miércoles, 28 de mayo de 2014

Hojas



En aquel cielo tan azul, alto muy alto, se veían las hojas. Giraban y semejaban gotas plateadas, o quizá estrellas, sólo que éstas bailaban. Era una danza de extraña coreografía. Un solo motivo las movía, unas subían, luego bajaban, volviendo a tomar altura, otras simplemente se deleitaban de moverse a ese  ritmo y parecía que aplaudían al lograr mirar la tierra, donde antes reposaban cansadas y aburridas después de estar verdes y alegres prendidas en aquellos bellos árboles de flores naranja que llenan nuestro entorno.
En la piscina la clase de Aqua-aeróbicos, se desenvolvía alegremente. Un consolidado grupo de personas, en su mayoría mujeres, cada martes a esa hora, se encuentran dispuestos a moverse al son de ritmos contagiosos, bajo la dirección de una joven profesora, que logra que al menos intentemos hacer lo que indica, a pesar de la fuerza y resistencia que el agua ofrece. Los chistes de doble sentido, que las mujeres de mas edad se deleitan en contar, hacen que la clase sea especialmente divertida.
 Alguna persona dió la alarma; miren dijo, mientras señalaba hacia el Este donde se encuentra ubicado un pequeño parque. Enfrente se ubica el edificio del gimnasio, pero aún así logramos ver un remolino que se estaba formando. Hojas y polvo. Todas las hojas del parque, empujadas por un fuerte viento, se encuentran ahora girando de una manera loca, abrazadas al polvo cafezusco. Creímos que rápido se calmaría aquel remolino pero no, tomó fuerza invitando a unirse a su paso a toda cosa caída por ahí y por allá.
Yo miraba aquel prodigio que se alzaba irreverente sobre el edificio. Sentí un gozo inexplicable, mis brazos abiertos, mi cuerpo saltaba y mi voz, a todo pulmón llenó de gritos y de risas el espacio. Si, se acercaba; era cada vez mas alto y mas fuerte. El viento pegaba con fuerza contra todos nosotros, levantando el agua y envolviéndonos en hojas. Pronto una sensación de calma, pero mirando el cielo supe que estábamos justo en medio del tornado. Como un cono abierto, se miraban hacia arriba miles de hojas que bailaban, no sentía el viento, pero a ellas si las agitaba. Mis ojos no sabían hacia donde dirigirse. Aquel torbellino de hojas nos rodeaba. De pronto, la calma dio paso al aullido del viento, mas hojas y cosas ahora con furia nos golpeaban, el agua levantaba olas y nuestros gritos luchaban por acallar el miedo y la sorpresa de encontrarnos ahí metidos. Reíamos como locos. El viento literalmente nos peinó a nosotros y a la piscina, nuestras cosas volaban por el aire, quedando luego arrinconados contra los muros del recinto.
Energía, energía del Universo, gritaban varias personas. Nos hemos bañado de energía.
Yo continuaba a gritar y reir. Mis brazos siempre arriba. Mis ojos en total delirio y éxtasis miraban al cielo, a lo alto.  Cielo azul, de ese color que tienen nuestras mañanas al inicio del invierno.
Y ellas bailaban, saludaban, aplaudían. Brillantes hojas de luz plateada, tornasolada. Mágico momento. Y subían y subían. Es que no tiene fin el Infinito ?? Que intenso deseo de ser como ellas, de dejarme llevar, saludar desde lo alto, de volverme brillante y plateada no importa el color con que ahora me mires, allá mi color solo puede ser así, cristalino, transparente, con vestigios de plata, de auras de ángel de suspiros de viento, con pinceladas de magenta, de violeta, espectro de arcoiris. Y yo bailaré, bailaré…sin dirección, sin rumbo, como ellas .Sin piernas, sin alas. Como las hojas.


LIA FERRETO.

16 de marzo, 2014.


LIA FERRETO.

16 de marzo, 2014.

No hay comentarios:

Publicar un comentario