lunes, 4 de marzo de 2013

Como el rosal


  Lia Ferreto

Un pequeño aguacero de verano y mi rosal sin pudor, ni tampoco enojo, formó sobre el pasto una delicada alfombra de pétalos rosados....
Miraba yo por la ventana  esas plantas de rosa que esta mañana lucían ramos perfumados de flores de un tono rosado pastilla, unos ramos tan cargados que daba gusto mirarlos y que ahora, esparcidos y bañados por la lluvia, brillaban en el suelo. Imaginaba el proceso en que el agua al caer con viento y fuerza,doblaba sus largas ramas y provocaba que esa alfombra de pétalos se hubiera formado en tan poco tiempo.
Si yo fuera rosa, pensaba en mi contemplación, desearía que mis flores perduraran colgadas de las ramas, me sentiría dichosa cuando esas personas que pasan frente a la casa, aminoran sus pasos y suspiran mirando mi exuberante belleza. Algunas se detienen y comentan en voz alta, cómo me veo de hermosa, y también algunas sin dudarlo, miran con ojos que delatan celos y tal vez envidia; envidia por la persona que las cuida y que de seguro vive en esa casa, y talvez pensarán,  si sabrá la suerte que tiene, lo afortunada que es de tener en su jardín esas plantas.
¿ Qué de diálogos internos tendrá el rosal que observo ? Conocerá sin duda a todas las personas que entran a mi casa. Sabrá del amor que las acoge, cuando cruzan el umbral y entre risas y parloteos, saborean un te sentadas en la sala, compartiendo conmigo sus vidas, sus vivencias sus angustias, sus triunfos y también sus desaciertos. Tendrá la sabia inteligencia de saber cuales son portadores de bondad y gentileza, y cuales otros arrastran entre sus almas y sus brazos, sentires un tanto retorcidos, emociones y pensamientos que no corresponden a sus sonrientes rostros.
Que de conocimientos venidos de otros mundos y de otras dimensiones tiene mi rosal. El sabe la sutil diferencia entre el estar y el ser. No tiene prisa, nada lo sobresalta.
Cada mañana, antes de que amanezca, mueve sus ramas y se llena de hojas y capullos, desarrolla una dulce danza, y los pajarillos que por ahi descanzan, alzan también sus alas invitados por aquella llamada que la vida susurra entre sus ramas. Impasible, mi rosal ya canta y al apuntar los primeros reflejos de luz que se filtran entre las casas, muestra el perfecto equilibrio entre lo que fue la noche y su misterio, y la claridad del día que apenas nace.
No tiene noción de la vida y de la muerte. Ninguna idea de cómo pasar el día, ni cómo manejar las posibles circunstancias de un tiempo que llegará en aquella idea que tenemos los humanos sobre eso llamado mañana. Vive su eterno hoy, su bello ahora.
Si hace tanto sol, se esmera en cubrirse de flores, como una forma divertida de cambiar su apariencia, y manda a través de sus ramas mensajes de amor, algo así como: a ver, a ver, es tiempo de verano, es maravilloso vernos los brazos llenos de rosas. Yo las amo, no tenemos mas razón de ser que florecer con mas gana. Y obedientes todas sus ramas, sus brazos y sus manos, como en una apuesta a ver cual gana, se llenan de flores y mas flores, de capullos y de brotes, señal perfecta de conseguir una floración por toda la temporada.
Y si es tiempo de lluvias, ella descansa. Mis manos amorosas y las tijeras, con tanto cuidado cortamos sus ramas justo cuando la luna decide menguar, porque de los que siembran la tierra, recibí sus enseñanzas. Y  le hablo y le explico, mira: es tiempo de lograr nuevos retoños, te quito las ramas florecidas, te alimento cada semana, y cuando quieras, me muestras si todo éste cuidado te ha gustado. Pero el no responde a mis palabras. Sabe sin necesidad de que yo le hable, que otro ciclo termina y que otro ciclo comienza.
Y hoy, soltó todas sus flores, que curioso, pensaba yo. No está triste, no llora, no se lamenta, ni siquiera se debate entre si quería mantener sus flores o mirarlas ahi desparramadas.
Miraba y pensaba, en los miedos que nos roban el sueño, esos que me despiertan sudorosa, sobre eventos que no han sucedido, sobre cómo resolver la vida que aún no hemos conocido. Y el miedo a perder a los que tanto amo, mis hijas y mis nietos, a la muerte en todos sus matices.Yo deseaba encontrar la forma de sostener mi mundo donde nada se moviera, estático e interminable. Saber con certeza cómo será el mañana, de que viviré, con quíen y dónde. Si lograré finalmente ser feliz, si conoceré esos lugares de encanto y magia, que mi yo adolescente imaginaba. Pero el rosal seguía imperturbable, diría que feliz y agradecido de mostrarse por un momento florecido y luego, refrescado por la lluvia y bendecido, sabe con certeza que la vida es un continuo nacer, morir y nacer de nuevo, y que si ahora sus flores han caído, mañana o no se cuando, volverá a brotar de nuevo.
Pensaba en las mujeres, las de mi familia, las que he engendrado, en las amigas, en tantas que he conocido. Pensaba en la fuerza que tenemos dentro, muy dentro de nosotras. Una fuerza para tantas desconocida, una fuerza mutilada, maltratada, ultrajada, tantas veces cuestionada, reprimida y casi, casi asesinada. Para tantas mujeres es una fuerza de algo dormido, que hablar de ello, saca lágrimas de asombro de dolor, de no saber que existe, de no creer que aún está vivo. Pero está presente en cada mujer, y en unas muy pronto, en otras al ocaso de sus vidas, esa fuerza escucha su llamado y ya, nunca volverá a tener calma, hasta que logre sobreponerse a todo lo que se había confabulado para mantenerlo controlado.
Es como el tiempo de las lluvias, dormido.
Pero el llamado, igual que el rosal que ha descansado, comienza a moverse dentro del alma de esa mujer. Y la fuerza, encuentra cómo desatar sus nudos, y se mece, suave, cadenciosa, y se une al ritmo que surge del alma de muchas otras mujeres, que la ayudan a despertar, a caminar, a recobrar lo que siempre ha sido suyo y de todas nuestras antepasadas, de todas las mujeres.
Podríamos ser como el rosal, que deja ir sus flores y no teme ni sufre.
Se sabe protegido, conoce su fuerza interna, respeta sus ciclos. Vive en armonía con todo lo que es, no tiene prisa, ni presta oídos a todos esos que comentan si tiene flores o está dormido.Siente gozo ante el sol y ante la lluvia.Vive agradecido.








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