Por: Maureen Hidalgo
Ch.
Un
domingo caluroso de abril, en la Maternidad Carit ocurría un
acontecimiento especial yo abría mis ojos a la vida. Mi mamá se
alegró al ver que estaba sana y a la vez se llenó de incertidumbre,
como le iba a decir a mi papá. Las enfermeras trataron de
consolarla de explicarle que ella no tenía la culpa, pero la
angustia crecía con las horas. Llego el periodo de la visita y mi
papá se presentó a vernos, cuando se dio cuenta que era una niña,
su respuesta no fue de enojo como esperaba mami sino más bien de
resignación – que le vamos a hacer, ya tenemos la parejita. Yo
soy la segunda de tres hermanos. Después de esto me llevaron a
vivir a una casita de madera con techo de teja en uno de los cantones
más pobres y más hermosos al sur de San José, Alajuelita rodeada
de bellas montañas, el imponente cerro San Miguel más conocido como
la Cruz, lugar de reunión de gente de fe y no tanta. Se cree que se
llama Alajuelita por la gran cantidad de lajas que hay en su
territorio. Mis abuelos están considerados como pobladores
fundadores de este cantón.
Alajuelita
es un pueblo de tradiciones y música. Otto Vargas, Lalo Rojas y el
Trio los Millonarios, Rojitas uno de los mejores trompetistas del
país son parte de los músicos que han nacido ahí.
En
el centro del cantón encontramos el Santuario Nacional Santo Cristo
de Esquipulas, lo que nos lleva a las celebraciones a partir del 15
de enero en honor al Cristo Negro, que es considerado muy milagroso.
Y desde antaño la gente venía en carretas y a pie a cumplir
promesas. Luego iba a los cafetales a almorzar y después volvían a
la plaza a tomarse un buen vaso de chinchivi nuestra bebida típica.
Frente
a la Iglesia estaba la cancha de futbol, y alrededor de esta una
cantina en cada esquina el Danubio de don Basileo, La Confianza de
Don Miguel Carmona, la de Luis Retana y el Redondel. A mis siete
años las conocí porque ayudaba a mi abuelita con los mandados y
algunas cosas de la casa, ella fumaba puros y siempre me mandaba a
comprarlos y los dueños siempre me molestaban y me decían que
dejara de fumar porque por eso no crecía y a mí me daba mucha
vergüenza. Entre La cantina de Luis Retana y el Redondel estaba el
Cine el Roble, donde tantas películas vi. Hoy es el edificio
principal de la Municipalidad. Diagonal a la Cantina la Confianza
estaba la escuela vieja que ahora funcionaba como casa de habitación
para algunas familias, también había un aserradero, y el centro de
emergencias de la Cruz Roja. Hoy también es un edificio municipal.
En
la plaza se ponían los carruseles, los chinamos, y los salones de
baile improvisados para las fiestas del Santo. A mi mamá le gustaba
venir los domingos a misa y después nos llevaba a las fiestas, nos
compraba churros, algodón de azúcar, y nos subíamos a los
caballitos. A veces nos quedábamos al juego de pólvora, y más de
una vez no sé cómo llegue al Centro de la Cruz Roja, porque me
había perdido y recuerdo ver a mi mamá llegar llorando a buscarme.
Ahora las fiestas ya no son en la plaza porque esta se convirtió en
un parque, y ya no hay donde jugar futbol tranquilamente como antes.
Mi
papá fue mucho tiempo secretario del Deportivo López uno de los
mejores equipos de futbol del cantón, muchas veces estuvimos a punto
de llegar a segunda división, pero nunca se logró y él que aun
siendo Saprisista, llevaba con gusto los colores rojo y negro del
equipo. La junta directiva del López se organizó e hicieron rifas
para comprar la base en la que se carga el Santo Sepulcro en Semana
Santa, y mi papá nunca entro a la iglesia ni siquiera a hacer
entrega y recibir el agradecimiento del sacerdote.
Alajuelita
hoy en día no es el cantón en el que yo nací, que conocíamos a
los vecinos, y se compartía un gallito, ahora es un cantón de
viviendas de bien social, y se ha convertido en uno de los más
problemáticos de San José, pero siempre será el lugar donde nací
y viví por veinte años y los recuerdos y bellos momentos que
disfrute siempre estarán en mi mente, y por eso repito Alajuelita tu
eres mi cantón.
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