lunes, 12 de septiembre de 2016

Un día cualquiera

por Maureen Hidalgo

En mi corazón guardo días especiales que nunca se podrán borrar, el nacimiento de mis hijos, el día en que me case. El día en que les di el último adiós a mis papás.  Días tristes muy tristes y días inmensamente felices.
Pero, este día era un martes como cualquiera, como tantos otros en el calendario, me levante temprano como siempre, mis hijos se fueron a estudiar y mi esposo a trabajar. Era un día soleado, hermoso, me dispuse a hacer lo de todas las mañanas, recoger los regueros del desayuno, regar el jardín y recoger la ropa para lavar. Pasaban las siete de la mañana, encendí el radio para sentirme acompañada con la voz del locutor.  Minutos después, una noticia urgente rompía la rutina de la programación. Un avión chocaba contra las Torres Gemelas en Estados Unidos.  Inmediatamente encendí el televisor, estaban pasando las imágenes, un avión impactaba una de las torres.  Un accidente tan increíble cómo  era posible. No paso mucho tiempo cuando otra aeronave se estrellaba con el otro edificio.
La gente corría despavorida, sin dirección, gritaban, lloraban, sin entender que pasaba, bomberos y camiones de emergencia llegaban al lugar, la gente se lanzaba por las ventanas de las edificaciones que ardían en llamas hasta que se desplomaron.
Sentía que no podía ser una espectadora pasiva, algo tenía que hacer,  a quien llamar, y ellos que podían hacer, si todo el mundo estaba viendo lo mismo que yo y no podían hacer nada. Mi corazón se agito, las lágrimas empezaron a correr sin control por mis mejillas. Una angustia y ansiedad recorrieron todo mi cuerpo. Un temor que me asfixiaba me embargo. Caminaba, lloraba y no podía respirar. La noticia continuaba, dos aviones más ya habían sido secuestrados e impactados en otros lugares. No podía imaginar que sintieron los pasajeros de esas naves viendo como la muerte estaba frente a sus ojos. Junte mis manos y empecé a clamar a Dios que nos guardara, ya no me podía mover, mi mente no comprendía que era lo que pasaba, solo sentía que en cualquier momento un avión podría caer en mi patio.
El terrorismo ya era parte de mi vida y era una realidad que no podía manejar.

Un día cualquiera se convirtió en un día de terror, dolor, tristeza, incertidumbre y muerte. Ya el 11 de setiembre nunca volverá a ser una fecha más en el calendario, y el día parece interminable y la noticia no acaba.

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