martes, 13 de junio de 2017

Parejas

Sentada en la última banca de una iglesia me encontraba un domingo en la Misa. Para no distraer a la gente escogí ese lugar, que me pareció tranquilo y fresco pues era el mediodía. Eso me permitía observar a mis anchas a varias parejas que tenía frente de mi. Tenían todos en común que la mujer se mostraba cariñosa, tendían a ser atentas y solícitas a sus hombres en tanto ellos se mostraban distantes y poco interesados. Se tocaban constantemente el pelo, se  movían a veces seductoras a veces impacientes, se acercaban a ellos y  pasaban su brazo por la espalda, les tomaban la mano o recostaban la cabeza en su hombro. Ellos imperturbables parecían ajenos a aquella especie de acoso de sus parejas, muy seguros de su valor y de su atractivo. Sólo vi a un hombre que nunca quitó su mano del hombro de ella, mientras en medio de ellos se encontraba una pequeña hija. Las veía a todas inseguras, sometidas y con una aparente efervescencia hormonal, no satisfecha en ese fin de semana. Tampoco es que ellos fueran galanes de novela. Los había gruesos y sin aparente atractivo, otros sencillos y comunes. Parecía que ellas no opinaban como yo.
En una mesa grande de esas que recogen a muchas personas me encontraba yo en un almuerzo. Las mujeres solas éramos minoría. Las parejas por el contrario estaban formadas por uniones de muchos años. Entre ellos casi ni se miraban, resultaba evidente que era mas atractiva la comida y la conversación amena de un  comensal de gran encanto para hablar. Varias de éstas personas tenían Alzheimer. La mirada ausente de dos mujeres reflejaba el mal que había echo nido en sus cabezas, pero no dejaron de mostrarse a veces seductoras o femeninas y risueñas. El hombre que era pareja de una de ellas, complacido con la conversación, hacía gala de autonomía y de conocimiento sobre el tema a pesar de que su enfermedad le daba algunas zancadillas.
En una sala de estar nos encontramos varias personas celebrando una noche. Se podía saber con seguridad quienes eran esposos de algunos años. Su conversación era contenida, agradable y de sonrientes rostros, pero sin la pasión de aquellos primeros años. Otros parecían tortolitos enamorados, se tocaban y acercaban sus cabezas entre risas cómplices, eran sus primeros meses de noviazgo. Estaba aquella otra muchacha tan bonita que tomaba de la mano a su novia, con decisión y protectoramente. Aquellos otros funcionaban con la misma precisión de quienes se saben presos por la rutina y no encuentran una salida. También algún muchacho enamorado que escribía mensajes a su amada desde el teléfono que nunca puso a un lado. Y las mujeres solas que siempre aumentan, algunas felices de su vida y otras lamentando su recién soledad adquirida.
Conocí aquellos otros, que reverencian su encuentro al cabo de tanto tiempo, sus momentos juntos se cargan de ternura y de alegría, pasión y amor por tanto como les da la vida. Cualquier eventualidad los torna inseguros, distantes y perdidos como si los momentos compartidos no hayan sucedido, se vuelven hoscos, irritables y prefieren el silencio y la distancia.
Será que en algún momento la vida de un vuelco y puedan las personas ser mas felices estando en pareja o estando solas? Observo y miro, analizo a los grupos que pasan enfrente de mi vida. La felicidad, la autorrealización y la plenitud se convierten en solo palabras descriptivas de estados emocionales vividos en algún momento, por alguna persona, que las tuvo y entre sus manos y ante sus ojos se deslizó suavemente cuál arena cálida y húmeda pero siempre escurridiza. Son las cosas de la vida.
Lia Ferreto.

Junio-2017.

No hay comentarios:

Publicar un comentario