martes, 13 de mayo de 2014

UN POCO DE MI HISTORIA.



Uno no nace así no mas...
Tuvo que pasar una guerra civil, que mis padres se quedaran sin trabajo, que emigraran a Venezuela y que se volvieran a enamorar, para que yo naciera.
Yo nací en una frontera del Arauca vibrador...soy hermana de la espuma, de las garzas y las flores y del sol.....y del sol. De pequeña aprendí la letra de esa canción , sabiendo que me identificaba con el país de mi nacimiento, el cual no llegué a conocer. Mis padres se vieron forzados a regresar a Costa Rica, antes de mi tercer cumpleaños. Eso produjo en mi la mas grande pérdida que tuve en mi corta vida, un sentimiento de desarraigo y un llanto que se prolongó por varios meses, hasta que mi corazón se dió por vencido y mi garganta enmudeció. Me volví taciturna y solitaria, me convertí en ávida lectora y fabriqué mi propio mundo de fantasía, donde la heroína era yo, la mas incomprendida, sacrificada, además de buena y gentil. Claro que guardaba dentro mío un gran enojo que salía inesperadamente, haciéndome pasar situaciones de gran frustración y tristeza. Pero ésto sucedió cuando la dura adolescencia asomó sus narices.
Mi niñez pasó demasiado de prisa. A la sombra de mamá, acompañándola en sus lugares de trabajo, a la espera de papá quién había optado por trabajar durante meses fuera de casa, por lo que su tiempo de venir a convivir con nosotros era esperado por mi, con especial alegría y locura amorosa. El era mi fuente de amor mas grande. Poemas, canciones, historias de todo tipo que aún hoy recuerdo, fue el quién me las enseñó. Amaba esperar la noche y cabecear sobre su pecho antes de que me enviaran a mi camita. No quedaba un momento del día que no pasara a su lado, llegando incluso a darme vacaciones del kinder al que yo asistía. Papá estaba en casa.
Recuerdo también en mi delirio por la lectura, esperar cada semana la llegada de las nuevas revistas, que mi abuelo Tim, a cambio de un beso, me regalaba. Su bufete estaba en el centro de Cartago y la librería a pocos pasos de ésta. Ahí me esperaban con su maravilloso olor, La Pequeña Lulú, Lorenzo Y Pepita, El Fantasmita Amistoso y otras mas, que formaban mi gran colección y la envidia de mis pequeñas amigas. Así mismo, el regalo de cumpleaños y el de Navidad, de parte de mi tía Adela, eran siempre libros. Lo mas esperado y amado.
Adoré participar de toda actividad artística que mamá diriguía en su escuela. Le gustaban las zarzuelas, por lo que recuerdo bien cómo se disfrutaba del montaje, del vestuario y de escoger a los actores o cantantes, femeninas, ya que su escuela era de solo mujeres. En alguna cosa, yo participaba, aún tarareo algunas estrofas aprendidas en esos tiempos. Adquirí un gusto por estar en escena, por ser parte de " asambleas " en la escuela donde estuve, lo mismo que participar de todas las figuras imaginables de las procesiones de Cartago; angelitos por montones, de figuras bíblicas en Semana Santa, en la Pasada de la Virgen , Corpus Christie, etc. De ahí en adelante, buscaría como ser parte de algún escenario, no lo logré bailando, pero cantar fué mi mejor opción, llegando a ser los montajes de ópera, de la Compañía Lírica Nacional mi máxima realización escénica.
Cursé mi secundaria en un colegio de monjas. Ahí se aprendía todo lo relacionado con la impureza, pecado, a reprimir nuestra sexualidad y la espontaneidad, a ser castas y sumisas. Aceptamos toda enseñanza, pues la idea del fuego eterno era muy convincente, el temor y la culpa tomaron nuestras mentes. Nuestra vida posterior se vió afectada por todo éste aprendizaje.
Me casé a los 18 años. El padre de mis futuras hijas tenía 19. Comencé mi vida adulta llevando todo en mi contra. El nacimiento de mis cuatro hijas fué la razón por la cual mi ser escogió vivír esa experiencia, que duró 24 años, hasta que un abogado en familia, logró lo que ningún otro había podido hacer; que éste señor diera la firma del divorcio. A cambio perdí todo bien ganancial. Era aún esa época en que las leyes a favor de la mujer, no habían sido creadas.
Mi vida ha sido una constante búsqueda de como resolver el día a día, de encontrar respuestas a tanto interrogante, de sobrevivir a tanto reto, igual como las mujeres de mi época han tenido que enfrentar. Me tocó romper con cosas, ideas, dogmas y enseñanzas que ya no eran viables para mi. No tuve una profesión universitaria, pues dediqué mis días a cuidar a mi niñas, a mi pareja, sin saber que estaba cerrando la forma mas factible de vivir mejor en el futuro. Trabajé siempre usando mis manos, creando toda clase de cosas artesanales, todas las cosas posibles, como una ayuda económica, pero sin establecer una empresa. Eso ha provocado, que en la edad adulta, me encuentre cansada y abatida. La factura que la vida te pasa, creo yo, a nosotras las mujeres que nos hemos empeñado en sacar adelante nuestras familias y a nosotras mismas, sin tener claro el panorama, ha sido dura y desgastante.
Busco una vida sin tanta sosobra, con mas calma, plena y gratificante. Un buen tiempo de disfrute, de compañía agradable, generosa y solidaria. Por lo que me quede de vida.

Lia Ferreto.
10 – 5- 2014.

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