Querida Silvia:
Te escribo para contarte que viaje maravilloso
hicimos el 19 de diciembre. Cumplíamos 61 años de vida matrimonial
y por ese motivo tus papás nos regalaron un viaje a un lugar que,
aunque es cerca, nosotros nunca habíamos ido: los Canales de
Tortuguero en la provincia de Limón.
Salimos a las 6 de la mañana, nuestra primera
parada fue a desayunar en el Fogón de Lela en Guápiles. Es un
galerón grande, con mesas y bancas largas. Pedimos café, té, jugo,
gallo pinto, huevos, queso frito, tortillas, que los sirvieron en
unos recipientes que más parecían sartenes sin agarradera y que
hacían juego con la estructura rústica del restaurante.
Luego seguimos hasta La Pavona, en Cariari de
Pococí, que es la estación donde dejaríamos los automóviles.
Sacamos las maletas y nos montamos en una lancha. De ahí en
adelante, este sería nuestro medio de transporte. Entramos a la
laguna Penitencia y luego cambiamos el rumbo tomando el río Suerte,
que nos llevaría al hotel pasando cerca del pueblo.
Las habitaciones del hotel eran muy amplias y bien
equipadas, pero lo que tiene mejor el hotel son sus jardines, con
palmeras, plantas con flores y orquídeas. Decidimos descansar un
poco, además estaba lloviendo, ¡recordá cómo llueve en esta
zona!.
En la noche decidimos ir a conocer el pueblo y
buscar un restaurante de comida típica de la región que nos habían
recomendado, pero tuvimos la mala suerte de que al llegar se vino un
apagón que nos dejó a oscuras, aun así decidimos recorrer el lugar
iluminado únicamente con las lámparas que los negocios habían
encendido y los focos que llevábamos. Recorrimos el pueblo con el
agua a los tobillos, pues las calles son rústicas y el agua se
empoza. Pudimos encontrar el restaurante, cenamos y luego decidimos
irnos al hotel, pues la luz todavía no aparecía.
Al día siguiente a las 7:30 de la mañana
teníamos que estar listos pues la lancha nos esperaba para hacer el
recorrido por los canales, ¡no te imaginás la ilusión que yo
tenía!.
Pasamos un puesto de control donde nos revisaron
las cédulas y luego iniciamos el recorrido. Había un silencio
interrumpido únicamente por el motor de la lancha, a veces lo
apagaban, quizás con la idea de empaparnos más de ese ambiente tan
especial. En un instante me sentí transportada a un lugar que me
daba sensaciones muy bellas pero diferentes. En un momento me sentí
como si viajara en una nube que me llevaba por bellos jardines, otras
veces me sentía dentro de un bosque de fantasía, lleno de bruma que
me hacía ver personajes etéreos. Puedo asegurarte que en algún
momento tuve la sensación de que estaba sola y que ahí vivía,
donde los únicos ruidos eran causados por el vuelo y el canto de las
aves, el chillar de los monos que brincaban de árbol en árbol, o el
tintinear del agua al lanzarse los caimanes, ¡qué hermosa
tranquilidad!, ¡qué bella vegetación!, pero la voz del guía me
trajo de nuevo a la realidad: el paseo había terminado.
Al siguiente día pasamos un rato en la playa y
luego regresamos a San José con una sensación de bienestar, de paz,
de amor, ¡qué bello paseo!, ¡qué celebración más hermosa!, me
hubiera encantada que la compartieras de nosotros, espero que pueda
ser en otra ocasión.
Besos y abrazos
Carmen
(Carmen Brenes Protti)
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