viernes, 22 de marzo de 2013

Una plegaria, un iniciar



Sergio Regidor Mattey

Es tan placentero ese frío que de aquel lado proviene y que dentro de él encuentro la cálida conspiración de un amigo, que se distrae de su matutino caminar y como si contáramos con un acuerdo previo, se entremete por las tan bien frías estructuras de la casa, y sin hacer ruido, sigilosamente entra al cuarto por el espacio que separa la base de la puerta y el piso de madera, una hendija a lo largo del ancho de la puerta, que no tiene la menor protesta en detener o al menos aminorar, la velocidad de ese hálito de viento y sin más, permite el paso del frío que conociendo su objetivo, sube a la cama, asiéndose de cobijas y almohadas que a un lado del lecho, han ido cayendo conforme ha avanzado la tregua del alma y el descanso del cuerpo, tan solo al compás de las manecillas del reloj que insoslayablemente, cumplen con la rigidez del orden eterno, y tras un segundo, un minuto, una hora, han consumido una noche nueva y ahora, a su pauta, permiten que nazca la madrugada, niña recién nacida que no llora, sino que solo palpita dando testimonio de su vida y que es cálidamente abrasada, por una energía que desde oriente, anuncia el advenimiento de una estrella de amor y pasión, emisaria de la gracia de Dios.

En este cosmos, en este infinito finito, organizan los pajarillos y las aves con sus coros, una tenue y clara sinfonía, que aviva a los vientos y atempera termómetros, tiñendo la atmósfera de matinal música, viva en acordes armónicos que en suma, es todo un concierto, con el que dichos seres atavían el amanecer, engalanan y embellecen la creación, incorporando en sus tonadillas y cantinelas, el llamado a los seres humanos, máxima criatura de la creación divina, a dar gracias a Dios por la vida, como ellos en sus trovas y coplas, lo hacen. Estos canturreos, luego de asegurar el abrigo de mi esposa y el mio propio, me motivan a articular mentalmente un agradecimiento al ser supremo, por este frío que me invita a buscar el calor y la ternura del ser que por su designio me acompaña y así elevo mi oración matutina, la cual espero que entre las baladas e himnos de las aves, llegue al Señor y que sea tomada en cuenta, como lo son los salmos de las aves y pajarillos.

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