Con la habilidad de tener tantos recovecos
donde esconder vivencias que al ser tantas, saturaban los ojos del alma
llenándola de lágrimas secas, sin futuro. Las del pasado, que ya ahora no
interesan a nadie, se fueron por hendijas resbaladizas y se llevaron con ellas
el dolor y la desesperanza.
Imágenes
florecidas de miles de ramos en su apogeo, miradas de ternura sin tiempo, besos
que saben a estrellas de otras vidas
compartidas, silencios interrumpidos por suspiros, de eso solamente, mi memoria
al momento de mi muerte, sonreirá agradecida.
Lia Ferreto.
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