viernes, 28 de abril de 2017

El dolor de la separación



El silencio inunda todo: ni el pajarillo que todas las mañanas canta en la palmera de enfrente se ha atrevido a romper con sus notas la quietud de esta fría mañana de invierno y los pocos que no hemos emprendido la partida caminamos cabizbajos por los pasillos del edificio.
El curso ha terminado. El piano enmudeció en un rincón de la sala. Las máquinas de escribir descansan en las mesas después del arduo teclear de los últimos días. Los libros duermen en los estantes de la biblioteca y los dormitorios vacíos, están más fríos que nunca. En el comedor unos pocos toman café para no dormirse después de una larga noche de despedidas en medio de abrazos…llantos y promesas.
El tiempo se fue volando – dice uno – queriendo romper el duro silencio que hace más dolorosa la partida. Todo pasa – dice la otra -  mientras con una bocanada de humo disimula las lágrimas que brotan de sus ojos.
Durante  83 días, 54 personas de  cuatro continentes (América, Africa, Asia y Europa) compartimos techo, alimento, vestido, expectativas, contratiempos, amor fraternal, ilusiones y esperanzas. Fuimos una mazorca de seres humanos que germinó y creció en el Centro Internacional de Capacitación Golda Meir, en Haifa, Israel y que al finalizar los cursos se dispersa como semilla fecunda a germinar de nuevo  en otras tierras ávidas de su fruto.
Fueron 1992 horas en que poco a poco nos fuimos adentrando en el corazón de cada compañero, de cada compañera. Se vencieron los problemas de costumbres, culturas e idiomas. Un gesto…una mirada... una sonrisa…una caricia bastó, a veces para entender al compañero que quería comunicar su alegría o su tristeza.
En los pocos ratos de ocio que teníamos proyectábamos en nuestra imaginación los conocimientos adquiridos y construíamos grandes empresas con agencias en todos los países de América. ”Hay que soñar en grande”, - decía Edna Ross -  famosa microempresaria judía, y nosotros  comenzamos a hacerlo. Los del curso de párvulos también soñaban con volver al África, China, Tailandia, Checoeslovaquia… a construir un mundo diferente y mágico para sus niños con problemas mentales.
Cada vez que una persona partía, con ella se iba un pedazo de nuestro corazón y la esperanza de volvernos a ver. Esa esperanza que mantengo en mi mente 26 años después.
Bien lo dice El Principito: “Quien tiene un amigo se expone a llorar un poco”.

Virginelia Calderón Salas            Dic.  1991      Abril   2017

lunes, 24 de abril de 2017

Lo que perdemos

 Maureen Hidalgo Ch.


Echando un vistazo al pasado y viendo lo que he perdido en el transcurrir de mi vida, instantes de alegría llegaron a mí.
Cuantas veces he sentido el olor fragante de la tierra mojada por las primeras lluvias de mayo, y trae a mi memoria aquel amor de estudiante que acaricia mi alma y me hace sonreír.  O buscado en el baúl de los recuerdos encuentro aquella carta amarillenta, olvidada, con una despedida a medias y una promesa sin cumplir, y quedó ahí suspendida en el ayer, y las lágrimas vuelven a correr por mis mejillas. Amores perdidos, ilusiones rotas.
En ocasiones mirando mi imagen en una fotografía me doy cuenta que los años han pasado y la juventud me ha abandonado, y evoco con nostalgia los amigos que fueron parte de mi viaje, algunos se perdieron en el tiempo, otros se quedaron como cuadros colgados en la pared de un museo que paso sin mirar, olvidados, silenciando sus voces porque ya no forman parte de la rutina de mi vida.
Y lo más doloroso de lo que perdemos es a nuestros seres queridos, nuestros padres, que dejaron con su muerte un dolor que nadie puede sanar, al contrario de los otros amores que dejaron una memoria que nadie puede robar.
Mi vida está llena de pérdidas de amores: románticos, familiares, de cosas, de metas sin lograr que me han dejado huellas como el agua que baja violentamente por una montaña, pero eso no le quita su belleza, sino que la llena de fortaleza porque se regenera, reverdece y vuelve a brillar. La pérdida me obliga al cambio, porque se enreda con el recuerdo y ya no duele, ya no enoja.
Por eso cuando escucho la frase “todo tiempo pasado fue mejor”,  entiendo que lo decimos porque ahí tenemos guardados lo mejor de los recuerdos, ahí las pérdidas no existen, y el dolor se fue, no hay preocupaciones, ni sufrimiento, la nostalgia abriga y arrulla nuestro presente.



Un día muy feliz (entre comillas)

 

Amaneció como un día normal, como tantos, pereza, desgana sin ansias de meterme en  mucho lio, pero recordé que tenía que ir a clase de Apreciacio0n  de cine y como son muy divertidas y me gustan me levante,. Antes de salir y animada por el café que revive, siempre mis ánimos cogí el bolso y vi el paraguas…lo iba aguardar pero mire el cielo y estaba despejado con un sol de justicia así que lo deje. Paso la clase salí y el sol se había largado adonde sea que se vaya, y llovía y una gran tormenta con rayos y truenos….Salí todo lo disparada que pude para ir a por el autobús, y llegue, no me felicite ni un minuto porque se vino un aguacero de los que marcan época y ya antes de subir a el, ya estaba como una  esponja, y mejor guarde mi opinión de cómo me iba air para no volver a meter la pata….Hice bien porque el bus se paró en mi parada a una cuarta del bordillo de la acera separada por un charco…buenos más bien un rio porque tenía olitas y todo . Los favorecidos saltaban sin dificultad pero yo…mi rodilla dijo - si saltas te la juegas, así que tú misma-Mire el bordillo mire el Virilla, bajo  mis pies y ……hundí mi zapato en sus aguas profundas, y salí más o menos con cierta dignidad , me saque el zapato salió medio cauce del rio y lo más pronto que pude sin mirar a ningún lado me fui a mi casa….eso pensaba yo, cruzo la calle y el bus interno de la Universidad, tuvo la misma idea y ¡zas! Casi chocamos en la esquina, El chofe se asustó yo me asuste y ….como era una autentica sopa salí disparada y no dije nada….Ya por fin llegue a la casa y mientras me cambiaba fui para la cocina y ¡oh sorpresa! Una gotera en el tragaluz…recién estrenadita yo sin zapatos era de esperar lo que paso…gracias Dios mío al desayunador que estaba en mi camino y recibió mi estructura con ganas (yo no le pregunte)pero mi cuerpo no se sintió ni feliz ni contento pero….
Bueno el resto fue rutina, paso tranquilo…pero por la noche cuando me estire en mi cama, pensé…has estado a punto de coger una pulmonía, ahogarte en un rio, que te espachurrara el bus de la U. Que una goterita me mandara a el suelo…..Y nada paso. Aquí estoy feliz en mi cama leyendo y viendo tele con un gato, encima… y no lo dudo ¡hoy fue un día feliz…..Entre c comillas o como sea, pero estar así, es un fin feliz.
Antonia Morales Diez. Piam u.c.r


viernes, 21 de abril de 2017

Olvidarte nunca



En 1971,por primera vez pasé navidad y año nuevo, fuera de mi patria natal, en ese primer año mi mente y corazón se desangró como nunca. Deseaba abrazar y brindar por un nuevo año a mi novia Maricela y no estaba ella, tampoco mis amigos ni familiares. Para extirpar de mi mente esos vivos recuerdos que me laceraban opte por embriagarme para así pasar un año nuevo anestesiado de los recuerdos.

En mi habitación, a pesar de tener oídos para escuchar música alegre, no lo escuchaba, mis pensamientos estaban focalizados en el recuerdo de Maricela, repetía una y otra vez en silencio “hace un año en mi ciudad natal, estábamos juntos y prometiéndonos nunca separarnos, tomando coca cola y bailando muy abrazados las canciónes de moda de esa época: Los Ángeles Negros, Los Golpes, Leonardo Fabio, Leo Dan.”.
Ella era mujer bonita, labios sensuales y muy rojos, acostumbraba obsequiar su sonrisa, nunca la vi enojada.

El destino se interpuso en nuestros caminos, en junio de ese año, me vi obligado a salir del país, a raíz de un golpe militar, que en entre otras medidas, clausuró por tiempo indefinido las universidades públicas, con el argumento que los centros universitarios era nido de comunistas.

Maricela y yo teníamos muchísimos planes y proyectos de vida. Ella continuaría estudiando ciencias médicas, para curar en forma gratuita a los pobres, yo, sería abogado o periodista, para defender a los que no tienen voz y denunciar injusticias.

Han transcurrido más de cuatro décadas, las canas ya empezaron a ganar terreno en mi cabeza, dejé de trabajar, ya que disfruto de mi jubilación, han transcurrido, muchos pero muchos almanaques y, no logro olvidarla. Ella al igual que yo, tiene su propia familia, esposo. Cumplió su anhelo de ser Médica. Eso me expreso en una llamada telefónica que hice en mi reciente viaje.

Estoy seguro que si Maricela escuchara esta canción, “Olvidarte Nunca” del grupo chileno Los Galos mentalmente su recuerdo la trasladaría hasta mi.

Pasaran los días, pasaran los años
Nuevas ilusiones, otras despedidas
Pero a ti olvidarte, nunca
Si juré contigo olvidarte nunca.
PastorM

lunes, 17 de abril de 2017

la vida, conmigo, se ha lucido.



La calma. La paz. El silencio. Cuando se han perdido a través del tiempo, cuando han sido sustituidas por palabras con fuerza de cuchillos, con miradas cargadas de desprecio, con aquellos otros silencios llenos de cinismo, miradas duras como hielos, bocas sin besos, brazos sin alma. Si al fin los recuperas, no habrá nada en el mundo que te obligue a olvidarlos.
Cuando has amado con todo tu ser. Has entregado mas que tu vida y al hacerlo quedaste desnuda de ganas, sin fuerza ni aliento para continuar viviendo, cuando miras en el espejo el reflejo de lo que fue tu cuerpo, ahora marchito, cansado y piensas, dónde perdí mi alma?
Aquellas hijas que antes llenaban mi casa, con sus risas y pleitos y sus carreras detrás de juguetes, llenando el entorno de migas de galletas, papeles de cartas y perfumados borradores. Dónde el tiempo las convirtió en adultas y llenaron otros espacios que ya no son los míos?
Mis padres se hicieron viejos, tan viejos como el olvido y tuve que regalarles mis horas, para vestirlos y acompañarlos, contarles mil cuentos y asegurarles que aún había tiempo, que se curarían que no tuvieran miedo y ahora son solo recuerdos.
Qué se hicieron las guarias de mi patio? Ayer estaban florecidas, llenaban grandes espacios, las tapias y todos el entorno con sus propios hijos, en troncos pequeños luchaban por mostrar mas flores. Y las vandas? Abrazaban con sus múltiples brazos cargados de ramos perfumados el tronco del árbol de cas. Las lluvias a traición su flores estropearon y ahora por el suelo lucen tristes y ajadas como alfombras sin brillo ni color.
Y mi juventud, donde se ha ido? si solo ayer como juguetona mariposa yo cruzaba los patios llenos de plantas, agachada liberándolas de malezas y de bichos, sintiendo la tierra entre mis dedos, separando piedras al pasar mis manos por el suelo deseoso de caricias y de semillas que igual que la vida, se empeñara en ofrecer belleza? Juegos del tiempo, que nos hace creer que somos eternos, igual que nuestros cuerpos sin desgastes ni fatigas.
Ahí miro mis zapatillas de danza, por allá quedó escondido mi último leotardo, de verdad yo podía hacer aquellas rutinas tan intensas moldeándome como si mi carne fuera de madera y un cincel lo trabajara? Interminables horas gloriosas donde el sudor y el cansancio de mi cuerpo de dolores fuera el premio, aquella música y aquellos pasos aprendidos con euforia significaban que había podido. Y el tango, con sus sinuosos movimientos cargados de erotismo, o la alegre algarabía de los cientos de monedas sujetas a mis caderas, mientras música de tierras árabes y gitanas, las obligaban a moverse a veces suaves y cadenciosas, otras con rabia y desafío. Adónde fue mi baile?
Y la música, por horas aprendida, en interminables ensayos, repitiendo hasta el hastío, notas, tonadas, merismas, cuidando la vos y la garganta con chales y jarabes de miel y jengibre, lubricando con agua las cansadas cuerdas vocales. Y tocar el cielo y el infinito cuando el ensamble de las voces producían de nuevo la magia, orquesta y coro con una sola energía, aquellas obras escritas por los grandes de éste mundo renacían de nuevo y el aplauso caluroso y cerrado al final de la obra te regalaba lágrimas de alegría. También se ha ido.
Y después de ser y estar, de haber tenido y perder, después de haber amado y vuelto a amar, de llorar y ahora sonreir, de sostener entre mis brazos tantos niños que me han precedido, volviendo a llenar mis espacios de música y color, de cantos y de risas, a pesar de mis pasos mas lentos y de mis sueños frustrados, la vida se los aseguro, conmigo se ha lucido.
Lia Ferreto.
16-4-2017.




Suspiro.


Siento una gran tibieza. Detrás de mi espalda se acomoda a lo largo. Su cabeza junto a la mía reposa sobre la almohada. Respira tan lento, luego de exhalar un dulce y suave suspiro. Abandonadas en el sueño disfrutando nuestra cercanía. No nos movemos, en un mudo y total acuerdo. Al amanecer decide acurrucarse a mis pies. Muévete un poco Lolita, le digo.
Lia Ferreto.
4-2017.

Olvidar


Olvidar: Dejar de tener en la memoria lo que se tenía o debía tener, no tener en cuenta algo.

Una persona puede olvidar; pero que buena parte de un pueblo lo haga es imperdonable, por eso, no concibo el por qué en estos momentos haya un precandidato del Partido Liberación Nacional que en 1994 fue vinculado e investigado por una estafa de $10,0 millones de dólares cometida en contra de unos inversionistas judíos a quienes embaucó y estafó con un proyecto de unas supuestas minas de oro.

Me refiero al mismo que dejó a cientos de costarricenses sin trabajo por haber cerrado los ferrocarriles y el Banco Anglo Costarricense, ése que salió del país y estuvo fuera durante diez años mientras prescribía el caso de los $900.000,00 dólares que recibió por sobornos del caso ICE-ALCATEL.  Qué curioso, su regreso al país se dio después de una entrevista que Ignacio Santos le hiciera en España y donde como es su costumbre, lloró por el exilio al que personalmente se había sometido, según él vendría a comerse un tamalito que tanta falta le hacían.   Qué cáscara de cabrón.

Ése fue a quien se le hizo un juicio por el caso Chemise a quien se dijo le dio muerte de la forma más vil y cobarde.   Ese canalla nunca fue absuelto de tan atroz crimen, lo que se argumentó por los Jueces es que el caso ya estaba prescrito.  En tan sonado y mediático caso las respuestas ante las consultas de los Sres. Jueces fueron -“No sé, no me acuerdo”-, hoy, quien no le ha dado cuentas claras al país sobre sus cuestionados actos, con desparpajo increíble aspira de nuevo a ser candidato a la Presidencia de la República.  Ahora la tarea del no me olvido le toca al electorado costarricense.   
.Ricardo Jiménez

Cuando nací.



Qué difícil tratar de imaginar lo que sus padres pudieran haber pensado cuando uno nació, sin embargo, hago un esfuerzo por acercarme al pensamiento que mi madre pudo haber tenido cuando ella solita me trajo al mundo y me cortó el cordón umbilical, tal y como ya lo había hecho con la mayoría de mis 18 hermanos.

Quizás pudo haber pensado y dicho gracias Señor por éste niño y seguidamente agregó, qué irá a decir tu tata cuando te vea.  Mi padre anhelaba tener una hija porque hasta el parto 18 todos fueron hombres, para él una niña era lo que le desvelaba el sueño, era la personita que le podría llenar el vacío que tenía, sin embargo, al verme se alegró y también como agradecimiento elevó un pensamiento a Dios, no sin antes exclamar, la próxima vez será.
Ricardo Jiménez 

El objeto perdido







Para ésa época era un niño de escasos 12 años, mi hermano William se había separado de Toña y por eso vivía con nosotros en casa de mis padres, como todo buen amor, un día se reconciliaron y decidió volver con su esposa.  William, con lo único que se había venido era con una valija mediana, llena de ropa y pequeñas pertenencias.   En un lejano día del año 1962, mi hermano me dijo que le fuera a dejar la valija al barrio Cristo Rey, cerca de donde nació el canal 7.

Para un güila eso era toda una aventura, cogí la valija y me fui en el bus de Paso Ancho que cobraba quince céntimos, me bajé en la parada que estaba frente a la salida de los trenes al pacífico; con mi encargo al hombro, crucé la calle y caminé hacia el oeste, muy orondo pasé frente a la entrada de la estación del ferrocarril.

Raudo iba al lugar donde entregaría la valija; de repente y de la nada, aparece un hombre que me dice: -"niño, hágame un favor y le regalo un diez, vaya a esa casa y le dice a María que aquí la estoy esperando”-, la casa de color verde estaba como a las 50 varas de dónde nos encontrábamos.   Me pidió que le dejara la valija y él la cuidaría, toqué, una, dos, tres, cuatro veces y nadie salió, cuando vuelvo a ver, el hombre y mi encargo como por arte de magia habían desaparecido.

Como un ingenuo caí en la trampa y perdí la valija, ella voló, se esfumó junto al hombre.  Los que no se perdían y tampoco se quitaban, eran los moretones por la paliza que me dieron y que jamás olvidaré. 
 Ricardo Jiménez

Sala de espera..


Un aeropuerto internacional, en la sala de espera, tres sobrinos observamos al Tío Rafael pasearse por la tienda libre de impuestos.De pronto, se vuelve hacia nosotros con expresión de alegría y triunfo: logró encontrar,entre cientos de frascos,el perfume favorito de mi Tía Carmen.
En el mismo instante en que la va a llamar a gritos,recuerda que ella ya no està.
Todos  sentimos la bofetada seca con la que su ausencia le ha congelado aquel instante de felicidad.
Lilia Canossa  Armijo

Ausencia



Las arañas han hecho y siguen haciendo su impecable trabajo,sobre mi teléfono fijo.Esta obra de arte,hermosa, como una mini sábana bordada,no la rompería nada,ni nadie, ni siquiera mi esfuerzo por contestar una llamada que ya no espero.Te perdí,hoy hace exactamente ocho años.Sin embargo,seguís ahí, sentada en la terraza,contemplando las orquídeas.
Lilia Canossa  Armijo 

Mi Mama y su pensamiento



Yo no tengo idea de lo que pensaría la primera vez que me vio, yo después de todo en el lio de nacer no estaba para esos detalles así que mejor crezco un poco. Sé que de mayorcita, solía decir que vine al mundo con un libro y un animalito en los brazos y para colmó que era candidata a trabajar en un circo….porque solía treparme a cualquier parte sin distinguir, fuera árbol, mesa sillas o cualquier mueble, me encantaba escalar y los cacharros más complicados de las ferias. Nunca me caí, y por suerte no, tuve una quebradura. Y así crecí viendo en que deporte (que no tuviera una pelota, esas me asustaban) me colaba, rápidos, canopy y todo lo que podía alcanzar, pero los años me alcanzaron a mi aún más rápido y una rodilla me remato. Así que que me fui a practicar esgrima que al menos no salto y me fue bien dentro de lo que puedo…. Pero el martes pasado salí, contenta por ir por vez primera vez en el curso a la clase y de pronto ¡zas¡ allí estaba yo aplastada como una cascara de banano en mitad de la acera un tropezón un limpio aterrizaje de narices y no es metáfora eran mis narices las que sangraban y mi barbillita para hacer juego también, me quede tan planchada y tan desmoralizada que no podía levantarme, por suerte un joven me ayudo y al ponerme en pie voy y me mareo no sé si del golpe o de la frustración, después vino uno de los guardas y acordaron una ambulancia yo no quería, pero como me sentía como si me hubiese bebido una docena de cervezas con alcohol, accedí luego paso el profe Don Luis y me consoló, y la ambulancia no venía. , pero si unas compañeras Rita y Loren que vinieron a ver el pobre y lamentable espectáculo de mis narices sangrantes .Nada me paso nada se quebró solo la autoestima y lo que dolió todo una semanita completa. Y desde el cielo estoy segura que mi mama me vio y se murió de la risa (eso es un decir porque ya está muerta) pero le hizo gracia y seguro que pensó…se cree que acaba de nacer y ya está de salida….Bueno Mama pero el martes si Dios quiere voy a clases y por favor échame una mano y que no me caiga más. Es mi único deporte y lo voy hacer por narices sangren o no.
Antonia Morales Diez.
Escritura Creativa. Piam. UCR