miércoles, 17 de abril de 2013
CRONICA DE UNA soledad anunciada
Carlos Montero
Emergen figuras de cuerpos y más cuerpos por los pasillos grises del
aeropuerto. Al son del zumbido metálico de las turbinas de los aviones, cual
desfile de modas, van apareciendo cansadas, ojerosas, producto del largo
viaje, personas ansiosas de llegar a sus destinos.
¿Será esa, será aquella? No imagino a mi hija, ya convertida en mujer, a la
que no veo desde cuando tenía tres años.
Todo empezó con una llamada telefónica de una vecina, doña Rosa, que se
encarga del alquiler de mi departamento en Chile.
- Me dice: “Carlitos, vino Ximena, tu hija, preguntando en cuál de los
cementerios yacen tus restos, ya que le informaron, como a muchas otras
personas, que tú ya no existías. ¿Me autorizas darle tú número de teléfono?”
Pasaron los días y mi soledad fue interrumpida de pronto. Desde allá, con
voz emocionada por haberme ubicado, se comunica conmigo.
- Papá, ¿cómo estás?... no puedo creer que te haya encontrado. Estoy feliz,
no sé qué decirte, bueno, lo más importante: me casé¸ me separé, tengo dos
hijas: María José y Valentina. Tengo deseos de abrazarte y conversar largo
contigo
Yo tengo la solución le digo: venga a verme a Costa Rica, ya las invito a las
tres.
Espero nervioso, esa debe ser, Una joven con paso seguro, dueña de sí,
sonriente, con dos niñas de la mano, evocando en mi mente la imagen del
pasado cuando entraba a mi cuarto con sus muñecas preferidas a darme el
besito de las buenas noches.
- Pá, eres tú? me reconoce por mi expectante y acuosa mirada. Con el
característico dejo cantarín del hablado chileno me dice; “ no seaí fome, poh,
no te vaí a poner a llorar”…
Un beso en la mejilla y un abrazo que contenía cariños que por años, no nos
pudimos dar. – Niñas saluden al señor, él es su tata.
Le entrego un ramo de rosas como gesto de bienvenida y sendos peluches
a mis nietas. Partimos al centro de San José, donde tengo mi residencia.
Se instalan, las chicas cansadas se duermen y nosotros café tras café,
conversamos largas horas.
-Papi, ¿te acostumbraste a vivir acá, no extrañas tu país? Para mí, le
respondo, Chile es un paisaje perdido, paisaje de mi infancia recuperado por
mi memoria . Soy un exiliado de mí mismo, soy exiliado de mi pasado. Ten
presente que el recuerdo no redime a nadie de nada. Se hace tarde, el sueño
nos vence y nos disponemos a descansar.
Amanece, el calor las agobia, el cambio es brusco, del frío seco de Santiago al
calor húmedo de acá.
Transcurren los días y las chicas, como si fuesen terremotos de grados 6 y
4 (sus edades) empiezan con su trajinar y sin “querer queriendo”, a romper
todo lo que les atraviesa: la lámpara de pie en la sala, quiebran el lavamanos,
encienden a la vez el televisor, el equipo de sonido, golpean las puertas,
corren, pelean, lloran, vuelcan los vasos de Coca cola en la alfombra, se
suben a los sillones y a las camas con los zapatos embarrados, transformando
mi pulcro y ordenado apartamento en un caos total. De la pecera sacan a
Pepito, mi 4 colas preferido, según ellas a pasear. Adiós, mascota de años,
compañero en mis horas de soledad. “Que Neptuno te acoja en su reino”.
Siguen pasando los días, con réplicas menores y visitando todos los lugares,
propios de niños¸ que yo desconocía por cierto: el Museo del Niño, Parque
Nacional de Diversiones, Plaza Víquez, la Sabana y por supuesto cuanta venta
de cajitas felices existe.
Llega la hora de efectuar el trámite más insólito que he efectuado en mi vida,
ir a la embajada chilena a declarar lo obvio.
- “Comparecen ante mí, Horacio del Valle Yrarrázabal cónsul particular
de Chile, en esta ciudad, don Jesús Abarca y doña Patricia Espinoza, que
declaran bajo juramento que conocen a don Carlos …………. y les consta que
está VIVO. Se extiende el presente certificado para ser presentado ante las
autoridades chilenas que lo requieran.”
Cual Lázaro, documentalmente, resucito. Transcurre el tempo y después de
muchos platos y vasos quebrados, se rompe además lo que nunca hubiera
querido, la rutina a la que ya me estaba acostumbrando. Tienen que
regresar.
En mi mente cito a Borges:
¿Quién de los dos quedará en el vacío de las sombras sin
el latente custodio de su cuerpo? ¿Quién sufrirá la alejada
presencia llenando el vacío de los cuartos?
Viajamos al Santamaría en silencio y ahí lluvia de lágrimas, abrazos y besos y
la promesa de yo viajaría a la casa de mis padres.
El avión, como una golondrina se recorta en el cielo y se aleja hasta
convertirse en un punto luminoso que se apaga poco a poco.
Regreso a casa, subo más lento que de costumbre los escalones del edificio.
Abro la puerta y el calor de la ausencia y el olor a soledad sacuden todo mi
ser. Doy un grito desesperado.
¡¡Por favor hagan bulla, corran, griten, manchen con jalea los
muebles¡¡
Nadie responde. El ruido del silencio me aturde, no lo soporto. Salgo, quiero
huir.
Camino sin rumbo fijo y me siento en un poyo de la Plaza de la Cultura, a
rumiar lo que pudo ser y no lo fue.
El Teatro Nacional, con sus luces, ilumina mis lágrimas. Su cúpula roja semeja
un faro recortado sobre un mar de nubes violetas cargadas de agua que
coronan las montañas.
Estoy dormitando, tengo frío físico y del alma.
Una muchacha se me acerca: flaca, desgarbada, con botas y minifalda,
oliendo a Fraiché y pintada exageradamente y me ofrece su compañía. Son
veinte rojos. Tenga en cuenta que no soy puta, me dice, es que trabajo
donde unos chinos y el sueldo menstrual me es insuficiente. La corrijo y
le digo: no se dice menstrual, lo correcto es mensual. Está equivocado
usted, caballero, lo llamo así porque solo me dura tres días. Rechazo su
ofrecimiento y se aleja maldiciéndome: ¡¡Viejo más playo¡¡
Sigo recostado en la frialdad del asiento, reflexionando: ”La ilusión no es el
problema, el problema es el exceso de realidad”
Una pareja de policías me saca de mi divagar, diciéndome: ¿Qué hace Usted,
acá a estas horas, está solitario, está lloviznando y es peligroso este lugar.
Venga con nosotros, lo vamos a dejar a la parada del bus. ¿Dónde vive? Lejos
mi oficial, muy lejos, del aeropuerto allá en Alajuela, como 10.000 km, al Sur,
en un pueblito llamado “santiagodechile.
Carmonloy
Taller de Periodismo II U.C.R.
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