sábado, 26 de octubre de 2013

Un cuento o una leyenda

Un cuento o una leyenda

Hoy que es una tarde de lluvia y el tiempo es pesado , y parece más lento el transcurrir de tiempo, voy a contarles una leyenda o cuento o las dos cosas, de mi tierra y que claro esta me la conto mi padre, como casi todos los cuentos que aprendemos de pequeños y son esos que no se olvidan jamás. Cada día que salíamos a pasear, solíamos hacerlo por delante de un inmenso palacio o casa señorial de piedra que tenía el nombre del Palacio de los Uribe, porque fue propiedad, desde siglos de los marqueses de ese nombre. Bueno el caso fue que de ellos nació la leyenda del Palacio.
 Resulta que hace varios siglos que reinando en España Felipe II, y en este palacio el Marque de Uribe, que estaba a su servicio, él se encontraba en la corte como ya hemos dicho antes, y con él su señora esposa la marquesa. En Córdoba en el palacio de Uribe quedo su hijita de 15 tiernos años al cuidado de dueñas y criados, era una joven muy tímida que apenas tenía contacto con nadie del exterior del palacio, aunque (no por falta de ganas) sino porque no se lo permitían las amas a su cuidado. Solo salía, casi a diario, a misa a la Iglesia de San Andrés, cita apenas a un tiro de piedra del palacio, por supuesto con su señora ama y una criada más joven que es la que solía entretenerla con su charla. Era esta muchacha muy dada a sueños y enredos y tenía más musarañas que ideas en la cabeza. Un día de tantos que iban todas envueltas en su toca y en silencio a misa como todas las tardes. Se les acerco una judía conversa, envuelta en velos y con un niño de un año aproximadamente entre los brazos y solicitando una limosna, la dueña de malos modos trato de apartarla, y entonces ella se volvió y le dijo. - Por este desprecio y falta de caridad, yo te maldigo y pronto bajo tierra vas a estar. Horrorizada el Ama aparto a la judía de un empellón y protegió a su ama.
-Maldita hija del demonio apartarte de mi niña y vete si no quieres que los guardas te hagan presa. La judía salió huyendo perdiéndose prontamente en un dédalo de callejones que había tras de la iglesia, dejando a las mujeres entre asustadas e indignadas, pero sin hacer gran caso ni creer en la maldición de la judía. Fueron a misa y volvieron, sin más incidencias, e igual paso el resto de la
semana. El sábado ya estaban por volver de la corte los señores de Uribe, y Ama y criada llevaron a la joven a misa a pedir por el feliz regreso de los padres, todo transcurrió sin incidencias, pero al volver al palacio, se les acerco una gitana que también llevaba un niño en brazos, esta les pidió cobijo por esa noche aunque fuera en la cuadra pues estaba por llover y el niño, tenía frio, el Ama  se dispuso a echarla al igual que hiciera con la judía, pero esta vez la joven dama intercedió por  ella .

-Dejémosla ama es noche muy fría y la criatura ha de descansar, dejémosla pasar la noche en el Zaguán del palacio, démosle de comer y al clarear el día que marche en paz, y así nadie ha de saberlo y no ha de estar cuando regresen mi señores padres. A regañadientes acepto el ama, pero tal vez recordando la experiencia de hacía unos días, claudico y dejo que pasara la gitana hacia el zaguán del palacio (el zaguán era una habitación o antesala grande que se interponía entre la puerta de la calle y la puerta interior hacia el jardín del palacio, y que abecés podía ser usada para guardar el carruaje, y así no tener que salir a la calle los marqueses). Todo transcurrió sin mayor problema, hasta que ya cuando se iba a acostar, tras retirarse el ama, la criada que estaba toda con la cabeza a pájaros, propuso a la joven que se asomaran a un ventanuco del jardín para ver que hacia la gitana, la joven en principio se negó, pero luego tras
bastante poca insistencia por cierto se dejó llevar y ambas en camisón y con una vela bajaron hasta el solitario jardín y miraron por el ventanuco hacia el zaguán. Al principio todo era oscuridad, pero de pronto cuando se iban a retirar, sintieron un murmullo y vieron como la gitana prendía  una vela y haciendo un conjuro, se abría una loza de piedra del suelo sin la menor resistencia, la gitana entro en el hueco con el niño en los brazos y desapareció de la vista de las dos asustadas jóvenes, cuando estas ya iban a pedir ayuda, reapareció la gitana, pero vieron con asombro que no llevaba él bebe en brazos sino una gran como especie de olla llena de oro, en ese momento la criada lanzo un grito la gitana la oyó y dando una carcajada corrió a la calle desapareciendo en el amanecer.

Las mujeres estaban aterradas en el zaguán la vela seguía encendida y el hueco abierto, y antes de  que la muchacha pudiera reaccionar la joven dama grito que tenía que salvar al bebe que estaba dentro y sin pensarlo dos veces, corrió hacia el gran agujero y viendo unos peldaños descendió por él, desde dentro se sentían el llanto doliente del niño .Cuando la joven señora desapareció hacia dentro la criada muerta de angustia la llamaba diciendo que saliera que la vela se iba a consumir, y que se iban a quedar a oscuras, pero en el interior la joven buscaba con desesperación a la pobre criatura, sin hallarla se fue metiendo más hondo, en aquel agujero hasta que los gritos de la criada le llegaron desde muy lejos, entonces se asustó y se volvió por los escalones lo más rápido que pudo, y cuando estaba a punto de llegar, un gran estruendo se escuchó y reino el silencio y la oscuridad.

Ante la aturdida joven criada la vela se había consumido y el gran hueco o sea la loza de piedra volvió a su lugar, la única señal de lo sucedido que quedo fueron unas gotas de cera seca alrededor. La muchacha dando alaridos despertó a todos los criados y cuando todos estaban tratando de cavar, aun sin saber que hacían, ni entender lo que pasaba, llegaron los señores marqueses, a partir de ese momento todo fue dolor y luto en esa casa, nadie lo creía y la muchacha fue
enviada a la cárcel por hacer desaparecer a la joven, aun así a pedidos de la señora se excavo todo el zaguán sin encontrar nada ni la más remota señal de la joven y de las escaleras. La dueña no dijo nada pero en su corazón con horror no dejaba de recordar las palabras de la judía conversa, y recordaba la maldición con toda su alma al fin se lo conto a su señora, y todas las suplicas, misas y rezos no dieron mayor luz al asunto. Pasaron los años y de boca en boca quedo la leyenda o cuento, como se guste llamar, y yo siempre que pasaba por la puerta miraba hacia dentro hacia ese zaguán de piedra con el corazón encogido, llena de miedo y curiosidad, porque entonces yo que era tan aficionada a leer y a los cuentos, me los creía y en mi fantasía las cosas, mas fantásticas podían ser reales. Además me los contaba mi padre muy serio y con mucho detalle. Mi padre siempre nos estaba contando cosas, cuentos leyendas de todo por su boca ame y amo con todo el alma a mi ciudad y a Granada que era su segunda patria y yo a prendí a quererla a través de sus relatos e historias. Aun hoy siempre que voy me paso por delante del palacio, que ya no está vacío sino que en su interior hay un museo y una sala de convenciones y no sé qué más .Los jardines siguen allí y las enormes piedra de mármol del zaguán, también, todavía si cierro los ojos puedo ver a mi padre y soñar volver a la infancia, después los abro y se pasó el sueño y con la realidad me marcho a otro sitio a otra leyenda o cuento como gusten porque en Córdoba cada piedra guarda una historia.

Antonia Morales Diez. Estudiante de Periodismo del PIAM.
Universidad de Costa Rica

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