Resulta
ser que un mini ángel,que venía en pleno vuelo, se distrajo y cayó
torpemente dentro de una cucharadita de jarabe para la tos.No era la
primera vez que se distraía; siempre estaba haciendo competencias de
vuelo contra los zancudos Culex, simples insectos domésticos. Es bien
sabido que ambas especies tienen unas dimensiones, liviandad y manera de
volar muy similares y que les encantan estas tontas competencias. El
caso es que el mini àngel se sintió de pronto inmerso en aquel líquido
dulzón,fresa-transparente y luego tragado a la fuerza por una ancianita
que ya estaba en las últimas,como dicen los mortales.
El
forcejeo entre paciente y cuidadora, provocó que el angelito,en vez de
navegar por la faringe,fuera a dar con un crujido seco a la tráquea de
la víctima.
"Ya
no hay nada que hacer por la señora,esta neumonía no tiene control",les
había dicho el médico a las cinco hijas sesentonas." Déjenla
descansar,aplíquenle oxígeno todo el tiempo, ella se va a ir quedando
dormidita,poco a poco".Pero ninguna de las cinco se conformaba con
perder a su viejita de noventa y ocho años y como se turnaban para
acompañarla,cada una de ellas,a escondidas,la obligaba a tragar posibles
remedios milagrosos: atol de camote,miel de abeja,té de jengibre,guaro
puro y...jarabe rosado para la tos.
El
mini angelito se sentía torpe,recorriendo aquel desvencijado aparato
cardio respiratorio,aquellos pulmones grisáseos,aquel corazón que
tropezaba más y más lentamente hacia el final. Se apoyó lo más
cómodamente posible contra la pared de un bronquio reblandecido e
inflamado,molesto por aquel pegoste rosado en que se habían transformado
sus alitas.De pronto recordó que había sido creado para hacer el bien:
¿Qué podría hacer para ayudarle a aquella enfermita maltratada?
¿Quitarle la infección mortal de una vez por todas?¿Desinflamar aquella
ciénaga henchida de porquerias ?¿Convertir su cinturón dorado en cuerda
de campanario y colgándolo de la bella curvatura de la aorta,hacer
repicar la vida en aquel corazón trastabilleante? Lo pensó mejor; con un
dedito tocó el bronquiolo que le quedaba más cercano.Esta diminuta
acción produjo un espectacular efecto dominó: todo se sacudió
violentamente y se volvió de un azul diàfano, dentro de aquella caverna
que se iluminó de paz.
La
viejita,en un movimiento ya reflejo,se libró de la máscara de oxígeno y
abrió la boca desmesuradamente,como todo recién fallecido que se
respete.Por ahí salió,medio volando el mini ángel.Se fue a limpiar las
alas con el brillo de la luna.
Lilia Canossa Armijo
16 de junio 2017
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