jueves, 21 de abril de 2016

Tortuguero



Querida Silvia:

Te escribo para contarte que viaje maravilloso hicimos el 19 de diciembre. Cumplíamos 61 años de vida matrimonial y por ese motivo tus papás nos regalaron un viaje a un lugar que, aunque es cerca, nosotros nunca habíamos ido: los Canales de Tortuguero en la provincia de Limón.

Salimos a las 6 de la mañana, nuestra primera parada fue a desayunar en el Fogón de Lela en Guápiles. Es un galerón grande, con mesas y bancas largas. Pedimos café, té, jugo, gallo pinto, huevos, queso frito, tortillas, que los sirvieron en unos recipientes que más parecían sartenes sin agarradera y que hacían juego con la estructura rústica del restaurante.

Luego seguimos hasta La Pavona, en Cariari de Pococí, que es la estación donde dejaríamos los automóviles. Sacamos las maletas y nos montamos en una lancha. De ahí en adelante, este sería nuestro medio de transporte. Entramos a la laguna Penitencia y luego cambiamos el rumbo tomando el río Suerte, que nos llevaría al hotel pasando cerca del pueblo.

Las habitaciones del hotel eran muy amplias y bien equipadas, pero lo que tiene mejor el hotel son sus jardines, con palmeras, plantas con flores y orquídeas. Decidimos descansar un poco, además estaba lloviendo, ¡recordá cómo llueve en esta zona!.

En la noche decidimos ir a conocer el pueblo y buscar un restaurante de comida típica de la región que nos habían recomendado, pero tuvimos la mala suerte de que al llegar se vino un apagón que nos dejó a oscuras, aun así decidimos recorrer el lugar iluminado únicamente con las lámparas que los negocios habían encendido y los focos que llevábamos. Recorrimos el pueblo con el agua a los tobillos, pues las calles son rústicas y el agua se empoza. Pudimos encontrar el restaurante, cenamos y luego decidimos irnos al hotel, pues la luz todavía no aparecía.

Al día siguiente a las 7:30 de la mañana teníamos que estar listos pues la lancha nos esperaba para hacer el recorrido por los canales, ¡no te imaginás la ilusión que yo tenía!.

Pasamos un puesto de control donde nos revisaron las cédulas y luego iniciamos el recorrido. Había un silencio interrumpido únicamente por el motor de la lancha, a veces lo apagaban, quizás con la idea de empaparnos más de ese ambiente tan especial. En un instante me sentí transportada a un lugar que me daba sensaciones muy bellas pero diferentes. En un momento me sentí como si viajara en una nube que me llevaba por bellos jardines, otras veces me sentía dentro de un bosque de fantasía, lleno de bruma que me hacía ver personajes etéreos. Puedo asegurarte que en algún momento tuve la sensación de que estaba sola y que ahí vivía, donde los únicos ruidos eran causados por el vuelo y el canto de las aves, el chillar de los monos que brincaban de árbol en árbol, o el tintinear del agua al lanzarse los caimanes, ¡qué hermosa tranquilidad!, ¡qué bella vegetación!, pero la voz del guía me trajo de nuevo a la realidad: el paseo había terminado.

Al siguiente día pasamos un rato en la playa y luego regresamos a San José con una sensación de bienestar, de paz, de amor, ¡qué bello paseo!, ¡qué celebración más hermosa!, me hubiera encantada que la compartieras de nosotros, espero que pueda ser en otra ocasión.

Besos y abrazos
Carmen
(Carmen Brenes Protti)

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