jueves, 31 de octubre de 2019

Extrañas situaciones



Xinia Oviedo

Octubre 2019



Sin formar parte de mis planes futuros, se me presentó la oportunidad de poder irme a trabajar a un consulado en la ciudad de Bremen en Alemania. La decisión no fue fácil ya que en ese momento mi conocimiento sobre el país, sus costumbres y especialmente el idioma eran igual a cero. Después de varias conversaciones con quien sería mi futuro jefe me convenció de las ventajas que tendría para mi poder hacer esa experiencia y al final acepté.
Inicié los preparativos del viaje que en aquel entonces no fue tan fácil, ya que no había la posibilidad de volar directamente desde Costa Rica y tuve que tomar un vuelo a México. Ahí tuve que permanecer varios días hasta poder abordar un vuelo de Lufthansa que vía Canadá me llevaría a Alemania. El inicio de ese viaje ya fue todo un choque con situaciones extrañas y nuevas para mi. Aunque no era la primera vez que salía de Costa Rica, si fue mi primer viaje sola donde tuve que afrontar momentos complicados: otros idiomas, tecnologías desconocidas, comidas diferentes, la sensación de estar perdida en medio de ambientes totalmente nuevos y demasiado grandes en comparación a lo que estaba acostumbrada.
Al llegar a Alemania y después de admirar la ciudad tan bonita en la que me desempeñaría en adelante, el primer paso fue buscar un abrigo ya que a pesar de la época veraniega y de los días soleados sentía mucho frío. No fue fácil encontrar un abrigo en verano, pero lo pude obtener y con él me sentí muy confortable aunque el color no me gustaba mucho ya que parecía la caperucita roja.
Tres días después de mi llegada empecé a trabajar! Qué difícil empezar por conocer el manejo en el tranvía, el susto de bajarme en una estación equivocada, la llegada a la oficina, conocer a los compañeros de trabajo y cuáles serían las tareas que tendría que realizar. De repente otro torbellino de sensaciones nuevas: sólo oía hablar en alemán sin entender nada, pero me fue presentada la compañera con la que compartiría mi lugar de trabajo y por suerte ella hablaba bastante bien español y desde el primer día nació una bonita amistad entre ambas que se mantiene hasta la fecha. Poco después llegó el jefe quien se encargó de presentarme el resto del personal y noté que era objeto de observación ya que mi forma de vestir y de arreglarme se diferenciaba mucho del de mis compañeras.
El verano pasó dando lugar a la entrada del otoño, otro golpe para mi ver como cambió en forma tan radical el medio ambiente. Los árboles se quedaron sin hojas, los jardines llenos de color con tantas flores quedaron vacíos, todo era gris, triste y una neblina constante invadía la ciudad. Una enorme tristeza me invadió luchando con la idea de querer regresar a mi país, pero superé la nostalgia y seguir hacia adelante.
Poco a poco fui asimilando la avalancha que me caía encima de tantas cosas nuevas, especialmente aprender lo más necesario del idioma y con el transcurso del tiempo lentamente me fui adaptando al nuevo sistema de vida y así logré prácticamente iniciar una nueva vida y superar lo que al principio fué todo una ramillete de situaciones extrañas.

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