Colores, colores, por todas partes. Rojos, azules,
amarillos, verdes. Colores que corren, saltan, vibran, son todos
bellos y nos llenan la vida de amor, de alegría, pero también de
nostalgia y tristeza.
Cuando nos paramos frente a un caballete con una
paleta llena de colores, nuestra vida cambia de inmediato y conforme
los pinceles toman pintura y la esparcen sobre el lienzo se crea una
emoción indescriptible que nos embarga hasta el final. Al concluir
la obra sentimos que parte de nosotros quedó ahí y el cuadro toma
vida propia, vemos entonces que los colores vibran de emoción pues
ya no son solo materia sino que forman parte de un ser vivo que
resplandece con la luz, ya que los colores le han dado personalidad y
vida propia.
Carmen Brenes Protti
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