martes, 28 de marzo de 2017

Deliciosa la memoria.


 Con la habilidad de tener tantos recovecos donde esconder vivencias que al ser tantas, saturaban los ojos del alma llenándola de lágrimas secas, sin futuro. Las del pasado, que ya ahora no interesan a nadie, se fueron por hendijas resbaladizas y se llevaron con ellas el dolor y la desesperanza.
Imágenes florecidas de miles de ramos en su apogeo, miradas de ternura sin tiempo, besos que saben  a estrellas de otras vidas compartidas, silencios interrumpidos por suspiros, de eso solamente, mi memoria al momento de mi muerte, sonreirá agradecida.
Lia Ferreto.

26-3-17

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