Evelyn Silva
Cuando lo acordaron, varios del grupo se entusiasmaron mucho. Otros mas recatados dijeron que lo pensarían y algunos desistieron de inmediato. Un compañero ofreció sus buenos oficios para conseguir un microbús, mientras aumentaban las propuestas comestibles.
La noche previa hubo desvelos con los preparativos y muy temprano saltaron de la cama, igual que cuando iban a los paseos de la escuela: era evidente la emoción por el rompimiento de la rutina cotidiana. Nada debía faltar!
Aunque algunos contratiempos, tan graves como no poder bañarse por la repentina falta de agua, impidiera la llegada de alguien, lo cierto es que casi todos los paseantes llegaron a la hora acordada y al parecer, bien bañados. Cargando bolsas, bultos y paquetes; con coquetos sombreritos y gorras esperaron con alborozo la aparición del microbús. Pero aunque eso era lo menos preocupante, al pasar el tiempo, la angustia se fue apoderando del compañero que había asumido ese colocho, quien corría y sudaba de un lado a otro.
Mientras tanto, para acortar la espera, algunas personas tejieron amenas conversaciones, otras cruzaron saludos y tuvieron afectuosos encuentros con gente conocida que transitaba por la calle.
Como el tiempo seguía pasando, la imaginación vertiginosa de más de alguien hizo pensar en coger el tren para llegar a Heredia y de allí contratar taxis, mientras otros más aventurados sólo insinuaban bañarse en la Fuente de la Hispanidad, mientras varios propusieron buscar una zona verde y decididamente abrir la comedera.
Menos mal que al fin, luego de tales osadas elucubraciones, hizo su aparición triunfante la microbús con acordeón incluida, dando por terminada la excitante perspectiva de realizar un paseo con variantes no contempladas en el programa previsto. El paseo, finalmente fue un éxito, lo disfrutaron plenamente y quieren continuar la aventura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario