martes, 15 de marzo de 2016

Chocolate



En el año 1978 el hermano Francisco Gutiérrez, director del Colegio de La Salle, había venido de Brasil con un sistema de enseñanza participativa que ya había puesto a funcionar en su colegio con excelentes resultados, y estaba interesado en hacerlo extensivo a otros colegios del país. Fue así como el Ministro de Educación que tenía conocimiento de que el Liceo de San José era un colegio de avanzada y dispuesto a hacer cambios que favorecieran el aprendizaje, nos nombró como “conejillos de indias”.

Comenzaron por buscar entre los profesores los que quisieran por su propio gusto participar en la experiencia y así se armaron dos grupos. A mí me tocó trabajar con un grupo que desde el principio demostró mucho entusiasmo y dedicación.

Comenzamos el entrenamiento con una desinhibición de todos los participantes pues el método exigía dejar de lado las ideas que teníamos con respecto a la enseñanza y la evaluación para buscar nuevas formas y ajustarlas a los programas de todas las materias. Fue algo totalmente diferente, pero más rico en aprendizaje y mucho más interesante para alumnos y profesores.

Tuvimos muchas reuniones para ordenar nuestro trabajo y esto fue despertando en nosotros una sensación muy interesante, entre emoción por ver los resultados y una bella relación entre profesores.

Así pasó el tiempo, la amistad fue creciendo cada día más y comenzamos a reunirnos después de los momentos de trabajo, luego fue la celebración de los cumpleaños, las fechas memorables, los éxitos en el trabajo, la conclusión de un núcleo y fue cuando aparecieron Antojitos y nuestro gusto por el tequila y su compañera la sangrita. Claro está que en el colegio no podíamos nombrarlas y entonces fue cuando nuestra compañera Aurora les cambió el nombre por chocolate y hemoglobina, y así las conocemos hasta hoy.

Quizás fue todo esto lo que nos unió tanto y lo que hizo posible el éxito de nuestro trabajo y digo el éxito pues los alumnos que salieron para la universidad educados en el lenguaje total no tuvieron ningún tropiezo para hacer sus trabajos de investigación, además de su gran sentido de responsabilidad al crear y resolver las cosas por su propio medio. Los retos fueron siempre resueltos por ellos mismos, y esto les ayudó a ver el camino que debían seguir en su vida futura como ciudadanos responsables de sus actos y respetuosos de sí mismos y de los demás, y nosotras seguimos cada día más unidas y como siempre el aprendizaje que tuvimos sigue vigente, con nuestros compañeros de reunión, el chocolate y la hemoglobina.



Carmen Brenes Protti


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