lunes, 11 de julio de 2016

Me puse el sombrero





Pasaba por una calle en uno de esos días en que me encontraba no muy consciente de lo que estaba pasando cuando vi un letrero que decía “Me puse el sombrero”, y vino a mi memoria aquella época de mi adolescencia en que la gente se esmeraba por andar muy bien vestida. Además de que el vestido era de cierta elegancia también se usaba sombrero, tanto los hombres como las mujeres. Recordé entonces que yo tuve dos sombreros de mi predilección, uno era de paja muy fina con un ramito de flores y frutas de colores, el otro de color rosa pálido que me hacía ver muy coqueta. Los usábamos para ir a misa y también para ir al cine. Por cierto que aquí teníamos que buscar muy bien el lugar donde sentarnos, pues a veces los sombreros eran tan grades que no nos permitían ver la película. Recordé también que después de un tiempo en el que no se volvió a usar el sombrero, volvió la moda pero solo para los varones.

Hoy día se usa mucho el sombrero sobre todo para protegerse del sol o como parte del vestido, claro que son sombreros más sencillos acordes con el tipo de vestido sencillo o de pantalón jeans tan de moda actualmente.

No puedo imaginarme a las personas hoy día saliendo para el trabajo con un sombrero cargado de flores, velos o cintas, ya que todo el mundo corre para no llegar tarde a su trabajo y además hay tanta gente en las calles que los sombreros irían chocando. Todo tiene que ir de acuerdo a la época.



Carmen Brenes Protti

Lo que no puedo contar






Treinta años cumple el Programa integral del adulto mayor (PIAM) de brindar una gran cantidad de oportunidades que han logrado llenar las expectativas que muchos adultos no habían podido realizar y que ahora se sienten tan bien que asisten cada año a cursos diferentes. También muchas personas que si tuvimos la oportunidad de hacer estudios hemos aprovechado para experimentar en otros campos.

Lo que no puedo contar es que para celebrar los 30 años de fundado el PIAM hará un baile de gala en el mes de octubre. Entendamos que es un baile de gala, o sea que para asistir debemos tener un traje largo o uno de coctel que cumpla los requisitos de baile de gala y esto requiere además zapatos elegantes para no desentonar.

Yo no puedo ir al baile pues no tengo vestido, desde hace varios años deje de usarlos ya que los pantalones me son mucho más cómodos y los vestidos largos después de varios años de que me estorbaran en el closet decidí regalarlos, siempre hay alguien a quien le sirven. Talvez podría comprar uno para la ocasión pero aun así no podría ir pues no tengo zapatos y eso sí que es un problema sin solución pues ahora solo uso zapatos de tacón bajo, anchos y suaves, para que no me maltraten, y no puedo comprar otros más aparentes pues no he conseguido una zapatería que me ofrezca algo que me quede cómodo y que al mismo tiempo muestre cierta elegancia.




Carmen Brenes Protti

En el Silencio de Quepos





Aquí voy en una buseta de la universidad, rumbo a Quepos, a hacer una práctica de pintura con niños de 11 y 12 años. Somos cuatro compañeras del grupo de pintura y el profesor Carlos Badilla. El convenio dice que debemos hacer por lo menos una visita cada semestre a una comunidad para hacer con ellos una clase de pintura. Las primeras fueron con adultos mayores y la experiencia fue excelente. Hoy que trabajaremos con niños esperamos que los resultados sean igualmente buenos.

El paisaje es extraordinario, propio de las zonas costeras, pasamos por Orotina, Jacó, Parrita, todos esos lugares me trajeron bellos recuerdos de vacaciones pasadas con la familia o con los amigos. Luego venían las fincas de palma que le dan un bello aspecto a la zona. Por fin llegamos, tuvimos que entrar a una de esas fincas, “El silencio de Quepos”, ahí nos esperaban para ir directo a la escuela donde ya estaban los niños listos. Les repartimos los materiales y Ana Celia se encargó de explicarles la teoría del color, luego les dimos algunas ideas de temas, pero sobre todo haciendo hincapié en que lo más importante era la creatividad.

Comenzaron a dibujar y aparecieron gran cantidad de paisajes con montañas, mares con peces, canchas de futbol, animales, luego les hicimos varias indicaciones para que los pintaran, y así fueron saliendo los cuadros llenos de color.

Noté que una alumna se veía con poco entusiasmo para trabajar, pero al fin pudo dar por terminada su obra, entonces le pregunté que si quería hacer otra y me dijo que sí, pero que lo que quería era hacer algo como así y movió las manos sobre el papel, sin una dirección, indicando algo totalmente libre. Le pregunté que si sabía cómo hacerlo y me dijo que no, entonces le di algunas ideas y que podía ayudar si mojaba bien el papel. Ella echó pintura con cierto orden y luego esperó para ver resultados. Ahí estaba su obra de arte, amenizada por una linda sonrisa, indiscutiblemente se sentía feliz, había logrado su objetivo. Aproveché para indicarle que esa era una pintura abstracta y que era posible que algunas personas le preguntaran, ¿qué es?, que entonces les respondiera que era una pintura abstracta y que no tiene que representar nada, que es la expresión emotiva del artista. Para gran sorpresa mía, se volvió y me dio un abrazo, y me dijo, “¡gracias!”. Creo que solo eso valió la pena la madrugada y el viaje tan largo.




Carmen Brenes Protti