jueves, 25 de abril de 2013

Solo Lía

                                         SOLO LIA.

Dicen que no hay plazo que no se cumpla.
A veces hay que dar vueltas y tomar caminos y algunos atajos que definitivamente llevan a un lugar, que no necesariamente sabías que era tuyo, que talvez tampoco estabas buscando, pero que cuando al fin lo encontrás, te das cuenta, sin que nadie te lo diga, que eso, te buscaba a ti también porque de una forma u otra, era parte de lo que venías a hacer a ésta vida.
Cuando uno nace, gritas. O tal vez te dan un golpe y te das cuenta que debías gritar .Y de repente, algo que no habías experimentado en tu letargo en ese mundo acuático del vientre, entra de golpe por tu garganta. Eso se llama aire. Debe ser un sonido tan hermoso el que emite al rozar tus cuerdas vocales, que te enamoras de él para siempre. Seguirás gritando por el resto de tu vida. Y con el tiempo, aprendes a modificar su entrada y su salida, y entre gorgoritos, llantos y risas, esos sonidos van presentando tantos y variados matices, que sin duda, pasas del enamoramiento al total abandono, a la rendición ante sus seductores sonidos.
Puedo decir que nací cantando. Cuando recibes cuidados y afectos diversos, a esas tempranas edades, no podés hacer otra cosa sino cantar. Mi hermana me decía que remolcada de la mano de mi madre o de la suya o de otro que me cuidara, yo caminaba distraída repitiendo las últimas tonadas aprendidas de la radio. La gente reaccionaba divertida ante aquella pequeña niña, que tarareaba con acierto sus mismas canciones.
El tiempo fué transformando el canto en llanto. Porque a la vida le encantan esas jugarretas, tal vez sea la forma sabia que ella misma tiene de mostrarte todos los posibles, altos y bajos; y prepararte para un mayor disfrute, aunque no te diga para cuando.
Un poco mayor, el canto seguía siendo un amigo. Tal vez el sonido que salía de mi,conservaba el mismo encanto que al nacer. Así que todo me devolvía a el. Canciones de la época, que mi madre cantaba con su voz graznada y cálida, hicieron que como ella, yo aprendiera de Agustín Lara y de Toña La Negra,sus mejores repertorios. También apareció en mi mundo Sara Montiel, de quién mi abuelo Tin, emocionado como un muchacho, una tarde apareció con su disco El último Cuplé, causando que mamá se enojara profundamente, pues la portada era de esa hermosa mujer que mostraba sus encantos con tanta desvergüenza. Pero yo, me dejé cautivar por su voz aprendiendo de memoria todas sus canciones, buscando imitar sus registros y el drama y pasión que yo oía en su voz.
Mis artes histriónicas encontraron camino cuando mamá montaba sus  "asambleas " en la escuela donde trabajaba. Participé en algunas de ellas,lo mismo que en mi propia escuela, aprendiendo algunas árias de zarzuelas.
Un día, seguramente del mes de febrero, vi anunciado en un periódico que se hacían audiciones para ser miembro del Coro Sinfónico Nacional.
Y es que hacía solo pocos meses, por esas cosas de la vida, me encontré un domingo de mañana, sentada en el Teatro Nacional, oyendo al CSN, donde dos sobrinos cantaban la Novena Sinfonía de Beethoven. El impacto fué enorme. Era la primera vez que yo escuchaba a una masa humana cantando junta. Y además toda una orquesta presente. Durante el almuerzo de ese día, yo intentaba que mis sobrinos me explicaran, cómo de aquel libro que llamaban partitura, uno podía saber que cantar y en que momento. Ahí quedó sembrada una semilla, que yo concientemente descarté, pues ante la realidad de mi vida de ese entonces,algo así no se podía siquiera contemplar.
Ya tenía varios años de llorar. Mi voz había cambiado hacia manifestaciones de tristeza y desolación. Era un llanto sin consuelo,ese que muchas mujeres a lo largo de sus vidas, saben llorar en forma contínua y sin sonido. Cuando la desesperanza se apodera del alma de una mujer, las lágrimas se agolpan en los ojos, en el cuerpo, en la mente y ahí no sabes ni quién eres, ni para que sirves, ni que cosa haces en éste mundo. Llamar a eso agresión no tiene ningún significado, no te alivia ni te resuelve .Sabes solamente que no eres ya nada, que la vida no tiene sentido. La idea de escapar tampoco pasa por tu mente. Realmente sientes que no hay salida ni forma de cambiar las cosas. Es como si te hubieran dado un tiquete solo de ida. Una mujer agredida, a tal punto de haber perdido su autoestima, su fuerza interna, solo intenta respirar. Lo demás, es solo una locura.
Esa era yo en aquel momento en que un periódico decía que podía hacer una audición y cantar con el CSN. La invitación era clara. Habían tres días para audicionar. Fueron tres días en que yo miraba el periódico y buscaba de nuevo aquella nota y me decía, todavía puedo ir. El último día llegó, pero bien sabía yo que ese día tampoco iría, casualmente mi hija mayor y yo teníamos una cita donde un famoso peluquero, que nos había dado lugar al final de la tarde, quedando lejos del lugar de la audición. Así nos fuimos a nuestra cita, pero yo no dejé de mirar el reloj y veía cómo transcurría el tiempo, que me aseguraba que no, que no se podía.
Veníamos de vuelta hacia la casa y mi corazón como loco, no dejaba de brincar; que si, que no, era mi diálogo interno, hasta que hablé con mi hija y le conté del coro, lo lindo que sonaba, que había una audición y que ella y yo podíamos ir y cantar en el teatro. Ella me miraba y yo la convencía, quedaban pocos minutos, no sabía ya cuantos, pero si llegábamos tal vez nos aceptaban.
Desde la Sabana hasta cerca de Santa Teresita, yo volaba. Recuerdo que una fila de gente, se confabuló para que la audición no terminara. Yo había sacado fuerzas no se de donde y pedía instrucciones, mi hija y yo íbamos a audicionar. Y que es una audición ? no me lo había preguntado, no tenía ni idea. Las personas que hacían fila me miraban, me examinaban y me decían, ud ; que cuerda canta ? en que coro ha estado ? que preparó para hoy ? cual experiencia tiene ? Y a todo yo respondía ,bueno no se... no ninguna. ..no, no he estado en otros coros. Y se oía la gente que entraba y hacía escalas,  agudos, graves, y luego salían cabisbajos y no contestaban cómo les había ido.
Era el año 1989. Yo había pasado 21 años de mi vida casada. Cómo podía  regresar esa noche a mi casa y anunciar que había echo una audición en el CSN, que la había ganado y que ahora empezaría a ensayar ,tres noches por semana para cantar luego en el TN, acompañada de toda la orquesta ?
De donde sale la fuerza interna de una mujer que ha tocado fondo en su vida? Esa fuerza está dormida, pero nunca muere. Basta un segundo, para que tome todo eso que la había tenido dominada, sujeta, suprimida y como un vendabal, lo arrase y alce vuelo.
La mas incrédula era mi propia sombra; con una constancia superada solo por quienes han despertado a su llamado, asistía a todos los ensayos, estudiaba en casa todo hasta el cansancio y miraba sin entender que personas que no me conocían me sonreían y me hablaban, que mi trabajo era reconocido y que mi voz les gustaba. A nadie le interesaba saber quién era mi esposo, ni cómo se llamaba ni que hacía. Yo era valorada por lo que hacía. Y eso nunca lo había experimentado. Era tanto mi gozo, que recuerdo que de noche no podía borrar aquella inmensa sonrisa de mi cara. Definir el sentimiento precioso de intuir que algo extraordinario estaba sucediendo, es posiblemente infructuoso .
La ventana hacia la vida, se había abierto.
La guerra en mi vida, se había declarado en firme.
Las acciones mas increíbles se generaron de ahí en adelante en mi casa, un esposo y unas hijas manipuladas por su padre, fueron la artillería pesada que noche a noche me esperaba al regreso de cantar.
El aire que pasa por la garganta, ese que recibes al nacer, ese mismo aire que tres noches por semana, yo aprendía a darle espacio, emitiendo sonidos controlados, proyectados, contenidos, pianos, fortes, agudos, graves. Ese aire que hace que sepan que has nacido y vives, ese mismo aire ahora, como si yo fuera un ser recién nacido, me devolvía la vida, el sentido de la existencia, la sensación de pertenecer a algo, donde no importaba mas tu nombre de casada, donde yo era y volvía a ser lo que siempre había sido, solo Lia.






3 comentarios:

  1. Te felicito no sólo por la calidad literaria sino por el valor de compartir tu experiencia de vida. Qué bueno que encontraste tu camino, solo Lía :)

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  2. Gracias....Edith...

    Si..andamos sacando cositas de la mochila que llevamos en la espalda...se aliviana,se comparte,y también se le permite a las " otras " hacer los suyo,verdad..???

    un besote...

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  3. Qué gusto leerlo otra vez. Realmente es un deleite leer lo que está bien escrito y más si se trata de alguien conocido y a quien se aprecia y quiere.
    Este es el último, verdad?
    Cuándo hay otro?

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