Fue una hermosa mujer , de piel dorada por el sol ,largos cabellos negros rizados, su cuerpo esbelto y cadencioso como el de una palmera , vivió en la época de la conquista, se enamoró de un hombre blanco joven , quien fue el padre de sus 3 hijos lindos como el sol. Pero el padre los abandonó, dejándolos solos con su madre . Vivían frente al inmenso mar en donde ella esperaba que llegara la noche , para llorar su desventura. Sus hijos fueron creciendo y ella los amaba con locura.
Se hicieron grandes y se fueron a tierras lejanas, formaron sus propias familias y también... la dejaron sola.
Enloquecida de dolor, de soledad, de olvido, gritaba al cielo su desventurada suerte sin obtener respuesta, hizo de la playa su hogar y sentada sobre la arena blanca, miraba el ir y venir de las olas que acariciaban su enjuto cuerpo, reteniendo en su desgreñado pelo parte del agua de mar que se mezclaba con su salado llanto. El mar creció tanto con el llanto de la llorona , que logró juntar el océano Atlántico, con el Océano Pacífico, en donde solamente se ve una línea divisoria y un suave murmullo como el de un lamento , trae el recuerdo de su dolor con el sonido de las olas.
Marta Hernández Mendoza .
21 de mayo de 2018.
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