viernes, 30 de octubre de 2015

El Encierro de San Fermín


Me he preparado durante varios lustros para participar de esta actividad, ya tengo 34 años.

Ya se sienten los aires de fiesta, ya suena "el chupinazo", que es un enorme cohete se lanza a las 12m, desde el balcón del tercer piso del Ayuntamiento de Pamplona y anuncia el inicio de la fiesta de San Fermín.  La salida de los cabestros, cada uno con un gran sonajero y detrás de ellos vienen los toros de lidia, ambos rumiantes salen del Encierro y se dirigen a la calle da Santo Domingo. - Hay un cabestro o buey por cada toro de lidia.- Los fermines, o sea, las personas que correremos con los toros, hemos de buscar unos zapatos cómodos que nos permitan correr sin resbalarnos, vestimos pantalón y camiseta totalmente blancos, sin embargo, hemos adornado nuestro traje blanco con un cinturón de tela rojo y un pañuelo para el cuello también rojo, como la sangre que quizás nos toque derramar. Algunas personas llevan chapela o boina roja en su cabeza.

Es una fiesta que da inició el 6 de Julio de cada año y reúne miles de personas de todo el mundo; se dice que población de Pamplona pasa en los días de fiesta de San Fermín de 190.000 habitantes a un millón de personas.

Todos los fermines, hemos rezado con mucha devoción, ante la pequeña imagen de San Fermín, patrono de estas fiestas, cuya imagen se encuentra cerca de la salida del Encierro de los toros, en ese lugar también entonamos canciones. Me olvidaba, todos llevamos un rollito de papel periódico que nos servirá para guiar a los toros.

Los esperamos en la calle de Santo Domingo, comenzamos a correr, nos van a alcanzar, decido acercarme a una orilla de la calle por si se me presenta la oportunidad de salirme y ver los toros desde aguna puerta de edificio, quizá tenga la suerte de tocar algún toro. ¡lo logré!, me acerqué a un lado, los toros pasan muy cerca, estiro la mano, no se sí lo que toqué fue un toro o a alguno de mis compañeros de aventura que ha tratado de salirse, los toros y cabestros pasan como una exhalación, llevando juntas sus ancas traseras y estirando el cuello a los lados para ver quién está cerca y desde luego calculando si deben cornear a alguien que se interponga en su camino.

Oh Dios!, al llegar a la esquina, entre las calles de Mercaderes y Estafeta, donde deben cruzar los toros para tomar la calle de la Estafeta, algunos de los cabestros y los toros que les siguen se han resbalado. Las personas del público, cercanas a esta esquina,  se han llevado menudo susto al sentir que toda esa "mole de carne y cuernos" les empujaba la barrera de protección.

Los toros se levantan, siguen corriendo, están quizá más asustados que al principio, me acerco, sigo corriendo, sólo que ahora unos toros vienen casi a mi lado y otros van delante.

Ya se ve la bajada al Callejón para entrar a la Plaza de Toros, ahí termina la carrera del día de hoy. Parece mentira que todo esto pasó, en poco menos de dos minutos. Pero la adrenalina que se ha producido se puede oler a distancia.

          
    - Doy gracias a San Fermín por…

     - ¡Hombre! ¿Qué estás diciendo?

      -ya, ya, Doy gracias  a Dios porque he salido sano y salvo.

Mañana lo intentaré de nuevo; total que son ocho días de fiestas, y apenas empiezan. Olga Emilia Brenes





lunes, 26 de octubre de 2015

Sigo mi Camino:


Aquella casa que desde ése día se convirtió en nuestro castillo estaba junto a una granja y una casa de adobes rodeada de una cerca de olivos donde vivía la familia Cordero Mena.

Aunque parezca mentira a tan solo 3,5 km. del Parque Central de San José el agua potable no llegaba a través de los tubos, no había caños, tampoco sanitarios, líneas telefónicas, el alumbrado público y el fluido eléctrico eran muy tenues, en fin, no obstante y a pesar de la cercanía en que vivíamos de Catedral Metropolitana, los servicios públicos prácticamente eran inexistentes.

Para dotar de agua a los vecinos, frente a cada una de las casas colocaron unos enormes tanques de concreto que eran llenados cada semana con el agua que nos llevaba una regadera; así era como nos suministraban el preciado y vital líquido. El agua era muy insalubre porque los tanques se llenaban de yuyos, larvas y otros bichillos, lo cual hacía que las enfermedades estomacales fueran muy frecuentes.

Ése reservorio de agua era para beberla, cocinar, lavar, bañarse, etc. y como siempre ha habido gente invivible y de malas costumbres, algunos pésimos cristianos nos echaban animales dentro del tanque, agravando con ello la situación porque nos la contaminaban, ese problema se eliminó como en 1962 cuando instalaron las cañerías y ya el agua llegaba por los tubos galvanizados.

Cuando fuimos conociendo a nuestros nuevos vecinos, supimos que en las derruidas casas vivían las familias: Muñoz Mena, Centeno Mena, los Mondragón, la familia Ramos Vargas, los Mena Fernández.

Al frente quedaban las casas de las familias Valverde Jiménez, Campos Hernández, Bastos González, Gina y sus hijos y tras aquellas viejas y herrumbradas latas de cinc estaba la vieja Escuela República de Haití.

La falta de sanitarios era común, las casas lo único que tenían era escusados de hueco y entrar a ellos para realizar una necesidad fisiológica era toda una odisea, los zapos, las ratas y otros roedores lo hacían a uno temblar de miedo; no existía papel higiénico ¡¡bueno, al menos aquí!! Era normal que la gente usara el periódico para limpiarse el trasero.

En ésta callecilla o camino, por las noches era usual escuchar el lamento o canto estridente de los pájaros cuyeos, ése clamor nocturno era ahogado por el clac, clac, clac, clac que provenía de las ruedas de una carreta. Como niños nos daba miedo porque creíamos que era la carreta sin bueyes; sin embargo con el tiempo supe que aquella música provenía de una carreta que guiaba un hombre delgado que se dedicaba a sacar el excremento de los escusados.

Ése personaje fue conocido como “Pipe Saca Caca” quien se ganaba la vida limpiando con un balde los huecos de los escusados. La materia fecal y sus líquidos la echaba dentro de unos estañones que ubicaba sobre una carreta que llevaba por aquél camino en busca de un cafetal dónde dejar su maloliente carga, que después se convertía en abono orgánico.

Nuestra comunidad se veía altamente beneficiada con los servicios de limpieza e higiene que él hacía. Por lo sucio y antihigiénico había que tener estómago para hacer ése trabajo, luego entendí por qué “Pipe” antes de proceder a sacar la caca con su balde, se bebía ½ botella de ron colorado para evitar el asco.
Aquél camino o callecilla tenía dos destinos, uno hacia la finca de los padres porque ahí está ubicado el Seminario Mayor que es el lugar donde estudian los aspirantes a Sacerdotes y el otro un desvío que había a mano derecha 75 varas antes de llegar a la estatua de Anselmo Llorente y Lafuente primer Obispo de Costa Rica, ese era un trillo que lo conducía hacia el río Tiribi.

Para llegar a sendos destinos había que pasar frente a un portón de hierro de una hacienda que tenía una casa de anchas y altas puertas, con gruesas paredes y enormes tapias de adobes que albergaba a la familia Vargas Mora cuidadores de la finca de los padres.

En aquellos bellos y dorados años el río era muy limpio y cristalino, uno se bañaba o bien pasaba las horas pescando barbudos, por eso, era usual ver gente caminado con sus sartas llenas de esos bigotudos, los que una vez en sus casas se convertían en suculentos platos de barbudos fritos.

Era común que la gente fuera a las laderas cercanas al río donde se desplazaban con sus trineos improvisados, unos eran de madera a los que se les embarraba candela para que se deslizaran más fácilmente, la mayoría lo hacíamos en cartones, ése juego era emocionante además de riesgoso, la adrenalina se nos subía a límites insospechados

Conforme pasaban los años disfrutaba en grande mi niñez, recuerdo con mucho cariño a mis amigos de infancia y adolescencia con quienes frente a mi casa jugaba puros, bolas de vidrio y las chócolas que se pagaban con botones (cómo sufría mi madre porque encontraba sus prendas sin botones) o con cajetillas de cigarros las que entre más desconocida fuera la marca y el país más valían.

Los trompos, el bolero, el bolsillo, los yoyos, los zancos, carreras dentro de sacos, salvo el tarro, policías y ladrones, peleas de caballos, escondido, aros de bicicleta, llantas, bate o aquellas famosas mejengas donde se retaba al Bo. San Gerardo, el Infiernillo, Finsa, el Carmen, ahí se defendía a capa y espada nuestro lugar, las peleas no estaban ausentes, tampoco las pedreas, era el honor el que estaba en juego.

Cómo disfrutábamos,…… las horas se nos hacían eternas, en marzo y abril las chicharras, en mayo los abejones, en noviembre los papalotes y las oleadas de mariposas amarillas con negro (reyes). Oh tiempos aquellos. Para marzo o abril meses en que las cigarras o chicharras salían por miles y con sus cantos estridentes hacían un bullicio impresionante que no permitía que los estudiantes se concentraran, el padre Juan me contactaba y pagaba para que me subiera a los árboles dentro de los jardines del Seminario y con una bomba de mano o atomizador las fumigara con flit. Las pobres quedaban adheridas a los árboles y así los estudiantes no tenían más distractores sónicos.

Recuerdo a los estudiantes de sacerdocio con sus sotanas de color negro (era obligado su uso) cuando pasaban para el Seminario y uno los acompañaba hasta la puerta, ahí se metían las manos a sus bolsillos y sacaban alguna medallita que nos regalaban conteniendo la imagen de una o algún santo; con gran cariño me acuerdo del único negro que en aquella época estudiaba en el Seminario al que por su color todos le decíamos San Martín.

Mención aparte merece Fray Casiano de Madrid, aquél fraile que con su barba larga, su sotana y sus chancletas de color café, caminaba lento y taciturno para el albergue que con tanto amor construyó para jóvenes abandonados. En ése lugar a los muchachos además de alimentarlos y darles techo, les enseñaban entre muchos otros los oficios de albañilería, carpintería, panadería, zapatería, electricidad; el lugar también contaba con una bella y hermosa capilla donde todos los días oficiaban misa; lamentablemente como la propiedad era de la Curia Metropolitana un día los sacaron de ahí y todo el proyecto se vino abajo.

No puedo olvidar que por ahí de 1965 llegaron unos enormes tractores, unas niveladoras, una aplanadora, materiales y un contingente de hombres porque iban a construir la carretera desde la Pulpería y Cantina la Guacamaya hacia Desamparados, la modernidad se asomaba porque colocaron cunetas donde se canalizarían las aguas pluviales, además de asfaltar la calle.

Aquella enorme cuadrilla de trabajadores, eran sentenciados que estaban presos en la Penitenciaría Central de San José, de donde los sacaban para hacer esos trabajos de obra pública cuidados por unos policías, hoy eso ni siquiera se podría pensar y mucho menos realizar, porque alguien diría que se les está violando sus derechos y pondrían un recurso de Amparo. Así era de linda la Costa Rica en la que forje mis primeros años.
Qué rico y sabroso era entrar a los cafetales de los Camacho, los Dent, los Musmanni o la finca de los padres a robar guineos, naranjas, toronjas, jocotes, limones dulces, cases, guabas, guineas cuadradas, manzana rosa, manzana de agua, guayabas….. Sobre los árboles uno se chupaba los dedos porque los jugos le bajaban por las manos; salir de ésas fincas cargado de frutas era toda una odisea, muchas veces teníamos que correr porque nos salían los mandadores y nos echaban los perros o nos lanzaban balines con un rifle.

Hoy con satisfacción y nostalgia puedo decir “Cómo han pasado los años, las vueltas que da la vida” Paso Ancho es un lugar totalmente diferente, desarrollado, cuenta con todos los servicios, vivo en el mismo lugar, solo que en una casa muy cómoda ubicada 50 mts. al sur de la rotonda y de ahí ésta inacabada reminiscencia de mi viejo e inexistente camino, del cual después contaré otras cosas.

Ricardo Jiménez García
PIAM-AS-04026

sábado, 24 de octubre de 2015

Estos ojos



Hablar de ojos de cuales… de los de las personas que quise o quiero o ya no están…O de los preciosos ojitos de los gatos y de los perros y de otros animales.¿ para qué?, si yo tengo unos que reconozco cada vez que me miro en el espejo,(tengo que reconocer que ahora cada vez menos, porque ellos lucen casi guales pero el resto cambia mucho y por desgracia no para mejor). Pero ellos están ahí, siempre estuvieron y gracias a ellos yo pude hacer lo que más me gustaba leer, y dibujar y cerrarlos y ver en mi cerebro todo lo que ellos extrajeron del libro, del paisaje de los colores…. Ellos han estado siempre allí, han llorado de risa de pena de añoranza…. ¡de tantas cosas!. Con ellos veo las imágenes que el cerebro recuerda y me envía, la cara de mis padres, mi niñez…mi otra vida. Los sueños que unos fueron y la mayoría no, lo que quería ver y no vi lo contrario también y tantas cosas que fueron y debieron ser y no se pudo…La añoranza es la, peor la que se fija en ello y recuerda la tierra las calles el aire el color del cielo las canciones lo que fue y ya no podrá volver a ser. Pero entre tanta perdida ellos están ahí, y si Dios quiere cuando ya no vean yo tampoco estaré nos iremos juntos igual que vinimos, recibiremos la oscuridad al igual que un día vimos la luz. Pero no crean que ellos son sometidos al cerebro, no es así mis ojos tienen entidad propia siempre tuvieron vista de lince y claro ahora que el tiempo se nos está acabando, que ya no tiene aquella luz, como de lejos siguen viendo bien se han puesto de acuerdo con el cerebro (ellos se entiende bien) no permiten que use gafas solo para leer si no , no camino bien veo escalones piedras y lo que ellos quieran, me han hecho saber que no quieren ayuda solo para lo imprescindible solo leer. Y allí estoy yo como un zombi cuando me olvido las gafas y no puedo ver ni un precio sin tener que preguntar…pero no importa ellos están contentos y así será. Por ultimo aparte sin que ellos se enteren les diré que son ojos castaños corrientes y normales ni feos ni bonitos pero eso sí muy listos y yo los quiero mucho .



Antonia Morales Diez

Un viaje que nunca hice



LO recuerdo como si fuera ayer… y no sé porque nada extraordinario paso, pero entre esa simplicidad nació un sueño, un sueño que no se realizó y a estas alturas no creo que nunca se realice. Era un viernes Santo y llovía, lo que significaba que si en aquellos tiempos (yo tendría entonces 16 años más o men0s porque aún estaba en el Colegio)Los Viernes Santos en aquella época eran como una loza de hormigón de pesados no había donde ir solo a ver peli de romanos o claro esta las procesiones, pero como eso no podía ser porque estaba lloviendo el panorama pintaba color hormiga. Yo tenía un libro…siempre he tenido un libro y además uno de esos muy famosos que yo creo que todo el mundo leyó Los Enanos de Concha Alos, por favor se me atraganto en las primeras pag. Que muermo, no sé si fue el libro o yo pero estábamos hundidos en el más absoluto aburrimiento Era un premio Planeta tenía que ser buena pero…. Puse la tele y allí estaba Ben Hur como no. Yo quería gritar no existían más que dos canales sin pensarlo mucho me dije…. Ben Hur o Los Enanos pues me fui al otro canal….Por favor allí ante mis ojitos estaba un documental, yo pensé, para suicidarme, pero….Salió un letrero que ponía Petra la ciudad de los nabateos, no sé porque me quede pensando tengo los Enanos tengo Ben Hur tengo el suicidio o …Petra y me quede con Petra. Y ahí empezó la promesa yo tengo que ir a esa ciudad aquellos templos, aquellos canales, aquellas historias. Esa gente que trabajo para hacer una red de canales y hacer fértil el desierto, aquellos templos enclavados en la roca rosada pasadizos de piedras que parecen catedrales el so l reflejando colores en las piedras, los camellos con su andar majestuoso…Cuentan que venían de todas partes a hacer negocios con los nabateos. Que fue una ciudad grande con todos los servicios de aquellos tiempos….Y un día sin saber porque todo desapareció…donde se fueron y porque…. Pero Petra se quedó sola haciendo de todas sus maravillas parte del desierto,, que les paso a loa nabateos }¿¡porque se fueron? Es un misterio pero Petra está ahí con sus colores sus piedras en sus canales hundidos en tre rocas y arena… allí quedo. Yo olvide mi aburrimiento soñé con Petra y a lo largo de mi vida fue mi deseo más grande, pero solo he4 tenido una oportunidad de ir y se me estropeo por una enfermedad….Me quede en tierra y con los sueños como a los 16 años. Aquel viernes santo que llovió me trajo sueños y se llevó muchas de mi s tonterías locas supe que por mal que se pongan las cosas siempre habrá un tercer camino. Siempre estará Petra
Antonia Morales Diez

lunes, 19 de octubre de 2015

Un viaje de reencuentro


Este es un viaje de reencuentro; de reencuentro de tres antiguos amigos, que en los albores de la segunda mitad del siglo pasado estuvieron juntos en un colegio de San José. Joseba, el vasco, que hoy vive en Estados Unidos, Jorge o Guti, mi marido, Antonio (Tono) Robert. Hoy estamos recorriendo el Norte de España y vamos a Bilbao, donde nació el vasco.

Iniciamos el viaje en Madrid, ahí nos encontramos las 3 parejas, seguimos a Salamanca, donde vimos sus piedras amarillas y la calavera que todos los estudiantes deben observar si quieren ganar el curso. Esta calavera está en la puerta de la Universidad que data del siglo XIII; como detalle curioso, los salmantinos tienen a la rana como amuleto de la suerte, ya que una rana está en la frente de la calavera.

Luego continuamos a Santiago de Compostela, en su Iglesia del siglo XI donde se venera al apóstol Santiago, el cual, según la leyenda, fue traído a Compostela por unos seguidores  suyos, hace aproximadamente 1400 años, después de que fue decapitado en Israel. Hoy reposa en una magnífica tumba bajo el altar mayor de la Catedral que es objeto de peregrinación desde cualquier lugar del mundo. En esta Iglesia vimos el "botafumeiro" funcionando. Este es un enorme incensario que manejan 4 hombres, vestidos a la usanza antigua y que se bambolea de este a oeste, o de norte a sur, hasta llegar al altísimo techo. Se dice que este enorme incensario fue creado para aplacar el "olor a santidad" que traían los santos peregrinos que recorrían el camino de Santiago a pie desde todo el mundo conocido en la Edad Media. Demoraban alrededor de cuatro a cinco meses; se dice que a la entrada de Compostela quemaban sus ropas muy sucias y se ponían ropas frescas, pero su cuerpo seguía siendo el mismo, ahí era donde actuaba el Botafuneiro.

En este lugar, además de disfrutar la deliciosa Torta de almendras de Santiago, bien regado con el delicioso Albariño, vino propio de la región; allí también escuchamos los Tunos, que alegran con su música las noches frías del otoño. Luego seguimos a Rivadeo, donde estuvimos hospedados en el Parador. Parece mentira que a las 9am. esté el sol saliendo de la Ría y una espesa bruma se va levantando hasta tapar a la vecina Asturias; para nosotros, acostumbrados al trópico, eso ocurre muy tarde. Al pasar un enorme puente que une las dos regiones (Galicia y Asturias) nos dirigimos a Oviedo donde nos esperaba una gran sorpresa, estábamos hospedados en un Hotel diseñado y construido por Santiago Calatrava, el famoso ingeniero y arquitecto. En este lugar visitamos dos iglesias del siglo IX  dedicadas a Santa María  del Naranco y a San Miguel del Niño. Hay 2 porque una crecida de agua de un río cercano dañó la iglesia que estaba a su vera, entonces se trasladó el culto un palacio cercano, que habían hecho los reyes visigodos para los meses de verano. La reconstrucción de la iglesia se realizo finalmente en el siglo XI, pero la hicieron más pequeña. Aún queda la planta de la iglesia original de dimensiones mucho más grandes que la iglesia actual.

El camino a Santillana del Mar, donde nos dirigimos después, estaba rodeado, aquí y acullá de pueblos de rojos tejados  y casitas de paredes blancas encaladas o de color ocre, estos pueblitos parecían estar sembrados en el verde de los prados recién mojados por las lluvias del otoño. Mas allá en la carretera podíamos observar un mar azul  que nos acompañaba a lo largo del camino. En este lugar teníamos un Hotel del Siglo XV "La casa del Marqués de Santillana", esta casa se conservó por generaciones y la actual dueña, descendiente directa del Marqués que vivió en el siglo XII, decidió convertirla en Hotel de 5 estrellas. Este es un pequeñísimo pueblo medieval que posee el hermoso Convento de la  Colegiata.

Nos acercamos al país vasco, objeto de nuestro viaje, el amigo Joseba, cambia de carácter conforme nos acercamos a su tierra, se torna algo irascible y sin que nadie le pregunte, indica que el no conoce el lugar, que salió de ahí muy niño. Será que se agolpan en su mente demasiados recuerdos y emociones? No lo sabemos, pero la realidad existe, él ha cambiado.
Olga Emilia Brenes 

Una emoción nunca vivida




Con la ilusión que toda mujer tiene al quedar embarazada de su primer hijo y los sentimientos encontrados que tiene entre la alegría y el temor al tener que pasar por algo que no conoce, se pasa un tiempo que en algunos momento se hace largo y en otros se hace corto.

Llegó el momento del parto. Esa noche nos habíamos acostado como a las 11, andábamos cenando pues era 7 de diciembre y las familias acostumbraban hacer juegos de pólvora en las calles. Llegamos a la casa y acabábamos de acostarnos cuando tuvimos que vestirnos nuevamente porque ya había llegado el momento. Tomamos la valija y nos fuimos a la clínica, me recibieron unas enfermeras y me llevaron para prepararme, así estuve en espera hasta las 5 de la tarde del día siguiente.

Ahora todo era alegría, felicidad, pero todavía faltaba una experiencia que recordaría para el resto de mi vida. Una vez limpio y vestido el bebé me lo llevaron para que yo lo tuviera. Con una emoción indescriptible lo tomé en mis brazos y lo puse cerca de mi pecho de modo que su cabecita quedó a la altura de la mía, y en un momento sentí su naricita que pegaba con mi mejilla. Nunca había sentido una emoción igual!!.


Carmen Brenes Protti



Un viaje que no hemos hecho





Me he sentado aquí en mi sillón del dormitorio donde medito, pienso, leo y escribo. En este rinconcito donde el silencio y la paz hacen buen ambiente para hacer recuerdos inolvidables de mi vida. Me río a veces, otras lloro y hasta peleo a veces con mis pensamientos.

Estaba distraída cuando de pronto vino a mi mente que un viaje que me hubiera gustado hacer sería donde mi madre. Llegaría temprano y al vernos nos abrazaríamos muy fuerte y así entraríamos a la casa, sin saber cuál sería el momento apropiado para soltarnos.

Tendríamos tantas cosas que contarnos, ella haría recuerdo de su juventud en Italia, de su llegada a Costa Rica, del encuentro con el amor de su vida, de su matrimonio, de sus hijos, de las lágrimas derramadas por sus dos pequeñitos muertos. Yo le contaría de mi niñez, de mis estudios, de mi trabajo, mi matrimonio. Hablaríamos de sus nietos y gozaríamos recordando las anécdotas de sus primeros pasos y de cómo el tiempo pasó tan rápido que ya todos son profesionales y han hecho sus vidas. Necesitaríamos otro día entero para contarle sobre mis nietos que ya van terminando sus estudios universitarios.

Le contaría de mis clases en la universidad: los aeróbicos, la pintura, el club de cine y de mis clases de redacción que vinieron a llenar un deseo que siempre había tenido, escribir sobre mi vida, las anécdotas, los paseos, los triunfos míos y de mis hijos y nietos.

Comenzó a llover muy fuerte, con relámpagos y enormes truenos y eso me volvió a la realidad, entonces me di cuenta que lo que había caído en mis hojas de escritura no era lluvia sino lágrimas que rodaron desde mis ojos al darme cuenta de que ese viaje era imposible de realizar ya que mi mamá murió cuando yo tenía dos años.



Carmen Brenes Protti

Esos ojos color de …..





Un hombre de estatura mediana, de color blanco y pelo negro muy lacio y grueso que usó desde muy joven cortado como un cepillo. Boca bien perfilada y sus ojos color café con mirada serena y firme. Provenía de un hogar humilde de padres maestros. Hizo sus estudios en la Escuela Normal de Heredia, donde sacó el título de maestro. Luego pasó a ser inspector de escuelas y eso lo obligaba a andar por todo el país.

Posteriormente regresó a la Escuela Normal como profesor de física y trabajó también en el Colegio Seminario y en el Colegio María Auxiliadora. Este contacto con tantos maestros y profesores lo llevaba con frecuencia a hacer comentarios sobre el problema que tenían los educadores cuando su salario no les alcanzaba para hacerle frente a préstamos que debían hacer para pagar gastos no contemplados en su presupuesto y debían pagar altos montos de intereses a los agiotistas. Así comenzó a nacer la idea de crear un banco que fuera exclusivo para los educadores y lo logró creando la Caja de Préstamos y Descuentos de la ANDE, que actualmente es considerado como uno de los más importantes del país.

Pero a pesar de todo este trabajo extra siempre tuvo tiempo para dedicarme con las correcciones de mis tareas. También tuvo una enorme importancia en mi formación musical pues siempre los domingos había una transmisión de óperas en horas de la tarde que oíamos mientras él nos explicaba los argumentos. Esto ayudó a mi afición por la música clásica y sobre todo por la ópera.

Además en su tiempo libre trabajaba pintando la casa y haciendo algunos muebles. También hacía todos los trabajos eléctricos y de cañería. Podemos además decir que fue un gran agricultor pues siempre sembró maíz, frijoles, caña de azúcar, café, verduras y frutas. Todo eso me sirvió para aprender a cosecharlas y a disfrutar de su preparación como beneficiar el café, el maíz y los frijoles.

Por el momento solo quería hacerles una pequeña reseña de quien fue mi mejor maestro y mi padre, de quien estoy muy orgullosa.


Carmen Brenes Protti


Tiempo




Tengo que hacer un trabajo y el tema es “Tiempo”. Me di cuenta que era algo en lo que no me había detenido a pensar nunca y por más que me esforzaba no venía a mi mente ninguna idea. ¿Qué es tiempo?, ¿cómo se mide?, ¿cómo se percibe?, y ¿cómo nos afecta?.

Se me ocurrió entonces que talvez la enciclopedia podría sacarme del apuro. Me encontré algunas definiciones que me llamaron la atención:

El tiempo es un medio infinito, homogéneo, continuo, no reversible, en que se dan los fenómenos”. Platón lo definió como “imagen móvil de la eternidad”. Aristóteles como “número o medida del movimiento”. Bergson negó que fuese simple medida del movimiento y sostuvo que era “la vida misma del alma”.

Heidegger dice que “el tiempo es una extensión del alma, el hombre se halla como fuera de sí mismo pues no se limita a vivir en el presente: su existencia está en el presente, pero también en el pasado que ya no es y en el futuro que todavía no es. Presente, pasado y futuro son los tres éxtasis del hombre. El hombre y únicamente el hombre es un ser temporal”.

Tomando en cuenta estas definiciones llegué al convencimiento que “tiempo” es todo lo que hemos vivido, nuestras alegrías, logros, triunfos obtenidos a través de los años, pero también nuestros tropiezos, y que su recuerdo nos transforma en una extensión del tiempo.

También podemos decir que las esperanzas y nuestros sueños son parte del tiempo que nos falta vivir. Podemos también decir que el tiempo tiene una conexión directa con nuestro estado de ánimo, ya que si estamos alegres el tiempo se nos hace más corto pero si estamos deprimidos, tristes o angustiados, el tiempo puede ser tan largo como nuestro estado. Teniendo en cuenta que el tiempo es un estado no reversible, nos asusta con frecuencia la toma de decisiones ya que nuestros errores no los podemos borrar y podrían marcar alguna huella en nuestra vida.

Para concluir, podemos decir que toda nuestra vida está íntimamente relacionada con “tiempo”.


Carmen Brenes Protti

Un Camino



Éste camino empecé a andarlo a mis escasos 7 añitos de vida, estábamos en los albores del año 1957; en ése entonces, mi familia y yo vivíamos en Barrio Keith en una “casita” muy humilde que quedaba a la mitad de un pasaje contiguo a la Panadería de Santiago Madrigal, al fondo, en otra vivienda con características similares vivía una mujer de baja estatura, tez blanca, cabellos largos de color negro y ojos claros, era Belén Pacheco Valenciano mi abuela materna.

Al lado de nuestra entrada quedaba otro pasaje, ahí, en la primera casa vivía un hombre de pequeña estatura conocido como  “Arturo el Enano” quien, con su aspecto indiado, tez rojiza y su inseparable sombrero se dedicaba al oficio de la sastrería.

50 varas al norte de la entrada a nuestra casita, quedaban dos pulperías llamadas la Alianza y la Cecilia, en cualquiera de las dos a mi mamá le daban fiado (crédito) y anotaban en una libreta lo que se compraba diariamente como el pan, el café, la jalea, la mantequilla, etc., también, por semana nos daban el diario que consistía en: manteca, arroz, frijoles, azúcar, tapas de dulce, cacao caracolito, huevos y demás alimentos mientras venía mi papá a pagar.

Diagonal y frente a esas pulperías, propiamente en la esquina noroeste había un cajón de hierro donde se depositaba la basura.  Cada semana ése cajón lleno de desechos la Municipalidad de San José lo recogía y sustituía por uno vacío;  como era un receptáculo abierto, sobre él y en torno a él, los zopilotes hacían fiesta con los desechos, ahí danzaban y daban un gran espectáculo, no faltaban las ratas, las cucarachas, los perros y los gatos cada cual a su manera desperdigando la basura por todo lado, aquella hediondez era lo más insalubre.

Como mi padre trabajaba en Jicaral de Puntarenas, cada 22 días venía a la casa; cuando él regresaba a su trabajo lo hacía por tren, por eso, junto a mis hermanos lo iba a dejar a la estación del Ferrocarril Eléctrico al Pacífico, ahí lo despedíamos y nos trasladábamos hacia dicha esquina donde esperábamos que pasara aquél enorme gusano.  Mi padre se ubicaba en una de las gradas de un vagón y nos lanzaba unas bolsitas con las más deliciosas melcochitas de menta y otros sabores que en mi vida volví a probar y menos comer.

Nunca supe las razones que mediaron, quizás fue para mejorar nuestras precarias condiciones de vida, tal vez fue por ahorro, en fin, lo cierto del caso es que un buen día de ése año, llegó un carretón a la entrada de nuestro pasaje, había que sacar las pocas pertenencias que teníamos porque nos teníamos que ir del barrio donde había dado mis primeros pasos; aquél día iniciaba para nosotros una nueva aventura.

Todos nuestros haberes consistían en cuatro bancos, una mesa, tres catres y sus colchones de paja, la ropa, el trastero, los tinamastes, la cafetera, un radio…., aquellas pocas cosas que teníamos había que subirlas al carretón.

Esa mañana no faltaron las lágrimas y los abrazos, los vecinos nos estaban despidiendo, yo no sabía qué pasaba, no entendía por qué tanto drama, claro, mucho tiempo después supe que era porque para nosotros iniciaba una nueva etapa en un lugar que no conocíamos.

Atrás quedaban sueños, historias, anécdotas y las melcochitas de menta y otros sabores que con tanto amor papá nos tiraba desde el tren en movimiento,   aunque parezca raro, sobre el carretón no sólo se trasladaba el menaje, nosotros íbamos encima de nuestras pocas pertenencias, el gato de color gris no se podía quedar y ahí estaba con nosotros, debajo del carretón nuestro perro caminaba amarrado, era emocionante, yo creía que iba de paseo, esa fue la primera vez que me montaba en un carretón jalado por un caballo y como güila lo disfruté muchísimo.

Nos dirigíamos a un lugar para mí muy lejos de donde vivíamos, después de una larga andadura el carretonero detuvo el caballo frente a una pulpería y cantina llamada la Guacamaya (esto del nombre lo supe tiempo después) y entramos al este sobre un camino de lastre con cafetales a ambos lados, como a las 100 varas doblamos al sur, a mano izquierda había unas derruidas casitas de madera, frente a las cuales había un pequeño espacio donde jugaban algunas personas, diagonal a las mismas una enorme casa con un hermoso jardín, a su lado una casa con un viejo camión de carga.

Nuestro viaje estaba a punto de terminar, después de pasar otras 4 casitas también de madera y muy sencillas ubicadas frente a unas latas de zinc, proseguimos y como a las 50 varas había tres casas que estaban mucho mejor que las ya descritas.  Ahí nos detuvimos y sin saberlo estábamos frente al nuevo hogar donde iniciaríamos una nueva historia y un nuevo camino que recorrer por los senderos de la vida.

Aquella estrecha entrada por donde ingresamos, más que un camino, era una callecilla con zacate.  Al frente del lugar donde estábamos detenidos quedaba un enorme potrero donde habían vacas, caballos, una torre muy alta,…. mamá que ya había llegado a la casa con algunos de mis hermanos dijo -bájense y apeen todo, aquí vamos a vivir……-

Hasta aquí mi  primer relato, luego continuaré con la segunda parte de lo que ha sido algo de mi vida hoy gracias a Dios con 65 años sobre mi espalda.




Ricardo Jiménez García
PIAM-AS-04026