Evelyn Silva
Por
fin he abierto el baúl donde guardabas algunas telas preciosas,
descubriendo con asombro trozos de tapices, bordados, drapeados,
brocados. Mis mejillas han acariciado el terciopelo y he resbalado la
mirada a través de sedas y velos, pensando cómo disponías tan
exquisitas telas para vestir adecuadamente con muebles y cortinas
esas elegantes casas de tus clientes. Imagino las diversas texturas,
el grosor y caída de esos lienzos; los colores y tonalidades para
combinar con la luz y la sombra la frialdad o calidez de los
ambientes. Debe haber sido una fiesta de posibilidades elegir entre
tantos tipos de telas y estilos de muebles!
Pero
como nací entre tan deslumbrantes tejidos y en medio de ellas hice
mis primeros pasos, nunca me detuve a pensar que tal vez de allí
venían esos arrebatos por disfrazarnos cuando jugábamos
interpretando obras de teatro. En más de alguna oportunidad creo
haber sido Cleopatra y mi hermano Claudio cuando menos debió ser
Julio Cesar!
Querido
Papá desde hace días deseaba escribirte, para comentar cosas. Viste
la nevada del otro día en Santiago, muy impactante verdad? Hacía
muchos años no nevaba así, supongo desde aquella vez que nos
levantaste de madrugada y salimos los cuatro a recorrer la ciudad
vestida de blanco, que espectáculo tan deslumbrante!
Aprendimos
tantos gestos de ti, como por ejemplo esa vez que estaba helando de
frío y paseando a Boby nuestro perro, volviste al rato, muy rápido
y preocupado, fuiste directo al armario, sacaste tu hermoso abrigo
azul y volviste a salir. Al regresar dijiste: un hombre cesante
andaba congelándose, él lo necesitaba más que yo…
También
esa otra oportunidad en que sentimos un frenazo como de choque, al
salir corriendo nos dimos cuenta que habían atropellado a alguien
en bicicleta. A lo lejos sólo vimos que subiste en un auto y te
fuiste. Regresaste mucho después y luego de bañarte y cambiarte
ropa, muy triste comentaste: era un niño del colegio suizo, se le
metió al auto, su sangre me corría por las piernas cuando sostenía
su cabeza; no estoy seguro si se va a salvar. Al tiempo supimos que
el padre suizo te había buscado para darte dinero y así evitar que
declararas la imprudencia del niño en tribunales, estabas tan
furioso… pero el niño se había salvado!!!
Ahora
creo es importante que sepas algo que nunca te dije, que esas
sencillas actitudes tuyas nos formaron a mi hermano y a mí, creando
valores y sensibilidades imprescindibles para abordar la vida. Por
una parte esa conciencia fundamental hacia las otras personas y
luego, la permeabilidad a toda actividad artística, ambas
constituyen un nudo de valores estéticos y morales invaluable que
nos legaste.
Aparece
con claridad esa faceta de tu vida, en que te relacionaste con tanta
persona dedicada a la pintura, escultura y arquitectura; pudiendo
plasmarlo en la tapicería y el cortinaje, creando esas verdaderas
“puestas en escena” que constituía cada contrato.
Entonces
frecuentemente llegabas con cuadros o grabados; óleos o acuarelas,
tus preferidas marinas o paisajes de montañas y lagos; adquiridos
para ayudar a artistas en apuros, cómo te dolía contar sus
desventuras y aflicciones. De esa época recuerdo las conversaciones
sobre los muralistas Diego Rivera y Alfaro Siqueiros; la gran
creación de Picasso sobre la guerra, el sufrimiento y el dolor del
rompimiento personal y universal, que dejó plasmado en Guernica.
En
ese entonces no sabíamos que los acontecimientos nos separarían,
que yo saldría del país y eso nos impidió disfrutar juntos del
ecuatoriano Guayasamín, tampoco conocíamos los portentos de
costarricense como Max Jiménez, Francisco Zúñiga o Paco Amiguetti
y uno de los escultores más recientes, para mi gusto notable, como
Fernando Calvo.
Sabes
papá, estaba recordando cuanto disfrutabas la poesía, por supuesto
de la Mistral y Neruda pero también de muchos otros como Pezoa
Veliz. Claro que eso venía de muy atrás, de la inspiración que te
traspasó tu hermano mayor al que adorabas, destacado ebanista y
bohemio irremediable, quien escribía poesía en los lugares ocultos
de los delicados muebles que construía.
Hay
un gran un poeta costarricense que no conoces, que tal vez habría
sido un Nobel, me refiero a Jorge Debravo, de quien te leeré: “Soy
hombre, he nacido, tengo piel y esperanza. Yo exijo por tanto que me
dejen usarlas…”.
Te
veo asombrado y triste al constatar los estragos de esta
globalización galopante junto a la deshumanizante corriente
neoliberal. Por eso cuando encontré este graffiti en una muralla
“Si no hay pan para los pobres, no habrá paz para los ricos”,
repasé muchas de las conversaciones que sosteníamos respecto a la
realidad de una sociedad discriminadora y excluyente. Estoy cierta
que ese fue tu afán y todavía me estremece porque eso nos cobraban:
la conciencia!
Una
noche viniste a avisarnos que habían detenido a Claudio, te
acompañamos a través del parque, nos abrazamos y te miré alejarte,
seguro llorabas igual que yo.
Es
sólo una palabra, un puño de letras: desaparecidos,
pero
de un insondable vacío. Me detengo en el punto donde te tragó la
oscuridad y sigo la imagen de tu espalda.
Yo
sabía que abrir ese baúl representaría muchas cosas….
Pero
bueno, se ha pasado el rato y en este instante, prefiero quedarme con
tu gusto por la música y tu cultivado oído para cantar, sin olvidar
el coro al que asistíamos, aportando tu portentosa voz de tenor y yo
mi quinceañera articulación de soprano. Me quedo por tanto, en una
de esas exquisitas veladas frente a la chimenea, escuchando música
coral o alguno de los folkloristas como Violeta Parra, Victor Jara u
otro, en discos de acetato, con un reposado vino caliente con naranja
y canela, el Boby a los pies. Preferías Mozart a Bethoveen, verdad?