miércoles, 18 de abril de 2018

La vida conmigo se ha lucido.




La calma. La paz. El silencio. Cuando se han perdido a través del tiempo, cuando han sido sustituidas por palabras con fuerza de cuchillos, con miradas cargadas de desprecio, con aquellos otros silencios llenos de cinismo, miradas duras como hielos, bocas sin besos, brazos sin alma. Si al fin los recuperas, no habrá nada en el mundo que te obligue a olvidarlos.
Cuando has amado con todo tu ser. Has entregado mas que tu vida y al hacerlo quedaste desnuda de ganas, sin fuerza ni aliento para continuar viviendo, cuando miras en el espejo el reflejo de lo que fue tu cuerpo, ahora marchito, cansado y piensas, dónde perdí mi alma?
Aquellas hijas que antes llenaban mi casa, con sus risas y pleitos y sus carreras detrás de juguetes, llenando el entorno de migas de galletas, papeles de cartas y perfumados borradores. Dónde el tiempo las convirtió en adultas y llenaron otros espacios que ya no son los míos?
Mis padres se hicieron viejos, tan viejos como el olvido y tuve que regalarles mis horas, para vestirlos y acompañarlos, contarles mil cuentos y asegurarles que aún había tiempo, que se curarían que no tuvieran miedo y ahora son solo recuerdos.
Qué se hicieron las guarias de mi patio? Ayer estaban florecidas, llenaban grandes espacios, las tapias y todos el entorno con sus propios hijos, en troncos pequeños luchaban por mostrar mas flores. Y las vandas? Abrazaban con sus múltiples brazos cargados de ramos perfumados el tronco del árbol de cas. Las lluvias a traición su flores estropearon y ahora por el suelo lucen tristes y ajadas como alfombras sin brillo ni color.
Y mi juventud, donde se ha ido? si solo ayer como juguetona mariposa yo cruzaba los patios llenos de plantas, agachada liberándolas de malezas y de bichos, sintiendo la tierra entre mis dedos, separando piedras al pasar mis manos por el suelo deseoso de caricias y de semillas que  igual que la vida, se empeñara en ofrecer belleza? Juegos del tiempo, que nos hace creer que somos eternos, igual que nuestros cuerpos sin desgastes ni fatigas.
Ahí miro mis zapatillas de danza, por allá quedó escondido mi último leotardo, de verdad yo podía hacer aquellas rutinas tan intensas moldeándome como si mi carne fuera de madera y un cincel lo trabajara? Interminables horas gloriosas donde el sudor y el cansancio de mi cuerpo de dolores fuera el premio, aquella música y aquellos pasos aprendidos con euforia significaban que había podido. Y el tango, con sus sinuosos movimientos cargados de erotismo, o la alegre algarabía de los cientos de monedas sujetas a mis caderas, mientras música de tierras árabes y gitanas, las obligaban a moverse a veces suaves y cadenciosas, otras con rabia y desafío. Adónde fue mi baile?
Y la música, por horas aprendida, en interminables ensayos, repitiendo hasta el hastío, notas, tonadas, merismas, cuidando la vos y la garganta con chales y jarabes de miel y jengibre, lubricando con agua las cansadas cuerdas vocales. Y tocar el cielo y el infinito cuando el ensamble de las voces producían de nuevo la magia, orquesta y coro con  una sola energía, aquellas obras escritas por los grandes de éste mundo renacían de nuevo y el aplauso caluroso y cerrado al final de la obra te regalaba lágrimas de alegría. También se ha ido.
Y después de ser y estar, de haber tenido y perder, después de haber amado y vuelto a amar, de llorar y ahora sonreir, de sostener entre mis brazos tantos niños que me han precedido, volviendo a llenar mis espacios de música y color, de cantos y de risas, a pesar de mis pasos mas lentos y de mis sueños frustrados, la vida se los aseguro, conmigo se ha lucido.
Lia Ferreto.
 16-4-2017.



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