martes, 30 de agosto de 2016

No me arrepiento de nada

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Uno
Podría decir “no me arrepiento de nada”, pero sería casi igual que decir “me arrepiento de todo”!
Cuando el diccionario dice que arrepentirse es pesar por haber hecho o dejado de hacer alguna cosa, esto también puede significar lamentarse o sentirse culpable.
Si  contabilizo mis días vividos, que son como 25.185, cuantas acciones pude realizar en ese lapso que debería lamentar? Llevo a cuestas la millonaria suma de 36.266,400 minutos, en cuántos de ellos cometí acciones reprochables?    


Dos
Somos una  amalgama de elementos materiales e inmateriales, visibles e invisibles, que van creciendo y acomodándose con el tiempo. Ese crecimiento y aprendizaje  a veces es armonioso, pero muchas veces constituye un revoltijo disonante entre unos y otros. No podemos transformar el pasado, pero si cambiar la mirada y el énfasis que ponemos en ello,  porque en todo lo que hacemos, usamos las herramientas que disponemos en ese momento. Ayer no teníamos la experiencia ni el conocimiento de hoy. Siendo humanos, tanto el error como el aprendizaje son parte de nuestra naturaleza, así que el cambio es la única opción para evolucionar humanamente.  


Tres
En ese lugar oscuro y húmedo pasaba muchas horas culpándose y arrepintiéndose, alternadamente. Luego del gran evento tuvo que  salir y no encontró un rincón cómodo donde rumiar sus dolores, entonces no le quedó más que caminar y así entre el sol y el aire fresco descubrió que su ropa era tan antigua y le sentaba tan mal, como sus sentimientos.

 Evelyn Silva 

D espedida



     “Mirad las cosas de arriba”.  Así reza un retablo que imperioso me grita en silencio esa frase inequívocamente cada mañana.  Se encuentra colocado sobre la pared opuesta a mi cama, de manera que me es imposible abrir los ojos y no verlo. Y cada mañana es capaz de enviarme un mensaje diferente.  Filosófico, profundo, simbólico, renovador y, por qué no,  hasta aburrido a veces.
     Es ese regalo que, extrañamente y sin saberlo, en el momento en que se recibe, se adhiere a nosotros y está allí, siempre…como que se niega a dejarnos y…de alguna forma, es un poco nosotros.  Ahí está.   La relación simbiótica que se estableció  y nos cambió  en un segundo.
     El día prometía ser claro y caluroso esa mañana de abril en que desperté y mis ojos tropearon con el saludo corto pero locuaz del retablo.  Me sentí inexplicablemente molesta.
--“Qué me quieres decir hoy? “ lo reté con valentía.
--“No tengo tiempo para jugar a la metafísica.  Tengo prisa.”
     Porque,   para qué filosofar como a veces lo hago en las mañanas luego de que leo la consabida frase.  Porque la leo.  No me contento con saber lo que dice.  La leo todos los días, si aquella mañana, qué podía  ser más simple que saber que debía apurarme para ir a visitar a  mi mejor amiga que se encontraba muy grave en cuidados intensivos.  La aprehensión abrazó todo  mi cuerpo y una indescriptible tristeza empezó a gatear dentro de mi ser.
     Mi amiga del alma me estaba esperando.  Tenía que verla.  Las horas se arrastraban lentas y perezosas, cual hojas otoñales subían con la brisa cálida y bajaban sin cambiar el tiempo.  Y yo tenía prisa.  Ese día no podía “mirar las cosas de arriba”.
     Cuando logré llegar al hospital, el corazón me latía sin control.  Su loco resonar me estaba enloqueciendo.   Respiré hondo y profundamente y sin quererlo ni pensarlo, miré hacia arriba.  Fue inevitable.  Di gracias a Dios por poder hacerlo.  Eso tan sencillo:  respirar por mi misma.  Saborear la vitalidad del día por mis propios medios.  Mi amiga no podía hacerlo. 
     Llegué al cuarto piso y recibí las instrucciones necesarias antes de entrar al cubículo especial.  Volví a respirar hondo y me sentí egoísta y vil porque mi amiga no podía hacerlo.
     Al verla como un Cristo en agonía,  toda entubada e inerte,  no sabía que decirle.  ¿ Cómo expresar tu amor y gratitud en cinco minutos de visita? 
     Mi amiga.  El regalo que Dios me hizo para calmar mi zozobra cuando inicié mi  tercer año en el colegio.  Ahí estaba ella.  Muy tempranito.  Como siempre.  Y desde entonces se me pegó en el alma.  Ella era el la sonrisa y el saludo cálido de mis mañanas.  Los estudios y los  sueños  las alegrías, tristezas, esperanzas y secretos compartidos.  Mi “Gorda” amada. 
     Compartíamos fiestas, cumpleaños, bodas, bautizos, navidades y familias agrandadas.  No nos visitábamos con frecuencia pero yo sabía que ella estaba siempre allí, como el retablo ante mi cama.  No fallaba.  Y ahora, ¿  qué le podía decir? ¡ No podía resumir cuarenta años en el puño de mi mano.  ¡ ¡Qué cortas se quedan las palabras cuando miras hacia atrás y ves tantos recuerdos y nostalgias!
     Miré hacia arriba.  Sí como no había querido hacerlo en la mañana.  Sentí valor  y tan solo dije ‘gracias”.  Una lágrima rodó por su mejilla y sentí que se me partía el alma.  Quiero creer que me escuchó, que sabía que quería animarla aunque la sabía conocedora de lo  dulce y amarga que es la impotencia humana.
     Cuando salí del cubículo temblaba.  El aire acondicionado me decía a mi misma.  ¡ Qué frío de agujas más insoportable! Su esposo me abrazó porque él también estaba inconsolable.  Me ofreció llevarme de regreso a casa.
     Ya de camino le conté un sueño que había tenido con la Gorda.  Traté de buscar las palabras adecuadas porque no quería romper su fe ni quebrantar sus esperanzas, pero lo cierto era que ella con nosotros ya no estaba.  El manejaba y seguía hablando sobre su esposa.  Yo le contestaba,  Conversamos mucho porque creo que ninguno de los dos quería escuchar la voz de la muerte que acechaba.
     Llegué a casa muy agotada, deseando que el día terminara.  ¡Qué ironía más grande!  ¡Hacía unas horas deseaba que el tiempo no volara!
     Me preparé para ir a la  cama.  Miré el retablo que inescrutable me hablaba. “Mirad las cosas de arriba”.  Y yo le contesté :
-- ¿ Qué tienen las despedidas que cansan tanto el alma?
 Marlene Murillo Coto

     

La espera

Ese  instante, en que desapareciste de mi vista, quedé frente a esa puerta, rígida, helada, experimentando mil sensaciones inexplicables, sin poder ni siquiera pestañear. Quise correr tras de ti pero la fuerza me flaqueó, no había ánimo, estaba devastada.
Pasaron unos segundos que parecieron muy largos, sentí que mi cuerpo cedía e iba a desplomarse. Toda la fuerza, la entereza que había fingido delante de ti, en ese momento se desmoronó y entonces me acomodé en un sofá, con mis ojos secos, mi corazón desgarrado, mi espíritu vencido. Y ... Entonces recurrí al único,único que podía mirar dentro de mi alma, le hablé como a un amigo, como a un padre, le expliqué que podía prescindir de todo en la vida y también porque no era capaz de vivir sin ti. Le amenacé, como la más irreverente de sus hijas : "me quitaré la vida, si no me ayudas", mientras mis manos estrujaban un rosario.
Había llorado tanto, oraba noches enteras en la penumbra de mi dormitorio, hasta que el cansancio me doblegaba y ahora sólo quedaba la impaciente espera del resultado de tantas oraciones, ruegos, de tantos momentos de dolor, de terror de perderte.
Después de cuatro horas eternas, salió la doctora con su cara cansada pero alegre y me dijo: "señora, la operación fue muy complicada, pero resultó bien, su hija vivirá".
Este ha sido el día más feliz de mi existencia, fue como si volvieras a nacer. Gracias Señor por tu infinita misericordia.

(Dedicado a mi hija María José, con quien viví momentos muy difíciles, siempre te amaré.)

Ana Lorena Quesada Roja

lunes, 29 de agosto de 2016

soy...

En una tarde de domingo, de esas tardes soleadas y calientes que presagian algunas lluvias perezosas que nunca se concretan,  pues se van en sonidos de truenos lejanos y de vientos sin rumbo, contemplaba yo pasar el tiempo a través de la ventana que da al patio, donde se mueven las ramas de las plantas con total abandono y algunos pajaritos intentan cantar sin mucho entusiasmo, acentuando el sinsentido del ánimo que siento.
Deseo responder, sacarlo a la luz, hablar un poco sobre ello, pero nada ha sido posible; todo intento ha fallado. Las palabras se niegan a tomar forma, las ideas se vuelven cual grises nebulosas, el fastidio me ataca y continúo mirando por la ventana. El sol ya no está presente, las nubes se empecinan en anunciar la lluvia, el silencio se apodera del ambiente , la tarde finalmente va cayendo, solo los truenos permanecen.
Planté esos árboles y esas plantas cuando terminaron de construir la casa, porque yo Soy jardinera. Puse color y formas donde no existía nada y cuidé por tantos años ese patio y ese jardín que ahora que lo pienso, no recordaba que fue sólo tierra por un tiempo.
El cuarto donde escribo,  fue antes taller de mil proyectos. Una mesa grande donde se colocaban telas y patrones lo llenaba, al igual que las máquinas donde se cosía; yo sin dudarlo contestaba, Soy costurera.
 Yo Soy artesana. Soy tejedora. Confeccioné diversas piezas con lanas e hilos de un sinfín de colores, que aún se asoman en algunas gavetas que guardan sus tesoros dentro de la habitación. Ahora el espacio lo llena un sofá, perfecto para leer y soñar un rato. Soy lectora, Soy soñadora y también Soy escritora. Acá se encuentra la computadora y son sus teclas las encargadas de jugar con mis ideas.
Allá en la mesa redonda del comedor, se encuentran las cajas de lápices de tantos colores, láminas donde coloreo sus imágenes, algunas  terminadas y otras esperando turno. Soy artista. Canté las grandes obras de la música sinfónica coral. Participé actuando en tantos montajes de ópera a través de los años. Soy cantante, Soy actriz.
Ahora que los años se derrochan sobre mi como luces de bengala, llenando mi cuerpo de fulgores nunca antes sospechados, ahora que el calendario de la vida me dice que tengo muchos años, dejando a mi mente en total confusión, ahora se dice que Soy una mujer madura. Gran título obtenido bajo el requisito de muchas equivocaciones, desvaríos, aventuras y desastres de todo tipo. Finalmente encuentro esa línea delgada y profunda que se llama experiencia o tal vez la llame Sabiduría, que al final de cuentas me llega mas decir que Soy Sabia a decir que Soy lo que Soy , porque no quedó mas remedio.
Lia Ferreto. Agosto-2016.




domingo, 28 de agosto de 2016

Yo soy ......


   
                           Por Maureen Hidalgo Ch.
Quisiera escribir el  mas dulce poema que dijera:
             Yo soy la lluvia  tardia en el verano
              La brisa fresca en el desierto
              El abrigo y consuelo ante la adversidad.
Pero, por el contrario sera una prosa que diga:
Yo soy la mujer que se levanta todas las mañanas con el sol. Prepara desayunos, almuerzos, tiende camas y comparte un momento de prisa con su familia antes de que se vallan a trabajar. Se queda  limpiando, lavando, arreglando la casa, y peleando con las telarañas de su mente.
Yo soy esa mujer que a solas se encuentra con ese amigo entre comillas, buscando coqueta su aprobacion. El espejo, a veces cruel y despiadado me mira y me recuerda que los años han pasado y se notan en el color de mi cabello y en las lineas de mi piel.  Otras veces amoroso me recuerda con cariño la herencia de mis padres, lo alargado de mi rostro y la nariz aguileña que me hacen unica y de una belleza rara y original. Y la ausencia de ellos de mis papas se hace mas llevadera cuando los veo en el reflejo de mis ojos.
Yo soy una mujer, una esposa, una madre, a veces sentimental y soñadora. Amorosa y protectora.  Otras egoista y vanidosa.
Y ahora ; aprendiz de escritora.

viernes, 26 de agosto de 2016

Quien soy


Soy nieve en las cumbres y fuego en las arenas, Como dijo un poeta paisano mío, Porque empiezo así….porque no sé qué decir que aclare mi presencia en este mundo…Supongo que debo tener tres fases: La que fui, la que soy y la que seré, pero todas son distintas y cada día lo serán más. La que fui era con mucho la mejor, la más divertida la más audaz la que siempre lo quería hacer todo y la mayoría de las veces lo consiguió, la que vivió unos pasitos antes de su época, la que quería volar, si de suerte era la mejor, tenía sus tropiezos pero nada importante, la mayoría de las veces era feliz y estaba satisfecha y en paz conmigo. Si la mas de las veces era nieve en las montañas y quemaba en la arena, si yo fui una persona no importante pero si amigable querida y divertida, bueno con un montón de amigas que lo decían y yo por supuesto las creía. La actual :Quien soy pues ya ni tan divertida ni tan amigable ni tan feliz, bueno a ratos lo soy, luego tropiezo me caigo al pozo y espero a salir como Dios me da a entender, pero suelo salir sin mucho deterioro al menos por ahora. Cuando estoy fuera soy casi como un poquito la de antes, aun distingo la nieve del fuego, leo mucho, visualizo la lectura, la vivo me la imagino y ahora pinto como cuando era niña y me compraban lápices de colores y cuadernos de colorear, no sé si es una arte terapia o un simple regreso a la niñez, para el caso no me importa, me gusta y del ultimo pozo me saco un lápiz de color y un mar profundo y eso me vale. Ya no soy la que salía a trepar y la que quería volar, aun quiero lo que pasa es que ya no puedo, la cruel naturaleza se encarga de eso pero aun así ,cambié el volar por un lápiz….no es una tontería yo lo recomiendo, sirve al igual que los libros nos llevan a otro mundo al de los sueños porque vemos lo que queremos ver no lo que nos dicen como en el cine, vemos nuestros visiones e ideas, lo mismo que al colorear pintamos lo que queremos y no tenemos modelo que imitar, la naturaleza hace lo suyo mi lápiz hace lo mío lo que yo quiero, lo que yo veo…y si veo nieve en la playa eso es realidad a mis ojos y fuego en las cumbres pues algún bosque por desgracia se están prendiendo pero es mi yo y por lo tanto es mi realidad en ese instante eso está pasando y lo estará hasta que yo quiera….La que seré, esa si que es aún una incógnita, se la ve venir pero espero y deseo que aún no llegue que se quede dónde está un tiempo lo más largo que se pueda, al final vendrá no queda otro remedio pero mientras prefiero quedarme en el puesto de ahora, sin ser la gran cosa es cómodo y me permite estar bastante tranquila , quien quita que la otra no traiga el pozo más grande y ni siquiera tenga nieve ni fuego, solo silencio y recuerdos, batallitas que contar a los nietos que no escuchan ….
Bueno esa Soy Yo más o menos a ratos puedo cambiar pero en general es así, y debo ser feliz porque distingo nieve de fuego y las cumbres de las arenas y tengo aun amigos y compañeros con los que hablar y pasarlo bien.


Antonia Morales Diez

martes, 9 de agosto de 2016

Lo que soy


Evelyn Silva
Aquí estoy yo, la suma de todos los seres que me antecedieron. El ombligo como sello inconfundible de la amarra con mi madre, mi padre y todas aquellas personas que siguen la cadena.
Soy sólo un diminuto hilo de un tejido inconmensurable, único, indestructible.
Mi piel tiene el sello del desierto y mis pies todos los caminos que recorrieron.
Sus manos se abrieron para acariciar a mis hijas y esos abrazos se los debo a mis nietas.
Sus voces me hablan a través de los pájaros, el viento entre los árboles, los grillos y el silencio, que dice mucho más.
También me cantan con la lluvia, el agua en los riachuelos y las olas que murmuran sin cesar.
Por la noche me arropan en el deleite del silencio reconstituyente, esperanzador.
Todas sus visiones me sientan frente al mar.
Con la ternura transmitida he construido sólidos puertos a donde puedo llegar cuando agobia la tristeza.
Me nutrieron con solidaridad por eso puedo llorar con una melodía, gozar con un trozo de pan, revelarme a la injusticia y el dolor ajenos.
Muchas veces reconozco mis pequeñeces y puedo recapacitar, pero también soy muy vulnerable cuando me aprisionan los peores defectos.
Sin embargo, siempre están ellas y ellos congregados, sosteniendo una hebra, para que yo siga existiendo. Están aquí, conmigo, yo me inclino y les agradezco todo.


Si no hay pan para los pobres, no habrá paz para los ricos


Evelyn Silva

Por fin he abierto el baúl donde guardabas algunas telas preciosas, descubriendo con asombro trozos de tapices, bordados, drapeados, brocados. Mis mejillas han acariciado el terciopelo y he resbalado la mirada a través de sedas y velos, pensando cómo disponías tan exquisitas telas para vestir adecuadamente con muebles y cortinas esas elegantes casas de tus clientes. Imagino las diversas texturas, el grosor y caída de esos lienzos; los colores y tonalidades para combinar con la luz y la sombra la frialdad o calidez de los ambientes. Debe haber sido una fiesta de posibilidades elegir entre tantos tipos de telas y estilos de muebles!
Pero como nací entre tan deslumbrantes tejidos y en medio de ellas hice mis primeros pasos, nunca me detuve a pensar que tal vez de allí venían esos arrebatos por disfrazarnos cuando jugábamos interpretando obras de teatro. En más de alguna oportunidad creo haber sido Cleopatra y mi hermano Claudio cuando menos debió ser Julio Cesar!

Querido Papá desde hace días deseaba escribirte, para comentar cosas. Viste la nevada del otro día en Santiago, muy impactante verdad? Hacía muchos años no nevaba así, supongo desde aquella vez que nos levantaste de madrugada y salimos los cuatro a recorrer la ciudad vestida de blanco, que espectáculo tan deslumbrante!

Aprendimos tantos gestos de ti, como por ejemplo esa vez que estaba helando de frío y paseando a Boby nuestro perro, volviste al rato, muy rápido y preocupado, fuiste directo al armario, sacaste tu hermoso abrigo azul y volviste a salir. Al regresar dijiste: un hombre cesante andaba congelándose, él lo necesitaba más que yo…

También esa otra oportunidad en que sentimos un frenazo como de choque, al salir corriendo nos dimos cuenta que habían atropellado a alguien en bicicleta. A lo lejos sólo vimos que subiste en un auto y te fuiste. Regresaste mucho después y luego de bañarte y cambiarte ropa, muy triste comentaste: era un niño del colegio suizo, se le metió al auto, su sangre me corría por las piernas cuando sostenía su cabeza; no estoy seguro si se va a salvar. Al tiempo supimos que el padre suizo te había buscado para darte dinero y así evitar que declararas la imprudencia del niño en tribunales, estabas tan furioso… pero el niño se había salvado!!!

Ahora creo es importante que sepas algo que nunca te dije, que esas sencillas actitudes tuyas nos formaron a mi hermano y a mí, creando valores y sensibilidades imprescindibles para abordar la vida. Por una parte esa conciencia fundamental hacia las otras personas y luego, la permeabilidad a toda actividad artística, ambas constituyen un nudo de valores estéticos y morales invaluable que nos legaste.

Aparece con claridad esa faceta de tu vida, en que te relacionaste con tanta persona dedicada a la pintura, escultura y arquitectura; pudiendo plasmarlo en la tapicería y el cortinaje, creando esas verdaderas “puestas en escena” que constituía cada contrato.
Entonces frecuentemente llegabas con cuadros o grabados; óleos o acuarelas, tus preferidas marinas o paisajes de montañas y lagos; adquiridos para ayudar a artistas en apuros, cómo te dolía contar sus desventuras y aflicciones. De esa época recuerdo las conversaciones sobre los muralistas Diego Rivera y Alfaro Siqueiros; la gran creación de Picasso sobre la guerra, el sufrimiento y el dolor del rompimiento personal y universal, que dejó plasmado en Guernica.

En ese entonces no sabíamos que los acontecimientos nos separarían, que yo saldría del país y eso nos impidió disfrutar juntos del ecuatoriano Guayasamín, tampoco conocíamos los portentos de costarricense como Max Jiménez, Francisco Zúñiga o Paco Amiguetti y uno de los escultores más recientes, para mi gusto notable, como Fernando Calvo.
Sabes papá, estaba recordando cuanto disfrutabas la poesía, por supuesto de la Mistral y Neruda pero también de muchos otros como Pezoa Veliz. Claro que eso venía de muy atrás, de la inspiración que te traspasó tu hermano mayor al que adorabas, destacado ebanista y bohemio irremediable, quien escribía poesía en los lugares ocultos de los delicados muebles que construía.
Hay un gran un poeta costarricense que no conoces, que tal vez habría sido un Nobel, me refiero a Jorge Debravo, de quien te leeré: “Soy hombre, he nacido, tengo piel y esperanza. Yo exijo por tanto que me dejen usarlas…”.
Te veo asombrado y triste al constatar los estragos de esta globalización galopante junto a la deshumanizante corriente neoliberal. Por eso cuando encontré este graffiti en una muralla “Si no hay pan para los pobres, no habrá paz para los ricos”, repasé muchas de las conversaciones que sosteníamos respecto a la realidad de una sociedad discriminadora y excluyente. Estoy cierta que ese fue tu afán y todavía me estremece porque eso nos cobraban: la conciencia!
Una noche viniste a avisarnos que habían detenido a Claudio, te acompañamos a través del parque, nos abrazamos y te miré alejarte, seguro llorabas igual que yo.
Es sólo una palabra, un puño de letras: desaparecidos, pero de un insondable vacío. Me detengo en el punto donde te tragó la oscuridad y sigo la imagen de tu espalda.
Yo sabía que abrir ese baúl representaría muchas cosas….
Pero bueno, se ha pasado el rato y en este instante, prefiero quedarme con tu gusto por la música y tu cultivado oído para cantar, sin olvidar el coro al que asistíamos, aportando tu portentosa voz de tenor y yo mi quinceañera articulación de soprano. Me quedo por tanto, en una de esas exquisitas veladas frente a la chimenea, escuchando música coral o alguno de los folkloristas como Violeta Parra, Victor Jara u otro, en discos de acetato, con un reposado vino caliente con naranja y canela, el Boby a los pies. Preferías Mozart a Bethoveen, verdad?

incursiones


Cuando la noche cae, los sonidos se aumentan y convierten en un algo espectral, demasiado grande e insospechado. Los árboles crujen, las sombras bajan, reptan, saltan y envuelven todo. Debe aguzar al máximo la vista para distinguir el entorno y esforzar el oído porque todo ruido es una alerta, un posible peligro al acecho. La respiración se acelera y su ritmo cambia. El vacío en esa oscuridad es una dimensión desconocida, incierta.
Estarían encendidas sus alarmas gritando devuélvete! Todavía estás a tiempo!?
Tiene que caminar lentamente porque pisar cualquier simple hojita truena y despierta monstruos horripilantes cuyas garras y dientes aterrorizan.
El pataleo en el pecho, desbocado quiere salir corriendo. Sin embargo los pies están amarrados a la tierra, impiden moverse y seguir el llamado del corazón, como una bruma densa y paralizante. Algo frío y espeluznante le recorre la espalda, dejando la piel como de gallina.
Habrá dimensionado su decisión, considerando el camino por recorrer?
Ese es el momento, el instante justo en que decide levantar la cabeza y mirar al cielo. Un espectáculo deslumbrante la eleva y sostiene, a tal grado que olvida espantajos horripilantes y sonidos espectrales. Sólo una alfombra luminosa la cubre mágicamente, transportándola a esa inmensidad infinita.
Ensimismada se ha acomodado en el suelo para contemplar el fantástico escenario. Al rato, la insistencia del viento la regresa a la envolvente oscuridad; pero ya no hay zozobra, su mirada tarda en enfocar el incierto entorno, reconocer los sonidos de los grandes árboles y sus rumores nocturnos. Recuerda su travesía, la llave en el bolsillo y calcula la distancia que le queda por recorrer. Ahora no tiene miedo a la oscuridad y no lo tendrá más.
En que lugar quedaría esto grabado? No lo tengo claro, sólo estoy cierta que había salido aprovechando el adormilamiento de la nana en ausencia de mis padres y sacado la llave para ir a comer mis cerezas secas favoritas a la despensa, en uno de los patios traseros de la casa. Con cinco años no se calculan los riesgos de la decisiones!!!
Evelyn Silva

el cielo azul a través de las hojas

 
Tal vez la madrugada era gris cuando salió a la calle. Una fina llovizna hizo que se encogiera bajo el sombrero, subió el cuello al impermeable y ajustó más su bufanda. Sintiendo la dureza del pavimento, la frialdad de los edificios, la humedad de los muros, los lúgubres rincones, fue recordando una a una las frases hirientes, los gestos humillantes y el desprecio que día a día le aplastaba.
La ira acumulada movió más rápido sus pies y fue encendiendo tal fragor en su pecho que de un tirón se descubrió la cabeza y arrancó la bufanda. Cruzando el puente a la carrera se sacó el sobretodo, sentía la boca seca y una marea roja empañaba su vista, pero las imágenes surgían con tal velocidad que el impulso era cada vez mayor. Sólo quería llegar rápido y por primera vez plantarse, mirarle de frente y dejar salir su furia contenida.
Cuando llegó al otro lado, le costaba respirar, le zumbaban los oídos y estaba a punto de estallar cuando un aullido profundo, largo y tan sostenido que detuvo el tiempo, le brotó desde lo más profundo.
Cayó de rodillas, rodando como un ovillo. Lloró estremecedoramente. Lloró por ese maltrato pero también por todo cuanto no había expresado nunca, dejando que sus sollozos fueran lavando el dolor y cubriéndole de serenidad.
Allí despertó, bajo un árbol y al borde del río, dejándose acunar por la verde frescura y el rumor del agua. Miró largamente el nítido cielo a través de las hojas.
Evelyn Silva