jueves, 31 de octubre de 2019

Cantando al sol


Patricia Allen

Hace 10 años murió la negra.  Diez largos y rápidos años.  Miro la noticia y tintina uno de mis himnos.  Tantas veces me mataron, tantas veces me morí…Ella, la mayor de una gran familia compuesta por una madre sumisa y un padre arisco y seco, buen proveedor y alcohólico, una tía, una abuela y once querubines.
Tenía solamente 12 años.  Por azahares de la vida y ser la mayor le endosaron el cuido de sus hermanos.  Su madre, soñó con estudiar medicina, solamente terminó la primaria.  Sabía coser bien y lo convirtió en su fuente de ingresos.  Trabajaba para alguien en algún elegante sitio de modas en San José, aunque su paga no era buena.  Cuando se emparejó, él le regaló una máquina de coser para que se independizara.  La máquina, con los años y el matrimonio, se utilizó para confeccionar la vestimenta de sus cuantiosos hijos.  En ese tiempo y ahora, se diría, solamente era ama de casa.  Sus jornadas iniciaban a las 4 de la mañana y terminaban a media noche.  Afortunadamente, ella no trabajaba, se dedicaba solamente a la familia, tal y como se espera de una buena mujer.
Tenía solamente 12 años.  De nuevo la canción suena y va dominando el ambiente “gracias doy a la desgracia y a la mano con puñal porque me mató tan mal y seguí cantando…”.  A sus sesenta años llora desconsolada ante sus hermanas menores y pide disculpas por los errores cometidos.  No sabía cuánto daño había causado y la culpa la mataba.  No estaba preparada para la responsabilidad de cuidar a sus hermanos cuando su madre se ausentaba los fines de semana para acompañar y cuidar a su marido alcohólico en los viajes de negocios.  Al principio, alguna de sus hijas mayores lo acompañaba.  Sus viajes eran un viacrucis en todas las cantinas.  Sus hijas corrían riesgo, la madre decidió acompañar al marido y dejar a su hija mayor a cargo de la marimba.
Tenía solamente 12 años.  El futuro se lo pintaron particularmente restringido.  Mirando el progreso de sus hermanos y hermanas siempre consideró que era la tonta de la familia.  Vuelve de nuevo la negra “Tantas veces me borraron, tantas desaparecí, a mi propio entierro fui, sola y llorando.  Hice un nudo del pañuelo, pero me olvidé después que no era la única vez y seguí cantando…”  Una vez terminada la secundaria su padre le sentenció sus dos opciones de estudio: secretaria o maestra.  Ni a putas iba a ser secretaria de nadie, seré educadora.  Y así fue.
Tenía solamente 12 años.  Se convirtió en una mujer preciosa, reina de la famosa Feria de las Flores en esa época.  Perseguida por muchos jóvenes y novia de un gran prospecto, como se diría un partidazo.  Guapo, de familia, con dinero y con futuro.  Todo resuelto.  Pero no se casó con él.  ¿Con quién entonces?  Un fulano que no tenía un cinco pero que la hacía reír y olvidarse de su cruda realidad.  Compañero de estudio de su hermana, cada vez que visitaba la casa, al despedirse le decía a la madre: guarde una para mí.  Regresa la negra cantando “Tantas veces te mataron, tantas resucitarás cuántas noches pasarás desesperando.  Y a la hora del naufragio a la de la oscuridad alguien te rescatará, para ir cantando.”
Tenía solamente 12 años cuando fue violada.  A los 30 años de casada se envalentonó y contó por primera vez lo sucedido a su marido y tal vez, unos 15 años más tarde a su hermana menor.  Ella quedó perpleja y como paralizada.  Por un momento no supo que decir, luego abrió mucho los ojos y sin siquiera pestañear, muy lentamente preguntó: y… ¿quién fue?  Y en un susurro tembloroso agregó, no me diga que fue papi…y el silencio se hizo eterno.  Para cuando lo contó ya el violador había muerto, un primo protegido por su padre y criado junto a ellas.  Y como diría la negra “Cantando igual que sobreviviente que vuelve de la guerra”.
Solamente tenían 10 y 11 años.  Había otras dos hermanas, casi de la misma edad, entre sus cumpleaños mediaban solamente nueve meses.  ¿Pasó lo mismo?  En una reunión de hermanas se lanzó la pregunta, una dice que podría ser posible y la otra que si pasó no se acuerda.  Tantas veces me mataron tantas veces me morí…y a mi entierro fui sola y llorando… pero me olvidé después que no era la única vez y seguí cantando.

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