martes, 18 de octubre de 2016

Semana Santa




Recuerdo muy bien que cuando era niña la Semana Santa era un tiempo de gran solemnidad y recogimiento. En las casas se preparaba todo un ambiente muy diferente, comenzábamos con un acto de contrición para sentir que estábamos acordes con la época, se preparaban algunas comidas propias para ese tiempo. Los tamales eran un elemento importante pues nos daban la oportunidad de asistir a todas las procesiones sin tener que alistar comidas. Tampoco podían faltar las sardinas enlatadas, la sopa de bacalao que generalmente se hacía solo en esta época, lo mismo que el arroz guacho. También se hacía dulce de chiverre, conserva de toronja, de papaya verde y cajetas.

Podríamos pensar que si era una época de recogimiento cómo era que había tanta comida, pero esto servía también para reunir a toda la familia y este era un aspecto muy importante.

Durante todo este tiempo mi pensamiento estaba dirigido a aquel hombre que vino al mundo a morir por nosotros. Claro que en ese momento, como actualmente, cuando han pasado innumerables Semanas Santas, todavía hay muchas cosas que no comprendo pero siguen vivas en mí.

Las procesiones eran en la Catedral, salían con rumbo a la Avenida Central, daban la vuelta a la cuadra, para llegar nuevamente al parque y de ahí a la Iglesia. Iba la imagen de Jesús Nazareno, la Virgen Dolorosa, ángeles y apóstoles representados por niños y tres jóvenes representaban a las mujeres que acompañaron a Jesús hasta la muerte. Todos iban en andas con bellos trajes y muy bien arreglados. Las imágenes representaban muy bien la trágica vivencia y la actitud de las personas de respeto y devoción daban un ambiente muy apropiado.

Otro factor muy importante en las procesiones era la música, ejecutada por la Banda Municipal de San José. El día viernes en la tarde era la procesión del Santo Sepulcro donde tocaban el Duelo de la Patria escrito por Rafael Chaves Torres. Con sus acordes suaves y pausados daba un ambiente de tristeza que me llegaba tan profundo que me sacaban las lágrimas.

Puedo asegurar que esas vivencias quedaron arraigadas en mi mente y en mi corazón y no las puedo perder pues fueron vividas con la inocencia de la niñez y la juventud y por lo tanto dejaron un recuerdo imperecedero.


Carmen Brenes Protti

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