Xinia Oviedo
Octubre 2019
Sin
formar parte de mis planes futuros, se me presentó la oportunidad de
poder irme a trabajar a un consulado en la ciudad de Bremen en
Alemania. La decisión no fue fácil ya que en ese momento mi
conocimiento sobre el país, sus costumbres y especialmente el idioma
eran igual a cero. Después de varias conversaciones con quien sería
mi futuro jefe me convenció de las ventajas que tendría para mi
poder hacer esa experiencia y al final acepté.
Inicié
los preparativos del viaje que en aquel entonces no fue tan fácil,
ya que no había la posibilidad de volar directamente desde Costa
Rica y tuve que tomar un vuelo a México. Ahí tuve que permanecer
varios días hasta poder abordar un vuelo de Lufthansa que vía
Canadá me llevaría a Alemania. El inicio de ese viaje ya fue todo
un choque con situaciones extrañas y nuevas para mi. Aunque no era
la primera vez que salía de Costa Rica, si fue mi primer viaje sola
donde tuve que afrontar momentos complicados: otros idiomas,
tecnologías desconocidas, comidas diferentes, la sensación de estar
perdida en medio de ambientes totalmente nuevos y demasiado grandes
en comparación a lo que estaba acostumbrada.
Al
llegar a Alemania y después de admirar la ciudad tan bonita en la
que me desempeñaría en adelante, el primer paso fue buscar un
abrigo ya que a pesar de la época veraniega y de los días soleados
sentía mucho frío. No fue fácil encontrar un abrigo en verano,
pero lo pude obtener y con él me sentí muy confortable aunque el
color no me gustaba mucho ya que parecía la caperucita roja.
Tres
días después de mi llegada empecé a trabajar! Qué difícil
empezar por conocer el manejo en el tranvía, el susto de bajarme en
una estación equivocada, la llegada a la oficina, conocer a los
compañeros de trabajo y cuáles serían las tareas que tendría que
realizar. De repente otro torbellino de sensaciones nuevas: sólo
oía hablar en alemán sin entender nada, pero me fue presentada la
compañera con la que compartiría mi lugar de trabajo y por suerte
ella hablaba bastante bien español y desde el primer día nació una
bonita amistad entre ambas que se mantiene hasta la fecha. Poco
después llegó el jefe quien se encargó de presentarme el resto del
personal y noté que era objeto de observación ya que mi forma de
vestir y de arreglarme se diferenciaba mucho del de mis compañeras.
El
verano pasó dando lugar a la entrada del otoño, otro golpe para mi
ver como cambió en forma tan radical el medio ambiente. Los árboles
se quedaron sin hojas, los jardines llenos de color con tantas flores
quedaron vacíos, todo era gris, triste y una neblina constante
invadía la ciudad. Una enorme tristeza me invadió luchando con la
idea de querer regresar a mi país, pero superé la nostalgia y
seguir hacia adelante.
Poco
a poco fui asimilando la avalancha que me caía encima de tantas
cosas nuevas, especialmente aprender lo más necesario del idioma y
con el transcurso del tiempo lentamente me fui adaptando al nuevo
sistema de vida y así logré prácticamente iniciar una nueva vida y
superar lo que al principio fué todo una ramillete de situaciones
extrañas.
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