lunes, 2 de noviembre de 2015

Colores:



Tal y como ocurrió el año anterior, del Santuario Nacional Santo Cristo de Esquipulas estuvieron invitando a los hombres, mujeres, jóvenes y niños que han padecido de cáncer o están luchando contra esa enfermedad y al público en general para que el domingo 25 de octubre asistieran a la Misa de las Rosas que se iba a realizar a partir de las 12 medio día en dicho Santuario.

Como mi hermana Mercedes fue operada hace dos años de un cáncer de mama, le informé para que el domingo tal y como lo habíamos hecho el año pasado fuéramos junto a mi esposa a ésa celebración.

En vista de que ése mismo día, mi madre cumplía 13 años de fallecida, en la mañana del domingo lo primero que hicimos fue irnos para el Campo Santo la Piedad en Desamparados, ahí visitaríamos el lugar donde descansan los restos de la mujer que me anduvo en su vientre y me dio el derecho a nacer, después de una oración, los tres salimos y nos dirigimos hacia San José para abordar el bus que nos llevaría al Cantón de Alajuelita, donde llegamos como a las 11:30 a.m. y aquél Santuario estaba repleto de gente.

En la puerta de la entrada principal, un grupo de colaboradores (as) tenían unas enormes canastas panaderas llenas de rosas multicolores para darle una a cada visitante, las había rosadas, blancas, rojas, amarillas, moradas, etc., sus olores característicos llenaban aquel Santuario de un perfume exquisito.

Aquél espectáculo variopinto nos permitía sentirnos como en un enorme jardín lleno de rosas, ver a tanta gente concentrada en un lugar padeciendo de la misma enfermedad es impresionante, pero lo más maravilloso e impresionante es verles con aquella fe inquebrantable en Dios y en la Virgen Santísima de que serán sanados.  A eso de las 12:20 p.m. el Cura párroco, Pbro. Luis Enrique Guillén Salas dio inicio a la ceremonia.

Qué homilía más sabrosa, qué manera más sencilla de dar el evangelio y hacer una exégesis sobre él.   El padre se refirió al poder de protección y de sanación que tiene Dios e hizo una analogía de lo sucedido con el Huracán el que según los científicos y expertos, devastaría México o al menos algunas de sus ciudades donde penetraría con ráfagas de viento de hasta 400 k/h.

Agregó que los expertos nunca pensaron ni tuvieron en cuenta el poder que tiene Dios y que por eso, la destrucción inmensa que se anunció, no pasó de ser una simple tormenta tropical gracias a la protección que el Supremo Hacedor hizo de esa nación.

Seguidamente realizó una extensa catequesis sobre la enfermedad del cáncer que se aloja en el colon, el estómago, las mamas, el cerebro, la boca, la tráquea, el esófago, la laringe, la faringe, pulmones, huesos, etc. e hizo una oración de sanación, dándole todo el poder y la Gloria al Señor, a su Hijo Jesucristo y al Espíritu Santo.   Eso fue un bálsamo para las personas que han tenido o tienen ésa enfermedad.
Una vez concluida su oración, solicitó que los presentes llevaran las flores cerca del altar y las echaran en los canastos, ahí cada persona tenía que depositar su rosa y simbólicamente su enfermedad iba con ella.

El Santuario olía a la exquisita fragancia que expelen las rosas, el olor a incienso y su color grisáceo se entremezclaba y el aroma que se aspiraba era de paz, de bendición, de regocijo, de amor, de tranquilidad, de sanación…… era una conjunción de aspectos positivos.

Seguidamente el sacerdote indicó que las rosas que habían echado a los canastos les serían devueltas una a cada persona, en el entendido de que no sería la misma que recibieron al entrar al templo.

El sacerdote aprovechó y nos invitó para que el último domingo de octubre del año entrante vayamos a la misa que en honor de los enfermos con cáncer ahí se celebrará.     Inmediatamente, dentro del templo se realizó una procesión con el Santísimo con lo cual se daba por finalizada una muy bella y esperanzadora celebración.

Al salir, los rostros de los enfermos, sus familiares y amigos denotaban una satisfacción por la misa y el mensaje que nos llenó de fe, de esperanza y de solidaridad con las personas que con un estoicismo asombroso luchan denodadamente día a día para soportar el dolor que les provoca la enfermedad o las irradiaciones de la quimioterapia.

Cierro con un fragmento de la canción, De Colores, que se utiliza en los Cursillos de Cristiandad.

De colores, de colores
Se visten los campos
En la primavera
De colores, de colores
Son los pajarillos
Que vienen de afuera
De colores, de colores
Es el arco iris
Que vemos lucir,
Y por eso los grandes amores
De muchos colores me gustan a mí.



Ricardo Jiménez García

PIAM-AS-04026

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