Abro la ventana del cuarto, creo que son las seis y treinta de la mañana, estiro el cuello, asomo bien mi nariz , inhalo profundo, percibo un olor a frescura no se como explicarlo, es como una mezcla de la lluvia fuerte de la noche, de las gotas que cuelgan de las hojas o quizás el sol donde empieza a calentar, los árboles, la tierra, las flores despiden un olor indefinido.
Si pensara que todo es tan simple y necesario como abrir los ojos y respirar, dejaría atrás tanto drama y misterio.
Miro como se suspende la veranera en el árbol de mango con sus flores color magenta. Y en ese momento evoco el Vals de las flores de Tchaikovsky, es tan hermoso que enternece.
¡Qué buen despertar admirando la preciada naturaleza, que enraiza fuerte la vida!
...............
Jueves 8 de octubre. 2020
En una mañana de octubre, camino acompañada de mi hija; es un día soleado, la brisa se ha olvidado de aparecer y con la mascarilla se suda a chorros. Los médicos recomiendan no usarla al caminar pero da un poco de miedo. Las aceras muestran el paso de los años, huecos, hierba, pedazos de azulejos. Cruzamos un puente
bailey de esos que ya parecen un símbolo nacional, los hay por todas partes. Este río se desborda por encontrarse en una pendiente, el agua corre con fuerza anoche llovió bastante.
Un poco agotada, no puse atención a una joven pareja que pasó cerca, entonces digo- huele a maní-; o es marihuana – dice mi hija. Será los efectos de la mascarilla que no percibo bien los olores.
A nuestro alrededor casas pequeñas, los ocupantes en sus rutinas, sus perros, sus gatos.
Llegamos al redondel de Zapote, nuestra travesía no acaba, a escasos metros un hombre de mediana edad, grueso, piel morena, de vestir casualde caminar pausado;de nuevo el olor a marihuana.
Como a los doscientos metros se aproxima un hombre de contextura baja, tostada su piel por el sol, creo que es un cuidacarros, pues lleva un chaleco que es usual en ellos, camina despacio, la mascarilla en su mano , de repente el olor a yerba quemada y no es zacate.
Mis pensamientos enlazando algo más que una repetición, tales encuentros.
Quizás por la ubicación, la angustia por falta de trabajo,las ganas de olvidar su sentir o simplemente por gusto.
Sin embargo es una manera de ver las cosas, cada persona hace lo que puede, lo que quiere o lo que debe.
Vagamos como hoja al viento... en un mundo incierto.
Elena Méndez