jueves, 31 de octubre de 2019

Estos ojos


Estos ojos (“These eyes” de The Guess Who )


These eyes
cry every nights for you.
These arms
long to hold you again…

     Era un adolescente, a pesar de llevar encima casi dieciocho años, sin embargo se negaba a crecer y conocer lo que un vasto mundo, más allá de las canicas y los trompos ofrecía.

     Cursaba el cuarto año del Liceo de Costa Rica y era feliz, pero era más feliz cuando cada tarde, al regresar a casa, después de colgar o tirar por ahí el gris uniforme, se divertía jugando chocolas, de panza o de cuclillas, sin importarle en lo absoluto lo que pensaran los mayores, era feliz recogiendo las translúcidas canicas de vidrio que dejaban pasar a su  través, la luz mortecina del atardecer y que ganaba con habilidad. Era un buen jugador y sus amigos, la mayoría, menores que él, solían respetarlo.

     Una dorada tarde, viniendo desde el sur,  contempló una joven mujer que venía hacia ellos. Caminaba como una diosa, con su rostro serio y dulce a la vez, mirando al frente, sin mirar. Movía sus gráciles brazos alrededor de su delgada cintura y sus largas piernas morenas, firmes y relucientes,  limitadas por una preciosa minifalda, le dejó boquiabierto, atónito, lejano y ausente. Cuando se recuperó del lapsus, la chica había ingresado a la vivienda que estaba frente a la suya, a la que recién se había trasladado a vivir con su familia … el juego había terminado.

     La chica ni siquiera advirtió su presencia, para ella era un mugroso mocoso jugando con otros mocosos, igualmente mugrosos.

     Esa noche no durmió bien, su imaginación le dotó de alas y lo elevó al espacio de la fantasía. Voló a los lugares que conocía y le eran amados, tomado de la mano de aquella preciosa mujer. Esa noche dejó de ser niño, cruzó el odioso proceso de la adolescencia sin darse cuenta. Esa noche había descubierto a la mujer que, si hubiese madurado un poco antes, habría sido la mujer con la que habría envejecido.

     Esa noche descubrió el mensaje oculto de las románticas canciones de los Beatles y entendió el sentido de la palabra “amor”.  Estaba enamorado.

                                  …………

     Al día siguiente, somnoliento y apresurado, salió de su casa hacia el Liceo y en el trayecto entre su casa y la de su nueva vecina, se encontró nuevamente con la damita con la que soñó la noche anterior.
     Esta vez, ella sí advirtió en él, le miró con su desgarbado uniforme . ¡Un  liceísta¡ exclamó. Su mirada se encendió como una antorcha y su sonrisa fue un alegre velero en alta mar.  

     Transcurrieron los días y las canicas quedaron en el cajón de los recuerdos, ahora su alegría era atravesar la calle y tocar la puerta de su amada, que recién había llegado de la universidad.
     Con ella aprendió el interesante juego de los besos de menta y también, el cálido rubor de la pasión. Ella le abrió los ojos al mundo, pero sobretodo, al amor.

                                       ……….

     Un día, durante una conversación saltó de la boca de la chica, un comentario que tenía a flor de labios y que no tenía mayor trascendencia; fue un comentario relacionado con el interés de un muchacho del barrio, mayor que él, que tenía interés en ser  amigo de ella. Para él fue un frío metal en su alma y le dijo, sin pensar lo que decía, que estaba bien, que lo conociera, que él se apartaba.  Pero en su corazón,  aquello fue una herida que lo marcaría para siempre.


     Pasó una semana, quizás dos y la relación se reanudó de nuevo, pero nunca fue la misma.  
               Durante esas semanas, su mente buscó refugio en otros brazos y en las baladas de desamor y angustia y una de ellas se entronizó en su alma, desde entonces y para siempre.
     Las notas de aquella melodía resuena en sus recuerdos con ternura. “Estos ojos lloran todas las noches por ti. Estos brazos anhelan abrazarte otra vez…



                                     Carlos Rojas Vargas

                                           13/10/2019

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