viernes, 23 de julio de 2021

La casaron con un viejo


Por: Charo Rubí


La joven era tan hermosa como fogosa, y su madre temía que quedara embarazada en cualquier momento, sin un marido. Era necesario casarla, para evitar la desgracia, que en esa época implicaba una madre soltera.
De inmediato se abocó a la tarea de pensar en un esposo para su hija. Tratándose de Esmeralda sería muy fácil, dada su gran belleza, inteligencia, bondad y simpatía. Aunque quizás la inteligencia en esto no ayudaría, pensó la mujer.
Desde el inicio, los muchachos que siempre la rondaban fueron desechados. No solo eran muy jóvenes, sino poco trabajadores, y la mayoría no tenía su propia fortuna, dependiendo de la de sus padres. Buscaría un hombre maduro, con propiedades, que no fuera borracho, jugador ni mujeriego. Tampoco pendenciero. Que pudiera mantenerla como una reina, y hacerla respetar de quienes sin duda siempre la acosarían. Pensó en don Braulio Cascante, uno de los mayores propietarios del pueblo, ganadero y tabacalero, quien gozaba de prestigio por sus obras y su palabra. Era un solterón empedernido, bastante viejo, pero fuerte aún, a quien había visto frecuentemente mirando admirativamente a Esmeralda, con disimulo. Antes de hablar con el hombre, sondearía con su hija, para saber si estaba dispuesta al casorio. Aunque no sabía como podría convencerla, si la joven se opusiera a sus pretensiones.
En la tarde de ese día, ambas estaban en el corredor de la vivienda, disfrutando del lindo atardecer, oyendo cacarear a las gallinas y traquear a los bambúes que se mecían con la brisa, alrededor de su pequeño terreno. Sin preámbulo alguno, la madre se volvió hacia su hija, diciendo: Ya estás en edad de casarte Esmeralda, tengo un marido escogido. La joven, con una mirada de alarma, pero con voz fiera le espetó: si quisiera casarme sería yo quien lo escogiera ¿por qué no me dijo que en esas andaba? - Porque hasta hoy lo decidí - dijo la mujer, sin amilanarse por el tono de su hija. - ¿Y con quien piensa casarme? - Con Braulio Cascante, es un buen hombre, que te honraría. Esmeralda pensó que no necesitaba que nadie la honrara, que ella valía por sí misma, que era muy viejo y no era su tipo. Cuando otro pensamiento vino a su mente, y en vez de aquello, se oyó decir: estoy de acuerdo, ya es tiempo de que me independice, me casaré cuando quiera.
La madre quedó sorprendida, no podía creer que la rebelde Esmeralda se prometiera así de fácil, a un matrimonio dispuesto por ella. Por eso le preguntó si estaba segura de poder ser la esposa de un hombre maduro, tener los hijos que Dios le mandara, y cumplir con los deberes atinentes a una mujer hogareña. Sin titubear, la joven contestó que hiciera los arreglos para la boda, que entre más pronto sería mejor para todos.
Al día siguiente la mujer habló con el hombre, elegido por ella para esposo de su hija. Y a los quince días ya Esmeralda era la señora de don Braulio Cascante, luego de una gran boda, acorde con la belleza e inteligencia de ella, y la fortuna y los deseos de su marido. Igual de rápida que su boda, fue la maternidad de Esmeralda, quien contra todos los pronósticos, a los siete meses dio a luz a una linda bebé prematura, de la que todos decían que tenía los mismos ojos de su padre - y claro que los tenía- pensaba Esmeralda sonriendo, cuando eso oía.

jueves, 22 de julio de 2021

San Vito de Java


Corrían los años 50 del siglo pasado, en el mundo se vivían las consecuencias económicas y sociales de la Segunda Guerra Mundial y los países europeos buscaban salidas para sus pueblos.

En 1952 el gobierno de Costa Rica, con el afán de poblar sus zonas deshabitadas, boscosas y distantes de la capital, en la Zona Sur del país, apoyó un proyecto impulsado por el gobierno de Italia y Estados Unidos de Norteamérica.

Dos italianos, Ugo Sansonetti y Vito Giulio Cesar, organizaron un grupo de colonizadores procedentes de la costa norte y sur de Italia, así como de Dalmacia, pueblo de la costa en el mar Adriático de Croacia. Estas personas soñaban con mejorar su situación económica aprovechando la promesa de tener parcelas de tierra en Costa Rica, para fines agrícolas como la siembra del café.

Llegaron a unas tierras desconocidas, selváticas y boscosas en la altiplanicie de la cordillera de Talamanca, cercana a la frontera con Panamá. El lugar estaba muy lejos de cualquier población, no había nada más que montañas vírgenes con terrenos irregulares propios de una cordillera.

El clima que encontraron era muy húmedo y cálido. Todos los días caían unos aguaceros violentos e impresionantes para los europeos, ya que eran acompañados de grandes precipitaciones de lluvia, estruendosos relámpagos, con iluminadas centellas y fuertes truenos que se reproducían interminablemente con eco en las montañas. Toda la vegetación era de múltiples tonos de color verde, o azul cuando las montañas se veían de lejos.

Al anochecer eran sorprendidos, por los ruidos desconocidos para ellos, de nuestros monos aulladores, coyotes, el rugir del tigrillo o del jaguar cuando salía de cacería nocturna, así como el fuerte canto de los grillos o de las ranas con su croar infinito luego de la lluvia. Al amanecer, eran despertados con los hermosos y repetitivos cantos de bellos pájaros de infinitos colores.

  Durante el día al caminar en la espesa vegetación, debían protegerse con botas de cuero y machetes, de las serpientes de diferentes y brillantes colores, que se deslizaban en silencio por los bejucos o las ramas de los árboles o se ocultaban en los trillos de hojas secas. En las tardes calurosas de intenso sol, las chicharras con su eterno cantar hasta morir, los volvían locos.

Con sus propias manos y la ayuda del gobierno costarricense, abrieron grandes trochas en la tierra roja, que después de la lluvia se convertían en ríos de lodo rojo y se veían como si las tierras sangraran por sus nuevas y grandes heridas, talaron inmensos bosques para tener madera para las futuras casas y edificios. Abrieron pozos profundos para el agua potable de sus habitantes. A lo largo de la calle central del pueblo, instalaron sus casas y un tendido de cables, sostenidos por árboles muertos y deshojados, para la electricidad producida por motores de gasolina o diésel que funcionaban algunas horas al día.

       Nuestras tierras vírgenes y los animales silvestres y salvajes que en ella habitaban sufrían la invasión del llamado progreso.

Como era una selva, al principio los monos y algunos pájaros grandes al quedarse sin hogar, sus árboles, descansaban en las mañanas en los cables del tendido eléctrico y de pronto morían electrocutados dando un terrorífico espectáculo de gritos, chispas y olor a carne quemada, cuando los italianos encendían los generadores de electricidad. Y ahí quedaban tostados por varios días, hasta que al secarse caían al suelo.

En los fuertes inviernos que duraban casi todo el año, las calles se convertían en grandes barriales, donde se quedaban pegados los pocos carros de doble tracción que ingresaban, los caballos se hundían hasta la panza en esos mares de lodo, sus dueños luchaban por liberarlos antes de que el sol secara la tierra y los dejara atrapados… los perros callejeros y otros animales se desaparecían en el lodo.

Algunos finqueros lograban transportar sus bienes en carros de grandes llantas forradas con redes de cadenas metálicas, que los protegían de hundirse en el barro y así podían trasladarse a poblados como Sabalito, Agua Buena y otros, luego de una gran lucha con la lluvia y el lodo.

Así nació este pequeño poblado con 45 habitantes, en el valle de Coto Brus, a lo largo de la cordillera de Talamanca, al cual llamaron San Vito de Java. En honor al Santo italiano fundador de pueblos “San Vito de Lucania” y por la cercanía con el río de Java.

A este pueblito llevó mi padre a su familia en l957. Era un jóven moreno, con rizos negros en su cabellera, de 27 ańos, soñador y con grandes deseos de prosperidad también. Había formado una familia, en ese momento de 5 personas. Su esposa y tres hijos.

Nació en el centro de San José, descendiente de un inmigrante afrolatinoamerico procedente de Cartagena de Indias, Colombia y de una herediana hija de españoles criollos. Trabajó un tiempo en la Cooperativa Dos Pinos como repartidor de leche, estudiaba de noche y recién había terminado su formación como contabilista y le habían ofrecido la oportunidad de coordinar una agencia del Banco Anglo en esa zona. Lejos del mundo, en media selva tropical.

De sus tres hijos, fui la primogénita y luego llegaron dos varones. Para ese año yo tenía 3 años y mis hermanos uno de ellos dos años y el menor unos meses de edad.

Hoy me pregunto cómo mi padre se aventuró y se arriesgó tanto. Ya que el nació y vivió en el centro de San José. Con todas las comodidades.

En esa época lo recuerdo como un hombre grande, medía 1,90 m, fuerte, alegre y amistoso con las personas. En la casa era serio, imponía respeto entre nosotros, pero con sus hijos solía ser cariñoso.

Vivíamos en una hermosa casa de paredes blancas, de dos pisos, rodeada por un lado de potreros y montañas vírgenes y por el otro de una carretera de tierra con algunas casas . En el primer piso estaba la sucursal del banco donde trabajaba mi padre. En el segundo piso estaba nuestro hogar. Era una casa grande, de maderas gruesas, de pisos brillantes de madera, de grandes ventanales, por donde entraba la brisa del norte y nos refrescaba, tenía dos grandes habitaciones, que daban al este, lo recuerdo por los amaneceres soleados y cálidos, una la ocupabamos mis hermanos y yo, la otra nuestras padres.

Tenía una gran sala comedor y una cocina muy iluminada, donde mi madre, una joven de 30 años, blanca como la luna y de negros cabellos ondulados, quien nació en la zona rural de aquella época, San Pedro de Montes de Oca, hija de un descendiente de españoles criollos y de una índigena criolla, pasaba trabajando y aprendiendo a hacer pastas al estilo italiano.

Al oeste de la casa habían dos grandes habitaciones que permanecían a oscuras y vacías, para los visitantes de la capital, tenían dos grandes ventanas con puertas de madera que daban al lado oeste de la casa y desde ahí se veían las montañas y nuestro gran patio trasero, lugar de juegos y aventuras.

Hoy pienso que lo mejor que me pudo pasar en la vida , fue eso, que mi padre se aventurara a ir a San Vito de Java con nosotros. Era un pueblo hermoso, todos los dias pasaba algo grande y bello. En invierno mis hermanos y yo jugábamos en el lodo, era una gran piscina de barro aguado. Hoy la vería como un simple barrial. Pero en esos dias era nuestra piscina. Ahí nos hundíamos hasta las rodillas y disfrutábamos de la rica sensación de sentir el barro atravesar nuestros dedos de los pies . Quedábamos negros, más negros de lo ya que eramos.

Al anochecer hacíamos competencias de cazar ranas de color café, pequeñas y frías, o abejones con cuernos , grillos que punzaban nuestros dedos con sus patas y los poníamos en grandes frascos de vidrio para contarlos y luego los dejábamos escapar. Mi hermano Julián, el segundo de los hijos, siempre me ganaba.

En las tardes de verano mi madre nos ponía sabanas en el zacate y nos contaba cuentos con las diferentes formas de las nubes.

No me alcanzaban las horas del día para jugar y conocer los alrededores de mi casa, todo era una aventura. Papá tenía un gallinero muy lindo, cada gallina tenía su camita para poner huevos, había una enorme pajarera con bellos pájaros atrapados que cantaban todo el día. Algunas veces yo les abría la puerta y mi padre me regañaba.

En ese maravilloso lugar solo había entonces la carretera de barro central , la sucurdal del banco, un hotel, un colegio de monjas italianas, con su iglesia, un cementerio ,unos negocios que traían los alimentos y un cine donde los domingos pasaban películas a través de una cinta que se rompía con frecuencia.

Había tendido eléctrico solo alrededor de la carretera central del pueblo. La electricidad solo la teníamos por algunas horas en el día y la quitaban a las 6 pm. Mi padre tenía un motor que hacía mucho ruido, funcionaba con gasolina y a través de él como por arte de magia, nos llegaba la luz a la casa por un par de horas más.

No existía la televisión, ni nada de lo que hoy conocemos como aparatos electrónicos.

En las noches cuando papá regresaba del trabajo y teníamos luz en la casa yo lo veí con unas hojas grandes en sus manos, sentado mirándolas. Hoy sé que era el periódico,

Él las miraba y hablaba sobre lo que había en esas hojas, se enojaba o se reía. Yo quería saber que había en esas hojas. Y en las tardes cuando no había nadie en la sala, las cogía y me sentaba en el piso a mirarlas.

Pero no entendía por qué mi padre se enojaba o reía con las hojas.

Yo solo veía dibujos y fotos de personas. Había muchos dibujos pequeños y grandes como bolitas con las patitas para arriba o a los lados o solitas, que seguían caminos como las hormigas que yo veía en la tierra.

Le pregunté a mi padre qué pasaba con esos dibujos de las hojas grandes. Y me dijo que cuando entrara a la escuela me iban a enseñar que esos dibujos se llamaban letras y que nos hablaban en las páginas que él veía, nos contaban lo que sucedía en el mundo y en el país.

Quedé impresionaba y todas las tardes las miraba y les preguntaba cuándo me iban ellas a contar cosas como a mi padre.

Luego de un tiempo en las mañanas comenzaron a llevarme al kínder del colegio de monjas. Yo iba a cumplir 4 años de edad. Pero no me enseñaron a jugar con los dibujos llamados letras.

Tuve que pasar dos años más en ese lugar, jugando y rezando con las monjas

De pronto un día me dijeron que iba a entrar a la escuela y me iban a enseñar muchas cosas, yo solo quería aprender a hablar con los dibujos llamados letras.

Comencé así la aventura más emocionante de mi vida, los dibujos comenzaron a tener sentido y significado, comencé a entender por qué viajaban de la mano en mi cuaderno.

Un día en la tarde, viendo los papeles grandes de mi padre, de pronto, los dibujos llamados letras me comenzaron a hablar. Y me contaban muchas cosas, algunas las entendía otras no sabía de qué me hablaban. Y comenzaron mis preguntas sobre los que decían las hojas.

Entonces papá nos llevó unos cuadernos grandes de pasta dura, con dibujos hermosos y montones de letras.

Y ahí se abrió para mí una gran ventana, a un universo infinito. Pude viajar a diferentes países, conocer lugares muy lejos de mi casa, conocí a las hadas, las brujas, la magia, los monstruos, los dragones, a los vikingos, a los vaqueros, a los superhéroes, a la Bella Durmiente, a Blanca Nieves. Y a extraños y furiosos animales de un lugar lejano que se llamaba África.

Fuí muy feliz con esos cuadernos grandes para mis manos de ayer, que hoy sé que se llaman libros y me contaban cuentos.

Todas las tardes cogía las grandes hojas del periódico y las leía cada una completa, los anuncios, las fotos, las películas que anunciaban, me hablaban las letras y me contaban muchas cosas que no entendía.

Cuando estuve más grande en la casa de mis abuelos luego de que ellos desocupaban algún libro o algún periódico yo lo leía, pero había palabras que no entendía y cuando mi tío se aburrió de contestar mis preguntas, me regaló un libro enorme gordo y me dijo “esto es un diccionario él te va a decir que significa cada palabra” y como ya me sabía el alfabeto aprendí rápido a usarlo.

Mis amados dibujos, llamados letras, me enseñaron a sumar a restar, conocí el mundo de las ciencias biológicas, de las ciencias sociales, las novelas, los cuentos, los poemas, los chistes. Desarrollé una sed insaciable por el conocimiento y las emociones que me traían mis amadas letras.

Hoy juego con ellas e intento escribir mis aventuras.


Gretty Vega, junio 2021





miércoles, 21 de julio de 2021

Recolección del café



Las cogidas de café, son esperadas con ansias por muchos costarricenses, en distintos pueblos de Costa Rica, porque con estas, se puede obtener un ingreso, que va ayudar a sufragar distintas necesidades de una familia; es, en esos primeros días cuando se asoma el verano, por el mes noviembre, y las clases están por terminar, los padres y algunos de sus hijos, corren a buscar los implementos que llevarán al cafetal, para coger el café, pueden ser tarros para los más chicos y canastos de bejuco para los mayores, los cuales pueden ser de diferentes tamaños, los hay con capacidad de una cajuela, media cajuela y un cuartillo, además se necesita contar con un faja para sujetar el canasto al cuerpo, también se debe conseguir sacos para guardar el café recolectado, estos pueden ser de gangoche que son más resistentes, o los de fibra plástica que son menos resistentes.

Las fincas para ir a coger café, eran bastantes en aquellos días, existían la finca la Hacienda de Juan León, la de Juan Hernández, la Esperanza de los Sánchez, los Camacho, la Macha, los Tournon y la Cooperativa, entre otros, así se podía escoger a que finca ir a coger café, esto dependía de si había transporte o no, también cuanto pagaban por cajuela. Así, el que cogía café tenía la ventaja, de escoger donde mejor quisiera.

Son las cinco de la mañana, el camión está por llegar, los chiquillos ya están listos, algunos con abrigo, otros no. ¡Ya sacaron los canastos, los sacos y las fajas!, ¡cuidado se nos olvida los almuerzos! ¡chiquillos salgan!, ¡ya llego el camión! -es un camión de marca Man, con un cajón grande, bastante largo, de madera atornillada, en ese cajón jalaban el café, almácigos, leña y también a los cogedores de café, este camión hacia un recorrido por los barrios, recogiendo a los cogedores. ¡Los chiquillos ya están encaramados en el cajón!, ¡que montón de gente trae!, ¡apenas cupimos!, ¡vea!, ¡mucho cuidado con un accidente!, ¡agárrese bien!, ¡huy! ¡que frío está haciendo! ¡qué calle más pedregosa!, ¡ya duelen las nalgas de tanto brinco! ¡ya falta poco para llegar la finca!, ¡vea! ¡sí!, falta poco!

¡Chiquillos, mucho cuidado al apiarse! Alcánceme la bolsa de los almuerzos! ¡tomé, apañé los canastos! ¡que cafetal más grande! ¡hace rato entramos a la finca! ¡ahora sí! ¡a ver que corte nos toca! ¡ojalá este bueno! ¡vea que bueno, se ve por aquí, solo uva! ¡pero este corte seguro! será para el fin de semana! ¡primero se empieza, allá por la cuesta! ¡bueno ya llegamos! ¡vea ahí está el mandador! ¿por donde va el corte?, ¡allá, por el palo de guaba! ¿cuántas calles se van llevar? ¡voy a coger dos calles! ¡bueno chiquillos a empuncharse! ¡apúresen, alístese vea que ya van a ser las siete! ¡vaya y ponga los almuerzos y los sacos un poco adelante! ¡pero no muy adelante! ¡porque se los pueden robar! ¡o un perro se los lleva!

¡Usted, vaya coja esa calle! ¡yo empiezo con esta! ¡bueno póngase a coger! ¡nada de vaguear!, ¡estas calles se ven buenas! ¡verdad! ¡pero que matones más altos! ¡deje de hablar tanto! ¡y empunchese! Que va todavía hace frío, y las matas todavía tienen sereno ¡hasta que da escalofrió! al bajar las ramas, le cae a uno, todo el sereno en la espalda ¡pero que bandolas, pura uva! ¡no ve! Me está rindiendo ya tengo media cajuela ¡así! ¡pero de hojas! ¡es que yo cojo muy rápido! ¡o sino! ¡no me rinde! ¡Yo también, ya tengo más de media cajuela! ¡pero solo uva! ¡Ve que chiquillo, amárrese bien ese canasto! ¡está haciendo mucho reguero de café! ¡después llega el mandador y lo regaña!

¡Tráigame, ese saco! ¡ya tengo la primera cajuela! ¡y apenas van a ser la ocho! ¡ojalá que siga buena esta calle! ¡Echamos el café en el mismo saco! ¡ya tengo la primera cajuela! ¡si está bien! ¡usemos el mismo! Ya me está picando la tripa, ¿a qué hora nos comemos la burra? ¡por-hay de las nueve y media! que va todavía falta una hora y media. Primero gánese la burra ¡coja dos cajuelas más! ¡y vamos a comernos la burra! ¡Vea cuidado con ese gusano, si lo ortiga, le da calentura!, ¡hay si vea! esos gusanos son los que llaman gusano ciprés ¡vea parecen de ciprés! ¡verdes, verdes! ¡como que estuviera hecho de ramitas de ciprés! ¡Arranque la hoja y la tira allá al frente del callejón! ¡no! ¡lo voy a matar para que no ortigue a nadie! ¡Bueno póngase a coger y deje de tenerle la jeta al burro! ¡Ese, que lleva la calle de lado abajo, ya van muy adelante, ni se oyen, pero vea, cómo van dejando esas pobres matas, con las ramas desgajadas! ¡Seguro el mandador no las ha visto, porque si no los regaña, o los hecha!

-Leticia, de cuarenta y cuatro años, mujer de tez blanca, contextura delgada, mediana estatura, cabello negro crespo y voz ronca y fuerte-, -llama a los chiquillos, para ir a comerse la burra- ¡ya cogieron bastante, porque ahora que no esta haciendo tanto calor, hay que aprovechar y empucharse! ¡bueno deme la burra porque hace rato me esta picando la panza! ¡que rico sanguche es de huevo! ¡a mí me toco uno de frijoles! ¡pero con esta hambre, que me gasto me como, cualquiera que me den! ¡apúresen, dejen de hablar y coman, para ver si terminamos esas calles! ¿Leticia, cuantas cajuelas lleva? ¡ya tengo como tres cajuelas, me ha rendido un poco! ¿y usted confisgado chiquillo, cuantos tarros ha llenado? ¡diay apenas llevo dos tarros! ¡es que esas matas son muy altas! ¡chiquillos ya terminaron! ¡no, a mí me falta, el fresco todavía! ¡ustedes están muy lerdos! ¡guarden esos almuerzos! ¡Oigan chiquillos, apúresen ya van a ser las diez, y todavía nos falta mucho de estas calles! ¡es que estas calles tienen matas muy altas! ¡cuesta bajar esas ramotas!

¿Que se hizo Leticia? ¡ya no se ve, ni se oye! ¡es que va muy adelante! ¿Berenice cuanto a cogido usted? ¡ya llevo como dos cajuelas! ¡a Leticia si le rinde vea! ¡si ella es muy rápida y le rinde mucho! ¡oiga yo creo que ahí viene Leticia! ¡que pasa chiquillos! ¡no veo que hayan caminado mucho con esta calle! ¡están muy vagos ustedes dos! ¡yo termine la calle mía! ¡apurémonos para ver si sacamos esta calle! ¡chiquillos hoy si me ha rendido, ya tengo cuatro cajuelas y media! ¡y apenas van a ser las once! ¡Leticia a que hora vamos a almorzar! ¡cuando terminemos esta calle, y hagamos la junta de las dos calles! ¡pero Leticia, acuérdese que hoy es sábado! ¡ay sí, pero en que estoy pensando yo! ¡si hoy miden como a la una d la tarde! ¡chiquillos tenemos que apurarnos a sacar esta calle y juntar!

¡Vea, Leticia ya tengo otra cajuela! ¡hoy me ha rendido, ya tengo tres cajuelas! ¡Si Berenice, le ha rendido, y si se apura puede coger una media cajuela más! ¡Y usted guila cuanto ha cogido! ¡cuatro tarros! ¡eso es como una cajuela vea! ¡si, ya se gano como cuatro pesos! ¡porque la cajuela la están pagando a cuatro pesos! ¡Leticia entonces, cuanto me voy a ganar yo! ¡Berenice, usted ha cogido tres cajuelas, eso pueden ser como doce pesos! ¡que bueno ya estamos en las últimas matas! ¡Berenice, yo voy a juntar las calles, terminen esas matas ustedes! ¡está bien, Leticia! ¡nosotros terminamos esas tres matas, que faltan! ¡bueno ya terminamos, y yo cogí media cajuelita más! ¡ya estos sacos están bien pesados!

¡Ahora, tenemos que ir a ayudar a Leticia, a juntar las dos calles! ¡Leticia, Leticia, ¡donde esta! ¡aquí, adelante! ¡ya la vi! ¡Ya terminaron la calle! ¡si! ¡donde juntamos! ¡vayan y empiecen, esa otra calle! ¡yo voy a terminar esta calle! ¡cuando termine aquí les ayudo con esa otra calle! ¡vea guila, junte solo los granos maduros y pintones, los verdes nos los junte! ¡vea tengo, las manos todas mielosas por el café, se pega la tierra al ir juntando! ¡que pereza, juntar las calles! ¡oiga, revise, debajo de las hojas, para que no se le queden granos sin juntar! ¡porque el mandador revisa hasta debajo de las hojas! ¡pa’ revisar que este bien juntado! ¡guila hay que hacerlo, porque si no el mandador, no, nos da más calles!¡chiquillos ya terminé la primera calle! ¡apuremos con esta otra calle! ¡para llamar al mandador, para que nos reciba las dos calles! ¡Berenice, vaya y llama al mandador! ¡señor, nos puede revisar las calles! ¡sí, vamos, pa` recibiles esas calles! ¡si las calles están bien juntadas! ¡señor a que hora vienen a medir! ¡a la una! ¡esta bien, gracias! ¡chiquillos ya terminamos aquí! ¡jalemos los sacos hasta el callejón! ¡pero están muy pesados! ¡Berenice, ayúdeme a levantar, este saco! ¡es que pesa bastante! ¡vamos guila para que cuide los sacos allá en el callejón! ¡tráigase, el saco suyo, lo aguanta vea! ¡sí, lo mío no es mucho! ¡Berenice, quédese aquí! ¡ya vengo a llevarme ese otro saco! ¡mire Leticia ya llegamos al callejón! ¡si, por dicha, porque este saco, ya no lo aguanto! ¡guila, cuide este saco, ya vengo con los canastos y las bolsas! ¡Leticia a que hora almorzamos! ¡guila ahorita almorzamos, voy a traer el otro saco, y almorzamos! ¡bueno aquí espero!

¡Berenice, ayúdeme con este saco! ¡por dicha pesa menos! ¡Berenice, recoja todo, los canastos y los almuerzos, cuidado se le olvida algo! ¡está bien, yo recojo todo, y la alcanzo! ¡cuidado deja algo olvidado! ¡y apúrese pa`ver si almorzamos! ¡bueno esta bien! ¡Leticia, donde puso el saco! ¡allá más abajito en el callejón! ¡para estar cerca de la medida! ¡mira, allí está el guila! ¡que bueno que llegaron, pa` almorzar, porque ya no aguanto el hambre! ¡usted trae la bolsa de los almuerzos vea!

¡Berenice, traiga los almuerzos! ¡venga guila, pa`que almuerce! ¡hay que rico almorzar con el hambre que tengo! ¡chiquillos que rico sabe el almuerzo en el cafetal, vea! ¡sí, riquísimo! ¡este gallo pinto y este huevo duro que me hecho mima, esta riquísimo! ¡yo traigo salchichón y una torta de huevo y arroz, también esta muy rico! ¡Leticia, ni habla está muy ocupada comiendo, vea! ¡sí, es que este sanguche de torta e huevo está muy grande, y no puedo ni hablar! ¡tómese un poco de fresco de este que me puso mima, es de mandarina! ¡si voy a tomar de este, de limón! ¡Berenice, uste ya está terminando de almorzar, vea! ¡sí, me falta muy poquito, pa` terminar! ¡guila usted ya termino de almorzar vea! ¡si ya terminé, solo me queda un poquito de fresco! ¡Yo termine de comerme el sanguche! ¡ahora voy a descansar un rato, mientras viene el camión a medir!

¡Ya van a ser la una de la tarde! ¡y todavía no ha venido el camión! ¡ahorita viene! ¡chiquillos alistemos los canastos para las medidas! ¡vea ya viene el camión! ¡ahora sí, Berenice vaya y hace fila! ¡yo le alcanzo los canastos! ¡chiquillos tenemos que medir tres cajuelas y media de Berenice! ¡una cajuela y cuarto del guila! ¡y como cinco cajuelas y cuarto mías! ¡bueno Leticia, voy hacer fila! ¡Deme campo, Berenice, vaya y hace fila atrás! ¡tomé señor, agarré el canasto! ¡tomé señora, cajuela completa! ¡tome su plata, cuatro pesos! ¡guila, ayúdeme levante un poco ese saco para llenar este canasto! ¡Berenice, deme campo! ¡oiga señor agarre el canasto! ¡apañe señora, cajuela completa! ¡tome su pago! ¡venga Berenice, mejor ayúdeme a medir! ¡venga para llenar el canasto suyo! ¡vaya a medir esa cajuela! ¡si esta bien! ¡tome señor! ¡tome apañe, cajuela completa! ¡coja su pago, cuatro pesos! ¡Leticia deme ese canasto, yo voy a medir! ¡si esta bien! ¡oiga señor, agarre el canasto! ¡apañe, cajuela completa! ¡tome su pago! ¡hay Leticia, por dicha terminamos, que cansado, levantar los canastos para que los midan! ¡oiga Leticia cuanto me gane hoy! ¡Berenice uste se gano 13 pesos, tome, cuidado los pierde! ¡uste guila, se gano cinco pesos! ¡yo me gane veintiún pesos! ¡gracias a Dios nos, rindió y la calle estaba buena!

¡Ahora tenemos que esperar que llegue, el camión! ¡ojalá, que manden otro camión! ¡porque si esperamos, este que vino a medir! ¡vamos a llegar tardísimo a la casa! ¡no, seguro mandan otro camión! ¡bueno esperemos, mientras me hecho un sueñito! ¡Leticia, despierte, vea ya llego el camión! ¡que pasa, que pasa Berenice! ¡que ya llego el camión! ¡que dicha, ya vamos pa` la casa! ¡recojan los canastos, los sacos, las fajas y la bolsa de los almuerzos! ¡chiquillos cuidado dejan algo botado y revisen sus platas que no las pierdan! ¡mucho cuidado, al subir al camión! ¡alcáceme, los canastos! ¡tome agarre! ¡ahora sí, vamos a descansar a la casa! ¡guila agárrese bien!

Olman Ramon Aguilar 



















Nunca me he sentido sola.

 

Mi padre, a sus 90 años, sentado en su sillón, con su cabello y bigote blancos y bien cortados, siempre está de buen humor y al sonreír muestra en sus mejillas dos camanances. Alegre, audaz, inteligente y sencillo. A pesar de la fortaleza que nos transmite, tiene la necesidad de que estemos con él, es por eso que nunca está solo. Cuando está conmigo y al tener que regresarme a mi casa, ya sea en verano o invierno, con la esperanza de que me quede, siempre me dice...


 “No te puedes ir, para Desamparados porque está lloviendo mucho, el río Virilla se inundó, y no hay paso para San José”.


Mi historia inicia aquí, en la que fuera una casa pequeña, humilde, construida en el año de 1963, por su dueño y otras personas que ayudaron a levantarla en San Francisco de Heredia, guardando en ella los secretos e historias de cada uno de los que en ella han habitado y visitado y que con el pasar de los tiempos se ha convertido en un edificio con tres departamentos, tres establecimientos comerciales y una casa de habitación en la que vive mi padre, donde hay una sala familiar que nunca está vacía, por lo que da oportunidad de conversar y escuchar historias de nuestra familia, contadas por papá. Tambien se puede escuchar música, ver televisión, leer y descansar, esta estancia grande en donde tienen su lugar tres sillones reclinables, muy cómodos, con sus cojines de colores; un estante que a simple vista se ve que tiene sus décadas aguantando el peso de una pecera mediana, con peces de colores naranja que permanecen en constante movimiento; también se suman adornos y recuerdos de viajes que han hecho miembros de la familia y un pequeño ventilador de color negro, único en su existencia creo; junto a él una mesita de madera con la imagen de la Virgen del Carmen, el Padre Pio, un crucifijo de madera y la veladora encendida. Dando unos pasos hacia la derecha, nos encontramos una mesa moderna de vidrio, donde no podría faltar la pantalla grande de televisión con todos los accesorios de uso, bien ordenados.


En las paredes cuelgan las más apreciadas fotografías familiares; la de bodas de mis padres, la de toda la familia, más grande que el resto, es de cuando el matrimonio cumplió veinticinco años de casados, bello recuerdo de la celebración de bodas de plata, en donde están con sus once hijos y un nieto. También la fotografía del señor de la casa cuando cumplió noventa años con sus hijos, hijas, las parejas de estos, así como sus nietos y bisnietos, otra fotografía del hijo mayor, fallecido hace pocos años y en un bonito marco una pintura de la casa en su versión más reciente que por años ha sido su hogar, pintado por su hija mayor. Además hay acomodadas otras fotografias en blanco y negro, una de ellas aunque un poquito borrosa, nos deja ver a la que hoy por hoy sería una orgullosa tatarabuela. En la pared opuesta, algo más angosta, están acomodados con cuidado títulos y reconocimientos policiales, evidenciando años de servicio y trabajo en la fuerza pública. 

 

Contiguo a este lugar tan acogedor, tenemos una puerta de madera que nos lleva a otro espacio pequeño y fresco , ya que tiene por pared una verja de metal de barrotes delgados, que permite que el aire no se detenga, asimismo da la oportunidad de poder apreciar una panorámica increíble del exterior, por estar en un segundo piso. Desde ahí se logra ver muchas cosas interesantes al tener al frente establecimientos comerciales muy visitados y una carretera de las más transitadas e importantes de San Francisco de Heredia.


 Al lado izquierdo, colgando en la pared, un macetero de metal oscuro, el que tiene trece pequeñas macetas con violetas blancas, moradas, rosas, azules y algunas entreveradas, junto a ellas también hay trepadoras ,una millonaria y nunca faltaría la famosa lotería. Este balcón tiene un portón, que aunque no es el acceso principal a la casa, suele ser el que es utilizado con más frecuencia para salir y entrar por las viejas gradas que dan acceso a la calle.

Mayela Gonzalez Alvarado

 Es frecuente en las tardes calurosas de verano, después del almuerzo sentarse en una de sus tres mecedoras con suaves cojines , a mirar a lo lejos las montañas azules del sur del país y los escasos árboles que aún se conservan; en una de las mecedoras es donde suele esperar mi salveque gris, mientras me despido de todos , antes de volver a mi casa. 


 En el año 2000 al fallecer mi madre, la familia tomó la decisión de acompañar a nuestro padre de día y noche, y así se ha cumplido hasta ahora y con mucho más razón en estos momentos debemos cuidarlo, porque para poder movilizarse con seguridad por su lento caminar, necesita la ayuda de una andadera y debe de tener todos los cuidados que necesita un adulto mayor. 


Tenía tres días de estar con mi padre, esquema que repetía todas las semanas, estos días se convertían en momentos inesperados, podríamos estar desbordados de alegría y en un instante estar llorando, tenemos una convivencia fenomenal, en la que nuestro lema es ser feliz y hacer feliz a nuestro padre; lo que nunca falta, día a día es nuestro juego de cartas a partir de las siete de la noche hasta que Sandra ,la novena de la familia diga: “me voy, paso dejando al que quiera irse” y toma las llaves del carro haciendo ruidos con estas.


Este atardecer del mes de febrero, cálido ,ventoso y con el cielo quebradizo, nos regalaba colores sorprendentes como son los naranjas, amarillos, violetas, cafés e inclusive negros y gris que animaba a salir a caminar, y eso precisamente yo haría después de estar con mi papá, volvería a mi casa ubicada en San Antonio de Desamparados, colocándome en la espalda el sálveque gris, que me esperaba para iniciar el regreso.


Todo cambió, cuando me dije, es un trayecto muy largo en bus y durará dos o tres horas para llegar a mi casa, me dirigí al servicio sanitario, y fue cuando me sorprendí, mi cuerpo estaba presentando cambios, la toalla protectora tenía una mancha roja, era sangre,la cual no deberia estar ahi, muy asustada y confundida, me dirigí a la sala, donde estaban cuatro hermanas y mi padre viendo televisión y conversando, con voz entrecortada les dije, que creía que no me podía ir a mi casa, ¡ qué bueno! exclamó: mi padre , sin sospechar lo que estaba pasando. 


Mi hermana, Elizabeth, quien trabajó como enfermera durante cuarenta años en el hospital y ahora jubilada, con su mirada de angustia y su voz un poco tímida me respondió , esto no me gusta, lo que hizo que todos los que estaban ahí quedaran en silencio y un instante hizo que todos cambiaran su estado de ánimo, se notaba el miedo, la angustia de cada uno y de inmediato la reacción fue la de tratar de buscar respuestas de profesionales.


Era un sábado, día difícil de encontrar un ginecólogo, llamaron a varios y no fue posible ubicar a ninguno, por lo que la otra alternativa fue dirigirnos a Emergencias del Hospital San Vicente de Paúl de Heredia, fue la mejor decisión, la atención fue inmediata, el pronóstico era predecible en una mujer de 66 años con estos síntomas , algo malo estaba sucediendo, así que el médico sugiere un ultrasonido de urgencia, el que hicieron de inmediato , y sin más espera el médico me indica que el resultado está alterado y revela una pelotita en el endometrio de nueve milímetros, y lo que procedía ahora , era realizar más estudios, buscando respuestas.

Mayela Gonzalez Alvarado

Fue a partir de este momento que los planes que tenía durante el día, las semanas y meses siguientes cambiaron, ya no regresaría a San José, a mi hogar, ya no realizaría el viaje que tanto estaba esperando con mi familia a China en el mes de octubre, la independencia que he disfrutado se convertiría en dependencia, el salveque gris que esperaba se convirtió en un compañero inseparable que iría de la casa de mi hermana y de mi hija, a las salas blancas de hospital, llevando en él, un portafolio con información de resultados de exámenes, de las diferentes etapas de mi enfermedad, y también en otro compartimento llevaba los implementos básicos para el cuidado personal, caretas y mascarillas de uso obligatorio en todo lugar, porque precisamente la fecha de la aparición de mi enfermedad coincidió con la llegada de la pandemia de covid a nuestro país.


Inicie con exámenes de laboratorio, ultrasonido de tórax, electrocardiograma, lo que hizo que durante cinco meses, estuviera en una condición de espera inquietante por los resultados, ya que de ellos dependía la cirugía y el posterior tratamiento.


Mi primera intervención quirúrgica fue una biopsia en el mes de julio, para saber la condición de la pelotita, fue una estadía de dos días en el salón de ginecología del hospital de Heredia y nuevamente a esperar el resultado. Tiempo de espera en el que deseaba con esperanza que todo terminará ahí y temerosa de que no, fue así que llegó la llamada telefónica que esperaba con ansias, una joven me indica, su cita es mañana y debe venir acompañada, no tenía que esperar el resultado, estaba dicho y así fue que la palabra cáncer resonaba en mi cabeza y llegaba a mi la pregunta que me aterraba , 

¿ cómo le digo a mi papá?. 


La segunda cirugía en septiembre, fue la extracción de mi vientre y ovarios, esta sí fue más delicada con consecuencias más fuertes y dolorosas, quedé al cuidado de mis hermanas Elizabeth y Jeannete, ambas con su experiencia de enfermeras estuvieron pendiente de mi salud y curaciones. Todo esto me llevó a vivir en la casa de mi hermana Eliza durante lo que se empezó a sentir como mucho tiempo, a pesar de ser solo un par de meses. Como resultado de esta operación quedé  muy lastimada y para movilizarme de un lugar a otro, lo empecé a hacer con la ayuda de una silla de ruedas , ya que caminar se volvió por un tiempo lento y doloroso.


Después de esperar que mi herida sanara y estuviera en mejores condiciones de salud, en diciembre, empecé las sesiones de quimioterapia, la alternativa en la que muchos enfermos de cáncer, más allá de su género, raza, edad, estatura, condición social, idioma, religión u otros ponemos nuestras esperanzas. Una terapia que no fue fácil, a su manera dolorosa, produciendo cambios en mi organismo tanto internos como externos muy notables a simple vista, como la caída del cabello, cejas y pestañas. 


Después de cuidar mi añorado cabello canoso y luego verlo caerse en poco tiempo, mis ideas, temores y ansiedades se volvieron más reales que nunca, pero hay que seguir adelante lo que nos lleva a reinventarnos buscando las diferentes formas y estilos de salir adelante mientras aprendía a cruzar, tallar y sostener los nuevos turbantes que sustituian mis canas. En estos momentos, se abrió la oportunidad para que algunas personas que estaban cerca, se involucraron y como acto de magia me obsequiaron estos lindos atuendos , los que se volvieron parte fundamental de mi vestimenta , escogiendo el color y estilo de acuerdo a las circunstancias. 


Esta prenda se hace indispensable para los pacientes de cáncer en esta etapa , inclusive mi hermana Xinia, aprovechó su agilidad en la costura para diseñar varios gorritos que se utilizan de base debajo de los turbantes para aislar al calor , donando algunos a la unidad de quimioterapia para quienes no tenían uno.


La quimioterapia es un proceso sumamente desgastante y difícil que no podemos superar sin el apoyo de la familia y profesionales de la salud encargados de esta unidad, que con su cuidado y entrega hacen que nuestra estadía sea lo más positiva y tranquila posible. En abril del año 2021 viví con ansia y gozo , el derecho emocional, establecido por una persona que desconozco, pero personalmente agradezco, de sonar la añorada campana. una campana vieja y algo concha, atada a una cuerda, ubicada en el primer piso, cuya tarea es anunciar a los presentes la finalización de tu tratamiento, y escuchar con alegría los fuertes aplausos, solidarios y deseosos de quienes están en el edifico , sean pacientes en sus módulos, recibiendo tratamiento, así como acompañantes o el personal de la institución que se unen con entusiasmo y alegría .


Para finalizar las etapas de mi tratamiento, quedo en espera del inicio de la radioterapia,Mayela Gonzalez Alvarado depende ahora del resultado que revele la última resonancia magnética. En mayo de este año, recibí la llamada de la medico radiologa y me indica que no es posible llevar a cabo este tratamiento de acuerdo a los resultados, por lo que en consenso con otros médicos, deciden no aplicar, recomendando el tratamiento de braquiterapia que implica una radiación interna sin tocar tejidos externos, menos invasiva y con menos consecuencias negativas, dividida en seis sesiones con diferencia de dos a tres días cada una, todo muy diferente a lo que me habían explicado una semana atrás, sin saber cómo interpretar estos cambios de planes, sigo poniendo mi fe en Dios y mi salud en las manos de los médicos. pero a pesar de mi fe el susto es difícil de callar en mi corazón. 


Para el mes de junio he terminado también este proceso, inmensamente agradecida con el personal de esta unidad, por todo el trabajo y cariño que recibí, por todas sus palabras de esperanza y aliento. el dia de la última sesión, una de las enfermeras nos recuerda y nos insta a bajar al salón de radioterapia para sonar la campana que anuncia con amor la victoria y el final esperado de estos tratamientos, con el corazón en la mano, con miedo y orgullosa de haber dejado atrás estos obstáculos, sentía un deseo inmenso e impaciente, quería dejar la silla de ruedas y salir caminando por los pasillos del hospital, esos que se hacen largos en días de tratamiento, para dejar salir todas esa emociones que estaban en mi. 


Con prisa mi hija y yo nos dirigimos hacia el edificio de radio, hacia la campana, de la que con seguridad, alegría y fuerza jale su cuerda e hice sonar varias veces, alce mis brazos en alabanza a Dios, mientras las lágrimas sin contenerlas bajaban por mis mejillas y las de mi hija, los presentes aplaudían, como yo lo hiciera con esperanza veces atrás. NUNCA ESTAMOS SOLOS. Seguiré disfrutando y dando gracias por cada instante de vida. 


Quiero dar testimonio de que mi mayor miedo fue recibir la noticia y escuchar la palabra cáncer, y fue aquí en que entregue mi vida a nuestro ser Supremo, y mi confianza a los médicos, enfermeras, a toda mi familia encabezada por mi padre, a mis hermanos y hermanas, mis hijos, al esposo de mi hija, a mis nietos, a mi esposo, mis sobrinos y sobrinas y sus hijos e hijas, mis cuñados,  y gradualmente a mis amigos y amigas, abri mi corazon a su cariño, sus oraciones , cuidado y acompañamiento en donde no puedo dejar de mencionar a la mascota de mis nietos, que permanece cerca, siempre merodeando, como revisando que esté bien. Estoy sumamente agradecida de quienes constantemente han estado pendientes de mi salud. 


La fortaleza la he tomado de mi padre por su gallardía y resistencia; además de los testimonios e historias observadas en cada una de las salas de hospital, donde se vive el sufrimiento de bebes, niños, jóvenes y adultos que luchan o dejan de luchar en las diferentes enfermedades, a veces algunas de ellas desconocidas, también de la entrega del personal del hospital, desde los médicos, enfermeras, técnicos, administrativos hasta los trabajadores del aseo, del comedor y seguridad que están en vigilia . 


El pensamiento más fuerte, triste, angustiante y doloroso, que duró varios días para encontrar el momento y reunir la valentía, fue sincerarme delante de mi padre , para darle la noticia y explicarle de la enfermedad, quien con su sabiduría y valentía de enfrentar la vida, sin ocultar su miedo y dolor me llama todos los días, halagando diciendo - "te amo y que linda que estás hoy"  y me recuerda la fe que debemos tener en Dios y la Virgen Santísima . 


Y sin más que agregar, expreso mi más sincero agradecimiento a todas las personas que han estado viviendo conmigo esta experiencia de vida y que con tanto cariño me han dado desde una mano, una palabra de aliento, una oración, una sonrisa, una razón, un gesto, hasta una bendición de apoyo en todo momento para seguir adelante. y a ustedes por leerme hasta aquí.

 

 

Mayela Gonzalez Alvarado

lunes, 19 de julio de 2021

La mancha roja en el toldo blanco.



 La lejanía, la pasividad, los sonidos naturales y el aire fresco, hacen que el bullicio de una ciudad se vaya quedando atrás y los copos altivos de las montañas se divisan en el camino con ese color verde intenso que les brinda la frescura de un baño reciente.

Desde el suelo, sobre el césped se puede apreciar una ronda de delgados y altivos árboles con sus melenas tupidas, abanicadas con la fuerza del viento   y llevando como sombrero las nubes blancas que los protegen de los rayos del sol.

Detrás de la “cerca “con alambres de púa se divisa un portón hecho de troncos viejos, amarrados con alambre como señal de entrada a una propiedad privada que se puede acceder fácilmente.

Puedo ver las vacas echadas con sus terneros de orejas caídas, como lasos de felpa, de color blanco por fuera y rosadas por dentro con

unos grandes ojos vidriosos y mirada fija, “ojos de vaca enamorada”. dando a su semblante un toque de nobleza.

 La arboleda y la pureza se convierten en amigas inseparables del paisaje cuando llega el frío y forman un conjunto ideal para quedarse en ese lugar, donde el tiempo se detiene creando una atmósfera de incertidumbre que remueve los sentidos, el pensamiento y la imaginación.

Empieza así la empinada cuesta arriba en un camino de difícil acceso: pedregoso, lleno de huecos, curvas y tierra suelta, apto para un carro 4x4, mientras el sol aporreado empieza a sumergirse en su morada para descansar y en el cielo a desvanecen lentamente sus colores cálidos.

Poco a poco se hace más corto el destino de llegada……


  • ¡Buenas tardes! ¿le costó mucho subir?

  • ¡Qué tal!

Pues sí. Es un camino bastante difícil, mi nombre es Estela.

-Mucho gusto, me llamo Leo.

Su cabaña de alquiler es la primera hay otra que está abandonada, es mejor que no vaya ahí puede ser peligroso, abajo está la lechería donde se venden productos

Arriba le doy las llaves y le muestro la casita

-muy bien, subamos entonces.

Continúe por el camino y casi inmediatamente pude divisar en una loma una hermosa cabaña, adornada con musgo, hamacas y un hermoso jardín Estacióne el carro en la parte trasera del patio donde funcionaba como cochera, lo que fue una galera.

Luego caminé hacia el corredor hasta donde estaba aquel hombre alto, mostrando la evidencia en su cuerpo delgado, pero fuerte por los años realizados en labores de campo, con sus jeans y zapatos tipo “burros”.

Quitándose la gorra dejó al descubierto su escasa cabellera un tanto canosa, sus ojos grandes y caídos como un sol cansado.

Procedió abrir la puerta de la cabaña que me estaba esperando toda coqueta: una sala amplia con ventanales enormes que dejaban asomarse a un horizonte montañoso, tan amplio que daba a la imaginación la sensación de no tener fin, para entrar a un bosque encantador, interminable acompañado de un cielo prometedor como una pintura totalmente creada por la naturaleza. Combinada de luces intermitentes que alumbran a una ciudad lejana y poblada, dando la ilusión de estar en la atmósfera fuera de todo contacto terrenal.

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¡Viera que espectáculo se puede apreciar desde acá Estela, el mejor del mundo!, aseguró don Leo con una sonrisa amplia señalando un sofá cama acomodado frente al ventanal. Pude observar en una de las paredes de la habitación pequeña la decoración de un mural de alto colorido haciendo referencia a la flora y fauna de la zona.

  • ¡Mire don Leo, que belleza! ¿los mando a pintar usted?

  • Ah no, fue idea de mi sobrino y a mí me encantó.

Me metí dentro de ella, caminé por aquella vegetación de colores como un arco iris, con el tigre de bengala, los monos y pájaros que se confundían,

iba recorriendo todo detalle hasta encontrarme con un rostro de un hombre de mediana edad e inmediatamente hice una comparación con don Leo, encontrando una que otra similitud.

_ ¿y esa persona, es su sobrino? Pregunté

  • No es otra historia, me dijo.

Y mirando el mural sus ojos se profundizaron en una lejanía regresando sorpresivamente de sus pensamientos a la realidad del entorno.



  • Bueno Estela, ojalá que disfrute mucho la casita, acá le dejo las llaves, el lugar es muy seguro y mañana puede hacer caminata si así lo desea

Y devolviéndose un poco se acercó para advertirme:

- recuerde, no se acerque a la cabaña abandonada.

Que pase buenas noches

_ ¡Ah olvidaba! Acá está el desayuno incluido.

y me hizo entrega de medio cartón de huevos y un paquete de pan cuadrado, estuve a punto de soltar la risa, por lo del desayuno incluido, pero lo recibí con agradecimiento.

Esa noche casi no dormí admirando el paisaje espectacular acostada en el sofá cama, bien cobijada saboreando una copa vino imaginando un mundo lejano.

Al amanecer me di un baño, me vestí apta para la caminata: zapatos y ropa cómoda, ligera y un buen sombrero que recubriera y diera sombra a mi fachada. La curiosidad me llevo hasta poder acercarme a la casa abandonada y mirar por una ventana el interior de la misma y la voz de don Leo repercutía en mi mente: “no se asome a la cabaña abandonada” pero mis pasos no se detuvieron, conforme me iba acercando sentía el ritmo del corazón como una bandada de abejas en zumbido ensordecedor que no permitía escuchar la obediencia.

Le fui dando la vuelta al corredor hasta llegar a la ventana más próxima, entreabierta por donde una cortina danzaba incansablemente con la melodía del viento,

en la pared algunos cuadros desdibujados, telas de arañas un olor particular a guardado, mis ojos recorrían aquella habitación en cada detalle hasta que se detuvieron en la cama mal tendida y empezaba a subir la mirada que creó una duda en algo que no pude descifrar

Me alejé apresuradamente al escuchar el motor del carro de don Leo posiblemente se dirigía a la lechería, corrí para poder salir al camino consiguiendo fingir que no había entrado al lugar de censura. Un “adiós” con su mano y un “ ehhh” en señal de saludo.

Admito que sentí alivio de no ser descubierta y proseguí caminando hasta llegar cerca del rio, ahí me senté dispuesta a meter los pies en el agua fresca y comer mi merienda.

A lo lejos se escuchaba el silbido que simulaba una melodía y un crujir de hojas secas, crucé una cerca para cortar camino y pude divisar la silueta de un hombre

me fui acercando con cierto temor ante alguien desconocido, igualmente la figura se alejaba hasta perderlo de vista en la maleza, no sin antes poder ver su rostro cuando se volteó ligeramente.

Retomé el sendero que me condujo a la lechería donde apenas estaban llegando los empleados dispuestos a empezar su faena. ¡buenos días muchachos! ¿Quién es el encargado de vender el queso?

  • ¡Buenos días! – ¿es usted el huésped de la cabaña?

  • Muchas gracias. Efectivamente soy yo.

  • ¿Qué más venden?

Vaya a la tiendita, ahí hay fresas, natilla y queso de primera calidad

Me quedé conversando con la señora encargada, una mujer entrada en años, alta de tez muy blanca y mejillas coloradas.

¿viene de caminar? – si señora, bastante lindo el camino, vi un lago, un galerón abandonado, algunas casas pero me devolví porque divisé un hombre cerca del rio, me dio mala espina porque se fue alejando cuando me puse de pie para verlo, pude apreciar que era alto con un chonete y camisa blanca, solo vi su perfil.

- ¿está segura? me dijo la mujer. – si claro

- ¿usted fue a la cabaña vieja? Me preguntó sin quitarme la vista.

No me dejó titubear, - pues me asomé un poco, le dije bajando la mirada.

  • Ya que no hay nadie hoy, le voy a confiar la historia que se cuenta desde años atrás, es como un secreto a voces.



Hace algunos años, vivía en la cabaña un tío de don Leo de parte de su mamá, se llamaba Mario vivía solitario, nunca se casó y era un tanto extraño, evitaba hablar y se mantenía en labores del campo. En todo el tiempo que pasaron juntos si acaso entablaban conversación, muy distantes eran.



La historia que cuentan es que hace unos años apareció por acá un muchachito que preguntaba por don Leo, aparentaba unos 25 años y no hablaba bien el español.

Venía de los Estados Unidos buscando a su mamá, con una historia verdaderamente sorprendente.

Le relató a don Leo que su papá antes de morir le había confesado un gran secreto, ellos no eran sus padres biológicos.

Siendo muy jóvenes, Edwards y su esposa Amy vinieron de California, estados Unidos a vivir a Costa Rica, se instalaron en una finca cafetalera allá por Acosta.

Rosa (la mamá de Mario) logró ser contratada por las recomendaciones de los lugareños como empleada doméstica en la finca de los gringos, llegó con su nieta Carmen con pocos meses de embarazo, siendo una adolescente.

Así paso el tiempo y nació Josué se convirtió en la alegría de aquella casa y en el segundo cumpleaños del niño los patrones le dieron como regalo un pasaje para llevarlo a comprar ropa a los Estados Unidos y pasear al castillo de los sueños. 

Partieron un día de aquel lugar la pareja de gringos con el niño, sin mucho equipaje, el cariño que Edwards y Amy le tenían era enorme, pues lo habían visto nacer y dar sus primeros pasos en la hacienda.

Carmen se sentía agradecida y su abuela Rosa quedó a cargo de aquella finca con el documento de un poder sobre la propiedad por si ocurría una desgracia.

Así transcurrió el tiempo y el mes solicitado se convirtió en años, le costó muchas lunas y soles a Carmen para darse cuenta de lo sucedido. ¡Josué había sido robado! lo que en realidad firmó fue la adopción, cedió a su niño en medio de un engaño

Con el poder adquirido su abuela vendió la finca y Carmen no dudo en viajar a los Estados Unidos pasando ilegalmente por México, encontró trabajo en Miami, pasando luego a California y se instaló definitivamente en Virginia, buscó incesantemente a su niño, ya irreconocible para ella, trató por diferentes medios de localizar a sus amos, sin éxito.

Así pasaron los años….

Al fallecer Edwards, el padre adoptivo de Josué, le entregó el documento de inscripción de su nacimiento y la dirección de la finca en Acosta para que buscara a su verdadera madre, pues Amy ya había fallecido.

Josué no dudo un instante en hacerlo y al llegar a suelo tico buscó ayuda.

Rosa, su bisabuela había comprado otra finca en las altas montañas de su natal Turrialba, heredando a su hijo Mario y sus dos nietos (Leo Y Carmen) la propiedad.

Cuando Josué llegó con el documento que lo acreditaba como sobrino, en busca de su madre, no hubo más remedio que manifestar la verdad.

Fue informado que su madre, Carmen había vivido por años en la misma ciudad que Josué, en Virginia, Estados Unidos el destino nunca los unió.

Carmen enfermó y recibió diagnóstico que la llevaría a la muerte y al no haber encontrado a su hijo, tomó sus ahorros y viajó a su país en busca de una muerte serena a la finca en Turrialba

En una de sus mejorías salió a caminar y vio que había otra cabaña cercana, se asomó por la ventana y vio a un hombre descansando en la cama

dudó un momento y antes de reconocerlo decidió devolverse, se sentó a observar el paisaje lejano y absorta en sus pensamientos vino a su mente aquella muchachita delgada, insegura, engañada, recorriendo el camino de huida con su abuela materna antes que su vientre delatara la desgracia, la vergüenza y las murmuraciones entre los habitantes del pueblo de que su nieta estaba embarazada a sus escasos 14 años.

Imaginó la manita de su niño diciendo adiós, su figura pequeña como si en más de 20 años transcurridos no hubiese crecido, lo abrazó en el tiempo dándose cuenta que ya nada tenía sentido.

Carmen no dudó un segundo en tomar la escopeta que estaba colgada en la pared, llegó a paso lento de nuevo a la cabaña vecina y sin dudar un instante disparo por la ventana aquel hombre que yacía dormitando la siesta, agotado por el cansancio de la faena realizada.

Su tiro fue certero, un solo intento pudo dar en la sien izquierda y vio como la bala salió por el otro extremo de la cabeza de su tío Mario, no cabía la menor duda, era él. Lo reconocería donde fuera, era el mismo que se había criado con ella al quedar huérfana, el que en una tarde en sus labores del campo cuando su sobrina fue a dejar el almuerzo en aquellos pastizales sembrados de matas de café convirtió el cariño, la ternura y la confianza en manoseo, caricias bruscas dolorosas, tocando sus pequeños pechos aun en floración.

El demonio que la llevó al infierno de su incomprensión y las ilusiones en abandono para vivir en el conformismo de su destino

Ese hombre ya no podía hacerle más daño.

En la cama un cuerpo boca arriba con los fuertes brazos a los lados y las manos medio abiertas, las mismas que taparon su boca ahogando los gritos y el dolor intenso de una penetración que acabó con la nobleza de su alma, dejando en su vientre la vergüenza, la incomprensión, la fatalidad…

Vio nuevamente la complicidad de su abuela cuando recibió el poder absoluto de la finca de sus amos a cambio de un documento en el que Carmen fue engañada perdiendo la evidencia de su verdad contada y poco creíble

Los ojos semiabiertos ya no tenían aquella mirada encendida por la malicia y el deseo desenfrenado que se dibujaba en la lejanía de su mente en noches de pesadillas y que ella había guardado.

Carmen fue apresada pero nunca fue a la cárcel ya que por su enfermedad tan avanzada fue ingresada al hospital donde falleció

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Esa noche no dormí, pensando en aquella historia contada, aun había cosas que no calzaban.

Disfruté algunos días más del silencio y la tranquilidad del lugar

Preparé todo para mi regreso, don Leo llegó por las llaves y quería saber si estaba satisfecha con la estadía dando lugar a una conversación que confirmó la historia como real.

Además, me confió que Josué, su sobrino era amante de la pintura y decidió seguir la carrera en el extranjero, pues Edwar le dejó una sustanciosa herencia que le permitía vivir holgadamente y pagar sus estudios

Una que otra vez volvía a visitarlo en la finca que un día también le pertenecería.

-Una última duda don Leo.

-Dígame, Estela.

- ¿Quién es el hombre que dibujó Josué en la pintura de la habitación?

-Es Mario, así le describí a su progenitor y así lo plasmó en la pintura, con su ropa de campo y los genes de sus ojos.

Él sabe la historia.

-¿Y por qué él en la pintura y no su mamá?

-Porque su mamá en su descanso eterno encontró a su niño cuando éste vino a la finca en su búsqueda, lo abrazo y lo miró con ternura cuando Josué se estremeció en un escalofrió incomprensible al contemplar en el anochecer en este corredor y aquel polvo de estrellas dibujando la silueta de su madre con el núcleo de su corazón agotado, para dar paso a un amor nuevo, puro en su interior.

En cambio, Mario, es un alma en pena y debe plasmar su imagen en algún lugar donde aquiete su andar y tenga algún descanso.

Fui a la habitación a contemplar el mural en la pared para reafirmar que no estaba loca, me metí en la profundidad de aquella figura, sus ojos, el chonete, la camisa blanca y entonces me di cuenta que efectivamente Mario anda con su alma atormentada escondido, pude ver su figura desapareciendo apresurado entre la maleza.

Mientras iba bajando pude apreciar con detalle una que otra casa pintoresca, de techos bajos con su chimenea que fuma y expulsa el humo como señal de que el fogón está encendido, las ventanas cuadriculadas con cortinas de flores y vidrios de caras sucias con huellas de hollín, mezcla de polvo y humo.

 En un corredor un gato echado en la banca, un santo en la pared de la entrada con la cruz de palma que les da protección ante cualquier peligro. 

En los patios ropa tendida, gallinas cacareando sus protestas al ser correteadas por los machos, salpicando el maíz o quizás buscando gusanos escondidos en la tierra.

El perro atento con su ladrido que funciona como alarma a lo desconocido, árboles frutales, un riachuelo incoloro que deja al desnudo todo su interior como radiografía, con un afluente que corre apresurado sin descanso.

 Al final de la empinada de la cuesta me encontré con la ronda de delgados y altivos árboles con sus melenas tupidas, abanicadas con la fuerza del viento, estaban aferrados al suelo con sus piernas largas y un cuerpo lleno de fortaleza, sin poder caminar con sus pies descalzos y dedos gordos sumergidos en la tierra que los vio nacer, siempre de pie en su territorio a la entrada de la finca.

Al final de sus cabezas un hoyo, por dónde entran escasos rayos de sol y un cielo de color del mar, en una tarde veraniega juntándose como lo hacen los amigos en ronda para conversar y comentar una y otra vez la historia que quedó atrapada en ese lugar.

Y volteando a dar un último vistazo, pude observar arriba de la loma entre los pastizales la silueta de Mario caminando hacia la cabaña dónde encontró su imagen en el mural pintado por su hijo, para quedarse ahí eternamente y tener al fin el descanso de su alma.

En el murmullo del viento pude escuchar el sonido profundo del disparo que despertó de su levitación a Carmen aquel día lejano y lo primero que vio fue en el ventanal quebrado de la cabaña una enorme e intacta mancha roja en el toldo blanco, sangre de su sangre desfigurada en machas diminutas esparcidas alrededor.

Poco a poco se hace más corto el destino de partida….

Ana Lorena Villalobos