viernes, 30 de octubre de 2015

El Encierro de San Fermín


Me he preparado durante varios lustros para participar de esta actividad, ya tengo 34 años.

Ya se sienten los aires de fiesta, ya suena "el chupinazo", que es un enorme cohete se lanza a las 12m, desde el balcón del tercer piso del Ayuntamiento de Pamplona y anuncia el inicio de la fiesta de San Fermín.  La salida de los cabestros, cada uno con un gran sonajero y detrás de ellos vienen los toros de lidia, ambos rumiantes salen del Encierro y se dirigen a la calle da Santo Domingo. - Hay un cabestro o buey por cada toro de lidia.- Los fermines, o sea, las personas que correremos con los toros, hemos de buscar unos zapatos cómodos que nos permitan correr sin resbalarnos, vestimos pantalón y camiseta totalmente blancos, sin embargo, hemos adornado nuestro traje blanco con un cinturón de tela rojo y un pañuelo para el cuello también rojo, como la sangre que quizás nos toque derramar. Algunas personas llevan chapela o boina roja en su cabeza.

Es una fiesta que da inició el 6 de Julio de cada año y reúne miles de personas de todo el mundo; se dice que población de Pamplona pasa en los días de fiesta de San Fermín de 190.000 habitantes a un millón de personas.

Todos los fermines, hemos rezado con mucha devoción, ante la pequeña imagen de San Fermín, patrono de estas fiestas, cuya imagen se encuentra cerca de la salida del Encierro de los toros, en ese lugar también entonamos canciones. Me olvidaba, todos llevamos un rollito de papel periódico que nos servirá para guiar a los toros.

Los esperamos en la calle de Santo Domingo, comenzamos a correr, nos van a alcanzar, decido acercarme a una orilla de la calle por si se me presenta la oportunidad de salirme y ver los toros desde aguna puerta de edificio, quizá tenga la suerte de tocar algún toro. ¡lo logré!, me acerqué a un lado, los toros pasan muy cerca, estiro la mano, no se sí lo que toqué fue un toro o a alguno de mis compañeros de aventura que ha tratado de salirse, los toros y cabestros pasan como una exhalación, llevando juntas sus ancas traseras y estirando el cuello a los lados para ver quién está cerca y desde luego calculando si deben cornear a alguien que se interponga en su camino.

Oh Dios!, al llegar a la esquina, entre las calles de Mercaderes y Estafeta, donde deben cruzar los toros para tomar la calle de la Estafeta, algunos de los cabestros y los toros que les siguen se han resbalado. Las personas del público, cercanas a esta esquina,  se han llevado menudo susto al sentir que toda esa "mole de carne y cuernos" les empujaba la barrera de protección.

Los toros se levantan, siguen corriendo, están quizá más asustados que al principio, me acerco, sigo corriendo, sólo que ahora unos toros vienen casi a mi lado y otros van delante.

Ya se ve la bajada al Callejón para entrar a la Plaza de Toros, ahí termina la carrera del día de hoy. Parece mentira que todo esto pasó, en poco menos de dos minutos. Pero la adrenalina que se ha producido se puede oler a distancia.

          
    - Doy gracias a San Fermín por…

     - ¡Hombre! ¿Qué estás diciendo?

      -ya, ya, Doy gracias  a Dios porque he salido sano y salvo.

Mañana lo intentaré de nuevo; total que son ocho días de fiestas, y apenas empiezan. Olga Emilia Brenes





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