Sergio Regidor Mattey
Es tan placentero ese frío que de aquel lado proviene y que dentro
de él encuentro la cálida conspiración de un amigo, que se distrae
de su matutino caminar y como si contáramos con un acuerdo previo,
se entremete por las tan bien frías estructuras de la casa, y sin
hacer ruido, sigilosamente entra al cuarto por el espacio que separa
la base de la puerta y el piso de madera, una hendija a lo largo del
ancho de la puerta, que no tiene la menor protesta en detener o al
menos aminorar, la velocidad de ese hálito de viento y sin más,
permite el paso del frío que conociendo su objetivo, sube a la cama,
asiéndose de cobijas y almohadas que a un lado del lecho, han ido
cayendo conforme ha avanzado la tregua del alma y el descanso del
cuerpo, tan solo al compás de las manecillas del reloj que
insoslayablemente, cumplen con la rigidez del orden eterno, y tras un
segundo, un minuto, una hora, han consumido una noche nueva y ahora,
a su pauta, permiten que nazca la madrugada, niña recién nacida que
no llora, sino que solo palpita dando testimonio de su vida y que es
cálidamente abrasada, por una energía que desde oriente, anuncia el
advenimiento de una estrella de amor y pasión, emisaria de la gracia
de Dios.
En este cosmos, en este infinito finito, organizan los pajarillos y
las aves con sus coros, una tenue y clara sinfonía, que aviva a los
vientos y atempera termómetros, tiñendo la atmósfera de matinal
música, viva en acordes armónicos que en suma, es todo un
concierto, con el que dichos seres atavían el amanecer, engalanan y
embellecen la creación, incorporando en sus tonadillas y cantinelas,
el llamado a los seres humanos, máxima criatura de la creación
divina, a dar gracias a Dios por la vida, como ellos en sus trovas y
coplas, lo hacen. Estos canturreos, luego de asegurar el abrigo de mi
esposa y el mio propio, me motivan a articular mentalmente un
agradecimiento al ser supremo, por este frío que me invita a buscar
el calor y la ternura del ser que por su designio me acompaña y así
elevo mi oración matutina, la cual espero que entre las baladas e
himnos de las aves, llegue al Señor y que sea tomada en cuenta, como
lo son los salmos de las aves y pajarillos.
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