miércoles, 24 de febrero de 2021

Toros

 


Mardoqueo era un hombre que se las traía pues conocía la sicología de sus clientes, como buen barbero, era conversador  aliado al equipo de las preferencias de cada cliente; aun cuando el cliente que seguía era del equipo rival y que seguramente estaría escuchando y le reclamaría sus elogios al equipo contrario, pues Mardoqueo se ponía siempre de parte del equipo del cliente de turno.  En fin, Mardoqueo se las arreglaba siempre, esta vez,  hablaba maravillas del equipo del pueblo Nicoyano ya que su cliente era Julian Coyunda el preparador de toros del pueblo, le decía a Julián a modo de chisme,  que por ahí andan diciendo que viene un montador de las cosas buenas, ayer estuvo en el turno hablando hasta por las orejas diciendo que no hay toro que lo haya botado y que hoy a las tres lo demostraría si le daban la oportunidad. Yo creo- dijo Julian - que lo que estaba era bien borracho, en fin, por debajo de este puente yo he visto mucha agua correr, vamos a ver.

La hora llegó, aun picado por el vino de coyol y el sol que irradiaba muy fuerte llegó o más bien lo traían al disque gran montador, a ver si como ronca duerme decían, y de antemano Julián preparaba el amarre del toro, Julián renegaba diciendo, parece mentira que tengan que venir los cartagos a enseñarnos a montar, en claro elogio al capitalino pues con el nombre de Cartago se les denominaba en alusión a la vieja metrópoli aun cuando fueran de cualquier lugar capitalino, y no de la Pampa guanacasteca. 

Se lo rabeo hermano preguntó Julián ( quitarle fuerza al toro torciéndole el rabo) a lo que contesto el Cartago bautizado así hasta el momento, no déjelo así. Fue, en ese momento,  cuando Julián Coyunda dijo en tono característico del Guanacaste, ”orgulloso el muchacho”, denle un cacho ( trago de aguardiente en un Cacho de vaca como copa), mientras acomodaba el animal que porfiado seguía echado aun así el Cartago, se montó con gran facilidad pues era bastante corvetas propio de los buenos montadores y dio el grito de puerta, más por su borrachera que por valentía, y el toro se paró, salto y por los aires volaba el Cartago decepcionando a propios y extraños. Al caer,  solo atinó a decir otro cacho por favor y solo se escuchó a Julián Coyunda decir, ni agua te damos pendejo y amarren ese animal que no se ha jugado.



Juan José Quesada Prendas