Nada bajo el
sol se mueve sino está en total sincronía con todo el Universo. O sea que todo
sucede en su momento perfecto, ni antes ni después. Y si no sucede ? O será que
suceden otras cosas de las que nunca nos percatamos, que tenemos una idea
exacta de lo que deseamos y pedimos y al estar con esas ideas tan cuadradas, la
vida se ríe y hace lo que debe sin que nosotros seamos capaces de observar nada
mas? Tal vez lo que está pasando no sea evidente para una porque es irrelevante
ante nuestro juicio, pero realmente me gustaría pensar que la mirada interna se
opaca entre mil cavilaciones, lamentos, rumbos fijos que no se cuestionan o
absurdas verdades que otros nos dijeron.
Caminaba
hace unos días en un centro comercial buscando una tienda específica un tanto
desorientada. Una cara conocida me miró y ambos con alegría nos saludamos.
Conversamos de aquellos tiempos en que éramos compañeros del coro, del tiempo
sin vernos y de todos los cambios en nuestras vidas. Fuimos poniéndonos al día
con las novedades. El estaba en un nuevo trabajo y yo había dejado mi coro
hacía pocos meses. Los sucesos dentro y fuera de éstos ámbitos fueron nuestro
gran tema de conversación, pues abarcaban personas, obras corales, vivencias de
todo tipo. Me contó de su vida, de su pareja e hijos y lo bien que se sentía.
De pronto me
comentó; seguramente tu esposo debe sentirse feliz de que hayas salido del coro
y ahora estés en la casa. Me tomó de sorpresa ese comentario tan salido de mi
realidad y le dije: no, yo no tengo esposo. Me miró con gran asombro, pero,
cuántos años tenés de divorciada? Mas extrañada aún le respondí, pues ya son 23
años de eso. Un desconcierto lo invadió, no tan grande como el que sentí al
oírlo decir: yo viví enamorado de vos por muchos años, te amé en silencio sin
poderlo evitar, iba al coro solo por verte llegar, con esa elegancia tuya tan
inconfundible, tu seriedad y la presencia de tu belleza. Me encantabas. Y vos
nunca me miraste. Pensé que eras casada y por eso no me acerqué ni dejé que lo
supieras. No se nada de vos, Lía, no se que haces ni como vives ni donde.
Que momento
viví. Asombro, tristeza, incredulidad, agradecimiento. Ahora era yo quién lo
miraba como se mira un espejismo. Un muchacho ante mi declaraba amor lejano,
sentimientos y deseos. Yo enrojecida y sofocada cuando entendí que no bromeaba,
lo mismo él que aseguraba, ahora amo a mi esposa. Eso me sucedió hace mucho y
me había prometido, si alguna vez la veo quiero decírselo. Ambos nos quedamos
un instante en silencio. Lo abracé espontáneamente y le di las gracias.
Caminaba de
nuevo por esos amplios pasajes del centro comercial. Pensaba en todo lo dicho,
en su expresiones y las mias, en lo inesperado de ese encuentro. Tantas
memorias ahora activadas. Había tenido que explicarle que en todos mis años de
divorcio, tuve algunas parejas, pero no me casé nunca. Que aún ahora no tenía
pareja y que sentía que cada vez era menos probable que la llegara a tener. Sus
respuestas fueron motivadoras y profundas. Seguramente viviste 25 años apegada
al coro, con un solo objetivo, una meta clara. Eso probablemente evitó que
pudieras consolidar una relación de amor y compromiso. Ahora eres libre
realmente. Estás viviendo una etapa dedicada solo a conocer cómo es la vida mas allá del coro.
Sigues siendo linda y deseable, ya verás que cuando menos lo esperes esa
persona se encontrará con vos, igual que me sucedió a mi con mi pareja.
Nos habíamos
despedido riendo y aliviados de todo lo compartido. Me fui sin poderle confesar
que no recordaba su nombre.
Lia Ferreto.
Octubre-2015
No hay comentarios:
Publicar un comentario