Maureen Hidalgo Ch.
Después de llegar de prisa a algún lugar y preguntarme
que era lo que iba a hacer y por más que lo intente no lo recuerdo, llego a la
conclusión de que si fuera importante lo recordaría.
Buscar y buscar las llaves con ellas en la mano, me
vuelve loca, y asumo que tengo muchas otras cosas de que preocuparme
Caminar cien metros y pensar - ¿abre cerrado la puerta?
Me llena de angustia.
Y cuando hablo conmigo misma de mis olvidos que cada vez
son más frecuentes de lo que quisiera, me doy cuenta que la vejez toca a mi
puerta y viene con cosas que no me gustan arrugas, canas y cosas que se borran
de mi memoria y no lo puede evitar.
Y luego pienso: -gracias a Dios por el olvido porque
borra de mi corazón el dolor de la ausencia, de la partida, ese dolor que llega
hasta los huesos y que no me deja respirar.
Y después como consuelo doy gracias a Dios por el olvido
porque eso hace que me quieran más
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