo el camino a la
escuela y al colegio.
Antes de las 7 de la mañana, salía yo con rumbo
a la escuela con mi uniforme de enagua azul de paletones, blusa beige
y un pañuelo al cuello en forma de triángulo de color rojo con un
borde azul, que eran los colores de la bandera de la Escuela Vitalia
Madrigal. Esta quedaba en el lado norte de la cuadra que ocupa el
Colegio Superior de Señoritas, que fue luego mi colegio.
Fueron ocho años de hacer el mismo recorrido,
recuerdo algunas cosas vividas entonces, como aquel día que iba muy
concentrada en mi ruta cuando de pronto de una casa salió corriendo
un hombre que se acomodaba el pantalón y la camisa, detrás salió
una mujer desnuda que trataba de ponerse una bata y que gritaba ¡se
va sin pagar, se va sin pagar!, detrás de ellos salieron dos hombres
que corrían para alcanzarlo. Claro que en ese momento de mis 8 años,
yo no entendí que había pasado pero la escena quedó grabada en mi
memoria.
También recuerdo haber hecho ese recorrido de
regreso de la escuela en la que me había caído hiriéndome la
frente y me pusieron una gasa pegada con esparadrapo y recuerdo ir
muy orgullosa como si tuviera una condecoración.
No podía faltar el recorrido con cara triste
debido al dolor de oído que me daba con mucha frecuencia. Pero el
peor recorrido fue el día que nos hicieron la fiesta de graduación
de sexto grado. Íbamos estrenando vestido y por supuesto muy alegres
pues la habíamos esperado con ansias. Las maestras para amenizar la
fiesta llevaron un conjunto de jóvenes que tocaban diferentes
instrumentos, y cuando los vimos tocar y nos dimos cuenta que eran
ciegos comenzamos a llorar y no paramos durante toda la fiesta, así
que el regreso a casa fue lleno de sufrimiento y pesadumbre pues
nuestra fiesta había sido un fracaso.
Cuando pasamos al colegio las salidas hacia la
casa eran diferentes, pero algunas compañeras eran las mismas.
Regresábamos en grupos, pero era de rigor salir por la puerta
principal del colegio, que era donde estaban los alumnos del
Seminario en la esquina norte y en la del sur estaban los del Liceo
de Costa Rica, así íbamos hacia nuestras casas, cambiando un poco
el recorrido pues ya no viajaba por la calle 7, sino la 9 que era la
del Paseo de los Estudiantes para toparnos con los que salían del
Liceo.
Esto duró hasta mis 15 años cuando mi papá
compró una casa y nos mudamos a otro barrio. A pesar de que seguí
asistiendo al mismo colegio, cambiaron mis amigas del recorrido
colegio-casa.
Carmen Brenes Protti
lunes, 7 de septiembre de 2015
Un gran día
Amanecí en mi apartamento y me desperté cuando tocaron el timbre, de nuevo comenzaron las mariposas a moverse en mi estómago,¡por lo visto no fueron suficientes las que viajaron por mi interior la noche anterior! No en vano, era mi último día de soltera, la última vez que iba a decidir por mi misma lo que haría ese día y los siguientes, ¡estaba nerviosa, tengo que reconocerlo!
El timbre era porque unas personas venían a dejar los toldos. Más tarde sonó nuevamente el timbre, esta vez venían a dejar las mesas; más tarde llegaron unas hermosas y enormes rosas rojas. Llegue a la conclusión que mejor me apuraba porque el timbre no dejaría de sonar ese día, al menos tenía la persona que me ayudaba para que abriera la puerta.
Efectivamente, más tarde aparecieron los del catering y los que prepararían el lugar, yo vivía en un condominio con tres casas y un lugar donde estacionar además de una fuente que adornaba el lugar. Consideré que arreglaría la fuente y mejor me desaparecía y dejaba trabajar a los expertos, que además no estaban tan nerviosos como yo.
Efectivamente puse algunos pétalos de las rosas rojas en la fuente e introduje unas grandes candelas en forma de rosas, que comenzaron a flotar y me fui al salón de belleza, previamente había dejado mi vestido preparado, consideré que ahí yo sólo podía estorbar.
Pasó mucho rato, es más, nunca había estado en ese salón de belleza por tanto tiempo, me peinaron, me hicieron las uñas, me maquillaron y posé para varias fotos. Cuando terminaron no tenía más remedio que regresar a mi casa. Cuando llegué, eso era un pandemonio!, todos los presentes daban órdenes, así que no tuve más remedio que ordenar la situación, mesé citaban un director de orquesta.
Primero revisamos los toldos, cada uno debía estar al lado del otro, de manera que sí llovía no se pasará la lluvia; además debía haber libre tránsito por dentro de ellos, todos debían estar iluminados, de manera que al llegar la noche no hubiera problema. Las mesas debían colocarse una debajo de cada toldo. Una vez cubiertas con manteles sobre cada una iba un globo de florero con flores y una candelita en forma de rosa, más pequeñas pero iguales a las que las de la fuente.
En uno de los apartamentos, que estaba desocupado debían irse los del catering, en el garaje de mi casa debía colocarse la música y en el garaje de mi mamá iba la mesa con un jarrón con el resto de las rosas rojas y las sillas para que se llevara a cabo la ceremonia. Cuando todo estuvo listo, se encendieron las candelas y yo me fui a cambiar, apenas tenía tiempo. No sentía mariposas en mi estómago, no tenía tiempo.
Comenzaron a llegar los invitados, mi casa ya no era mi casa, era un salón de fiestas muy bien arreglado. Cuando todo estuvo listo para iniciar la ceremonia vimos que no era posible porque faltaba la hija menor de Jorge, los hermanos se fueron a traerla y con todo el grupo reunido dió inició la ceremonia.
Mi hijo Francisco dijo unas palabras e invitó a Jorge Jr. a que lo acompañara porque indicó que cuando las parejas tenían hijos los que se casaban era toda la familia.
Todo fue rapidísimo, los familiares y amigos que nos acompañaron estaban muy contentos. Incluidos nuestros seis hijos que observaban la felicidad en el rostro de Jorge y en el mío.
¿Qué puedo decir hoy, casi 20 años después? Qué quizá el nerviosismo se debió a que esta vez iba pensando seriamente en el matrimonio. Nunca, en mis años como esposa he sido tan feliz, siento que mi vida es plena, tengo a mi lado no sólo al esposo, sino también al compañero que día a día me sorprende, es con él con quien quiero terminar mis días. Nuestros hijos también se sienten felices de nuestra unión, ellos pueden seguir sus vidas sin pensar en sus viejos, porque cada uno de nosotros cuida del otro
Olga Emilia Brenes
Era un día de otoño.
Los árboles inician su muda de color hacia el rojo brillante y el amarillo, es decir, los que no son los altísimos pinos porque esos conservan, no sólo las hojas, sino el verde cada vez más intenso.
He caminado por la orilla de un río, en este lugar se aprecia el cambio de color, porque los Sauces (willows) necesitan humedad y sólo ahí crecen, de camino he visto una cantidad de álamos temblones (aspen) que se ponen amarillos en el otoño. Pero no sólo esos árboles muestra su color, hay una enorme cantidad de pequeñas plantas bajo los árboles, que han mudado a brillantes y claros colores.
Algunos árboles han botado sus hojas, entonces se ven las ramas que forman arabescos en el bosque, unos nudos muy elaborados y verdaderamente marcados, después los que no han logrado botarlas, han cambiado su color. Las flores a la vez son muy brillantes y adornan el paisaje con su color y su magnificencia.
El clima es templado, tirando a frío, ya no se puede andar con pantalón corto como en el verano, pero tampoco es necesaria la ropa muy pesada del invierno. A veces viene un chubasco y hay que guarecerse porque uno queda empapado en pocos minutos; en pocas palabras se necesita un sweter y blusas de manga larga. El sweter puede ser tan gordo como sea uno de friolento, eso si, es conveniente tener botas y guantes por sí el frío aprieta.
El común de la gente se ve muy contenta, han dejado atrás el sofocante calor del verano y las lluvias incesantes de la primavera, el frío del invierno se ve aún algo lejano, pero eventualmente traerá consigo la Navidad y los bellos adornos de las tiendas.
En fin, el otoño es una linda época en los países donde se observan las cuatro estaciones.
Olga Emilia Brenes
Su camita a mi lado
Eso es lo que había
sucedido, en casa de mis padres cuando yo era pequeña tuvimos muchos
animales, de esos que hay en todas las casas. Bueno, en realidad se
trataba de una gata llamada Misha, lo que sucedía es que ella tenía
gatitos casi que todos los días y eran de una gran belleza, no
sabemos porqué, pero no recuerdo que naciera ni uno feo. Además era
muy buena madre, Misha, logrando que todos los que nacían se criaran
gorditos y hermosos. La alegría que desataban sus juegos y piruetas
en esos primeros meses, causaban risas y sobresaltos de todos los que
ahí vivíamos. Como yo era una niña, amaba pasar las horas jugando
con ellos igual que si fueran muñecas, los vestía paseándolos en
su coche y pretendiendo que se portaran como bebés recién nacidos.
El desastre ocurría cuando por alguna extraña razón mientras yo
había estado ausente ese día, encontraba al regresar que todos
aquellos peluditos y adorados gatos habían desaparecido. Claro,
pertenezco a esa generación de personas que cuando eran niños las
cosas se les ocultaban, se les mentía, no se les hablaba sobre las
verdades de la vida, nunca se les tomaba parecer en ninguna decisión
y ante los hechos consumados, tampoco se les explicaba o aclaraba
nada. Que si yo lloraba ? Pues mucho, cada vez lo mismo. Se que suena
cruel, pero la sicología aún no se había inventado. Además, el
llanto de los niños no significaba nada.
Bueno, también tuvimos
una ardilla, encerrada en una jaula de alambre para evitar que se
comiera sus partes y escapara. El problema es que se colocó en el
centro de la casa, ahí donde se sentaban las visitas y por supuesto
la suciedad que ella provocaba hizo enojar mucho a mamá, hasta
lograr que la soltaran y acabar con aquel fastidio.
Estuvo también mi
pollito, quién fuera bautizado por papá como Pitirria. Llegó a la
casa en una bolsita de papel, una mañana de visita al mercado y ante
mi gran insistencia, mamá muy a disgusto accedió a mi pedido.
Cuando papá lo vió se enamoró también, por lo que decidió
construirle un lugar adecuado para que Pitirria sobreviviera al frío
de Cartago. Una caja de cartón sería su casita, con un bombillo de
luz roja que él colocó de forma que no causara ninguna quemadura.
Como mi hermano estaba estudiando en otro país, decidió poner la
caja en ese cuarto. Pero luego el pollito creció lo suficiente para
salirse de la caja y dejar el cuarto entero cubierto de cuitas cada
noche. Enojo e indignación de parte de mamá sin ningún resultado,
pues en éstas cosas papá tenía mas peso en las decisiones. Así
pasó mi pollito a convertirse en un ser maravilloso, reinando
absolutamente en aquel inmenso patio de la casa de mis padres. Sólo
le faltaba hablar decía papá, quién era amado por Pitirria mas
allá de toda imaginación. Oía a papá llamarlo y corría como loco
hasta el para ser alzado y chineado como un niño. Si por alguna
razón papá lo ignoraba, con firmeza le jalaba los ruedos del
pantalón hasta que papá feliz lo tomaba en brazos.
Pero lo que fue tener
un perro, no. No señor, contestaba ella, un perro si que no. Las
razones que aducía ya no las recuerdo. El hecho irremediable fue que
nunca hubo un perro. Y esas cosas quedaron grabadas en mi mente, en
mi inconciente, la ausencia del perro y el porqué mamá no lo
aceptaba. Nunca logré superar bien esa situación. Cuando estuve
casada, entonces hubo en esa casa muchos perros. De diferentes razas
y tamaños. Pero yo no pude resolver alguna cosa traumática que la
existencia de un perro en mi causaba. Ahora reflejaba la voluntad de
un hombre que se empeñaba en que hubiera uno en la casa, causando en
mi el mismo fastidio que a mi madre cuando yo era pequeña. Llegué a
mal quererlos, evitando su afecto y su compañía.
Y como te decía, por
todos los años de mi vida me fueron presentado perros por diversas
circunstancias. Amigas que los adoraban, se empeñaban en que yo me
mostrara cariñosa, juguetona o al menos risueña con sus mascotas
perrunas. Pero al final yo optaba por no visitarlas ante la
frustración mutua de no poder corresponder a sus demandas. Una vez
estuve cerca de caer ante el encanto de un perrito que mi vecina me
había pedido de cuidar y darle de comer cada día mientras ella
vacacionaba. Era fin de año, cada día iba a su casa, hacía todo lo
pedido, pero no había imaginado que aquel animalito se pusiera tan
feliz cada vez que yo llegaba. Lo peor fue el día ultimo del año,
que al irme para mi casa, empezó a llorar con tanto empeño que
terminé llorando yo con el, compartiendo la soledad de esa fecha.
Ya
ves lo que te digo, todas esas vivencias pero el tiempo tiene sus
trucos escondidos. Ahora en ésta edad adulta, ha llegado Morita. No
es mía como sabés, es de mis nietos los que viven en Belén. Cuando
la vi tan pequeñita, sentí que yo si podía tocarla, alzarla y
tenerla en brazos. Por supuesto la perrita se encargó de hacer el
resto. Es como una bolita de algodón, brinca y corre de emoción
cada vez que aparezco por la casa, la de ellos o la mía, ya que
ahora soy la cuidadora oficial de Morita los fines de semana que se
necesite. No imaginaba verme reir a carcajadas cada mañana al
levantarme con todas las carreras, brincos y demás que me ofrece al
ver que por fin he salido de la cama. Ni te digo si he salido un
rato. Al regresar me brinda además todos los juguetes que tiene para
que yo juegue con ella. Pero lo mas hermoso que hizo te lo cuento.
Había ladrado mucho esa noche en medio de la cocina. Ya cansada en
la madrugada decidí abrir la puerta de mi cuarto apenas un poquito
pensando que al ver que yo dormía finalmente se calmaría. Al
despertarme ese día, encuentro que ella había logrado traer hasta
mi lado, su camita, su cobija y sus juguetes, no te puedo explicar lo
que he sentido. Mirá lo que es la vida, a estas alturas logré
vencer mis resistencias y caer embobada entre los juegos de una
perrita. Salgo con ella y paseo por mi barrio, le compro una bola
para tener mas de que reírse. No me deja tejer ni leer ni ver la
compu, se trepa como puede sobre mi regazo, demandando atención
absoluta ocupando mis manos en acariciarla toda. Indolente de
espaldas, espera que le toque toda la panza, la muy sin pena. Hago
fotos y se las envío a mis hijas. Burlonas todas comentan, mirá vos
a la Mita, no que los perritos no eran para ella
Lia Ferreto M.
Agosto 2015.
un dia en que...
Ese era un día que nos organizamos para hacer un paseo a caballo.
Decidimos cabalgar hacia las montañas de Escazú. Era un día muy especial, con
sol, mariposas y sobre todo muchas flores de colores. Las cercas estaban llenas
con árboles de poró, con sus ramas llenas de cuchillitos color rojo que daban un
aspecto muy lindo. Más allá había otras flores que hacían un paisaje muy
agradable pues era el final del invierno.
Las calles tenían enormes zanjas que las lluvias habían dejado y enormes
piedras que hacían muy irregular el camino. Comenzamos a subir haciendo bromas
y canciones, todo era alegría. Yo montaba un caballo muy manso de color café
rojizo, y de pronto sucedió algo totalmente inesperado.
Para ensillar los caballos siempre les ponen el aparejo pero le dejan
floja la cincha mientras ensillan los otros y cuando todos están listo pasan
ajustándolas, pero yo tuve la mala suerte que olvidaron ajustar la del mío y en
el momento en que el caballo trató de subir una zanja más alta, la montura y yo
salimos por los aires y fuimos a dar al piso por detrás del animal.
Sin hacer nada
Aquí en la playa sin hacer nada, el arrullo del mar me hace evocar
tantas cosas pasadas en mi vida como los paseos de infancia a Puntarenas con
mis padres y mi hermana. Podría recordar cosas bellas de esto, pero no es así,
pues apenas llegábamos me sentía muy mal, con fiebre alta y pocas ganas de
salir. En más de una ocasión tuvimos que quedarnos en el hotel. Esto hizo que
papá decidiera que no volviéramos a la playa y nuestros paseos entonces fueron
a lugares montañosos o a otras ciudades como Barba, Villa Colón y Escazú.
Cuando me iba a casar decidimos que iríamos a Puntarenas, pues era el
sitio de moda en ese tiempo. Claro que la familia se oponía pues sabían mi
problema, pero aun así nos fuimos. Todos creían que regresaríamos al día
siguiente, pero no fue así. El embrujo había pasado y desde entonces el estar
en la playa ha sido uno de los atractivos más grandes de mi vida.
Pasa un perro. Una pareja que se contempla con ojos de amor. Unas
jovencitas que muestran sus esculturales físicos con trajes de baño muy
diferentes a los que usábamos en aquella época y que las obligan a mantener una
imagen muy bien cuidada. Y sigo sin hacer nada.
Allá viene una madre con sus hijos pequeños y esto me trae a la memoria
las muchas veces que fuimos a la playa con nuestros cuatro hijos pequeñitos.
¡Cómo se divertían haciendo castillos de arena o piscinitas que eran huecos que
hacían en la arena y que el mar se encargaba de llenarlos de agua!. Han pasado
los años y seguimos yendo con los hijos, pero ya no tenemos los mismos juegos,
pues han crecido demasiado rápido y ahora la entretención es conversar sobre el
trabajo, la universidad o el próximo viaje de 4x4.
Y sigo sin hacer nada….
Carmen Brenes Protti
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