Ricardo Jiménez
Las organizaciones de carácter social, empresarial o
comercial que se dedican a elaborar proyectos de desarrollo
sostenible tienen una gran responsabilidad con el entorno donde se
dedican a llevar a cabo sus actividades, porque aunque sus
actividades sean de tipo agrícola, industrial, artesanal, de
agroturismo, etc., lo que persiguen es estimular y potenciar las
capacidades que tienen las comunidades las cuales por desconocimiento
muchas veces no son explotadas por sus pobladores.
Los vecinos, una vez organizados en una asociación,
fundación o una cooperativa, tienen como uno de sus principales
objetivos, desarrollar empresas que vengan a incentivar el
emprendedurismo en sus comunidades con el propósito de crear fuentes
de empleo, encadenando para ello, pequeñas actividades familiares,
esas propuestas dan como resultado una dinamización de la economía;
esa es una manera de estimular el crecimiento en aquellas comunidades
que carecen de oportunidades y que en consecuencia tienen altos
índices de deterioro en desarrollo humano.
Hay una gama enorme y diversas formas de hacer que las
comunidades por sus propios medios puedan salir adelante, lo que
falta es creatividad, buscar y desarrollar modelos acorde con las
bellezas naturales u otras actividades que pueda ofrecer nuestra
comunidad en el campo del turismo o del agro, en fin, se deben
desarrollar y potenciar acciones concretas que permitan generar
recursos de manera sostenible.
Antecedentes:
Las comunidades deben aprender de otros que han
realizado esfuerzos en aras de cambiar el estado en que se encuentran
por la desidia, apatía y falta de interés de las políticas
gubernamentales o de los gobiernos locales, quienes no hacen nada por
sacar del subdesarrollo en que han sumido a muchas comunidades de
nuestro país.
Un ejemplo nacional digno de destacar es la ASOPROLA que
es una asociación que en Bioley de Altamira viene desarrollando
proyectos en aras de contribuir con el mantenimiento del Parque
Internacional la Amistad, para ello los vecinos se organizaron e
hicieron un inventario de su riqueza natural, analizaron cuáles eran
sus fortalezas como comunidad, una vez realizado el FODA, se
propusieron buscar apoyos que les permitiera la identificación más
clara de sus objetivos, todo con el propósito de explotar
responsablemente aquellas actividades que les permitiera crecer sin
afectar su entorno.
Hoy, con el acompañamiento y apoyo de la UCR, UNA,
Organizaciones Internacionales y ONGs, que les han brindado asesoría
y capacitación, es toda una realidad, en sus procesos de
encadenamiento, hay quienes producen artesanías, otros tienen una
heladería donde venden helados riquísimos de frutas orgánicas,
pequeños tour operadores, realizan paseos en caballo o a pie en la
periferia o dentro del Parque Nacional, hay recorridos guiados por
las fincas, donde le muestran al turista nacional o extranjero cómo
siembran, fumigan y cosechan sus productos.
Le explican y le dan a conocer al turista la forma en
que están no solo contribuyendo a la conservación, sino que a su
propio desarrollo en fuentes de empleo, dinamización y crecimiento
de la economía local.
Ésa comunidad desarrolló proyectos de siembra, cosecha
y venta de banano, siembra, recolección y molienda de café,
producción de mermeladas, jabones y champús con frutas y plantas
totalmente orgánicas, cría y engorde de cerdos, gallinas, ganado
vacuno, etc., todo con alimentos orgánicos producidos con desechos y
productos extraídos de sus fincas.
Los materiales que utilizan como abono y la fumigación
son estrictamente orgánicos porque son producidos a través de
procesos naturales como la lumbricultura y los desechos. El
estiércol de los cerdos, el ganado vacuno, el equino y otros es
utilizado para la generación de biogás, con lo cual producen
energía totalmente limpia que les ayuda a disminuir sus costos de
operación y contribuir con el planeta.
Los vecinos de Altamira de Bioley son una comunidad
modelo y un ejemplo en la zona sur del país que es donde se
encuentran los cantones con menos desarrollo humano de Costa Rica,
sus experiencias deberían ser reproducidas a nivel no solo del área
geográfica donde se ubica, sino que del país en general.
Con sus productos naturales producen mermeladas,
jabones, champú, etc., ofrecen el albergue o cabinas donde brindan
servicio de hospedaje y alimentación, además de tener un contrato
con una empresa a la que le venden toda la producción de banano
orgánico.
Los vecinos de Bioley son un ejemplo digno de admirar,
pero no solo de admirar, ellos nos están enseñando cómo se pueden
hacer grandes cosas para procurar el crecimiento sostenido y
sustentable en el tiempo para una comunidad que prácticamente está
fuera de las políticas públicas.
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