Porque perezco si me quedo, porque
me muero si me voy, lo dijo en un susurro mirando el amanecer por la
ventana.
Ensilló su alma quedamente. En las
alforjas metió todo lo necesario para el viaje. Los recuerdos eran
muchos y algunos le pesaban demasiado, así que los repartió y al
centro, como equilibrio, puso con mucho cuidado lo más importante,
pero quebradizo: las esperanzas.
Partió cuando despuntaba el día….
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