En el año 1978 el hermano Francisco Gutiérrez,
director del Colegio de La Salle, había venido de Brasil con un
sistema de enseñanza participativa que ya había puesto a funcionar
en su colegio con excelentes resultados, y estaba interesado en
hacerlo extensivo a otros colegios del país. Fue así como el
Ministro de Educación que tenía conocimiento de que el Liceo de San
José era un colegio de avanzada y dispuesto a hacer cambios que
favorecieran el aprendizaje, nos nombró como “conejillos de
indias”.
Comenzaron por buscar entre los profesores los que
quisieran por su propio gusto participar en la experiencia y así se
armaron dos grupos. A mí me tocó trabajar con un grupo que desde el
principio demostró mucho entusiasmo y dedicación.
Comenzamos el entrenamiento con una desinhibición
de todos los participantes pues el método exigía dejar de lado las
ideas que teníamos con respecto a la enseñanza y la evaluación
para buscar nuevas formas y ajustarlas a los programas de todas las
materias. Fue algo totalmente diferente, pero más rico en
aprendizaje y mucho más interesante para alumnos y profesores.
Tuvimos muchas reuniones para ordenar nuestro
trabajo y esto fue despertando en nosotros una sensación muy
interesante, entre emoción por ver los resultados y una bella
relación entre profesores.
Así pasó el tiempo, la amistad fue creciendo
cada día más y comenzamos a reunirnos después de los momentos de
trabajo, luego fue la celebración de los cumpleaños, las fechas
memorables, los éxitos en el trabajo, la conclusión de un núcleo y
fue cuando aparecieron Antojitos y nuestro gusto por el tequila y su
compañera la sangrita. Claro está que en el colegio no podíamos
nombrarlas y entonces fue cuando nuestra compañera Aurora les cambió
el nombre por chocolate y hemoglobina, y así las conocemos hasta
hoy.
Quizás fue todo esto lo que nos unió tanto y lo
que hizo posible el éxito de nuestro trabajo y digo el éxito pues
los alumnos que salieron para la universidad educados en el lenguaje
total no tuvieron ningún tropiezo para hacer sus trabajos de
investigación, además de su gran sentido de responsabilidad al
crear y resolver las cosas por su propio medio. Los retos fueron
siempre resueltos por ellos mismos, y esto les ayudó a ver el camino
que debían seguir en su vida futura como ciudadanos responsables de
sus actos y respetuosos de sí mismos y de los demás, y nosotras
seguimos cada día más unidas y como siempre el aprendizaje que
tuvimos sigue vigente, con nuestros compañeros de reunión, el
chocolate y la hemoglobina.
Carmen Brenes Protti
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