Me encanta el color verde de la naturaleza; entiendo claramente el papel de la clorofila no solo en la alimentación de las plantas, sino también en su coloración.
Estoy en un hotel de Santa María de Dota, mi dormitorio queda en el ático o el palomar para las gentes del lugar, es un dormitorio de paredes inclinadas, siguiendo la dirección del techo, tiene un escritorio, una cama pequeña y una gran ventana que da a la campiña.
- Casi nunca alquilamos esta habitación, me decía el dueño del hotel como disculpándose.
- A mí me parece magnífica, con tanta luz y el paisaje que entra por
la ventana.
- Bueno, se la he ofrecido a Ud, porque trae poco equipaje y me dijo que venía a pensar. Sabe, ha sido un limitante no tener ascensor. Pero venga, asómese a la ventana.
- Me asomo a la ventana y veo verde hasta donde me alcanza la vista, me viene a la mente la canción chilena: paisaje de…, en mil distintos tonos de verde…
- ¡Todo esto, hasta donde le alcance la vista, es propiedad de mi familia!, yo decidí hacer un hotel de montaña en la casa de mis abuelos; pero todos mis familiares andan desperdigados por ahí. Bueno, lo dejo para que se acomode y no olvide las horas de las comidas, todas están incluidas en el precio.
Me quedo solo en la habitación, saco mis prismáticos y me siento en la ventana. Todo se ve verde, pero con un poco de esfuerzo comienzo a identificar los distintos tonos.
Observo a la distancia una parte en que se nota que voltearon la montaña para sacar madera, pero rápidamente, las gramíneas han tomado el lugar de los árboles, por lo que puede observarse el verde tierno que crece rastrero en el piso del campo y se va apoderando del terreno, también ha de haber algunos bejucos de los que crecen en el suelo y se enredan en los pies; veo también un verde, un poquito más oscuro, en realidad es un verde diferente y pertenece a las hierbas que se mueven, cual juncos, al vaivén del viento, también puedo observar claramente el verde musgo pegado a los troncos, es una simbiosis entre un hongo y un alga, el primero da el color verde necesario para la fotosíntesis y el alga le da la humedad necesaria.
¡Uy! También veo “barbas de viejo” que cuelgan de las ramas de los árboles; pienso en el portal de mi abuela, que orgullosa estaba cuando lograba conseguir estas “barbas” para adornarlo.
Observo una mancha oscura en la montaña, con otra coloración de verde, que corresponde a algunos arbustos y, hacia arriba, observo el verde intenso de los árboles altos. Aún entre estos hay cientos de tonos diferentes, desde los verdes terrosos hasta los verdes juguetones que presentan algunos árboles cuando sus hojas juegan al escondido con el viento. Añado el verde azulado y el verde intenso de los gigantes del bosque.
Y, ¿qué es esa mancha que veo a la distancia? Enfoco los prismáticos y veo plantas de café, es el famoso café de altura de Santa María de Dota, y ¿esos troncos con brazos nervudos? Han de ser, los porós que podan en invierno y los siembran estratégicamente en el cafetal para que al llegar los soles inclementes del verano, el café pueda cobijarse bajo su sombra.
A propósito de sol, estoy viendo los hermosos celajes que van tiñendo el cielo, formando rizos, pronto cubrirá con su manto la noche tranquila del campo y no podré observar ningún verde. Dejo mis prismáticos y veo los jardines que rodean el Hotel, son cientos de plantas en tiestos, algunos desvencijados, pero que adornan hasta la saciedad, veo caminitos de plantas que a veces se ven plateados, se nota que su jardinero es un magnífico paisajista porque la combinación de colores es perfecta, todo está planeado, cientos de tonos de verde salpicados con florecillas multicolores. ¡Siento que estoy en el paraíso!
- ¿Saben? Se dice que los esquimales no tienen palabras para distinguir los diferentes tonos de verde, pero sí las tienen para diferenciar hasta 40 diferente tonos de blanco; prueba irrefutable de la influencia en nuestras vidas del entorno en que vivimos.
Olga Emilia Brenes
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