Ricardo Jiménez
Julio Solano
Solano, compañero del Taller de Periodismo en su calidad de exfuncionario del
Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE) gestionó ante sus exjefes una gira a
Limón Centro y al Caribe Sur.
El ofrecimiento del Sr.
Solano Solano fue bien visto por la profesora Giselle García, quien se encargó
de solicitarle a la Sección de Transportes de la Universidad de Costa Rica el
transporte para que nos llevaran a la aventura caribeña.
La gira constaba de
tres días 5, 6 y 7 de junio 2014 y entre los y las niñas del PIAM que estamos
llevando el Taller de Periodismo se generó una gran expectativa; el viaje quedó
supeditado a que la UCR nos facilitara el transporte, al fin hubo humo blanco y
el día 3 nos aprobaron la buseta, ya con el transporte listo definimos salir el
día 5 a las 6:30 a.m. de las afueras de la Biblioteca Carlos Monge Alfaro.
Me levanté a las 4:30
a.m. con una gran ilusión porque el día anterior había llegado a mis 64
años. Me signé, hice una oración y le
di gracias a Dios por el don de la vida y el don de la salud; me metí al baño,
me duché con una exquisita agua fría, salí, me vestí y me preparé un sabroso y
humeante café chorreado, lo acompañé de un gallo pinto con huevo y pan como
quien dice nada me atiborré.
Al ser las 5:40 de la
mañana, expectante por la experiencia que tendría ése día, salí de mi casa con
la maleta que la noche anterior había dejado lista, me la puse al hombro y me
dirigí a la rotonda de Paso Ancho donde abordé un taxi, ¡buen día señor!, me
puede llevar a la Facultad de Derecho de la UCR.
A las 5:50, frente a
la Facultad de Derecho, le digo al taxista -qué le debo-, -son dos mil
ochocientos cincuenta pesos-, le pago con cinco mil colones, me da el vuelto,
gracias le digo y que Dios le acompañe.
Al ser las 5:55 a.m. ya
dentro del Campus Universitario, escuchaba el canto de los pájaros, la brisa fría
de la mañana acariciaba mi rostro como si fuera un guante de seda; mientras sentía
esa mano tenue sobre mi cara, me detuve a contemplar a una gran cantidad de
personas que caminaban, a otros los miré trotando y a algunos corriendo, no
muchos hacían abdominales, en fin, gente preparándose para enfrentar un nuevo
día de la manera más saludable y vigorosa posible. Qué bueno me dije, eso es medicina preventiva,
mente sana en cuerpo sano.
Como cualquier chiquillo
cuando va de paseo me sentía deseoso de verme con los compañer@s que íbamos a
iniciar una aventura; la preocupación me embargó porque no veía a nadie llegar;
me encontraba sentado a la entrada de la Biblioteca Carlos Monge y a eso de las
6:10 observé a don Julio que ingresaba por el sureste con su maletín al hombro…uf,
qué alivio ya no estoy solo.
Había olvidado que la
UCR declaró ése día sin humo de motores de vehículos dentro del Campus Universitario. Don Julio y yo estábamos sentados junto a las
casetas de los teléfonos públicos ubicadas a la entrada de la Biblioteca; no
nos habíamos percatado que la buseta estaba en la parada de la Periférica en las afueras del perímetro de la U.
Por casualidad, volví
a ver hacia la Escuela de Generales y observé a doña Virginia que caminaba
fuera del pretil, iba hacia la buseta. Parece
mentira, llegué de primero y éramos Julio y yo los últimos en abordar la microbús,
nosotros estábamos atrasando la partida hacia el Caribe.
Caminamos, abordamos
la unidad y les dimos un saludo de buenos días; acomodamos las maletas y nos
sentamos. Ahí empezó la gran aventura,
el paseo esperado, el viaje a Limón estaba iniciando.
Me encomendé a Dios e
hice una pequeña oración donde le pedía que tomara el control de la buseta que
dicho sea de paso iba conducida por Oldemar quien merece una mención aparte,
qué gran chofer. Cuando habíamos
recorrido unos kilómetros nos pudimos dar cuenta de que es un carajo pura vida,
responsable, ameno y servicial, esos son los empleados que honran a una
organización.
A la vera del camino
cerca de la entrada a San Luis de Santo Domingo nos esperaban Dana y Gonzalo,
por situaciones que ocurren salimos mucho más arriba y entonces hubo que devolverse
hasta el sitio indicado; los divisamos a la distancia y en sus rostros se
dibujaba una sonrisa. Se subieron con
sus maletas llenas de ilusión. Ya
estábamos completos, al paseo íbamos Giselle, Virginia, Lía, Carlos, Rafael,
Julio, Dana, Gonzalo, Ricardo y Oldemar, diez niñ@s.
El paso por el Túnel
Zurquí estuvo bien, salimos de él y nos enrumbamos por la Braulio Carrillo sin
contratiempo alguno, la mañana estaba sabrosona, rica, apenas para viajar; el
lugar se presta por su belleza escénica, el verdor de la flora nos motivó y empezamos
a cantar, contar chistes, claro unos más rojos que otros, nos divertíamos,
reíamos, estábamos disfrutando la experiencia que apenas iniciaba, qué grupo
más lindo me dije en mis adentros.
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