Aquí voy en una buseta de la universidad, rumbo a
Quepos, a hacer una práctica de pintura con niños de 11 y 12 años.
Somos cuatro compañeras del grupo de pintura y el profesor Carlos
Badilla. El convenio dice que debemos hacer por lo menos una visita
cada semestre a una comunidad para hacer con ellos una clase de
pintura. Las primeras fueron con adultos mayores y la experiencia fue
excelente. Hoy que trabajaremos con niños esperamos que los
resultados sean igualmente buenos.
El paisaje es extraordinario, propio de las zonas
costeras, pasamos por Orotina, Jacó, Parrita, todos esos lugares me
trajeron bellos recuerdos de vacaciones pasadas con la familia o con
los amigos. Luego venían las fincas de palma que le dan un bello
aspecto a la zona. Por fin llegamos, tuvimos que entrar a una de esas
fincas, “El silencio de Quepos”, ahí nos esperaban para ir
directo a la escuela donde ya estaban los niños listos. Les
repartimos los materiales y Ana Celia se encargó de explicarles la
teoría del color, luego les dimos algunas ideas de temas, pero sobre
todo haciendo hincapié en que lo más importante era la creatividad.
Comenzaron a dibujar y aparecieron gran cantidad
de paisajes con montañas, mares con peces, canchas de futbol,
animales, luego les hicimos varias indicaciones para que los
pintaran, y así fueron saliendo los cuadros llenos de color.
Noté que una alumna se veía con poco entusiasmo
para trabajar, pero al fin pudo dar por terminada su obra, entonces
le pregunté que si quería hacer otra y me dijo que sí, pero que lo
que quería era hacer algo como así y movió las manos sobre el
papel, sin una dirección, indicando algo totalmente libre. Le
pregunté que si sabía cómo hacerlo y me dijo que no, entonces le
di algunas ideas y que podía ayudar si mojaba bien el papel. Ella
echó pintura con cierto orden y luego esperó para ver resultados.
Ahí estaba su obra de arte, amenizada por una linda sonrisa,
indiscutiblemente se sentía feliz, había logrado su objetivo.
Aproveché para indicarle que esa era una pintura abstracta y que era
posible que algunas personas le preguntaran, ¿qué es?, que entonces
les respondiera que era una pintura abstracta y que no tiene que
representar nada, que es la expresión emotiva del artista. Para gran
sorpresa mía, se volvió y me dio un abrazo, y me dijo, “¡gracias!”.
Creo que solo eso valió la pena la madrugada y el viaje tan largo.
Carmen Brenes Protti
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