Patricia Allen
Hace 10 años murió la negra. Diez largos y rápidos años. Miro la noticia y tintina uno de mis
himnos. Tantas veces me mataron, tantas
veces me morí…Ella, la mayor de una gran familia compuesta por una madre sumisa
y un padre arisco y seco, buen proveedor y alcohólico, una tía, una abuela y
once querubines.
Tenía
solamente 12 años. Por azahares de la
vida y ser la mayor le endosaron el cuido de sus hermanos. Su madre, soñó con estudiar medicina,
solamente terminó la primaria. Sabía
coser bien y lo convirtió en su fuente de ingresos. Trabajaba para alguien en algún elegante sitio
de modas en San José, aunque su paga no era buena. Cuando se emparejó, él le regaló una máquina
de coser para que se independizara. La
máquina, con los años y el matrimonio, se utilizó para confeccionar la
vestimenta de sus cuantiosos hijos. En
ese tiempo y ahora, se diría, solamente era ama de casa. Sus jornadas iniciaban a las 4 de la mañana y
terminaban a media noche.
Afortunadamente, ella no trabajaba, se dedicaba solamente a la familia,
tal y como se espera de una buena mujer.
Tenía
solamente 12 años. De nuevo la canción
suena y va dominando el ambiente “gracias doy a la desgracia y a la mano con
puñal porque me mató tan mal y seguí cantando…”. A sus sesenta años llora desconsolada ante
sus hermanas menores y pide disculpas por los errores cometidos. No sabía cuánto daño había causado y la culpa
la mataba. No estaba preparada para la
responsabilidad de cuidar a sus hermanos cuando su madre se ausentaba los fines
de semana para acompañar y cuidar a su marido alcohólico en los viajes de
negocios. Al principio, alguna de sus
hijas mayores lo acompañaba. Sus viajes
eran un viacrucis en todas las cantinas.
Sus hijas corrían riesgo, la madre decidió acompañar al marido y dejar a
su hija mayor a cargo de la marimba.
Tenía
solamente 12 años. El futuro se lo pintaron
particularmente restringido. Mirando el progreso
de sus hermanos y hermanas siempre consideró que era la tonta de la
familia. Vuelve de nuevo la negra “Tantas veces me borraron, tantas
desaparecí, a mi propio entierro fui, sola y llorando. Hice un nudo del pañuelo, pero me olvidé
después que no era la única vez y seguí cantando…” Una vez terminada la secundaria su padre le sentenció
sus dos opciones de estudio: secretaria o maestra. Ni a putas iba a ser secretaria de nadie,
seré educadora. Y así fue.
Tenía solamente 12 años. Se
convirtió en una mujer preciosa, reina de la famosa Feria de las Flores en esa
época. Perseguida por muchos jóvenes y
novia de un gran prospecto, como se diría un partidazo. Guapo, de familia, con dinero y con futuro. Todo resuelto. Pero no se casó con él. ¿Con quién entonces? Un fulano que no tenía un cinco pero que la
hacía reír y olvidarse de su cruda realidad.
Compañero de estudio de su hermana, cada vez que visitaba la casa, al
despedirse le decía a la madre: guarde una para mí. Regresa la negra cantando “Tantas veces te
mataron, tantas resucitarás cuántas noches pasarás desesperando. Y a la hora del naufragio a la de la oscuridad
alguien te rescatará, para ir cantando.”
Tenía
solamente 12 años cuando fue violada. A
los 30 años de casada se envalentonó y contó por primera vez lo sucedido a su
marido y tal vez, unos 15 años más tarde a su hermana menor. Ella quedó perpleja y como paralizada. Por un momento no supo que decir, luego abrió
mucho los ojos y sin siquiera pestañear, muy lentamente preguntó: y… ¿quién
fue? Y en un susurro tembloroso agregó,
no me diga que fue papi…y el silencio se hizo eterno. Para cuando lo contó ya el violador había
muerto, un primo protegido por su padre y criado junto a ellas. Y como diría la negra “Cantando igual que sobreviviente que vuelve de
la guerra”.
Solamente tenían 10 y 11 años. Había
otras dos hermanas, casi de la misma edad, entre sus cumpleaños mediaban
solamente nueve meses. ¿Pasó lo mismo? En una reunión de hermanas se lanzó la
pregunta, una dice que podría ser posible y la otra que si pasó no se
acuerda. Tantas veces me mataron tantas
veces me morí…y a mi entierro fui sola y llorando… pero me olvidé después que
no era la única vez y seguí cantando.
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