Tal y como ocurrió el año anterior, del Santuario Nacional Santo Cristo
de Esquipulas estuvieron invitando a los hombres, mujeres, jóvenes y niños que
han padecido de cáncer o están luchando contra esa enfermedad y al público en
general para que el domingo 25 de octubre asistieran a la Misa de las Rosas que
se iba a realizar a partir de las 12 medio día en dicho Santuario.
Como mi hermana Mercedes fue operada hace dos años de un cáncer de mama,
le informé para que el domingo tal y como lo habíamos hecho el año pasado
fuéramos junto a mi esposa a ésa celebración.
En vista de que ése mismo día, mi madre cumplía 13 años de fallecida, en
la mañana del domingo lo primero que hicimos fue irnos para el Campo Santo la
Piedad en Desamparados, ahí visitaríamos el lugar donde descansan los restos de
la mujer que me anduvo en su vientre y me dio el derecho a nacer, después de
una oración, los tres salimos y nos dirigimos hacia San José para abordar el
bus que nos llevaría al Cantón de Alajuelita, donde llegamos como a las 11:30
a.m. y aquél Santuario estaba repleto de gente.
En la puerta de la entrada principal, un grupo de colaboradores (as) tenían
unas enormes canastas panaderas llenas de rosas multicolores para darle una a
cada visitante, las había rosadas, blancas, rojas, amarillas, moradas, etc.,
sus olores característicos llenaban aquel Santuario de un perfume exquisito.
Aquél espectáculo variopinto nos permitía sentirnos como en un enorme
jardín lleno de rosas, ver a tanta gente concentrada en un lugar padeciendo de
la misma enfermedad es impresionante, pero lo más maravilloso e impresionante es
verles con aquella fe inquebrantable en Dios y en la Virgen Santísima de que
serán sanados. A eso de las 12:20 p.m.
el Cura párroco, Pbro. Luis Enrique Guillén Salas dio inicio a la ceremonia.
Qué homilía más sabrosa, qué manera más sencilla de dar el evangelio y
hacer una exégesis sobre él. El padre se refirió al poder de protección y
de sanación que tiene Dios e hizo una analogía de lo sucedido con el Huracán el
que según los científicos y expertos, devastaría México o al menos algunas de
sus ciudades donde penetraría con ráfagas de viento de hasta 400 k/h.
Agregó que los expertos nunca pensaron ni tuvieron en cuenta el poder
que tiene Dios y que por eso, la destrucción inmensa que se anunció, no pasó de
ser una simple tormenta tropical gracias a la protección que el Supremo Hacedor
hizo de esa nación.
Seguidamente realizó una extensa catequesis sobre la enfermedad del
cáncer que se aloja en el colon, el estómago, las mamas, el cerebro, la boca,
la tráquea, el esófago, la laringe, la faringe, pulmones, huesos, etc. e hizo
una oración de sanación, dándole todo el poder y la Gloria al Señor, a su Hijo
Jesucristo y al Espíritu Santo. Eso fue
un bálsamo para las personas que han tenido o tienen ésa enfermedad.
Una vez concluida su oración, solicitó que los presentes llevaran las
flores cerca del altar y las echaran en los canastos, ahí cada persona tenía
que depositar su rosa y simbólicamente su enfermedad iba con ella.
El Santuario olía a la exquisita fragancia que expelen las rosas, el
olor a incienso y su color grisáceo se entremezclaba y el aroma que se aspiraba
era de paz, de bendición, de regocijo, de amor, de tranquilidad, de sanación……
era una conjunción de aspectos positivos.
Seguidamente el sacerdote indicó que las rosas que habían echado a los
canastos les serían devueltas una a cada persona, en el entendido de que no
sería la misma que recibieron al entrar al templo.
El sacerdote aprovechó y nos invitó para que el último domingo de
octubre del año entrante vayamos a la misa que en honor de los enfermos con
cáncer ahí se celebrará.
Inmediatamente, dentro del templo se realizó una procesión con el
Santísimo con lo cual se daba por finalizada una muy bella y esperanzadora
celebración.
Al salir, los rostros de los enfermos, sus familiares y amigos denotaban
una satisfacción por la misa y el mensaje que nos llenó de fe, de esperanza y
de solidaridad con las personas que con un estoicismo asombroso luchan
denodadamente día a día para soportar el dolor que les provoca la enfermedad o
las irradiaciones de la quimioterapia.
Cierro con un fragmento de la canción, De Colores, que se
utiliza en los Cursillos de Cristiandad.
De colores, de colores
Se visten los campos
En la primavera
De colores, de colores
Son los pajarillos
Que vienen de afuera
De colores, de colores
Es el arco iris
Que vemos lucir,
Y por eso los grandes amores
De muchos colores me gustan a mí.
Ricardo Jiménez García
PIAM-AS-04026
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