Tengo un grupo de compañeros de trabajo que más
que compañeros parecen ser hermanos. El grupo lo componemos seis
matrimonios que nos reunimos con mucha frecuencia: el día del
cumpleaños, día de la madre, del padre, el día de la Patria, todos
eran buenos pretextos para hacer una tertulia sumamente agradable.
Entre el grupo tenemos una mujercita pequeña y
muy alegre que le pone al grupo mucha sal: Ana. Es de bromas y
chistes.
En una ocasión en que estábamos todos reunidos,
comenzaron las bromas y los chistes, y el ambiente se puso muy
caliente. Todos estábamos muy propensos a dar y recibir bromas pero
no contábamos con las que nos improvisó Ana. Nos sentamos a
almorzar en el corredor de la casa pues hacía mucho calor, y en una
que va y en otra que viene, comenzó una guerra de macarrones y
cuando nos vimos estábamos cubiertos de la cabeza a los pies por
flecos formados por una lluvia de macarrones.
Si lo analizamos en frío diríamos que estábamos
ya mayorcitos para este tipo de actividad, ¡pero la gozada y el
disfrute que tuvimos es muy difícil que la volvamos a tener!.
Es bello cuando un grupo de adultos se reúne y
olvida, por un momento, la parte seria de la vida y se comporta con
un poco de irresponsabilidad y aprovecha todo lo que se presenta para
darle un vuelco a la vida.
Carmen Brenes Protti
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