lunes, 2 de mayo de 2016

Los abuelos..

Lia Ferreto                                                    
 Lía Araya y Agustín Monge, fueron los padres de mi mamá.
No recuerdo el motivo por el que el abuelo conoció a la abuela Lia. El vivía en Cartago y ella en San Ramón de Alajuela, tal vez estuviera el ejerciendo en sus primeros años de abogacía en ese lugar, tierra de poetas como solía comentar mamá con una mirada un tanto soñadora, evocando a todos sus parientes que habían andado un poco o mucho, envueltos en esa línea artística. De una tierra que también describía como muy hermosa y llena de vida social y cultural, la abuela vino a pasar su vida en la fría, lluviosa y poco atractiva ciudad de Cartago. Así mas o menos he oído la versión de mis abuelos maternos.
El abuelo Tim, como era llamado por sus nietos, tuvo un bufete muy renombrado en el  centro de la ciudad donde llegó a ser muy exitoso en su profesión, muy respetado y con una posición económica y social alta. Construyó una buena casa, en la cual yo viví mi vida de niña y adolescente. Tuvieron dos hijos, Carmen y Ricardo. Mamá que tenía gran carácter deseó ser abogada como él, pero le fue prohibido por ser mujer, Ricardo en cambio, si lo pudo hacer llegando a ejercer varios años como Magistrado.
La vida de la abuela Lía, me temo no fue una vida rosa. Echaría de menos siempre su lugar de procedencia, costumbres y ambiente. Ella dedicaba su tiempo a dar lecciones de dibujo, de repostería y también pintaba. Yo tengo en la sala de mi casa unos óvalos de madera que ella pintó con figuras románticas. Enfermó siendo muy joven y murió de una mala cirugía. No la conocí, así que cuando yo vine a éste mundo, decidieron darme su nombre como homenaje a ella. Mamá amaba su recuerdo y la evocaba como una mujer de gran belleza, deseando ver en mi su imagen, su porte, cosa que no creo sea cierto pero que ella repetía muchas veces. También que había heredado sus talentos. Parece que eso era relevante, ya que también me lo decían de mi otra abuela.
Así pues mamá estudió para maestra, para lo cual tuvo que irse a vivir a Heredia, pues la Escuela Normal era la única que existía. Creo que mamá fue muy feliz en esa época de estudio, conoció  a mucha gente que llegarían a ser parte de su vida por siempre. Gente que ella amó, enseñándonos a sus hijos a amarlos también. Salío de la vida opresora de la casa del abuelo. Definió sus criterios y además conoció a papá, el gran amor de su vida. Dio la guerra por el, pues el abuelo Tim no lo aceptó como un yerno adecuado a las pretensiones que tenía para ella.
Y de nuevo, tuvo alguien que emigrar de su tierra, pero ésta vez fue papá quién dejó su amada Heredia para seguir al amor suyo, mi mamá. Viviendo entonces en Cartago.
Los padres de papá, se llamaron Egidio Ferreto y Catalina Segura. No conozco la historia de amor de éstos abuelos. Catalina era de origen humilde, mujer de gran temple, muy trabajadora y laboriosa, que con sus manos y trabajos sacó adelante a sus hijos cuando siendo joven enviudó. Egidio era terrateniente. Poseía muchas propiedades y fincas. Vivieron en Heredia siendo matrimonio. La propiedad donde hoy se encuentra La Cartaginesa era parte de una mas grande donde ellos tenían una fábrica de colchones. Una rama de árbol que se desprendió en mal momento fue la causante de la muerte de Egidio. Su ascendencia italiana se pierde en el tiempo, por mas que hemos tratado ha sido imposible rastrear el ancestro Ferreto que dio origen a nuestra familia. Pero él seguro lo vivió como un echo mas cercano, con mas detalle. Papá sonriente narraba como el abuelo gustaba de cantar áreas de ópera mientras trabajaba, teniendo de vecino a otro italiano, con el cual hacían dúos con su bellas voces de tenor. Cada uno en su casa, se retaban y cantaban divirtiéndose con su virtuosismo. Me imagino lo bello que habría sido para mi conocerlo. La abuela no por incapaz, tal vez por ser mujer y no poder lidiar con familiares y demás personas un tanto inescrupulosas, vió  como toda aquella fortuna en propiedades desapareció sin poderla salvar. Como artesana que fue, siguió trabajando con sus manos en los colchones, reproduciendo plantas de helecho y begonias para vender, además de unas deliciosas cajetas de coco y arroz. Receta que se llevó a la tumba, nadie tuvo la curiosidad de tomar notas sobre cómo la hacía. Recuerdo su olor maravilloso cuando la visitaba en su casa de Aranjuéz donde vivió su últimos años. De ella también heredé según mi mamá, el amor por las plantas, mis artes culinarios y lo ¨ industriosa ¨según dedicatoria de mi tía Adela en su libro ¨Crónicas de un tiempo ¨. Para Lia, industriosa como mamá.
Con todos éstos genes tan diversos en mi ADN vine al mundo. Agradezco y honro a cada uno de ellos por lo que aportaron para que yo sea la que hoy soy. En especial a las abuelas. Mis ancestras, quienes marcaron gran parte de mi historia por vivir. Las que aún hoy me sostienen.
Abril,2016.

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