La gente está alarmada por lo que desde hace meses está
sucediendo con el Volcán Turrialba y sus fumarolas de ceniza, muchas personas,
se han atrevido a afirmar que nunca se había visto algo semejante, lo que
muchos no recuerdan es lo que ocurrió con el Volcán Irazú.
Lo que hoy está pasando, en nada se asemeja a las gigantescas
erupciones que se dieron por cerca de dos años en los ya lejanos años 63-65 del
siglo pasado. Aquello fue molesto, dantesco,
aterrador, doloroso; de aquél sinuoso lugar salían enormes columnas de humo que
se convirtieron en el dolor de cabeza de los habitantes de nuestra capital y de
otras provincias del país.
En ésa época quien escribe frisaba los 13 años, por
eso y apelando a mi memoria me propongo hacer un parangón entre ambos
incidentes, con el fin de aclarar que, lo que hasta hoy ha ocurrido con las
erupciones del Volcán Turrialba son simples amenazas que distan mucho de
aquello que a todos nos tomó por sorpresa, habiendo causado enormes problemas a
la economía, la producción agrícola, la producción lechera, vacuna y la vida
humana, entre otros aspectos negativos.
Corría el mes de marzo de 1963, los habitantes de
nuestra capital en particular y el resto del país en general, se aprestaban a
disfrutar de un acontecimiento de una enorme trascendencia histórica para
nuestra nación. Por primera vez un Presidente de los Estados Unidos de América visitaría
Costa Rica, porque John Fitzgeral Kennedy y sus homólogos de Centroamérica
tendrían una reunión en nuestro país.
El pueblo de Costa Rica estaba expectante y el 18 de
marzo se aprestaba para vivir tan singular y significativo acto. Las calles por donde transitarían los
dignatarios se habían vestido con banderas de los países amigos, pero
principalmente con la bandera de los Estados Unidos. ¿Quién pensaría que las cosas iban a cambiar tan
súbitamente?, nadie, absolutamente nadie, podía esperar una visita que emergió
de las mismas entrañas de la tierra ubicadas en las alturas del norte de
Cartago.
Pues sí, como diría el cantante panameño Cutito
Larrinaga -¡¡vino sin que nadie la invitara!!-, efectivamente ese mismo día
ocurrió algo inesperado, el Volcán Irazú, hizo una enorme erupción de ceniza,
lanzando aquél fino polvo hasta una altura de 8 kilómetros, esa situación cambió los planes que el Presidente
Francisco J. Orlich y el estado costarricense tenían previsto.
Aquellas enormes fumarolas y nubes de fino polvo
envolvieron parte de Cartago, San José, Heredia y Alajuela, era una obscuridad
casi total y no solo eso, el ambiente estaba pesado porque había algo que nos
molestaba a la hora de respirar; la vista nos ardía y enchilaba, las personas
entre más se frotaban los ojos más molestias y dolores sentían, además también
había un fuerte olor a azufre.
Contra viento, marea y ceniza, los presidentes
llegaron al aeropuerto internacional el Coco, al que años más tarde se le
cambiaría el nombre en homenaje al Héroe Nacional Juan Santamaría. No obstante
la dificultad presentada, los mandatarios protocolariamente recibieron como se
acostumbra honores acorde con sus investiduras, para eso la guardia civil luciendo
sus trajes de gala hicieron sus tradicionales disparos de salva al aire.
Después de los actos protocolarios, los presidentes
fueron trasladados en unos enormes helicópteros, hasta el Aeropuerto la Sabana,
en San José.
En esos años la carretera conocida como la autopista Wilson,
hoy General José María Cañas Escamilla, estaba en construcción. Por eso es que para ir o regresar a la
provincia de Alajuela había que hacerlo por la carretera vieja que pasaba por
Heredia, las cuevas del Virilla, las pintorescas casitas que habitaban los
cogedores de café en la enorme hacienda cafetalera que a lo largo de la calle había
en la Uruca.
En el Aeropuerto de la Sabana hubo algarabía al
divisar aquellos enormes helicópteros de los marines, los que con sus grandes
motores producían un ruido ensordecedor y grandes cantidades de viento, la
gente agolpada aplaudía frenéticamente sin importar aquella molesta ceniza que
también se había sumado a la fiesta.
Los mandatarios descendieron de aquellas naves y
abordaron cada uno el vehículo descapotado que los trasladaría por el Paseo
Colón hasta el Teatro Nacional, donde habría una recepción y darían sus
discursos sobre política internacional y se pondría en práctica por parte del
gobierno de los Estados Unidos la Alianza para el Progreso; aunque parezca increíble por la falta de
hoteles, el Presidente Kennedy fue hospedado en el Gran Hotel Costa Rica.
La televisión era tan incipiente, que el primer evento
fuera de sus estudios que transmitió Canal 7 fue la venida de Kennedy, todavía
estábamos en pañales y la prensa escrita tampoco contaba con el equipo y personal
suficiente para darle cobertura permanente a lo que el volcán seguía haciendo.
Con una enorme satisfacción y gran sentimiento,
recuerdo la mañana que iban a inaugurar las casas que el INVU había construido
en San Sebastián y que inicialmente se llamó Colonia el Bosque.
Esa mañana, aquellos gigantescos helicópteros al sobrevolar
hacían retumbar las casas que parecían no aguantar las ráfagas tan fuertes de
viento, aquello semejaba a un temblor.
Por fin se posaron y detuvieron en la franja de terreno en lo que hoy es
la carretera de circunvalación o Paseo de la Segunda República.
Los Presidentes se bajaron de las naves y de ahí caminaron
sobre una alameda hasta la tarima principal dónde don Francisco J. Orlich y
John F. Kennedy darían un discurso, la tarima estaba frente a un parquecito. Ante la mirada atónita de todos los presentes
y la preocupación de sus guarda espaldas, el Presidente de los Estados Unidos,
rompiendo el protocolo, se bajó de la tarima y empezó a caminar entre la gente
que alborozada le tendía la mano para saludarlo.
Dios me bendijo porque esa mañana John F. Kennedy con
su mano apretó la mía, eso fue algo grandioso, único e irrepetible. No fue un sueño, era una realidad que sin
quererla ocurrió.
Mientras todo eso ocurría, el volcán seguía en plena
erupción de ceniza, azufre y otras sustancias y materiales; uno de los
problemas más serios a los que se vio enfrentado nuestro país, era la falta de
profesionales en el campo de la geología y vulcanología con los que pudiéramos atender
más diligentemente lo que estaba ocurriendo, tampoco había un órgano para
atender emergencias.
La visita de los mandatarios concluyó como al quinto
día y la situación nuestra cada vez era más complicada y aterradora, las
personas caminaban por las calles oscuras y grises, tapándose la boca, cubriéndose
los ojos, usando sombreros o gorras, la ciudad de San José en muchos tramos se
veía desolada, desértica, solitaria…. los hospitales estaban llenos de
pacientes con enfermedades respiratorias que cada vez eran más frecuentes.
El Obispo de La iglesia católica Monseñor Carlos Humberto
Rodríguez Quirós, celebró una misa pidiéndole a Dios que cesara la lluvia tan
intensa de ceniza, para entonces nuestras calles y avenidas estaban cargadas de
ceniza la que por horas llegó a acumular hasta cuatro pulgadas de grosor,
aquello era tétrico, los barredores de caños no daban abasto para limpiar las
aceras, caños, calles y avenidas.
No hay mal que por bien no venga, empecé a limpiar
canoas en las tiendas del costado este del Mercado Central y sus alrededores.
Sí, aunque parezca mentira la ceniza se convirtió en una fuente de ingresos
para mí y otras personas a quienes nos pagaban entre cincuenta céntimos (¢0,50)
y un colón (¢1,00) por limpiar y botar la ceniza que se atascaba en los
bajantes y le agregaba un gran peso al techo.
Los problemas aumentaban y las fuentes de agua se
fueron contaminando, con lo cual el agua potable se fue escaseando, eran tantos
los materiales que se desprendían del volcán que el río Reventado se llenó de
sedimentos y en la parte superior se fue haciendo un tapón.
Ya la ceniza había llegado a Puntarenas, Guanacaste y
Limón, prácticamente no quedó un solo lugar del país donde no se experimentaran
las molestias que en todo sentido provocaba la ceniza.
El gobierno de los Estados Unidos nos hizo llegar unos
carros-barredoras que manipuladas por unos hombres se convirtieron en toda una
sensación y en una enorme ayuda para la limpieza de nuestras calles y avenidas.
También nos envió personal especializado en temas
volcánicos, esos especialistas se desplazaban en avionetas con las que sobrevolaban
el Irazú; ellos descubrieron que había paredes del volcán que se habían
desprendido y que los materiales habían caído al río y que estaban provocando
una enorme presa en el Reventado, asimismo
alertaron sobre el peligro de que en determinado momento la situación se podría
agravar y con ello provocar una avalancha.
En noviembre de 1963 el mundo fue conmovido por la
triste noticia de que en Dallas Texas, John Fitzgerald Kennedy, Presidente de
los Estados Unidos de América, en un magnicidio había sido abatido por las
balas que supuestamente disparó Lee Harvey Oswald. Tiempo después de su muerte a la Colonia el
Bosque en San Sebastián le pusieron Colonia Kennedy.
Mientras en los Estados Unidos y el resto del mundo se
dio una conmoción, en nuestro país la crisis seguía y llegó lo vaticinado por
los especialistas gringos. En diciembre
de 1963 el distrito
de Taras y Cartago fue azotada por la furia del río Reventado, el temor y el
pánico se apoderó de los vecinos quienes se vieron impotentes ante la fuerza de
la naturaleza.
Según
los expertos, cuatro cabezas de agua y una lluvia nunca antes vista arrasó
varias casas, destrozó la fábrica Kativo, el puente del ferrocarril, esa enorme
inundación fue provocada por los sedimentos de ceniza y los otros materiales
que habían caído y bloqueado el río.
Eso fue una tragedia nacional, de ahí es donde nace un Comité de Defensa
Nacional que era dirigida por el Ing. Jorge Manuel Dengo. Ese órgano fue el encargado de la evacuación de familias que
fueron afectadas por la inundación del Río Reventado y las lluvias de ceniza emanadas
del Volcán Irazú. Ése Comité de Defensa
Nacional que con tanta visión fuera creado para atender ese evento, con los
años se convirtió en lo que es hoy la Comisión Nacional de Emergencias.
Este relato no estaría
completo si no recuerdo al Sr. Emilio Piedra Jiménez, quien fue un hombre que
desde los micrófonos de su emisora Radio Victoria le brindó un gran aporte a la
comunidad cartaginesa. Él, sin
alarmismos mantuvo informada a la población, constituyéndose en un bastión en
la defensa de los ciudadanos cartagineses quienes, gracias a su aporte y
preocupación minimizó los impactos para que la tragedia del Reventado no fuera
más dolorosa.
Para finalizar y como otra
anécdota de ese pasaje tan doloroso que vivimos los costarricenses, debo
recordar a mi hermano Alfonso (Q.d.D.g.) quien, en ése fatídico año de 1963 fue
atropellado y arrastrado por un vehículo del MOPT al menos por 100 metros sobre
la calle central de Finsa.
Gracias a Dios mi hermano no
murió en ése accidente, pero, después de haber estado un buen tiempo
hospitalizado, entre la piel de su bigote y la frente le quedaron incrustadas
de manera perenne una buena cantidad de ceniza. Esa fue una marca que él arrastró hasta que en 1991 murió en otro accidente automovilístico.
Ricardo Jiménez
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