lunes, 18 de agosto de 2014

Un viaje a Limón



Ricardo Jiménez 

Julio Solano Solano, compañero del Taller de Periodismo en su calidad de exfuncionario del Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE) gestionó ante sus exjefes una gira a Limón Centro y al Caribe Sur.
El ofrecimiento del Sr. Solano Solano fue bien visto por la profesora Giselle García, quien se encargó de solicitarle a la Sección de Transportes de la Universidad de Costa Rica el transporte para que nos llevaran a la aventura caribeña.
La gira constaba de tres días 5, 6 y 7 de junio 2014 y entre los y las niñas del PIAM que estamos llevando el Taller de Periodismo se generó una gran expectativa; el viaje quedó supeditado a que la UCR nos facilitara el transporte, al fin hubo humo blanco y el día 3 nos aprobaron la buseta, ya con el transporte listo definimos salir el día 5 a las 6:30 a.m. de las afueras de la Biblioteca Carlos Monge Alfaro.
Me levanté a las 4:30 a.m. con una gran ilusión porque el día anterior había llegado a mis 64 años.   Me signé, hice una oración y le di gracias a Dios por el don de la vida y el don de la salud; me metí al baño, me duché con una exquisita agua fría, salí, me vestí y me preparé un sabroso y humeante café chorreado, lo acompañé de un gallo pinto con huevo y pan como quien dice nada me atiborré.
Al ser las 5:40 de la mañana, expectante por la experiencia que tendría ése día, salí de mi casa con la maleta que la noche anterior había dejado lista, me la puse al hombro y me dirigí a la rotonda de Paso Ancho donde abordé un taxi, ¡buen día señor!, me puede llevar a la Facultad de Derecho de la UCR.
A las 5:50, frente a la Facultad de Derecho, le digo al taxista -qué le debo-, -son dos mil ochocientos cincuenta pesos-, le pago con cinco mil colones, me da el vuelto, gracias le digo y que Dios le acompañe.
Al ser las 5:55 a.m. ya dentro del Campus Universitario, escuchaba el canto de los pájaros, la brisa fría de la mañana acariciaba mi rostro como si fuera un guante de seda; mientras sentía esa mano tenue sobre mi cara, me detuve a contemplar a una gran cantidad de personas que caminaban, a otros los miré trotando y a algunos corriendo, no muchos hacían abdominales, en fin, gente preparándose para enfrentar un nuevo día de la manera más saludable y vigorosa posible.   Qué bueno me dije, eso es medicina preventiva, mente sana en cuerpo sano.

Como cualquier chiquillo cuando va de paseo me sentía deseoso de verme con los compañer@s que íbamos a iniciar una aventura; la preocupación me embargó porque no veía a nadie llegar; me encontraba sentado a la entrada de la Biblioteca Carlos Monge y a eso de las 6:10 observé a don Julio que ingresaba por el sureste con su maletín al hombro…uf, qué alivio ya no estoy solo.
Había olvidado que la UCR declaró ése día sin humo de motores de vehículos dentro del Campus Universitario.  Don Julio y yo estábamos sentados junto a las casetas de los teléfonos públicos ubicadas a la entrada de la Biblioteca; no nos habíamos percatado que la buseta estaba en la parada de la Periférica  en las afueras del perímetro de la U.
Por casualidad, volví a ver hacia la Escuela de Generales y observé a doña Virginia que caminaba fuera del pretil, iba hacia la buseta.  Parece mentira, llegué de primero y éramos Julio y yo los últimos en abordar la microbús, nosotros estábamos atrasando la partida hacia el Caribe. 
Caminamos, abordamos la unidad y les dimos un saludo de buenos días; acomodamos las maletas y nos sentamos.   Ahí empezó la gran aventura, el paseo esperado, el viaje a Limón estaba iniciando.
Me encomendé a Dios e hice una pequeña oración donde le pedía que tomara el control de la buseta que dicho sea de paso iba conducida por Oldemar quien merece una mención aparte, qué gran chofer.  Cuando habíamos recorrido unos kilómetros nos pudimos dar cuenta de que es un carajo pura vida, responsable, ameno y servicial, esos son los empleados que honran a una organización.
A la vera del camino cerca de la entrada a San Luis de Santo Domingo nos esperaban Dana y Gonzalo, por situaciones que ocurren salimos mucho más arriba y entonces hubo que devolverse hasta el sitio indicado; los divisamos a la distancia y en sus rostros se dibujaba una sonrisa.  Se subieron con sus maletas llenas de ilusión.   Ya estábamos completos, al paseo íbamos Giselle, Virginia, Lía, Carlos, Rafael, Julio, Dana, Gonzalo, Ricardo y Oldemar, diez niñ@s.

El paso por el Túnel Zurquí estuvo bien, salimos de él y nos enrumbamos por la Braulio Carrillo sin contratiempo alguno, la mañana estaba sabrosona, rica, apenas para viajar; el lugar se presta por su belleza escénica, el verdor de la flora nos motivó y empezamos a cantar, contar chistes, claro unos más rojos que otros, nos divertíamos, reíamos, estábamos disfrutando la experiencia que apenas iniciaba, qué grupo más lindo me dije en mis adentros.

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