Córdoba mi ciudad, con muchos
siglos y cada uno dejo su impronta, sus costumbres, monumentos,
palacios y simples casas, llenas de misterios y leyendas de brujas
espantos y reyes moros con sus tesoros escondidos.
Cuando yo era pequeña viví en una
de esas casas. Esta casa palacio, muy vieja había pertenecido a un
obispo y sobre los muros tenía un crucifijo de piedra que le dio
el nombre de Casa del Crucifijo y con el tiempo también a la
callejuela de piedras y lozas donde se encontraba (quiero aclarar que
no era la única, enfrente había otra, La Casa del Escudo) pero
bueno a mí la que, me interesa contarles es la leyenda, bueno una
de las leyendas, pues contarlas todas darían para un libro bien
grande. Así que resumiendo, les voy a contar una de esas misteriosas
historias de la casa que era nuestra, desde mi bisabuelo y que
cuando nosotros la vendimos aun estuvo muchos años vacía
derrumbándose de a poquitos, hasta que solo quedo la fachada con su
puerta doble de madera pesada, y su llamador de argolla de hierro, y
por supuesto su crucifijo de piedra.
Cuando era pequeña sin televisión,
solo leer y oír radio era la diversión de que disponíamos en casa
.bueno pero ahí estaba mi papa, que había heredado de mi abuelo
todos los cuentos de la casa del crucifijo, y si me apuran de todas
las de esta ciudad. Por la noche cuando ya estábamos en la cama o
a punto de irnos, mi papa empezaba a relatarnos a mi hermana y a mí,
las leyendas, sobre todo lo que el abuelo había vivido en carne
propia.
Yo no conocí a mi abuelo pero era
un señor muy pintoresco, era militar y estuvo casi toda su juventud,
a caballo entre Córdoba y Granada, con lo cual a parte de las
leyendas heredamos un gran amor a Granada y por supuesto a sus
leyendas.
Pero volvamos a Córdoba y por
supuesto a la Casa del Crucifijo, a la que fue mi hogar hasta los 16
años.
En estas casa por supuesto había un
martinico (un martinico es un duendecillo travieso, y bastante
bipolar, porque a veces era bueno a veces malo), esto en Córdoba,
es muy normal, toda casa antigua tenia uno, sino no, no había
misterio ni que contar por la noche. Bueno el nuestro, mejor el del
abuelo, era travieso si se le hablaba con cariño, era bueno pero si
le reñían por coger o romper algo, era peligroso. Por eso, según
mi papa, el abuelo siempre le pedía las cosas que el tal martinico
escondía, de la manera más cariñosa, la formula según eso era:
-Martinico, precioso, bonito por tu
gran sabiduría, encuéntrame lo que perdí….-
Y claro solía a veces, solo a veces
devolver lo que escondió, si no, podían pasar meses y no
devolverlo, nunca si eran objetos de oro, eso según mi abuelo,
jamás lo devolvía.
El caso es que una noche, estando
solo el abuelo se le materializo el martinico, como un enanillo
saltarín y ruidoso, y mi abuelo en vez de asustarse (eso era lo peor
que se podía hacer demostrar miedo) Le saludo con cariño y le
pregunto con amabilidad, que se le ofrecía. El martinico le
respondió que estaba aburrido y que simplemente se iba a otra casa,
Pero como él había sido tan amable le iba a premiar, le conto que
hace muchos años allí vivió un judío que tenía muchos tesoros y
muy escondidos, pero sus hijos codiciosos se los quisieron robar,
como se dio cuenta lo mataron y lo tiraron al pozo (Por cierto ese
pozo existía, allí estaba, y mirábamos el fondo mi hermana y yo
con un espejo, siempre sin miedo nos gustaban esas historia, pero
pareciera que no las creíamos, porque nunca sentimos miedo) ni de la
casa ni del pozo y mucho menos del martinico.) Entonces los malvados
hijos se quisieron llevar el baúl con el gran tesoro. Pero allí
estaba nuestro martinico, que ya no sabemos si fue un rasgo de
justicia o simplemente que pensó que el tesoro debía ser para él ,
me inclino por esto último conociendo lo que se cuenta de este
amante del oro que era este duendecillo. Se puso las ropas del
judío y se les presento acusándolos, el susto fue tal que uno se
arrojo por la ventana y se mato y el otro de una vez ¡zas¡ por las
escaleras….. yo aquí lo dudo, porque las escaleras daban una
vuelta y era un primer piso, era casi imposible, ( y lo digo con
conocimiento de causa, porque yo me caí por ella en dos ocasiones y
nada me paso) en cuanto a la ventana, esa no doy fe, pero es más
probable pues las lozas eran, no, son que allí siguen, de piedra y
la callejuela de piedrecita de rio picuda. Así que ese si pudo morir
es el caso que los vecinos acudieron a los gritos y descubrieron todo
el crimen, rescataron el cuerpo del judío, y revisaron la casa,
pero del baúl nunca apareció ni vieron señales Así que después
de eso fueron muchos los que trataron de meterse en la casa a
buscarlo, pero siempre con resultado de escalera o ventana, a gusto
de cada cual.
El martinico le dijo que el baúl
seria para el si una noche a la luz de la luna, con una vela vendita
le daba tres vueltas al pozo recitando unas palabras en un idioma que
mi abuelo no entendía, entonces tendría la señal de donde estaba
escondido el baúl. El martinico, se fue y el abuelo, se quedo
pensando que aunque la curiosidad era mucha, la desconfianza y el
miedo también, es muy difícil creer a un martinico, podía ser una
trampa.
Pero no tuvo mucho que pensar, pues
esa misma noche le llego una orden de traslado para Granada, tuvo
que marchar, Cuando volvió tres o cuatro años después, ya no
recordaba las palabras y que se sepa no volvió a ver a nuestro
pariente añadido el martinico.
Mi padre lo contaba muy serio y
contaba un montón, de historia de su padre, todas de lo más
interesantes. Lo que pasa es que ahora, cuando me acuerdo y veo que
yo también me invente, cuentos para mis hijas. Si aquello seria
leyendas, cuentos del abuelo o simplemente historias de mi papa ara
nosotras-
Antonia Morales Diez (estudiante del
taller de Periodismo y Comunicación del PIAM)
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